P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma: cuarto domingo de Cuaresma.

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Quizás la pregunta “¿por qué los sacerdotes católicos llevan túnicas rosas este domingo de Cuaresma?” no es la preocupación más importante para el mundo en este momento. Pero ofrece una mirada detrás de la ansiedad y la turbulencia interna y externa que nuestra familia humana está sufriendo. Hoy es el “Domingo de Gaudete (Alegría)” y el color litúrgico tradicional para la alegría es el rosa.

¿Qué hay para ser feliz? No mucho, pero la alegría es diferente. La felicidad (atesorarla mientras se tiene) depende de las circunstancias externas o de las formas de relación. Mientras duren, fácilmente nos adentramos en una gratitud que asume que el tiempo de la felicidad será permanente. ¿Y qué es, después de todo, permanente? La alegría, sin embargo, no depende de circunstancias externas o formas pasajeras. Fluye continuamente desde una fuente, un manantial puro, desde el ser mismo. Nada puede bloquearla excepto nuestra propia tendencia oscura a embotellar el agua del manantial, a poseer, a contaminar la pura e inocente realidad de la misma con las ilusiones de nuestra propia creación y codicia.

Nada es tan doloroso al principio como la transición de la felicidad perdida a la alegría pura.

Desde hace algunos decenios sabemos que la felicidad material sin precedentes, identificada con la riqueza, tuvo un precio irrazonable e insostenible. Nuestra humanidad personal, civismo y justicia social, nuestra cordura y nuestro propio hogar global estaban siendo contaminados y abusados. Pero ¿qué podíamos hacer al respecto? Las personas que dieron la alarma fueron descartadas por ser maniáticos o exagerados. Los quejicas y quejumbrosos también se transformaron en una clase, una industria. Los políticos estaban entre las personas que tenían el poder. Pero llegamos a ver que la política representaba cada vez más una máscara pública de poder. La confianza y el respeto por la política y la ley, necesarios para cualquier forma de civilización, cayeron en desgracia. Vimos el caos elegido y el gobierno de los bárbaros.

La alegría de vivir fue gradualmente desplazada y atrapada en grados cada vez mayores de injusticia y egoísmo surrealista: el 1% más rico de hoy en día posee la mitad de la riqueza mundial, incluso ahora, cuando estamos socialmente distanciados y en cuarentena y los más vulnerables son los que más sufren. Parte del 1% son personas generosas y buenas, pero incluso los peores se están dando cuenta lentamente de que es demasiado irreal para durar. La ira puede acumularse contra ellos, como lo hizo en la agresión pasiva del populismo. Pero también es injusto e irreal demonizarlos.

En el evangelio de hoy, Jesús cura a un hombre que nació ciego. Sus discípulos le preguntaron quién era el culpable de su desgracia, y él se negó a señalar al culpable.

Dijo que la sanación en sí misma era el sentido – revelaba la plenitud divina de la vida, la alegría de ser, sobrepasando las limitaciones y obstáculos humanos. Jesús sanó al hombre escupiendo en la tierra y haciendo una pasta con la tierra, que colocó en los ojos del hombre, diciéndole que se lavara en la piscina de Siloé alimentada por el agua de manantial. Más tarde el hombre dijo, “todo lo que sé es que una vez fui ciego y ahora puedo ver”.

Palabras usadas en 1772 por el comerciante de esclavos reformado, John Newton, en su himno “Amazing Grace”. El himno también dice “Y la gracia nos traerá a casa”.

 

Laurence Freeman O.S.B.

Traducción: Eduardo De la Fuente, WCCM Argentina