P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma 2020: Miércoles de Cenizas

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El verdadero misterio del ser humano es que estamos tan convencidos de que tenemos que llegar a algún lado, sin darnos cuenta de que ya estamos allí. No estaríamos pensando en metas y objetivos a menos que ya estuvieran activados en nuestra conciencia personal. Entonces, comencemos la Cuaresma hoy con la Resurrección.

Sin la Resurrección, la Cuaresma sería un tiempo aburrido y egocéntrico dedicado a cultivar el propio jardín espiritual. Nos preocuparía solo renunciar a cosas que nos gustan o hacer cosas difíciles que creemos que serían buenas para nosotros. Tal vez lo serían, pero la motivación lo es todo. Muchos, especialmente los católicos, hoy tendrán conversaciones sobre lo que están “haciendo por la Cuaresma” a menudo con un tono humorístico y un poco de competitividad religiosa. “Si él está renunciando al alcohol por la Cuaresma, tal vez yo también debería…” La enseñanza de Jesús sobre todo esto es clara. No publiques tus “buenas acciones” e incluso “no dejes que tu mano izquierda sepa lo que está haciendo tu mano derecha”. Si esto suena muy complejo y desafiante, de hecho es ridículamente simple.

Cuando la práctica espiritual es dirigida secretamente por el ego (y la mayoría de las cosas lo son), inconscientemente nos deslizamos a pensar que el progreso, acercándose a Dios, está vinculado al sufrimiento o al malestar voluntario. Es como pensar que tenemos que hacer algo desagradable para que alguien que ya nos ama continúe amándonos. No nos sentimos dignos. No confiamos. Subimos nuestras apuestas. Dios debe estar riéndose de nuestra renuencia a creer lo obvio.

Al igual que la meditación, la Cuaresma no se trata de influencia espiritual sobre Dios o de retomar el control de nuestro viaje espiritual. Al comenzar la Cuaresma, decidamos, con la motivación más simple, si haremos algo o no haremos nada. (Su madre le dijo a la joven Reina en la serie de televisión The Crown que no hacer nada es lo más difícil). Hoy el regalo es decidirnos a creer más profundamente el regalo del amor de Dios. Esto es imposible hasta que sentimos que realmente le gustamos a Dios.

Probemos de deshacernos en esta Cuaresma de lo que quede de nuestra idea de Dios pagana y con colorido del ego,  y así prepararnos para la resurrección viviendo en la nueva luz de Cristo. Los viejos dioses murieron cuando se secó la devoción a ellos. Parecían poderosos, pero, como las celebridades, se alimentan de la atención humana y se marchitan cuando ésta falla.

El Dios verdadero es mucho más real e interesante e infinitamente amigable. Entonces, ¿algo o nada? Combina ambas opciones, simplemente el ser más fieles a nuestros tiempos diarios de meditación y a la simplicidad del mantra. (Como dijo John Main: “la oración es la ascesis esencial de la vida cristiana”).

Traducción: Marina Müller, WCCM Argentina