P. Laurence Freeman OSB

Domingo de Ramos: Lucas: 22:14-23:56

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Sin embargo yo estoy entre ustedes como el que sirve.

El relato se inicia con una entrada triunfal y termina en fracaso y rechazo total. Entre el principio y el fin surge un gran desenvolvimiento. Es el patrón recurrente de opuestos en la vida que preferimos ignorar. El éxito, la plenitud, el estar contentos llegan con una gracia que no podríamos imaginar y que nos llena con las delicias de la gratitud. No hay nada más maravilloso que el don de sentirnos llenos de agradecimiento. En vez de pedir o imaginar,  sólo tenemos necesidad de recibir.

Pero para poder disfrutar de esta gratitud, la rueda debe dar una vuelta. Normalmente somos tomados por sorpresa cuando un giro en los acontecimientos hace que una celebración sea reemplazada por ansiedad o enojo. La muchedumbre alegre se desvanece y surge una turba con la intención de causarnos daño, al privarnos de la habilidad de agradecer.

La meditación y la disciplina personal ciertamente nos entrenan en alguna medida a ser desapegados y de esa forma podemos estar mejor preparados cuando descubrimos que la bolsa de harina que nos acaban de dar como regalo viene rota y su contenido se escapa. Pero ni la meditación ni la ascesis resuelven o previenen problemas. Solamente nos llevan a un encuentro con el misterio en que el patrón se repite y por lo mismo nos permite trascenderlo al asumirlo y atravesarlo.

Acabo de ver una foto que se ha hecho viral, la primera foto de un agujero negro, tomado en una galaxia muy distante llamada M87. Presenta un centro obscuro, ese horizonte desde el cual ni la misma luz puede escapar, rodeado por un halo de luz brillante y alegre. La coexistencia – o la secuencia – de opuestos parece ser una parte integral de la naturaleza en todos lados. La vida y la muerte, no pueden, aparentemente, existir por separado.

En la consciencia humana este misterio nos aplastaría, de la misma manera que un hoyo negro nos tragaría si no fuera por el milagro del espíritu de servicio. La auto donación es la única manera de sobrevivir los ires y venires de la vida. Jesús entró triunfante en Jerusalén, como un candidato político exitoso. Todos amamos el éxito. La gente lo adora cuando se presenta. Pero Jesús parecía indiferente y desapegado.

Antes de ser absorbido por el hoyo negro en Getsemaní, celebró una última cena con sus amigos, sabiendo que había uno que lo empujaría al precipicio. Los ánimos no eran sombríos, sino más bien serios. La seriedad, como dijo John Main, nos lleva a la alegría. El tono de la velada fue sorprendente, dirigido por un líder que siempre fue un hombre para todos, que sirvió hasta el final aún a aquellos que lo traicionaron a Él y a sus esperanzas. El espíritu de servicio revela una clase de gratitud diferente, que no puede ser anulada por su opuesto.

Laurence Freeman OSB

Traducción: Enrique Lavín, WCCM México

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