P. Laurence Freeman OSB

Jueves Santo: Juan 13, 1-15.

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Cuando llegó a Simón Pedro, este le dijo: ― ¿Y tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí? 

Según el relato que San Juan hace de la Última Cena, hay más énfasis en el acto de lavar los pies que en partir el pan y el vino. Pero ambos puntos de vista se enfocan en el cuerpo.

Para entender cuán central es el cuerpo humano para el significado de la Pascua – y de hecho para la esencia del cristianismo – necesitamos pensar en nuestro propio cuerpo. Tenemos dos opciones cuando pensamos en nuestro cuerpo. La primera es lo atractivo o poco atractivo que nos podemos sentir físicamente. Hay un breve y gloriosamente inmortal período en la vida cuando (aunque sin el cien por ciento de certeza) nos damos cuenta que somos jóvenes, estamos en forma y hasta podríamos pensar que competimos con igualdad con otros cuerpos alrededor nuestro. Hay unos cuantos de nuestros contemporáneos que se sienten gloriosamente ciertos de esto por un tiempo. Si estuvieran en una subasta de esclavos en la Roma antigua, serían el objeto más popular en venta. Esto es – espero –solamente una alteración menor de nuestra auto estima y para muchos de nosotros algo poco importante. Sin embargo, el punto es que por un periodo de tiempo vamos a tener confianza en nuestro cuerpo físico. Con mayor frecuencia ahora, y trágicamente, los jóvenes se sienten ajenos a sus propios cuerpos, como podemos ver por tantos casos de auto violencia o desórdenes alimenticios.

La otra opción viene después, cuando pensamos en nuestros cuerpos no como atractivos o poco agradables, sino en términos de desempeño o supervivencia. Cuando nuestros cuerpos se ven atrapados en una serie de pruebas y experimentos en un sistema médico binario, ‘mi cuerpo’ se ve enajenado de la persona que dice ‘mi’ o ‘mío’. De hecho, cada uso del pronombre posesivo sugiere una enajenación de cualquier relación verdadera.  ¿Qué podemos decir con certeza que es ‘mío’ o ‘tuyo’?

En algún punto – como cuando nos vemos siendo cuidados en un hospital, o cuando nos vendemos en las calles – alguien más puede ser el dueño. Sin embargo, cuando Jesús dice ‘este es mi cuerpo’, es dueño de su propio cuerpo. Eso significa no que lo posee, sino que él es su cuerpo. ¿De qué otra manera, excepto con este grado de auto incorporación podría dárselo a los otros – darse a sí mismo como un ser encarnado? Él está plenamente encarnado y acepta esta verdad de la encarnación sobre él, independientemente de cómo luzca su cuerpo o lo bien que pueda desempeñarse. No está poseído o manejado por especialistas o compañías de seguros. Sólo en ese estado, cuando disfrutamos de la libertad física, sin que nuestros cuerpos pertenezcan a otros – ya sea por cuestión de tratamientos médicos o para el placer de otros – podemos decir, ‘este es mi cuerpo’. Para algunos, en la edad media o en la actualidad, las palabras de la consagración ‘hoc est corpus meum’ son palabras de poder e incluyen el significado más profundo de la comunidad en la que se dicen.

Para otros, estas palabras pueden solamente ser reminiscencias de un pasado mágico. La verdad se encuentra en medio, en la red de relaciones que forman al cuerpo.  Todos, excepcionalmente, formamos parte de un cuerpo más grande que nuestro cuerpo privado, que se encoge y se marchita en su individualidad. Este cuerpo muere, pero es resucitado en su singularidad, a una nueva y mayor intensidad de vida. Para aquellos que pueden tener el gusto de la Eucaristía, esto es algo que pueden compartir día a día. Y aun para aquellos que no tienen esta conexión, la meditación les abre una puerta a ello.

 

Laurence Freeman OSB

Traducción: Enrique Lavín, WCCM México

P. Laurence Freeman OSB

Miércoles de Semana Santa: Mateo 26, 14-25

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El hijo del hombre va a su destino, como dice la escritura. 

Las grandes tradiciones de sabiduría guardan secretos profundos y universales acerca de la naturaleza de la realidad. Pero no son tan explícitas como nosotros quisiéramos, con nuestra mente literal y nuestro entrenamiento científico. Nuestra experiencia en la dimensión espiritual actualmente se ha visto empobrecida grandemente y por tanto hemos perdido prácticamente el arte de leer los antiguos textos de cualquier tradición. Eso ha dado por resultado que se desarrolle el fenómeno moderno del fundamentalismo religioso y que se vea socavada la consciencia unificadora de una verdad universal expresada en símbolos universales. Quienquiera que haya sido quien escribió el Libro del Génesis se asombraría hoy en día al saber que 42 % del pueblo estadounidense rechaza el concepto de la evolución y piensa que todo sucedió en seis días. La ‘palabra’ de Dios se ha vuelto lingüística más que existencial.

Debido a que leía las escrituras de su tradición a la luz de su propia experiencia, Jesús fue capaz de entender y expresarse con una autoridad singular y con gran profundidad en su significado. Eso dio pie a una reacción en cadena que eventualmente se volvió una nueva tradición. Desde la reflexión cristiana sobre las escrituras, a la luz de la experiencia sin precedente de la Resurrección, surgió el ‘nuevo testamento’. Estos breves textos de cuatro evangelios y las cartas de los maestros de las primeras comunidades se volvieron una escritura de primera fuente. Surgieron directamente de una profunda y fresca experiencia espiritual, no completamente asimilada, pero que se volvió una inspiración perenne para místicos, teólogos y artistas.

Emergió, entonces, algo único y característico de la consciencia cristiana, despertada por el contacto con el Cristo crucificado y resucitado. Primeramente concierne a la realidad de la persona que nos pregunta ‘¿Quién dicen que soy?’ – una pregunta que solamente puede ser respondida desde el marco de nuestro propio auto conocimiento. En segundo lugar, o al mismo tiempo, tiene que ver con el entendimiento de Dios como Trinidad, como una comunión entre tres. Jesús habla del Padre como su fuente y objetivo y proclama su unión no dual con él. Pero también habla del Espíritu que enviará a continuar y guiar el desarrollo de su enseñanza, el Espíritu Santo, el sucesor real de Jesús.

Y sin embargo la trinidad ha sido una intuición de la mente humana en su búsqueda de Dios y la realidad definitiva. Si esto es porque la mente, reflexionando en su fuente, está estructurada de esta manera – pensamos en grupos de tres – o al revés – es una pregunta abierta. Pero es más que una coincidencia que los antiguos egipcios, los vedas, la tradición india del sat-ci-ananda (ser, consciencia, deleite); las tres manifestaciones del Buda; la idea en la filosofía griega de la humanidad (inteligencia, alma, el cuerpo del mundo); Lao-Tze (no-ser, ser eterno y la gran unidad que produce las diez mil cosas en la multiplicidad del mundo); todas estas visiones y el concepto cristiano de Dios como Padre, Hijo y Espíritu, hablan de los misterios definitivos de una manera tri-dimensional.

Encontramos esta verdad dentro de nosotros – la ‘trinidad inmanente’ que vive la explosiva vida de su amor dentro del corazón humano. Pero también encontramos esta realidad interior en los procesos externos y los eventos de la vida diaria, siempre y cuando hayamos aprendido a reconocerlos. ‘Cuando haces de los dos uno entonces entrarás al reino’ dice el evangelio del dubitativo Tomás. Lo que hace que dos sean uno son los tres. Esto no es teoría. Es la vida.

Laurence Freeman OSB

Traducción: Enrique Lavín, WCCM México

P. Laurence Freeman OSB

Martes de Semana Santa: Juan 13, 21-38

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Y después de mojar el pedazo de pan, lo tomó y se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. Y después de comer el pan, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: “Lo que vas a hacer, hazlo pronto”. Pero ninguno de los que estaban sentados a la mesa entendió por qué le dijo esto. Sigue leyendo

La última cena fue una cena entre amigos, pero más extraña de lo que pareciera a simple vista. En las frases que describen su inicio confrontamos una revelación de la intensidad del drama de las relaciones humanas a través de las que somos dirigidos a una mayor toma de consciencia de la relación fundamental – unicidad – que tenemos con la fuente del ser.

Jesús inicia comentando que uno de los presentes le va a traicionar. No es el mejor modo, podríamos pensar, de iniciar una velada de amigos que se reúnen a compartir. Sin embargo, este comentario, abre las dimensiones obvias y familiares de la vida, de la convivencia y de las relaciones hacia unos límites nada fáciles de entender. ¿Qué quiere decir? ¿Por qué decirlo en ese momento? San Juan comenta que los discípulos se miraron entre sí preguntándose qué quería decir Jesús. Este intercambio de miradas complica más la textura de esta comunidad. Jesús aparece aislado, intensamente solitario. Ha expuesto una falla radical en su camaradería. Pero lo único que hace es llamar la atención hacia ello sin entrar en detalles. Tiene que ser algo de lo que necesitan estar conscientes.

Pedro, el líder de los discípulos, le pide a Juan, el discípulo amado, que averigüe quién es el traidor. Como en cualquier grupo humano hay niveles de intimidad que crean el peligro de la rivalidad y de los celos. Vemos en el relato que la descripción de los discípulos los presenta discutiendo entre ellos acerca de sus posturas respectivas. Jesús responde dándole un pedazo de pan al traidor y ‘en ese instante’ Satanás entró en él. Este momento de comunicación directa entre ellos dispara las sombras, las fuerzas obscuras. Qué fue, qué lo motivó o cómo podríamos explicarlo psicológicamente, nunca lo sabremos. ‘En ese instante’ da inicio el proceso en que Judas se convierte en sinónimo de traición para la historia, la vergüenza eterna de la mala fe. Y sin embargo, no solamente es una parte integral del drama. También ilumina el significado del relato.

¿Por qué sentimos una simpatía extraña con este marginado que traicionó a su amigo y luego consumó su mayor auto rechazo? ¿Por qué se da esta extraña intimidad entre Jesús y él cuando comparten este conocimiento, excluyendo a todos los demás presentes, sobre lo que va a hacer? Un momento íntimo que aparenta lo opuesto del que acaba de suceder con el discípulo amado y que, no obstante, lo incluye. Esto puede ser la clave de todo el misterio.

Todas las contradicciones y los opuestos de la vida, aun la gran división entre los muertos y los vivos, son capaces de ser reconciliadas y unidas.

Laurence Freeman OSB

Traducción: Enrique Lavín, WCCM Méxi

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Lunes de Semana Santa: Juan 12, 1-11.

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Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. 

Esta semana se vuelve una penetración en el misterio de Jesús de Cafarnaúm, el Cristo para aquellos que lo ven con el ojo de la fe. Introducirnos en cualquier misterio implica encontrar nuevas dimensiones de la realidad donde nuestra lógica mental y nuestro sentido común protestan ante este brote del absurdo.

No tiene sentido. Es todo un mito. iPuras patrañas! Estas reacciones pueden estar bien fundamentadas, así que debemos escucharlas con respeto: dialogar con ateos es mejor que predicar a los convertidos. Pero también puede haber signos de que estamos logrando progreso en los espacios interestelares y encontrándonos con una realidad que nos contiene, más que la imagen de una realidad observada a través de un telescopio.

En este camino de fe – pues eso es lo que es – podemos regresar a los eventos pasados para ver qué es lo que nos pueden revelar del presente y de nuestra dirección hacia el futuro. En una ocasión conocí a alguien que casi había muerto ahogado y que de hecho vio ‘su vida pasar frente a él’ como una película que se regresaba o que iba en avance rápido, no podría afirmar cuál de los dos. Un día lo averiguaremos nosotros mismos.

Los relatos de esta semana nos pueden provocar el mismo sentimiento. Hoy regresamos al recuerdo de una comida. Jesús comía mucho – o al menos frecuentemente. En una ocasión, durante una comida con amigos e invitados, María de Betania rompió un frasco de perfume caro y ungió sus pies. Y la casa se llenó con la fragancia del nardo y de su espíritu de servicio.

Dos personas pueden ver o experimentar la misma cosa y sin embargo reaccionar en maneras totalmente opuestas. Algunas personas en la comida se han de haber visto transportados por este tierno acto simbólico de homenaje que realiza María, sintiendo que tocaba sus sentidos a través de la fragancia del perfume. Judas – que será un guía importante para nosotros en esta búsqueda del significado de la Semana Santa y los Misterios Pascuales, y de quien estamos más cerca de lo que nos gustaría pensar – reaccionó de una manera diferente. Miró la etiqueta del precio y se quejó del desperdicio. Hay un tiempo para negociar y un tiempo cuando el valor real trasciende el valor monetario.

La fragancia del perfume se queda en el ambiente más allá del momento en que se liberó. En la dimensión espiritual se esparce más allá del tiempo y el espacio, sin disiparse ni desvanecerse, permaneciendo en el aire por siempre. Un buen acto puramente de servicio, una sonrisa y una caricia tierna durante un momento de fracaso y tristeza, un gesto casual que ilumina toda la verdad y abre el corazón a lo que antes nunca supo: en la profundidad de la dimensión que envuelve todas las dimensiones y en la que el pasado y el presente se unen, se vuelven imposibles de olvidar. Mahatma Ghandi en una ocasión comparó al evangelio con el perfume de una rosa y señaló lo separado que el cristianismo institucional se encontraba de su maestro. “Una rosa no necesita predicar. Simplemente libera su fragancia. Esa fragancia es su propio sermón… la fragancia de la vida espiritual y religiosa es mucho más fina y sutil que la de la rosa.”

Laurence Freeman OSB

Traducción: Enrique Lavín WCCM México

P. Laurence Freeman OSB

Domingo de Ramos: Lucas: 22:14-23:56

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Sin embargo yo estoy entre ustedes como el que sirve.

El relato se inicia con una entrada triunfal y termina en fracaso y rechazo total. Entre el principio y el fin surge un gran desenvolvimiento. Es el patrón recurrente de opuestos en la vida que preferimos ignorar. El éxito, la plenitud, el estar contentos llegan con una gracia que no podríamos imaginar y que nos llena con las delicias de la gratitud. No hay nada más maravilloso que el don de sentirnos llenos de agradecimiento. En vez de pedir o imaginar,  sólo tenemos necesidad de recibir.

Pero para poder disfrutar de esta gratitud, la rueda debe dar una vuelta. Normalmente somos tomados por sorpresa cuando un giro en los acontecimientos hace que una celebración sea reemplazada por ansiedad o enojo. La muchedumbre alegre se desvanece y surge una turba con la intención de causarnos daño, al privarnos de la habilidad de agradecer.

La meditación y la disciplina personal ciertamente nos entrenan en alguna medida a ser desapegados y de esa forma podemos estar mejor preparados cuando descubrimos que la bolsa de harina que nos acaban de dar como regalo viene rota y su contenido se escapa. Pero ni la meditación ni la ascesis resuelven o previenen problemas. Solamente nos llevan a un encuentro con el misterio en que el patrón se repite y por lo mismo nos permite trascenderlo al asumirlo y atravesarlo.

Acabo de ver una foto que se ha hecho viral, la primera foto de un agujero negro, tomado en una galaxia muy distante llamada M87. Presenta un centro obscuro, ese horizonte desde el cual ni la misma luz puede escapar, rodeado por un halo de luz brillante y alegre. La coexistencia – o la secuencia – de opuestos parece ser una parte integral de la naturaleza en todos lados. La vida y la muerte, no pueden, aparentemente, existir por separado.

En la consciencia humana este misterio nos aplastaría, de la misma manera que un hoyo negro nos tragaría si no fuera por el milagro del espíritu de servicio. La auto donación es la única manera de sobrevivir los ires y venires de la vida. Jesús entró triunfante en Jerusalén, como un candidato político exitoso. Todos amamos el éxito. La gente lo adora cuando se presenta. Pero Jesús parecía indiferente y desapegado.

Antes de ser absorbido por el hoyo negro en Getsemaní, celebró una última cena con sus amigos, sabiendo que había uno que lo empujaría al precipicio. Los ánimos no eran sombríos, sino más bien serios. La seriedad, como dijo John Main, nos lleva a la alegría. El tono de la velada fue sorprendente, dirigido por un líder que siempre fue un hombre para todos, que sirvió hasta el final aún a aquellos que lo traicionaron a Él y a sus esperanzas. El espíritu de servicio revela una clase de gratitud diferente, que no puede ser anulada por su opuesto.

Laurence Freeman OSB

Traducción: Enrique Lavín, WCCM México