P. Laurence Freeman OSB

Lunes de la segunda semana de Cuaresma: Lucas 6, 36-38

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Da y se te dará: una medida buena, completa, agitada y rebosada será vertida en tu regazo, porque la cantidad que midas es la cantidad que se te dará en retorno.

Ayer reflexionamos sobre la transformación física que acompaña la profunda realidad espiritual. Esto tiene más significado que el engrosamiento de la materia gris del cerebro observada por los científicos que estudian a los meditadores regulares.

El evangelio vincula la compasión a esta inundación de lo espiritual dentro de lo físico – ‘Sé compasivo como Dios es compasivo’. Esto es lo que desencadena el desbordamiento. Nada podría  pervertir más esto que el ‘evangelio de prosperidad’ de recompensas y castigos que seduce a tantos hoy al vincularlo a la avaricia oportunista en una transacción financiera. (‘Envía una donación al predicador y Dios la duplicará para ti’).

Yo estaba una vez visitando el hogar de la Madre Teresa para los moribundos en Calcuta. Las camas estaban todas ocupadas, y el desbordamiento de los individuos en sufrimiento cubría los pisos. Los Misioneros de la Caridad ejecutaron una compasiva pero eficiente e inmaculadamente limpia operación. Uno de ellos me pidió rápidamente que me acercara a un menudo cuerpo, si era masculino o femenino no se podía diferenciar, acostado en el piso con su espalda hacia nosotros para darle una bendición. Cuando me arrodillé, vi al más delgado de los jóvenes y por su inmovilidad asumí que ya estaba muerto. Toqué su hombro y me sorprendió cuando se movió y con impresionante rapidez se volteó hacia mí. El se incorporó con su delgado brazo y me miró con ojos bien abiertos colmados de dicha. Yo débilmente dudé por un momento si lo había distraído de lo que él estaba contemplando. Pero él no estaba distraído. Era yo quien había sido bendecido mientras su mirada penetró a través de los muros de nuestras diferentes identidades y me llevó  momentáneamente dentro de  la visión.

San Agustín dice que la visión de Dios, la cual es la meta del destino humano, no consiste en observar a Dios como un ser separado a una gran distancia. Esta es la imagen que vemos en muchas pinturas antiguas, la jerarquía de la sociedad humana lo repitió en el cielo con los ricos sentados en los mejores puestos al frente y el resto de menor importancia detrás de ellos. En cambio, Agustín dice, la visión consiste en voltear unos con otros entre sí y verse a los ojos donde vemos a Dios. Eso produce en nosotros una dicha, la cual el otro percibe y entiende mejor porque la han visto reflejada en nuestra mirada. Eso los hace más dichosos, lo cual aumenta nuestra felicidad – y así sucesivamente hasta siempre.

El ‘dar’ en la cita de arriba al principio es incalculable. Cuantificar es fallar. Pero la proporcionalidad es real. Mientras más damos más recibimos hasta que caemos por la cascada en un torrente de alegría. Ello dura hasta que empezamos a preguntarnos cuánto durará y si podríamos perderlo.

La compasión, como la bondad, no es recompensada. Ella libera y es la recompensa, el florecimiento en generosidad ilimitada, de sí misma. Empieza con una mirada mutua y va hacia adelante a la infinita realimentación.

Así que, tal vez, la práctica de la Cuaresma para hoy: haz y mantén contacto visual sin miedo.

firma Laurence

 

Laurence Freeman OSB

Traducción: Jorge Rago (WCCM Venezuela)

P. Laurence Freeman OSB

Domingo de la segunda semana de Cuaresma: Lucas 9, 28-36

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Mientras él rezaba, el aspecto de su cara estaba cambiado y su ropa se volvió brillante como el rayo. Sigue leyendo.

Hace unos años, una joven mujer muy disgustada solía venir regularmente a nuestro centro de meditación en Londres. Ella se veía resueltamente  en el  lado oscuro de la vida, habitualmente enfocada en todo lo que le faltaba más bien que en el lado positivo. Ella era hiper sensible, reactiva, y todo el mundo se manejaba con mucho cuidado con ella. Un día ella nos dijo – como si fuese prueba de su larga y sostenida convicción que el universo estaba determinado a acabar con ella – que ella había sido diagnosticada con un cáncer agresivo y terminal. En los sucesivos meses ella continuó viniendo al centro a meditar con nosotros  y algunos miembros en particular de nuestra comunidad le mostraron mucha amabilidad y paciencia. Su amargura en la vida aumentó pero al menos ella no rechazó totalmente la paciencia y compasión que le fue mostrada. Nosotros le ayudamos a encontrar un lugar donde terminar sus días. Cuando ella fue recibida en cuidado terminal solíamos visitarla.

Un domingo luego de nuestra misa comunitaria yo llevé su comunión al hospital. Ella se veía terrible y su expresión apretada sostenía mucha ira. Cuando le mencioné que había traído la comunión ella con muecas desagradada me dijo ‘eso no me va a hacer mucho bien verdad? No gracias´. Pero ella dijo que le gustaría que me sentara con ella un rato. Charlamos un poco mientras ella se quejaba de cómo alguna celebridad del momento, quien tenía un notorio estilo de vida,  estaba deleitándose en la fama y el éxito. Ella, en contraste, había sido ‘buena’ toda su vida, obedeció los mandamientos y terminó así sola y muriendo joven. Yo la escuché. Luego ella tomó una libreta, me miró y me preguntó si me gustaría leerle sus poemas. Deshonestamente le dije que sí y miré en la libreta pero no entendía su escritura así que le pedí si ella me los leería a mí.

Ella empezó a leer un poema llamado ‘canción de ballena’ describiendo las canciones que las ballenas se cantan unas a otras a través de las vastas distancias profundas en los océanos. Esto fue verdadera y profundamente conmovedor, rindiendo sus intensos y solitarios sufrimientos en palabras de belleza. Ella se cantó a sí misma más allá de ella misma. Me disparó una rápida mirada para ver cómo yo reaccionaba y vio que estaba conmovido. En ese instante ella también, como Jesús en la montaña en el evangelio de hoy, fue transfigurada físicamente. Su delgado y demacrado rostro irradió belleza y una clase de gloria. Sus ojos brillaron gozosamente con una visión de una realidad más allá del velo de la carne y sus aflicciones acompañantes. Esto fue breve pero intemporal. Ella había tomado su comunión después de todo. Pronto su expresión normal  descendió de nuevo, aunque apenas más suave. Ella murió unos pocos días después.

La oración pura fluye en el corazón humano más profundo que las palabras, los pensamientos y los sentimientos. A veces quiebra la superficie y el cuerpo mismo se estremece y es cambiado físicamente. Las prácticas espirituales de esta temporada nos recuerdan que el cuerpo es un instrumento y un sacramento. No toca esta música  diariamente. Pero uno nunca sabe.

 

firma Laurence

P. Laurence Freeman OSB

Traducción Jorge Rago. WCCM Venezuela

P. Laurence Freeman OSB

Sábado de la primera semana de Cuaresma: Mateo 5, 43- 48

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Porque él hace brillar su sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos y pecadores…

 

La idea de que Dios no castiga ni puede castigar puede ser muy ofensiva para algunas personas. Desafía la idea ampliamente aceptada de justicia en la que los infractores deberían pagar por sus crímenes y los buenos deberían ser galardonados. Esto altera sus representaciones del universo como un sistema moralmente coherente en el que los buenos y malos están en perpetuo conflicto. La verdad es más simple que eso.

 

Las líneas divisorias entre las personas religiosas se desplazan a lo largo de esta brecha. Un mundo piadoso de recompensas y castigos refuerza la seguridad de aquellos cuya religión juega un papel importante en su póliza de seguro de vida y en su necesidad de seguridad. Todo es claro y simple en esta dimensión, pero llega a depender de un andamiaje de definiciones, reglas y rituales para mantener esta constante visión del mundo. En esta dimensión, excluir a las personas al margen de la sociedad, a los seguidores de otras creencias, o a las minorías sexuales, los hace sentir mejor. En extremos, este tipo de dimensión religiosa bloquea firmemente todo trazo del Espíritu libre y viviente de Dios  — como la fe cristiana que bendijo el apartheid, o las bombas de Napalm y se tapó los ojos ante el holocausto -.

 

Sacude el andamiaje y parecerá que todo el edificio colapsará. Si te atrapan sacudiéndolo, ten cuidado. La visión de Dios que Jesús encarna, y que la Cuaresma nos ayuda a encontrar, es más desafiante pero evidentemente menos segura.

 

Espero que a estas alturas ya hayas fallado lo suficiente en mantener la Cuaresma para poder ver a través de este estado mental bidimensional al que todos, al menos parcialmente, estamos unidos. Se piensa que Dios es como nosotros, mientras que el Evangelio considera el destino humano como llegar a ser como Dios. Hay una diferencia importante en perspectiva aquí. Para acoger la realidad más desafiante de un universo multidimensional, tenemos que perforar en varios lugares nuestro propio fariseísmo y nuestra certeza de estar en el lado correcto. Cada perforación, cada fracaso en la vida es potencialmente una ventana a esta visión más expansiva e inclusiva de la realidad, una salida de emergencia de las duras condiciones de la prisión del fundamentalismo y de la dualidad.

 

Pero, ¿no nos muestra la Biblia a un Dios que castiga a los malvados (incluso a veces un poco excesivamente quizás)? ¿Y acaso no habla Jesús también en ocasiones sobre el malvado siendo arrojado en un lugar donde habrá llanto y crujir de dientes? ¿Cómo salir de esta situación? Visto de manera impersonal, el universo es un sistema en el que la ley del karma rige: las buenas acciones producen buenos resultados, y por las malas acciones pagas un precio. Pero despiértate más, obsérvate a ti mismo en un universo impregnado por la dimensión espiritual, la mente de Dios. Entonces ves una ley superior al karma.

 

Esta es la dimensión máxima del amor, a la que podemos despertar — por todos nuestros defectos, quizá a causa de nuestros fracasos —. El karma y el amor coexisten, pero el karma se disuelve en el contacto consciente con el amor. ¿Castiga el padre del hijo pródigo? ¿Puede él hacerlo? Nos expandimos a esta dimensión más grande amando a nuestros enemigos, orando por aquellos que nos persiguen, poniendo la otra mejilla. Todas las cosas ideales e imposibles que somos incapaces de hacer, a menos que nos volvamos «como Dios».

firma Laurence

Laurence Freeman OSB
Traducción: Elba Rodríguez (WCCM Colombia)

 

 

 

P. Laurence Freeman OSB

Viernes de la primera semana de Cuaresma: Mateo 5, 20-26

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Si no son ustedes algo mejor que los Fariseos, o los maestros de la Ley, ustedes no entrarán en el Reino de los Cielos…

 

En defensa de los hipócritas, debemos recordar que gran parte de la hipocresía se deriva de la falta de conciencia, incluso cuando casi elegimos permanecer inconscientes. Despertarse, especialmente si has estado dormido mucho tiempo, siempre es difícil. Nos resistimos a la transición hacia una dimensión más grande y menos pasiva de la realidad. Alejamos la mano sacudiéndonos para despertarnos o presionamos el botón del despertador y nos damos vuelta. Esta resistencia a estar despiertos también es perceptible en la forma en que votamos y pasamos nuestro tiempo libre.

 

El valor de cualquier cosa puede entenderse mejor en referencia a su opuesto. Valoramos el sueño porque nos ayuda a estar más despiertos durante el día. Valoramos el silencio para poder comunicarnos mejor. Valoramos la riqueza para poder regalarla. La relación entre los opuestos produce el equilibrio, la vida sana y la gente buena que es amable y equitativa con aquellos que lo necesitan. Aferrarse a un lado de la ecuación: ya sea permanecer en la cama todo el día, hablar sin parar, aferrarse a las posesiones, nos adentra más en el mundo unidimensional e ilusorio de la autoabsorción, donde no somos conscientes de las muchas otras dimensiones en que vivimos, nos movemos y somos. En tal mundo, la vida se convierte en una selfi continua. En lugar de eso, «permaneced despiertos», nos dice el Evangelio. El Buda iba caminando un día cuando un transeúnte fue impactado por su resplandor y presencia poderosa y le preguntó «¿Eres un dios?» «No». «Entonces, ¿eres un mago?» «No». «¿Quién eres entonces?» «Estoy despierto», respondió el Buda.

 

La vigilia es parte de la sabiduría universal que se encuentra en toda verdadera enseñanza. Estar verdaderamente despierto va más allá de lo que pensamos como moralidad o, digamos, es la base fundamental del juicio moral. El hipócrita en nosotros condena rápidamente a los demás instalándose en el terreno moral desde el cual puede actuar con una crueldad asombrosa. Excepto que está en la dimensión onírica y no en el mundo real. Vemos el efecto de la vigilia en la diferencia entre un buen trabajo que saca lo mejor de nosotros, produce beneficios para los demás y el trabajo que conlleva al agotamiento y la división. En otro sentido, la vigilia muestra la diferencia entre una hermosa representación artística de la forma humana y una imagen obscena.

 

Es difícil entender cómo en la velocidad y la sobrecarga de información de la vida moderna podemos permanecer despiertos sin una práctica contemplativa integrada en la vida diaria. Al carecer de esto, ¿cómo podemos evitar ser arrastrados al sopor de la actividad excesiva, a ese estado de sueño del medio despierto (incluso con las mejores intenciones que suele comenzar el hipócrita en nosotros)?

 

El mismo equilibrio que nos mantiene despiertos también reduce nuestra hipocresía. La clave es aceptar nuestras limitaciones. La Cuaresma no se trata de rebajarnos o negar el regalo de los placeres simples. Se trata de aceptar que nuestras limitaciones son la manera en que nos mantenemos firmes entre los extremos. Físicamente estamos restringidos por los límites biológicos que debemos cumplir adecuadamente, por ejemplo el descanso o la alimentación. Intelectualmente, estamos limitados por la cantidad de datos que podemos recibir y también por la necesidad de contenido saludable en lugar de entretenimiento interminable. Sólo en la dimensión espiritual no hay límites.

 

Laurence Freeman OSB
Traducción: Elba Rodríguez (WCCM Colombia)

P. Laurence Freeman OSB

Jueves de la primera semana de Cuaresma: Mateo 7,7-12

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Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá la puerta…

La confianza en estas palabras es convincente. Pero podríamos sentir que  describen un mundo irreal de hospitalidad fantástica, un mundo de finales siempre felices. El universo no es tan acogedor y complaciente como eso. Cada día los niños lloran por comida y perecen de hambre, los inocentes rezan por la justicia y son maltratados.

Aun así, su autoridad nos obliga a cavar debajo de nuestro escepticismo para encontrar un significado más profundo. Sondeamos más profundamente y pronto parecerá que estamos en caída libre, en un terreno sin fondo. Desde este punto, el viaje hacia el silencio del desierto se vuelve más exigente y más gratificante a medida que experimentamos un despertar que no esperábamos.

 

Hasta ahora, acabamos de aprender a sentarnos quietos en las cuatro dimensiones familiares de espacio y tiempo, con una postura erguida pero cómoda. En la meditación de la mañana los pensamientos vuelan a nuestro alrededor como vendavales; por la noche, como mosquitos y picazones. Pero pronto vemos que la quietud en sí está revelando otra dimensión: un viaje hacia un significado más profundo, extraño, más familiar, más auto-verificable y más valioso de lo que podríamos haber imaginado. Nos sentimos bienvenidos en este viaje: una sensación de reencuentro, a pesar de la extrañeza, una hospitalidad genuina, en lugar de un falso consuelo.

 

Cada paso en este camino avanza la transformación que está obrando en nosotros. Nuestra mente misma se vuelve más lúcida y más amorosa. Para sostener este viaje paso a paso, decimos el mantra: una palabra que repetimos primero en la mente de manera superficial y, finalmente, en el corazón de manera resonante. Con la práctica evolucionamos de decirlo a escucharlo. Esta evolución interior se refleja en los cambios profundos en la forma en que interactuamos con las personas, el trabajo y el tiempo. Vemos el significado en aquello que antes nos parecían simplemente contradicciones o absurdos. Desde el interior de la aparente incoherencia de decir que siempre recibiremos lo que pedimos, surge una sabiduría de alas ligeras.

 

La palabra que recomendamos es maranata: un término sagrado en la tradición del evangelio, en el idioma arameo que el Jesús histórico habló. La palabra significa «Ven Señor». Como el mantra aparta todos los pensamientos, incluso el pensamiento del significado de la propia palabra y del por qué decir el mantra, entonces decirlo) es la obra del silencio, no pensamos en su significado cuando lo recitamos. Para la mente balbuceante esto es agradablemente desafiante. Puedes elegir otra palabra, aunque los mismos principios se aplican a cualquier término utilizado como mantra. Es conveniente que tu mantra no sea en tu propio idioma y es preferible decirlo continuamente en cada período de meditación de un día a otro. Esto siembra la semilla en profundidad y permite que ocurra el crecimiento, «cómo, no lo sabemos» como dice el evangelio.

 

La meditación nos conduce a través de la selva espesa de todos nuestros pensamientos, imaginación y sentimientos. Es un camino estrecho, sin embargo es más conveniente un camino estrecho en una jungla que no tener ningún camino. El mantra es a la vez un paso corto y un gigantesco salto de fe. Cada vez que volvemos a él, damos un paso más en el camino. Por mucho tiempo que deambulemos en la maleza de los miedos y los deseos, estamos afortunadamente a un paso de reincorporarnos al camino: simplemente comenzamos a repetir el mantra otra vez. Esta inmediatez nos introduce en la dimensión del momento presente. Aquí, pedir y recibir se vuelven uno.

firma Laurence

Laurence Freeman OSB
Traducción: Elba Rodríguez (WCCM Colombia)