P. Laurence Freeman OSB

Miércoles de la segunda semana de Cuaresma: Mateo 20,17-28

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Entre los paganos los gobernantes dominan sobre ellos, y sus grandes hombres hacen que su autoridad sea sentida. Esto no ha de pasar entre ustedes´.

El evangelio imagina. Convoca ante nosotros una nueva, extraordinaria visión de humanidad y sociedad. Si no nos sentimos un poco confundidos por esto, no lo hemos imaginado. Ello nos deja perplejos porque suena por un lado correcto y por otro altamente improbable que alguna vez sea realizado. Aun si es irreal, si lo rechazamos, nos estamos disminuyendo a nosotros mismos. ¿En serio? ¿Un orden mundial en el cual aquellos que ocupan puestos de poder genuinamente actúan como servidores, donde aman al pueblo y no codician el poder?

Entre otras cosas, la Cuaresma es una oportunidad para todos nosotros de auditar nuestras maneras de usar cualquier poder que tengamos y revisar nuestro sentido de servicio para aquellos que no tienen ninguno.

No podemos empezar a imaginar en este nivel a menos que hayamos sido restringidos por los límites de lo que podemos ver y entender. La religión es acerca de hacer esto. Enfrentarnos con preguntas, sin forzar respuestas dentro de nuestras cabezas. Esto es el por qué los grandes genios religiosos tenían el genio de la simplicidad y nos hacen jadear con asombro más que con solo alegría en la victoria. Tomen las parábolas del Reino por ejemplo.

El reino de Dios es como alguien que encontró un tesoro enterrado en un campo. Ella lo enterró de nuevo y por pura alegría fue y vendió todo lo que tenía y compró el campo. Treinta y cinco  simples palabras que describen una clara secuencia de eventos que pueden mantener un grupo de gente inteligente hablando por horas y regresar el siguiente día por más. Interpretar los múltiples significados en los elementos de este pasaje es exponerte a ti mismo y, si estás dispuesto, es conocerte a ti mismo mejor que antes.

¿Por qué la persona enterró el tesoro de nuevo? (Para prevenir que otros se enteraran. Para mantenerlo seguro. Porque pertenece al campo. Porque ella quiso que otros vinieran y lo disfrutaran. Porque necesita estar allí para crecer) ¿Por qué ella sintió tanta alegría? ¿Por qué la alegría llevó a la imprudencia de venderlo todo? ¿Qué significa ‘comprar’ el campo? ¿Son algunas respuestas correctas y algunas equivocadas? ¿Algunas son más correctas o equivocadas que otras?

Después de la meditación de la mañana saltamos y entramos en el mundo con una mente abierta, no para imponer respuestas pre-establecidas en cada situación, convirtiendo enérgicamente a otros a nuestra visión, sino sintiendo una búsqueda por la verdad, inteligencia espiritual. Por la tarde, interiormente más desaliñados de lo que estábamos en la mañana, nos sentamos y dejamos que el espacio interno se organice, no solamente evaluando el día como bueno o malo sino probando sus significados. En este ritmo, nos reponemos del poder de imaginación y restringimos la tendencia perenne de la fantasía a llevarnos por camino extraviado.

 

firma Laurence

Laurence Freeman OSB

Traducción: Jorge Rago (WCCM Venezuela)

P. Laurence Freeman OSB

Martes de la segunda semana de Cuaresma: Lucas 2, 41-51

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Él respondió: ‘¿Por qué me estuvieron buscando? ¿No sabían que yo debo estar ocupado con los asuntos de mi Padre?’ Pero ellos no comprendieron lo que él les dijo.

Todavía hay mucho de lo que Jesús dijo que no entendemos. Podemos afrontar este fracaso

  1. i) Al pensar que él no está diciendo cosa alguna relevante para nosotros porque a nosotros no nos gusta que nos lleven a los límites de  nuestro entendimiento,
  2. ii) o,  reducimos su significado a lo que podemos manejar fácilmente – ignorando el significado más profundo al asentarlo en blanco y negro como mensaje moralista.

 

Cualquiera de estos dos enfoques que tomemos hacia la dimensión espiritual será reflejado en cómo encontramos significado en los eventos de nuestras vidas.

Hace pocos días un supremacista blanco atacó cometiendo una insana, espantosa masacre de hombres y mujeres temerosos de Dios en oración, en una tranquila ciudad civilizada, en un país decente, social y responsable. Por un momento el mundo entero se siente uno, uno con las familias de las víctimas, con todo el pueblo de Christchurch y con Nueva Zelanda en su traumatizado dolor. Una vez más, nos es recordada la necesidad de afirmar el suelo común de la humanidad por un estallido de odio inhumano. Recordamos que lo que une es más significativo de lo que separa. Entonces, de alguna manera – esta es la paradoja – lo peor evoca lo mejor.

La oscuridad puede invadir y anegar al ser humano, en forma singular o en masas. Lo llamamos oscuridad porque produce comportamientos que nos hace querer cerrar nuestros ojos. Preferiríamos no verlo. La oscuridad se vuelve visible y lo demoníaco tangible: una pesadilla. Peor aun, ello degrada a la humanidad en todas partes. Así como la virtud heroica o la santidad levanta nuestra autoestima al recordarnos de lo que somos capaces, así la inhumanidad nos hace preguntar si tal vez nosotros realmente no poseemos la naturaleza buddha, no estamos creados a la imagen de Dios, no podemos ser ‘otros Cristos’.

A menos que escojamos ver de otra manera. ‘Ver la oscuridad’ implica la presencia de alguna oscura luz invisible. No podemos ver sin luz porque ver – consciencia – es luz. Así como el universo está cargado con energía oscura misteriosa que no entendemos, asimismo una cierta clase de luz que no podemos entender brilla en la más densa oscuridad y lo oscuro no la puede apagar.

Si nosotros odiamos a aquellos que nos odian ¿qué recompensa podemos esperar que no sea otra que una escalada de odio, la orgía de autodestrucción que eventualmente concluye cada triunfo del mal? Cuando la gente en oración es segada por un demente, el inocente es encarcelado o el pobre es rutinariamente explotado, deberíamos sentir la ira pura de los profetas. Pero si la ira  lleva a odio más profundo y a violencia, la oscuridad simplemente se espesa. Cuando en el corto formal ritual preventivo, el juez llamó al hombre arrestado ‘Señor’, se opuso a deshumanizar aun a gente que niega la humanidad a otros. La luz brilla en la oscuridad. Vemos, a través de lágrimas, cómo el triunfo del mal puede ser revertido al humanizar el perdón, la última carta ganadora.

firma Laurence

Laurence Freeman OSB

Traducción: Jorge Rago (WCCM Venezuela)

P. Laurence Freeman OSB

Lunes de la segunda semana de Cuaresma: Lucas 6, 36-38

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Da y se te dará: una medida buena, completa, agitada y rebosada será vertida en tu regazo, porque la cantidad que midas es la cantidad que se te dará en retorno.

Ayer reflexionamos sobre la transformación física que acompaña la profunda realidad espiritual. Esto tiene más significado que el engrosamiento de la materia gris del cerebro observada por los científicos que estudian a los meditadores regulares.

El evangelio vincula la compasión a esta inundación de lo espiritual dentro de lo físico – ‘Sé compasivo como Dios es compasivo’. Esto es lo que desencadena el desbordamiento. Nada podría  pervertir más esto que el ‘evangelio de prosperidad’ de recompensas y castigos que seduce a tantos hoy al vincularlo a la avaricia oportunista en una transacción financiera. (‘Envía una donación al predicador y Dios la duplicará para ti’).

Yo estaba una vez visitando el hogar de la Madre Teresa para los moribundos en Calcuta. Las camas estaban todas ocupadas, y el desbordamiento de los individuos en sufrimiento cubría los pisos. Los Misioneros de la Caridad ejecutaron una compasiva pero eficiente e inmaculadamente limpia operación. Uno de ellos me pidió rápidamente que me acercara a un menudo cuerpo, si era masculino o femenino no se podía diferenciar, acostado en el piso con su espalda hacia nosotros para darle una bendición. Cuando me arrodillé, vi al más delgado de los jóvenes y por su inmovilidad asumí que ya estaba muerto. Toqué su hombro y me sorprendió cuando se movió y con impresionante rapidez se volteó hacia mí. El se incorporó con su delgado brazo y me miró con ojos bien abiertos colmados de dicha. Yo débilmente dudé por un momento si lo había distraído de lo que él estaba contemplando. Pero él no estaba distraído. Era yo quien había sido bendecido mientras su mirada penetró a través de los muros de nuestras diferentes identidades y me llevó  momentáneamente dentro de  la visión.

San Agustín dice que la visión de Dios, la cual es la meta del destino humano, no consiste en observar a Dios como un ser separado a una gran distancia. Esta es la imagen que vemos en muchas pinturas antiguas, la jerarquía de la sociedad humana lo repitió en el cielo con los ricos sentados en los mejores puestos al frente y el resto de menor importancia detrás de ellos. En cambio, Agustín dice, la visión consiste en voltear unos con otros entre sí y verse a los ojos donde vemos a Dios. Eso produce en nosotros una dicha, la cual el otro percibe y entiende mejor porque la han visto reflejada en nuestra mirada. Eso los hace más dichosos, lo cual aumenta nuestra felicidad – y así sucesivamente hasta siempre.

El ‘dar’ en la cita de arriba al principio es incalculable. Cuantificar es fallar. Pero la proporcionalidad es real. Mientras más damos más recibimos hasta que caemos por la cascada en un torrente de alegría. Ello dura hasta que empezamos a preguntarnos cuánto durará y si podríamos perderlo.

La compasión, como la bondad, no es recompensada. Ella libera y es la recompensa, el florecimiento en generosidad ilimitada, de sí misma. Empieza con una mirada mutua y va hacia adelante a la infinita realimentación.

Así que, tal vez, la práctica de la Cuaresma para hoy: haz y mantén contacto visual sin miedo.

firma Laurence

 

Laurence Freeman OSB

Traducción: Jorge Rago (WCCM Venezuela)

P. Laurence Freeman OSB

Domingo de la segunda semana de Cuaresma: Lucas 9, 28-36

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Mientras él rezaba, el aspecto de su cara estaba cambiado y su ropa se volvió brillante como el rayo. Sigue leyendo.

Hace unos años, una joven mujer muy disgustada solía venir regularmente a nuestro centro de meditación en Londres. Ella se veía resueltamente  en el  lado oscuro de la vida, habitualmente enfocada en todo lo que le faltaba más bien que en el lado positivo. Ella era hiper sensible, reactiva, y todo el mundo se manejaba con mucho cuidado con ella. Un día ella nos dijo – como si fuese prueba de su larga y sostenida convicción que el universo estaba determinado a acabar con ella – que ella había sido diagnosticada con un cáncer agresivo y terminal. En los sucesivos meses ella continuó viniendo al centro a meditar con nosotros  y algunos miembros en particular de nuestra comunidad le mostraron mucha amabilidad y paciencia. Su amargura en la vida aumentó pero al menos ella no rechazó totalmente la paciencia y compasión que le fue mostrada. Nosotros le ayudamos a encontrar un lugar donde terminar sus días. Cuando ella fue recibida en cuidado terminal solíamos visitarla.

Un domingo luego de nuestra misa comunitaria yo llevé su comunión al hospital. Ella se veía terrible y su expresión apretada sostenía mucha ira. Cuando le mencioné que había traído la comunión ella con muecas desagradada me dijo ‘eso no me va a hacer mucho bien verdad? No gracias´. Pero ella dijo que le gustaría que me sentara con ella un rato. Charlamos un poco mientras ella se quejaba de cómo alguna celebridad del momento, quien tenía un notorio estilo de vida,  estaba deleitándose en la fama y el éxito. Ella, en contraste, había sido ‘buena’ toda su vida, obedeció los mandamientos y terminó así sola y muriendo joven. Yo la escuché. Luego ella tomó una libreta, me miró y me preguntó si me gustaría leerle sus poemas. Deshonestamente le dije que sí y miré en la libreta pero no entendía su escritura así que le pedí si ella me los leería a mí.

Ella empezó a leer un poema llamado ‘canción de ballena’ describiendo las canciones que las ballenas se cantan unas a otras a través de las vastas distancias profundas en los océanos. Esto fue verdadera y profundamente conmovedor, rindiendo sus intensos y solitarios sufrimientos en palabras de belleza. Ella se cantó a sí misma más allá de ella misma. Me disparó una rápida mirada para ver cómo yo reaccionaba y vio que estaba conmovido. En ese instante ella también, como Jesús en la montaña en el evangelio de hoy, fue transfigurada físicamente. Su delgado y demacrado rostro irradió belleza y una clase de gloria. Sus ojos brillaron gozosamente con una visión de una realidad más allá del velo de la carne y sus aflicciones acompañantes. Esto fue breve pero intemporal. Ella había tomado su comunión después de todo. Pronto su expresión normal  descendió de nuevo, aunque apenas más suave. Ella murió unos pocos días después.

La oración pura fluye en el corazón humano más profundo que las palabras, los pensamientos y los sentimientos. A veces quiebra la superficie y el cuerpo mismo se estremece y es cambiado físicamente. Las prácticas espirituales de esta temporada nos recuerdan que el cuerpo es un instrumento y un sacramento. No toca esta música  diariamente. Pero uno nunca sabe.

 

firma Laurence

P. Laurence Freeman OSB

Traducción Jorge Rago. WCCM Venezuela

P. Laurence Freeman OSB

Sábado de la primera semana de Cuaresma: Mateo 5, 43- 48

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Porque él hace brillar su sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos y pecadores…

 

La idea de que Dios no castiga ni puede castigar puede ser muy ofensiva para algunas personas. Desafía la idea ampliamente aceptada de justicia en la que los infractores deberían pagar por sus crímenes y los buenos deberían ser galardonados. Esto altera sus representaciones del universo como un sistema moralmente coherente en el que los buenos y malos están en perpetuo conflicto. La verdad es más simple que eso.

 

Las líneas divisorias entre las personas religiosas se desplazan a lo largo de esta brecha. Un mundo piadoso de recompensas y castigos refuerza la seguridad de aquellos cuya religión juega un papel importante en su póliza de seguro de vida y en su necesidad de seguridad. Todo es claro y simple en esta dimensión, pero llega a depender de un andamiaje de definiciones, reglas y rituales para mantener esta constante visión del mundo. En esta dimensión, excluir a las personas al margen de la sociedad, a los seguidores de otras creencias, o a las minorías sexuales, los hace sentir mejor. En extremos, este tipo de dimensión religiosa bloquea firmemente todo trazo del Espíritu libre y viviente de Dios  — como la fe cristiana que bendijo el apartheid, o las bombas de Napalm y se tapó los ojos ante el holocausto -.

 

Sacude el andamiaje y parecerá que todo el edificio colapsará. Si te atrapan sacudiéndolo, ten cuidado. La visión de Dios que Jesús encarna, y que la Cuaresma nos ayuda a encontrar, es más desafiante pero evidentemente menos segura.

 

Espero que a estas alturas ya hayas fallado lo suficiente en mantener la Cuaresma para poder ver a través de este estado mental bidimensional al que todos, al menos parcialmente, estamos unidos. Se piensa que Dios es como nosotros, mientras que el Evangelio considera el destino humano como llegar a ser como Dios. Hay una diferencia importante en perspectiva aquí. Para acoger la realidad más desafiante de un universo multidimensional, tenemos que perforar en varios lugares nuestro propio fariseísmo y nuestra certeza de estar en el lado correcto. Cada perforación, cada fracaso en la vida es potencialmente una ventana a esta visión más expansiva e inclusiva de la realidad, una salida de emergencia de las duras condiciones de la prisión del fundamentalismo y de la dualidad.

 

Pero, ¿no nos muestra la Biblia a un Dios que castiga a los malvados (incluso a veces un poco excesivamente quizás)? ¿Y acaso no habla Jesús también en ocasiones sobre el malvado siendo arrojado en un lugar donde habrá llanto y crujir de dientes? ¿Cómo salir de esta situación? Visto de manera impersonal, el universo es un sistema en el que la ley del karma rige: las buenas acciones producen buenos resultados, y por las malas acciones pagas un precio. Pero despiértate más, obsérvate a ti mismo en un universo impregnado por la dimensión espiritual, la mente de Dios. Entonces ves una ley superior al karma.

 

Esta es la dimensión máxima del amor, a la que podemos despertar — por todos nuestros defectos, quizá a causa de nuestros fracasos —. El karma y el amor coexisten, pero el karma se disuelve en el contacto consciente con el amor. ¿Castiga el padre del hijo pródigo? ¿Puede él hacerlo? Nos expandimos a esta dimensión más grande amando a nuestros enemigos, orando por aquellos que nos persiguen, poniendo la otra mejilla. Todas las cosas ideales e imposibles que somos incapaces de hacer, a menos que nos volvamos «como Dios».

firma Laurence

Laurence Freeman OSB
Traducción: Elba Rodríguez (WCCM Colombia)