P. Laurence Freeman OSB

Martes de la quinta semana de Cuaresma: Juan 8, 21-30

quinta semana de cuaresma

El que me ha enviado está conmigo y no me deja nunca solo

Recientemente estuve esperando el metro en una plataforma atestada de gente. Usualmente me hubiera quedado leyendo o escuchando el mantra. Entonces observé intrigado mientras una mujer se inmortalizaba repetidamente en una selfie. Fue toda una performance, ya que estaba decidida a lograr la sonrisa justa y la inclinación perfecta de la cabeza, con el fondo exacto. Posaba, se sonreía satisfecha y luego chequeaba el resultado en su pantalla y volvía a intentarlo. Estaba perfectamente absorta en esta operación y totalmente inconsciente de estar parada en el medio de una multitud que se movía en una angosta plataforma. Cuando llegó mi tren, ella seguía intentando conseguir el disparo perfecto.

Como resultado de una intensa búsqueda académica en Wikipedia descubrí que la primera selfie que se conoce fue un daguerrotipo tomado en 1839 que se encuentra hoy en la tumba del fotógrafo. Como carecía de un smartphone, retiraba la tapa del lente, corría a ponerse en el lugar del retrato y se quedaba quieto por uno o dos minutos antes de volver corriendo a tapar el lente nuevamente. Una selfie más contemplativa. A los artistas siempre les ha gustado pintarse a sí mismos y los espejos nos rodean desde alrededor del 6000 AC. Nos encanta vernos a nosotros mismos, aunque no nos guste lo que veamos.

Como cualquier cosa relativamente inofensiva en sí misma, puede volverse una obsesión y dar forma a todo un modo de vida. Para controlarlo, debemos practicar el otro-centrismo. Hacer de esto una costumbre nos mantiene alertas para ver cuándo la auto-fijación nos vuelve insensibles a los otros que nos rodean. Nos rescata de quedar atrapados en la órbita de un narcisismo que nos auto-consume. Cuando abrazamos el trabajo del otro-centrismo avistamos la dimensión última que abarca todas las dimensiones. La que Jesús llamaba el ‘Padre’, el otro-centrismo básico a lo largo de toda su vida. Es el secreto para distinguir entre realidad e ilusión y para ‘ver a Dios’.

Como fui criado en una ciudad, cuando estoy en el campo tengo que hacer un esfuerzo para leer el libro de la naturaleza. Bonnevaux me está enseñando a hacerlo y también muchas personas que han amado ese libro durante todas sus vidas.

El poeta inglés Gerard Manly Hopkins escribió algunos de los más bellos poemas sobre el mundo natural. También usó la palabra ‘sí mismo’[i] como un verbo. Destruir la belleza (un poema trata sobre la tala de un grupo de álamos) es ‘desimismar’[ii]   al mundo (que el mundo deje de ser él mismo). Vio a Dios ‘mismándose’[iii]  (siendo sí mismo) en las incontables bellezas del mundo donde ‘Cristo juega en diez mil lugares’. Esto nos recuerda a las ‘10,000 cosas elevándose y cayendo’ del Tao Te Ching, que también podemos interpretar como distracción interminable. Lo que convierte a la distracción en la visión de Dios “mismando” al mundo (permitiendo al mundo ser él mismo) es el otro-centrismo: no lo que vemos sino cómo lo vemos.

Ahora, con las puertas de nuestra percepción solo un poquito más limpias después de la Cuaresma y habiendo afinado el mantra, ¿qué puede ser más apasionante que ver las cosas – aun jugando en una plataforma abarrotada – como las ve la Mente de Cristo?

firma Laurence

Laurence Freeman OSB

 

Traducción: Carina Conte, WCCM Uruguay

[i] En el original: “self”

[ii] En el original: “unselve”

[iii] En el original: “selfing himself”

P. Laurence Freeman OSB

Lunes de la quinta semana de Cuaresma: Juan 8, 12-20

quinta semana de cuaresma

Yo sé de donde he venido y adónde voy.

Muchas personas viven hoy en relaciones de larga distancia. Debido al trabajo u otros factores que complican, escriben mensajes de texto, hablan por Skype o se hablan por teléfono, a veces varias veces por día. Las ausencias prolongadas pueden debilitar y socavar las relaciones o pueden fortalecerlas y hacerlas madurar. Cada relación tiene una distancia óptima. Esta distancia de foco con la que a veces nos ‘vemos’ unos a otros no es de una medida fija. Se ajusta según las condiciones. Sin duda, es duro para las personas que aman estar separadas. Se extrañan; pero a veces es una buena añoranza, como me dijo una vez una persona cercana.

Las formas de estar en relación han sido radicalmente afectadas por la tecnología, por la globalización y por internet. El amor en sí mismo no ha sido cambiado; pero el amor crece a través de formas y hábitos, especialmente en las primeras etapas de la niñez. Un niño puede alegrarse cuando habla por Skype con su padre o madre frecuentemente ausente que lo llama desde un aeropuerto lejano para darle las buenas noches, pero no es lo mismo que estar allí todas las noches.

Durante estas reflexiones he estado repasando las diferentes dimensiones de la realidad. Canto continuamente las bondades de la dimensión contemplativa, porque siento que a pesar de ser debilitada y frecuentemente ignorada en nuestra agitada y fragmentada cultura global, hoy es esencial para manejar los aspectos deshumanizantes de la vida ‘en la red’. Estar en línea, disponible, inmediatamente responsable, con poco tiempo para reflexionar y pensar, tiene sus riesgos así como sus aspectos positivos. Puede, por ejemplo, volverse adictiva. Los meditadores, como cualquiera, encuentran difícil apagar sus celulares, aunque les haría comprender la necesidad de hacerlo periódicamente. La gente muchas veces dice que le gustaría ‘apartarse de todo por un tiempito’. Pero cuando llega la oportunidad encuentran una excusa para no hacerlo. Si olvidamos cómo vivir en la dimensión contemplativa – quieta, silenciosa, simple y ahora – arriesgamos perder todo lo que hemos ganado a través de la tecnología y del progreso social.

Si vivimos exclusivamente en las tres dimensiones de tiempo y espacio, la más distante de todas las relaciones es con Dios. Hablamos por skype con él en la iglesia y apretamos nuestras agendas para darle alguna otra entrevista en nuestros ocupados planes.  Esto nos hace sentir a Dios siempre distante y tan irreal como el amigo imaginario de un niño. Para el no creyente, esto demuestra que Dios es una creación humana, unas muletas, una droga, otra fuente de falso consuelo, y no el Ser, la consciencia misma.

El poder que abre nuevas dimensiones de la realidad es el amor. (La meditación es el trabajo del amor). Para una pareja separada por husos horarios y por la geografía, el amor prueba que están siempre el uno con el otro.

Esto nos acerca más al propósito de la Cuaresma que es entender mejor la Pascua.  Y también a ver por qué la meditación abre nuevas dimensiones de la realidad.

 

firma Laurence

Laurence Freeman OSB

Traducción: Carina Conte, WCCM Uruguay

 

P. Laurence Freeman OSB

Quinto domingo de Cuaresma: Juan 8, 1-11

quinta semana de cuaresma

Miró hacia arriba y dijo, ‘Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra´.

 Recientemente, en el pequeño Sultanato de Brunei, el líder nacional sintió el impulso de introducir leyes religiosas más rigurosas para el bienestar de su pueblo. Éstas incluían la amputación para los ladrones y la muerte por lapidación para los homosexuales. Me pregunto cómo habría respondido si hubiera cruzado su mirada con la de Jesús cuando levantó sus ojos de lo que escribía en el polvo mientras la mujer adúltera aguardaba su destino. Sus jueces la castigaban siguiendo la ley al pie de la letra. Jesús borró todos los libros cuando se arrodilló y escribió sus palabras silenciosas en el polvo.

La religión tiene dimensiones morales e intelectuales que conllevan los beneficios de los principios éticos y de símbolos sanadores para las desgracias de la vida. También ayudan a alinear la fe personal y la salud mental social. Pero hay una dimensión adicional oculta en la religión — la mística — que ignoramos a nuestro propio riesgo. Sin la influencia de la experiencia contemplativa, la creencia y conducta religiosa cae lentamente en decadencia, volviéndose insoportablemente superficial o moralista. O simplemente monstruosa.

Cuando estás convencido de que Dios está de tu lado, comienzas a hablar en nombre de Dios; y luego, si otros te empiezan a escuchar, pronto llegarás a creer que eres Dios. La paradoja de la verdadera experiencia religiosa es que, cuando has enfrentado la infinita diferencia y distancia entre tú y Dios, descubres que Dios está más cerca de ti de lo que tú estás de ti mismo. Luego eres atraído a un proceso de unión transformativa que es la contracara de la ‘identidad’. La unión diferencia. La distancia de esta intimidad que está más allá de las diferencias evoca la verdad de lo que dijo Meister Ekhart: ‘no hay distancia entre Dios y yo’.

Esto es menos abstracto de lo que puede sonar. La integridad de la religión debe ser protegida y promovida porque la religión no puede ser eliminada. Al igual que la política, si ha de evitar la corrupción, debe ser continuamente purificada por la verdad. Como la música, debe ser bien tocada. Pero no estoy pensando inmediatamente en los beneficios que esto traería al Sultán de Brunei. Estoy pensando más bien en todas las víctimas de la religión retardada, las mujeres encontradas en adulterio, los homosexuales y los ladrones, los chivos expiatorios de la falsa religión y en todos aquellos que están sentados solos en las celdas de alguna prisión, cuyas vidas han sido arruinadas por la cruel religiosidad de los que se creen con más razón que los demás.

La mujer adúltera toca un sentimiento universal de compasión. Como la Regla de Oro (trata a los demás como te gustaría ser tratado) es irreductible e indiscutible en su simplicidad tanto moral como mística.  Sin embargo, nos desconectamos muy fácilmente de su sentido y es por ello que debemos practicar la dimensión contemplativa a través de la Cuaresma y la meditación.

 

firma Laurence

Laurence Freeman OSB

Traducción: Carina Conte, WCCM Uruguay

 

P. Laurence Freeman OSB

Sábado de la cuarta semana de Cuaresma: Juan 7, 40-52

cuarto domingo de cuaresma 2019

sí que la gente no se podía poner de acuerdo sobre él. Sigue leyendo.

En Bonnevaux hay tres primaveras. En cada una, un flujo continuo de agua pura brota del mundo subterráneo invisible, de niveles freáticos (superficiales) o de ríos subterráneos. Cuando me paro junto a ellos, observando la perturbación suave saliendo a la superficie de su fuente escondida, tengo la sensación de una larga historia. Los manantiales siempre han atraído a los seres humanos no solo como una fuente de agua de la que depende su vida sino como lugares sagrados, símbolos que significan una mejor vida, la conexión de vida. “Cree en milagros, curaciones y fuentes de sanación”,  Seamus Heaney escribió en su poema “Cure at Troy” y lo repitió en un discurso en el Royal College of Physicians of Ireland (Colegio Real de Médicos de Irlanda).

Las mitologías contienen historias sobre la búsqueda de la “fuente de la vida”. En sueños, el agua se dice que simboliza la misma conciencia. Jesús quería que descubramos la corriente de agua viva que fluye de nuestro corazón. El corazón de todas las personas es un manantial a través del cual fluye la conciencia de la vida de una fuente común de ser. Entra en esta dimensión tangible de la realidad, donde en este momento yo escribo y ustedes leen. Los corazones, sin embargo, se cierran cuando los estados mentales negativos con los que todos luchamos hasta el final de los tiempos nos distraen y nos agobian. Puede tomar muchos años que te des cuenta de que tu corazón se ha estado cerrando. Pero cuando lo ves, explica una gran parte de todo lo que ha salido mal. Expone los hábitos y patrones de carácter de comportamiento que nos han atrapado gradualmente y con los que nos identificamos falsamente.

Cuando el corazón se cierra, nos separamos de nuestra fuente y de la naturaleza fluida de la realidad. Adoptamos posiciones rígidas y fijas. Le sigue la oposición y al poco tiempo, el conflicto y varias formas de violencia. Cerrados y separados por el orgullo de tener razón y condenando a aquellos que no están de acuerdo con nosotros como equivocados, nunca podremos estar de acuerdo. Entonces perdemos contacto con los caminos misteriosos entre las dimensiones de la realidad. Estas conexiones no son tangibles o conceptuales de la forma en que estamos acostumbrados, por lo que es fácil desecharlas como imaginarias. El precio que pagamos es volvernos varados, inflexibles. Sin el manantial de la vida nueva nuestras ideas se vuelven rancias y nuestros argumentos monótonos. Fracasamos en estar de acuerdo con alguna cosa o con alguien excepto con nosotros mismos. Finalmente, no podemos estar de acuerdo ni con nosotros mismos.

Laurence Freeman OSB

Traducción: Guillermo Lagos, WCCM México

P. Laurence Freeman OSB

Viernes de la cuarta semana de Cuaresma: Juan 7, 1-30

cuarto domingo de cuaresma 2019

Lo conozco porque he venido de él y fue él quien me envió.

 

En el largo movimiento hacia la autoconciencia, los seres humanos han logrado reconocer diferentes niveles de conciencia. Parece que los perros sueñan, pero no están interesados en la diferencia entre estar despierto y dormido. Hemos crecido en la conciencia de diferentes tipos de conocimientos y operaciones mentales. Si esto nos ha hecho mejores que los perros o los dioses que adoramos, o lo que significa, es otra pregunta.

 

Tal vez necesitamos dar dos pasos adelante y uno para atrás. Quiero decir, conforme crezcamos en autoconciencia, necesitamos recordar puntualmente la diferencia entre los niveles de la conciencia. Para nosotros y nuestras relaciones es importante distinguir entre sueño y realidad. En una cultura saturada por los medios donde fácilmente nos volvemos adictos a nuestros dispositivos y nos privamos de los mínimos grados de paz – sin hablar de la paz de Dios que va más allá del entendimiento – es crucial que recordemos la existencia de un nivel de pura conciencia. Es por esto que vamos al desierto todos los días a llevar a cabo el trabajo de silencio. “Abandonando”, como decía Juan Casiano en el siglo V, “todas las riquezas del pensamiento y la imaginación”, encontramos el camino real a la pobreza de espíritu – el desapego y la capacidad de gozar y entender sin poseer y las ilusiones que conlleva. Es el significado de la Cuaresma y la meditación diaria.

 

Sócrates habló de un sabio que se acercó al rey de Egipto con un magnífico regalo llamado escritura. Afirmó que aumentaría la memoria de la gente: “mi descubrimiento da una receta para la memoria y la sabiduría”, aseveró. El rey era demasiado inteligente para firmar de forma inmediata una suscripción a este nuevo medio maravilloso. Concluyó que la invención tendría el efecto opuesto porque “la gente dejaría de ejercitar la memoria”.  En lugar de buscar dentro de sí mismos se van a volver dependientes de “recursos de marcas externas.”  Sonó como una persona moderna que se queja de que, con Google, con las calculadoras electrónicas hemos perdido el hábito de la memoria, el trabajo mental y el arte de aprender.

 

Es difícil estar totalmente convencidos de esta posición extrema, especialmente tomando en cuenta que las palabras de Sócrates tuvieron que ser escritas por su estudiante para que llegaran a nosotros hoy en día. Sin embargo, nunca ha sido más importante enfrentar las diferencias entre el conocimiento directo e indirecto. Por maravilloso que sea un documental sobre la naturaleza, no es lo mismo que estar dentro de ella. Discutir sobre la meditación o investigar sobre sus beneficios, no es lo mismo que meditar. Llegar a tener la experiencia de Dios a través de las ideas, símbolos o rituales tiene un valor inmenso. Somos más débiles sin este lenguaje. Pero saber que “conozco a Dios porque he venido de Dios y fue Dios quien me envió” es una forma de conocimiento que no puede ser digitalizado en un sistema binario o aun en la más bella escritura.

 

firma Laurence

Laurence Freeman OSB

Traducción: Guillermo Lagos, WCCM México