P. Laurence Freeman OSB

Miércoles de la quinta semana de Cuaresma: Juan 8, 31-42

quinta semana de cuaresma

Yo he salido y vengo de Dios. No he venido por mi cuenta, sino que él mismo me ha enviado.

Ayer estuve observando unos corderos recién nacidos. Como niños pequeños, saltan de un extremo a otro de un espectro que va entre el apego obsesivo a la madre y un entusiasmo ilimitado por explorar un mundo nuevo. Son adorables, interminablemente fascinantes y deliciosos. Bueno, quizás no interminablemente, pero son muy encantadores. Pensé ‘¿quién podría desearles algún daño?’. Debe ser su misma inocencia la que los vuelve un símbolo tan poderoso del abuso de esa inocencia. Desde el cordero pascual sacrificado en los oscuros años del Éxodo al ‘Cordero de Dios’ aclamado en cada Misa.

En todas partes por aquí, el mundo está reverdeciendo. Comienzan a emerger aromas fértiles largamente enterrados en la tierra fría. La larga soledad del invierno es expulsada por incontables relaciones nuevas entre los seres vivos de todo tipo que aparecen de la nada, emergiendo a la luz y trayendo luz consigo. Aún en un frío día de primavera se hace presente la calidez de la vida. Todo sucede desde tiempo inmemorial, pero es siempre nuevo y fresco. El poeta inglés George Herbert lo captó en las primeras líneas de su gran poema, La Flor, comparando el ciclo de la naturaleza con el ciclo de su oscuridad y renacimiento espiritual: ‘Cuán frescos, oh Señor, cuán dulces y puros son tus retornos…’

En contraste con lo opresivo de las fuerzas oscuras, como el miedo o la opresión, o la violencia y el rechazo, con su historia secreta de culpa y vergüenza, aparece una nueva autoridad: la autoridad de la inocencia. Puede mirar a la opresión y al miedo directamente a los ojos y desarmarlos. La primavera es muy tierna comparada con la brutalidad del invierno, pero es incontenible. En el punto correcto del ciclo es irresistible.

En el Evangelio de Juan, las palabras de Jesús frecuentemente reflejan la verdadera identidad de Jesús descubierta por los cristianos primitivos. Sacado de contexto, algunas de las palabras suenan arrogantes. Son el eco de una comunidad que estaba descubriendo la dimensión del Cristo. Los evangelios de hoy incluyen las palabras que elegí más arriba, que muestran no una auto fijación sino a una persona sobre quien amanece la dimensión de la primavera eterna. En la conciencia de Jesús, su inocencia de orgullo es su autoridad. No la construye él mismo, sino que es completamente tomada de otro: el que lo eligió y lo envió.

‘Elegido’ y ‘enviado’ son palabras que describen una experiencia que también nos espera a nosotros, si penetramos más allá de la ego-conciencia. Cuando nos convertimos en nuestro yo real, vemos que ya estamos viviendo en una red de relaciones tan vasta como el cosmos, una comunión de ser, una comunidad de seres que nos sumerge en la realidad última. Nos vuelve tan humildes como podemos serlo. En Jesús, la misma humildad se manifiesta como autoridad y autoconocimiento. Como una inocencia de poderosa vulnerabilidad.

firma Laurence

Laurence Freeman OSB

 

Traducción: Carina Conte, WCCM Uruguay

 

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