P. Laurence Freeman OSB

Lunes de la quinta semana de Cuaresma: Juan 8, 12-20

quinta semana de cuaresma

Yo sé de donde he venido y adónde voy.

Muchas personas viven hoy en relaciones de larga distancia. Debido al trabajo u otros factores que complican, escriben mensajes de texto, hablan por Skype o se hablan por teléfono, a veces varias veces por día. Las ausencias prolongadas pueden debilitar y socavar las relaciones o pueden fortalecerlas y hacerlas madurar. Cada relación tiene una distancia óptima. Esta distancia de foco con la que a veces nos ‘vemos’ unos a otros no es de una medida fija. Se ajusta según las condiciones. Sin duda, es duro para las personas que aman estar separadas. Se extrañan; pero a veces es una buena añoranza, como me dijo una vez una persona cercana.

Las formas de estar en relación han sido radicalmente afectadas por la tecnología, por la globalización y por internet. El amor en sí mismo no ha sido cambiado; pero el amor crece a través de formas y hábitos, especialmente en las primeras etapas de la niñez. Un niño puede alegrarse cuando habla por Skype con su padre o madre frecuentemente ausente que lo llama desde un aeropuerto lejano para darle las buenas noches, pero no es lo mismo que estar allí todas las noches.

Durante estas reflexiones he estado repasando las diferentes dimensiones de la realidad. Canto continuamente las bondades de la dimensión contemplativa, porque siento que a pesar de ser debilitada y frecuentemente ignorada en nuestra agitada y fragmentada cultura global, hoy es esencial para manejar los aspectos deshumanizantes de la vida ‘en la red’. Estar en línea, disponible, inmediatamente responsable, con poco tiempo para reflexionar y pensar, tiene sus riesgos así como sus aspectos positivos. Puede, por ejemplo, volverse adictiva. Los meditadores, como cualquiera, encuentran difícil apagar sus celulares, aunque les haría comprender la necesidad de hacerlo periódicamente. La gente muchas veces dice que le gustaría ‘apartarse de todo por un tiempito’. Pero cuando llega la oportunidad encuentran una excusa para no hacerlo. Si olvidamos cómo vivir en la dimensión contemplativa – quieta, silenciosa, simple y ahora – arriesgamos perder todo lo que hemos ganado a través de la tecnología y del progreso social.

Si vivimos exclusivamente en las tres dimensiones de tiempo y espacio, la más distante de todas las relaciones es con Dios. Hablamos por skype con él en la iglesia y apretamos nuestras agendas para darle alguna otra entrevista en nuestros ocupados planes.  Esto nos hace sentir a Dios siempre distante y tan irreal como el amigo imaginario de un niño. Para el no creyente, esto demuestra que Dios es una creación humana, unas muletas, una droga, otra fuente de falso consuelo, y no el Ser, la consciencia misma.

El poder que abre nuevas dimensiones de la realidad es el amor. (La meditación es el trabajo del amor). Para una pareja separada por husos horarios y por la geografía, el amor prueba que están siempre el uno con el otro.

Esto nos acerca más al propósito de la Cuaresma que es entender mejor la Pascua.  Y también a ver por qué la meditación abre nuevas dimensiones de la realidad.

 

firma Laurence

Laurence Freeman OSB

Traducción: Carina Conte, WCCM Uruguay

 

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