P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma 2020: Segundo Domingo de Cuaresma.

segunda semana cuaresma 2020

Segundo Domingo de Cuaresma

El evangelio de hoy sobre la Transfiguración narra cómo Jesús llevó con Él a lo alto de un monte a sus tres discípulos más cercanos “para poder estar realmente a solas con ellos”. No pretendía tener ninguna reunión estratégica. Tampoco planeaba algo misterioso. Solamente quería rezar con ellos y poder estar juntos.

Estuve recientemente en ese mismo monte y pude comprobar que no hay cobertura telefónica. Allí, en ese lugar, sólo puedes ser y estar. No hay nada más. Los discípulos, en aquel momento, pudieron ver a Jesús como un ser de Luz.

En otro lugar y momento, estando Jesús orando en presencia de sus discípulos, les hizo una pregunta que transformó sus vidas: “¿Quién dices tú que soy yo?”. Los discípulos estaban lo suficientemente despiertos y arraigados dentro de la comunidad como para poder plantearse la pregunta en solitario. Estos conceptos de comunidad y soledad, aparentemente opuestos, aparecen en otros momentos de los evangelios.

La comunidad y soledad también se experimentan a través de la práctica de la meditación en el entorno de comunidad que la meditación crea. El baile armonioso de soledad y comunidad, como dos caras de una misma moneda, es esencial para la salud de nuestra mente y nuestro espíritu. Cuando este baile fluye y estamos sanamente equilibrados, ni tememos la soledad ni nos sentimos atrapados por la comunidad.

Vivimos en una sociedad excesivamente ocupada y orientada al mundo exterior. Sufrimos una sobrecarga de información y una continua demanda de respuestas inmediatas, lo que nos lleva a sentirnos abrumados por esta urgencia insistente en el “hacer”. La comunidad, el equilibrio vital, y los frágiles grupos de apoyo que son los familiares y amigos se acaban resintiendo si el estrés sigue aumentando. Personas con excesiva ambición profesional sacrifican inconscientemente a su familia por su carrera sin percatarse de lo que está sucediendo en el entorno más valioso de sus vidas.

En este contexto de tensión, la principal víctima acaba siendo el elemento contemplativo de la vida: la capacidad de ser en lugar de hacer y la de disfrutar en vez de poseer. De ahí que insista en la gran importancia que tiene la meditación diaria. Hay otra pequeña “práctica de la presencia de Dios”, también conocida como atención plena, que puede ayudarnos a meditar y que, a su vez, es fruto de la meditación. También es valiosa cuando estamos muy ocupados y no encontramos el momento para meditar.

San Benito, en el prólogo de su manual sobre la vida monástica “La Regla en los Monasterios”, aconseja rezar a Dios con una sincera oración cada vez que se comience un trabajo y poder, así, llevarlo a la perfección.  Para quienes están recorriendo su camino espiritual, el consejo de San Benito es una llamada a la presencia plena de la mente y el corazón en el trabajo, con un espíritu de orientación a los demás. Incluso para aquellos que crean que es un ejemplo de la imaginación mítica, el mensaje es útil: “reflexiona sobre el sentido del trabajo antes de ahogarte en él”.

Antes de iniciar cada nueva tarea durante el día, detengámonos un momento y preguntémonos…¿Por qué hago esto? ¿Cuál es mi motivación? ¿Puedo sentir el significado de mi trabajo como una conexión entre lo que hago y las personas a las que les influirá? De esta manera, haremos nuestro trabajo orientándolo hacia los demás y consiguiendo que sea, si no perfecto, verdaderamente valioso.

Laurence Freeman, OSB

Traducido por WCCM España