P. Laurence Freeman OSB

Martes de la cuarta semana de Cuaresma: Juan 5, 1-16.

cuarto domingo de cuaresma 2019

“¿Quieres estar sano otra vez?” 

Algunas estadísticas sobre Jesús: de acuerdo con el registro que tenemos del evangelio hizo 307 preguntas. Le hicieron 183 preguntas de las que contestó 3. Sigue leyendo.

Uno de los aspectos desalentadores del discurso público moderno es – según las nuevas reglas en política – el familiar de políticos hablando mucho sin decir nada. El arte de no responder la pregunta es fundamental en la vida política hoy en día. No sorprende que la política esté perdiendo la confianza de la gente.

En el caso de Jesús, por contraste, su rechazo a contestar la mayoría de las preguntas que le hicieron profundiza nuestra confianza en su autoridad e integridad. Muchas de las preguntas eran trampas. Así, aun si no las contestó,  sí las respondió, corrigiéndolas al contar una historia. Ficciones honestas, como una parábola, nos ayudan a llegar a la verdad de forma más directa que respuestas “basadas en hechos”. En algunas ocasiones, simplemente se quedaba callado, negándose a ser arrastrado al laberinto de palabras; pero en estas ocasiones su silencio exponía la falsedad de las preguntas para revelar la profundidad de la verdad.

Él enseñó que es mejor hacer preguntas que dar respuestas. Esto resalta la diferencia entre contrastar la motivación de un maestro y un instructor o un oficial de la creencia ortodoxia. Un maestro está motivado por el deseo de despertar el conocimiento directo en el estudiante. Simplemente bajar la información de las respuestas no lleva a la comprensión, sin importar cuán bien sean repetidas.

Una vez estaba leyendo el ensayo de una estudiante. Sus habilidades del idioma inglés eran muy básicas y yo estaba tratando de hacer eso a un lado para ver qué es lo que estaba tratando de decir. Entonces, apareció un pasaje en perfecto inglés. Al rato el lenguaje volvió a colapsar – un caso poco sutil plagio. Había más verdad, conocimiento más directo en los párrafos en los que luchaba con el idioma que en la deshonestidad de las palabras de otro. Política, religión, negocios, discusiones médicas, en toda la comunicación humana se rompe la confianza al esconderse detrás de las palabras.

¿Por qué es que preguntas, mejor que respuestas, despiertan el conocimiento directo? Porque nos obligan a aceptar la responsabilidad personal, a practicar la integridad y a ser humildes. En estado mental, la respuesta que encontramos, aun si es “no sé”, puede ser una revelación o un logro. Nos convertimos en parte de una comunidad de aprendizaje, un discípulo, que ve cualquier respuesta, sin importar cuán cierta sea, como un paso en la dirección correcta, no el lugar de destino.

La pregunta “¿quieres estar sano otra vez?” suena verdadera. Enfoca la atención no en quien habla sino en la otra persona, quien siempre abre la puerta a la verdad.

Laurence Freeman OSB

Traducción: Guillermo Lagos, WCCM México

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