P. Laurence Freeman OSB

Sábado de la tercera semana de Cuaresma: Lucas 18, 9-14

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Todo el que se ensalza será humillado pero quien se humilla será ensalzado.

Encontré unas pocas personas que naturalmente parecieran tener el ego bajo control. Al parecer no les costaba ningún esfuerzo y hasta se creería que no tenían ego. Desde luego, cualquier persona a la que te puedas referir tiene un ego, porque eso es lo que nos hace diferentes. Si no estuviéramos separados no seríamos capaces de dejar morir nuestro ego y elevarnos hacia la unión más profunda.

Muchos de nosotros tenemos el ego relativamente herido. A través del largo proceso del desarrollo psicológico y la individualización, el ego acumula dolorosos recuerdos y temores que forman patrones que hacen a nuestra personalidad. Ninguna separación ocurre sin dolor, y el dolor deja una cicatriz en la memoria. Sin un gran amor que lo rodee para sanar esas heridas repetidas, el ego construye desconfianza y aprende a disimular para protegerse. A veces se infla y es agresivo para compensar su desequilibrio. Otras veces se vuelve tímido e inseguro, aterrorizado de ser visto o escuchado. Algunas veces giramos entre uno y otro estado.

Cualquiera que haya crecido con mínimos daños, se encuentra desde el comienzo involucrado con el amor. Tiene un mundo interior más equilibrado, en el cual la palanca del ego opera gentilmente, como un medio de comunicación más que como un arma. Estas son buenas personas. Cuando van a algún evento social, no están preocupados por el reconocimiento que les darán o si conseguirán una mesa mejor ubicada. Estarán curiosos sobre lo que acontece, pero no sentirán la angustia egoísta de aquellos que necesitan y piden aplausos o que estarían aterrorizados de ser observados.

Como la mayoría de nosotros no tiene un ego bien equilibrado, el evangelio de hoy ofrece una sabiduría práctica y compasiva. Haz un esfuerzo extra para evitar lo que el ego apetece o teme y luego, no te sientas orgulloso por haber hecho lo correcto. Entonces serás “exaltado”. Esto no significa convertirte en la última estrella del Factor X. Un corto de YouTube contigo viendo a una atónita audiencia que te adora, no llegará a ser viral.

Es otra forma de exaltación, en la cual, separada del éxito o del fracaso, tu ego puede reírse de sí mismo. Liberándote del asidero de la auto-fijación, puedes brindar tu atención, tu yo, a otras personas, con la maravillosa sensación de ver la transformación que la atención pura y desinteresada puede obrar.

firma Laurence

Laurence Freeman OSB

Traducción: Marta Geymayr, WCCM Paraguay

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