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Lunes de Semana Santa: Juan 12, 1-11.

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Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. 

Esta semana se vuelve una penetración en el misterio de Jesús de Cafarnaúm, el Cristo para aquellos que lo ven con el ojo de la fe. Introducirnos en cualquier misterio implica encontrar nuevas dimensiones de la realidad donde nuestra lógica mental y nuestro sentido común protestan ante este brote del absurdo.

No tiene sentido. Es todo un mito. iPuras patrañas! Estas reacciones pueden estar bien fundamentadas, así que debemos escucharlas con respeto: dialogar con ateos es mejor que predicar a los convertidos. Pero también puede haber signos de que estamos logrando progreso en los espacios interestelares y encontrándonos con una realidad que nos contiene, más que la imagen de una realidad observada a través de un telescopio.

En este camino de fe – pues eso es lo que es – podemos regresar a los eventos pasados para ver qué es lo que nos pueden revelar del presente y de nuestra dirección hacia el futuro. En una ocasión conocí a alguien que casi había muerto ahogado y que de hecho vio ‘su vida pasar frente a él’ como una película que se regresaba o que iba en avance rápido, no podría afirmar cuál de los dos. Un día lo averiguaremos nosotros mismos.

Los relatos de esta semana nos pueden provocar el mismo sentimiento. Hoy regresamos al recuerdo de una comida. Jesús comía mucho – o al menos frecuentemente. En una ocasión, durante una comida con amigos e invitados, María de Betania rompió un frasco de perfume caro y ungió sus pies. Y la casa se llenó con la fragancia del nardo y de su espíritu de servicio.

Dos personas pueden ver o experimentar la misma cosa y sin embargo reaccionar en maneras totalmente opuestas. Algunas personas en la comida se han de haber visto transportados por este tierno acto simbólico de homenaje que realiza María, sintiendo que tocaba sus sentidos a través de la fragancia del perfume. Judas – que será un guía importante para nosotros en esta búsqueda del significado de la Semana Santa y los Misterios Pascuales, y de quien estamos más cerca de lo que nos gustaría pensar – reaccionó de una manera diferente. Miró la etiqueta del precio y se quejó del desperdicio. Hay un tiempo para negociar y un tiempo cuando el valor real trasciende el valor monetario.

La fragancia del perfume se queda en el ambiente más allá del momento en que se liberó. En la dimensión espiritual se esparce más allá del tiempo y el espacio, sin disiparse ni desvanecerse, permaneciendo en el aire por siempre. Un buen acto puramente de servicio, una sonrisa y una caricia tierna durante un momento de fracaso y tristeza, un gesto casual que ilumina toda la verdad y abre el corazón a lo que antes nunca supo: en la profundidad de la dimensión que envuelve todas las dimensiones y en la que el pasado y el presente se unen, se vuelven imposibles de olvidar. Mahatma Ghandi en una ocasión comparó al evangelio con el perfume de una rosa y señaló lo separado que el cristianismo institucional se encontraba de su maestro. “Una rosa no necesita predicar. Simplemente libera su fragancia. Esa fragancia es su propio sermón… la fragancia de la vida espiritual y religiosa es mucho más fina y sutil que la de la rosa.”

Laurence Freeman OSB

Traducción: Enrique Lavín WCCM México

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