P. Laurence Freeman OSB

Miércoles de la cuarta semana de Cuaresma: Juan 5, 17-30

cuarto domingo de cuaresma 2019

 

Mi objetivo no es hacer mi propia voluntad, sino la de aquel que me ha enviado

 

 

Centralidad en el otro: es una idea más difícil que el egocentrismo. Todos estamos más familiarizados con el estado mental egocéntrico, aunque generalmente estamos más dispuestos a acusar a otros de ello que a verlo en nosotros mismos. Es el opuesto a la enseñanza fundamental y a la dinámica básica de la meditación.

 

La verdad – que estamos más vivos y somos verdaderamente nosotros cuando nos orientamos hacia otros en lugar de orientarnos a nuestros intereses personales – es una práctica difícil. Sin embargo, poco a poco y con muchas recaídas, conforme la reorientación de nuestras mentes, sentimientos y motivaciones nos van moviendo en la dirección correcta, descubrimos una nueva forma de felicidad. Emerge un nuevo significado en la vida. La meditación, entendida de forma adecuada, abraza de todo corazón este cambio de la mente, al aprender a quitar la atención de nosotros mismos.

 

Al principio, y por algún tiempo, parece que estamos batallando contra un fuerte viento en contra. La atención se revierte frecuentemente a los pensamientos, planes y recuerdos que estamos tratando de poner de lado al decir el mantra. La mente, como un cachorro que está siendo entrenado en casa, continúa cometiendo los mismos errores. Se requiere, no la fuerza o el castigo sino mucha paciencia que refleje el amor que sentimos por él. Las preocupaciones actuales, con las viejas ansiedades, continúan regresando y demandando nuestra atención. Parecería que usemos nuestro tiempo más útilmente tratando de resolver nuestros problemas o reanalizándolos. Pronto vemos, sin embargo, que a menos que aprendamos a dirigir nuestra atención, todos los pensamientos o planes, incluyendo aquellos que se refieren al bienestar de otros, serán rápidamente secuestrados por el egocentrismo. El mantra, suave pero consistentemente, reentrena nuestra mente con un mayor nivel de atención centrada en otros, lo que nos trae verdaderos beneficios a nosotros y a todos los aspectos de nuestro trabajo.

 

Es un buen trabajo porque saca lo mejor de nosotros y produce beneficios para otros. Lo que hacemos en nuestras sesiones de entrenamiento de meditación, da por lo tanto frutos en toda la gama de nuestra elección consciente y actividad; y al mismo tiempo también transforma nuestros hábitos inconscientes mentales y de sentimientos.

 

Así que un nuevo horizonte se ve a lo lejos. Vemos el orden innato de la realidad, la bondad esencial del universo, la cual es en sí misma el máximo buen trabajo. Esto se refleja en nuestro instinto por la consistencia – en fidelidad, justicia, verdad y bondad – en todo lo que nos concierne. En cuerpo, mente y palabra. Aun al reconocer las consecuencias de nuestras palabras y acciones y ver nuestras responsabilidades como son en realidad, sentimos que no es nuestra propia voluntad la que estamos siguiendo. Hay una voluntad en el universo que es centrada en el otro, establecida en la naturaleza de la realidad. Lao Tse la llamó el Camino. Jesús la conoció como el Padre.

firma Laurence

Laurence Freeman OSB

Traducción: Guillermo Lagos, WCCM México

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