Enseñanzas Semanales

Enseñanza Semanal 20 julio 2020

enseñanza semanal 20 julio 2020

 

Nos involucramos en una forma de oración que presupone una actitud que es lo contrario de lo que es más y más culturalmente aceptable en la civilización occidental. Debido a nuestra experiencia en la oración, sabemos que no podemos nombrar a lo “Sin Nombre”, no podemos dar forma a lo “Sin Forma”. Sabemos que no podemos conocer la realidad divina con la mente o los sentidos. Pero también sabemos que esto no significa que lo “Sin Nombre” o “Sin Forma” no existe, sólo porque formamos una imagen en nuestra imaginación en lugar de con los sentidos ‘objetivos’.

 

Hay dos formas diferentes en las cuales percibimos la realidad: a través de la intuición y por medio de la racionalidad. A pesar de que a menudo son tratadas como enteramente diferentes y opuestas, son formas complementarias de acercarse a la realidad. La imaginación es una de las cualidades únicas de los seres humanos, en la medida tal como la conocemos. Y sin embargo, toda nuestra cultura occidental y nuestro consiguiente condicionamiento se basan en la racionalidad y niegan la importancia de la imaginación – se desestimó con el argumento de que esto es subjetivo y “sólo” de nuestra imaginación. La opinión prevaleciente es que no se debe aceptar como verdadero lo que objetivamente no podemos ver con nuestros propios ojos ni comprobado en el laboratorio, y se debe prescindir de todo lo subjetivo que no puede ser explicado racionalmente.

 

Oímos a John Main reconocer esta dificultad que podemos tener, en “El Cristo presente”: Puede parecer increíble para nosotros que el camino a la visión real es la trascendencia de todas las imágenes. Nos parece en la superficie que sin imágenes no hay visión, al igual que sin pensamiento no hay conciencia.

 

Y sin embargo, los “racionales” físicos y cosmólogos extienden sus teorías basadas en fórmulas matemáticas para incluir la totalidad del cosmos, utilizando tanto su intuición como su imaginación. Ellos realmente no pueden decir que están basados en hechos, ya que sus ‘objetivos’ experimentos sólo se basan en la realidad material que podemos ver, que es el 5% de todo el cosmos, el resto es materia oscura y energía oscura de la cual nada sabemos.

 

La intuición juega un papel mucho mayor en los descubrimientos científicos que lo que a los científicos en su conjunto les gusta admitir, pero Einstein valoraba muy positivamente la intuición: “La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que honra al sirviente y ha olvidado el regalo”.

 

Esta negación de las correspondencias entre la ciencia y la espiritualidad – que sigue siendo un punto de vista mayoritario – trae a la memoria lo que San Antonio del Desierto dijo hace cerca de dos mil años: “Un tiempo vendrá cuando la gente se volverá loca, y cuando se encuentren con alguien que no está loco, a su vez a él le dirán: “¡Usted está loco!” sólo porque no es como ellos”. Esta actitud de locura general es lo que lleva a una sensación de falta de sentido, a lo que John Main llama en “El Cristo presente”: “el terreno del miedo más inquietante del ser humano – de aislamiento, temor, soledad – es que el mundo en sí sea sólo un terrible error“.

 

Es solo por la escucha con el oído del corazón, la comprensión intuitiva que viene de la experiencia en la oración silenciosa, que podemos escapar de lo que san Pablo llama ya hace 2000 años “un mundo sin esperanza”. Pero John Main continúa en “El Cristo presente”: “lo que en definitiva hace posible la profundidad de visión es la fe: el salto hacia lo desconocido, el compromiso con la realidad que no podemos ver.”

 

Escrito por: Kim Nataraja

Traducción: Marina Müller, Escuela de Meditación WCCM Argentina.

Enseñanzas Semanales – 3er.- ciclo