P. Laurence Freeman OSB

Martes de la segunda semana de Cuaresma: Lucas 2, 41-51

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Él respondió: ‘¿Por qué me estuvieron buscando? ¿No sabían que yo debo estar ocupado con los asuntos de mi Padre?’ Pero ellos no comprendieron lo que él les dijo.

Todavía hay mucho de lo que Jesús dijo que no entendemos. Podemos afrontar este fracaso

  1. i) Al pensar que él no está diciendo cosa alguna relevante para nosotros porque a nosotros no nos gusta que nos lleven a los límites de  nuestro entendimiento,
  2. ii) o,  reducimos su significado a lo que podemos manejar fácilmente – ignorando el significado más profundo al asentarlo en blanco y negro como mensaje moralista.

 

Cualquiera de estos dos enfoques que tomemos hacia la dimensión espiritual será reflejado en cómo encontramos significado en los eventos de nuestras vidas.

Hace pocos días un supremacista blanco atacó cometiendo una insana, espantosa masacre de hombres y mujeres temerosos de Dios en oración, en una tranquila ciudad civilizada, en un país decente, social y responsable. Por un momento el mundo entero se siente uno, uno con las familias de las víctimas, con todo el pueblo de Christchurch y con Nueva Zelanda en su traumatizado dolor. Una vez más, nos es recordada la necesidad de afirmar el suelo común de la humanidad por un estallido de odio inhumano. Recordamos que lo que une es más significativo de lo que separa. Entonces, de alguna manera – esta es la paradoja – lo peor evoca lo mejor.

La oscuridad puede invadir y anegar al ser humano, en forma singular o en masas. Lo llamamos oscuridad porque produce comportamientos que nos hace querer cerrar nuestros ojos. Preferiríamos no verlo. La oscuridad se vuelve visible y lo demoníaco tangible: una pesadilla. Peor aun, ello degrada a la humanidad en todas partes. Así como la virtud heroica o la santidad levanta nuestra autoestima al recordarnos de lo que somos capaces, así la inhumanidad nos hace preguntar si tal vez nosotros realmente no poseemos la naturaleza buddha, no estamos creados a la imagen de Dios, no podemos ser ‘otros Cristos’.

A menos que escojamos ver de otra manera. ‘Ver la oscuridad’ implica la presencia de alguna oscura luz invisible. No podemos ver sin luz porque ver – consciencia – es luz. Así como el universo está cargado con energía oscura misteriosa que no entendemos, asimismo una cierta clase de luz que no podemos entender brilla en la más densa oscuridad y lo oscuro no la puede apagar.

Si nosotros odiamos a aquellos que nos odian ¿qué recompensa podemos esperar que no sea otra que una escalada de odio, la orgía de autodestrucción que eventualmente concluye cada triunfo del mal? Cuando la gente en oración es segada por un demente, el inocente es encarcelado o el pobre es rutinariamente explotado, deberíamos sentir la ira pura de los profetas. Pero si la ira  lleva a odio más profundo y a violencia, la oscuridad simplemente se espesa. Cuando en el corto formal ritual preventivo, el juez llamó al hombre arrestado ‘Señor’, se opuso a deshumanizar aun a gente que niega la humanidad a otros. La luz brilla en la oscuridad. Vemos, a través de lágrimas, cómo el triunfo del mal puede ser revertido al humanizar el perdón, la última carta ganadora.

firma Laurence

Laurence Freeman OSB

Traducción: Jorge Rago (WCCM Venezuela)

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