P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Tercer domingo de Cuaresma


Evangelio: Hablaba del santuario que era su cuerpo. Jn 2, 13-25.

Juan sitúa la expulsión de los vendedores del Templo al principio de la breve carrera de Jesús, mientras que los otros evangelios la sitúan al final y la sugieren como motivo inmediato de su prematuro y trágico final. Juan no nos deja ninguna duda de que Jesús se enfrentó a la corrupción institucional desde el principio tan abiertamente como expuso la condición de pecado de los individuos. No era un «espiritualizador» y, a diferencia de la mayoría de los religiosos, no actuaba de acuerdo a un doble standard. 

En “Jesús de Montreal”, la gran alegoría cinematográfica contemporánea quebequense del Evangelio, se evoca esta escena cuando Jesús, líder de un grupo de teatro aficionado, destroza fríamente las cámaras y el estudio de una publicidad televisiva que sexualiza la cerveza y degrada a la actriz (María Magdalena). Es llamativo como muestra la intensa ira que se expresa con cierta violencia, aunque controlada por una pasión más profunda y pacífica por la justicia. En la versión de Juan, hace un látigo y echa a los comerciantes deshonestos y sus mercancías fuera del recinto sagrado.

En uno de los innumerables niveles en los que podemos entender a Jesús, fue un reformador religioso, un purificador de la corrupción y la hipocresía. Impulsado por una ira ante la injusticia más fuerte que el miedo a enfrentarse al poder sobre el que descansan las instituciones sociales, pagó el precio que muchos han sufrido antes y después. Por mucho que utilice la apariencia para parecer mejor, el poder corrupto muestra su lado más despiadado y vengativo cuanto más se siente expuesto por los profetas de la época, los periodistas o sus víctimas. Puede empezar por destruir la reputación de quienes dicen la verdad al poderoso, pero, si no logra ponerle freno, no duda en acabar también con sus vidas.

Uno de los efectos de la pandemia ha sido sacar a la luz la corrupción y las mentiras con las que se esconde,  junto con las injusticias institucionalizadas ocultas en los sistemas económicos nacionales y mundiales. Lo que esta escena central de la vida de Jesús muestra sobre él es el vínculo que vio entre el pecado individual y el social. Por eso es tan inquietante y peligrosa. 

El cristianismo institucionalizado se defendió de ello interpretando a la iglesia como una sociedad perfecta e incorruptible. Sus líderes fueron entrenados para encubrir cualquier evidencia de lo contrario. Hasta los tiempos contemporáneos, los «pérfidos judíos» (como se les seguía llamando en el misal romano hasta que Juan XXIII puso fin a esta práctica en 1962) eran chivos expiatorios que se utilizaban fácilmente para mantener la fachada de impecabilidad del cristianismo. 

Sabemos cómo justificarnos y evitar asumir la culpa de nuestros errores. Es un reflejo ante cualquier cosa que amenace nuestro lugar en el sistema de poder de nuestros mundos privados. Los tiempos en el desierto – como la Cuaresma diaria de nuestra meditación – son necesarios para enseñarnos a afrontar la verdad sobre nosotros mismos. El mantra sirve, de forma más suave pero igual de eficaz, al propósito del látigo. Sabemos que está funcionando cuando podemos dar gracias al Espíritu por expulsar a esos falsos comerciantes del templo de Dios que somos cada uno de nosotros.

Traducción: WCCM Argentina

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Sábado de la segunda semana de Cuaresma

Evangelio: Cuando aún estaba lejos su padre lo vio y se compadeció. Lucas 15:1-32.

Temporalmente varado en Londres de regreso a Bonnevaux, entré a un supermercado a comprar algo de comer. Portaba la coraza de mi mascarilla y manipulaba la espada de la sana distancia como cualquier otro soldado de a pie que pasa por el desierto de Covid. Conforme entré, una mujer con tres niños siguiéndola y empujando un carrito pasó caminando junto a mi con un aire desafiante sin máscara y, bien, ¿Qué es distancia social con tres niños en una pandemia?

Me llamó la atención no porque ella estuviera violando las reglas sino porque sentí que su desafío era una señal, no la causa de su desobediencia. En su mirada y actitud, sentí que tenía miedo, un temor más profundo que el de una transmisión de un virus. Tal vez estaba, como tantos en los grupos de bajos ingresos, atrapada por el miedo de no poder enfrentar la pandemia y fracasar en la más importante responsabilidad. Desafío puede ser una forma de evitar que el miedo se convierta en pánico. 

Las madres y padres del desierto entendieron que fueron al desierto de forma voluntaria – o “fueron guiados” al desierto como Jesús – sabiendo muy bien que se iban a enfrentar a animales salvajes. Estas fuerzas poderosas podían rodear y atacar, retirarse y volver a atacar. Fuerzas más poderosas llegarían a apoyarlos a enfrentar la lucha con ellos mismos; pero les advertían a los recién llegados que no deberían esperar una victoria fácil o rápida. La paz que buscaban podría ser probada. Era una fuerza poderosa en si misma y no un espejismo. Pero permanecer en ella permanentemente no era fácil. 

El miedo es natural, una conciencia de cualquier cosa que nos pueda hacer daño a nosotros o a nuestros seres queridos. La ansiedad es un miedo continuo y sordo que busca razones específicas para existir. Sin importar si es específico o genérico, el temor es un animal salvaje que destruye la paz y detiene nuestra capacidad para dar o recibir amor. Nombrarlo es necesario. Empero, es difícil conseguir que la raza humana o cualquier individuo que sea su miembro se libere de la paranoia, por ejemplo, solo al nombrarla. No es de extrañar que el mandato de “no temas” es un mantra repetido 365 veces en la Biblia. No hay un solo día que no sintamos algún miedo. 

¿Cuál es la cura? ¿Debería haberle dicho a la mujer sin mascarilla “Dios te ama”? Tal vez. Pero el remedio tradicional es el temor de Dios. Hay una gran diferencia entre el temor cotidiano involuntario y el temor de Dios. “Vengan hijos míos, escúchenme y les enseñaré el temor de Dios”. Como dijo el gran San Hilario de Poiters, se aprende por obediencia, santidad, y conocimiento de la verdad. Y por lo tanto, el temor de Dios consiste totalmente en amor y solo el amor perfecto definitivamente ahuyenta el temor y doma al animal salvaje. 

Traducción: WCCM México

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Miércoles de la segunda semana de Cuaresma 2021.

Lectura del Evangelio: El Hijo del hombre vino a servir, no a ser servido. Mateo 20:17-28.

La Tierra Prometida es tejida en el viaje que hacemos hacia ella en cada etapa. Tratar de probar esta aseveración. Vamos a intentarlo.

La primera prueba el día de ayer era que el alimento más auténtico (maná) que nos sostiene en esta travesía es una experiencia real, aunque limitada por el tiempo y espacio, de la presencia real de esta Tierra aquí y ahora. Otra forma de experimentar su Presencia. 

Conforme la dimensión espiritual se despierta progresivamente a través de la práctica contemplativa constante, mucha gente se vuelve consciente de una Presencia en su vida. Con frecuencia dicen, como diría yo, que les da un sentimiento de guía y acompañamiento. Puesto de esta forma, esto puede sonar un poco extraño y de miedo o fantasmagórico; pero no es así. No es una entidad separada que te informa o manipula o que interfiere con tu libertad para escoger y asumir la responsabilidad. Algunas personas lo interpretan de esa manera. Pero entonces, generalmente es una fantasía construida o en algunos casos una patología mental. 

Tal vez la Presencia a la que me refiero se entiende mejor como una modificación de nuestra auto conciencia. Conforme crecimos y tuvimos un sentido de nuestro ser (saludable o no, dependiendo de las circunstancias), nos volvimos presentes ante nosotros mismos, autoconscientes, autocríticos, auto-observadores:  “Ay, ¿ por qué dije eso? Soy un fracasado. Si la gente supiera el desastre que soy, no me hubieran dado este trabajo”. O tal vez ocasionalmente: “Soy el más grande”. 

Esta presencia ante nosotros se puede convertir en una carga, aun más, en  una aflicción. En forma creciente, nos gustaría sacudirnos esto y solo ser nosotros mismos, espontáneos e inconscientes.

Con una conciencia contemplativa, esta autoconciencia es modificada. Aún sabemos cuando nos hemos equivocado pero somos menos duros con nosotros mismos, también menos delicados y autoprotegidos. ¿De dónde vino este cambio? Algunos dirían, de un creciente sentido de la presencia de Dios. Este sentido es como los otros sentidos físicos y el sexto sentido de la intuición. Es innato, pero requiere ser liberado y crecer. La presencia de Dios no es como una persona adicional en el cuarto o nuestra sombra. Es un “Yo Soy” que no compite o amenaza. Se vuelve como algo que debe ser entendido como lo que nos hace capaces de estar en nuestra presencia hacia otros, al mundo, y a Dios. 

Este Yo Soy está en todos lados. No puedes escapar y ¿por qué querrías hacerlo? Si lo intentas, intentas escapar de ti mismo. No intimida ni tira de nuestros hilos, sino que nos acompaña en las buenas y en las malas. Cuando somos buenos, nos sentimos en una mayor unión con eso. Cuando somos malos no se retira o se enoja, aunque es posible que nosotros nos podamos retirar o enojar. 

La tribu del Éxodo en el desierto fue acompañada por una columna de nubes en el día y de fuego en la noche. Cuando escuché por primera vez esto siendo un niño, me acuerdo que pensé cómo es posible que Dios adaptara su presencia a ellos según su capacidad de conciencia. Como nos recuerda el Evangelio de hoy, Él vino a estar presente en nosotros para poder servirnos en lugar de ser servido. 

Traducción: WCCM México

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Martes de la segunda semana de cuaresma 2021

El evangelio del día: El más grande entre ustedes debe ser su servidor. Mateo 23:1-12.

La Tierra Prometida es el viaje y el viaje es la Tierra Prometida. Aceptar esto nos separa gradualmente de lo que puede parecer, las ideas ilusorias acerca del objetivo que pensamos que debemos lograr a través de perseverancia, virtud personal o fuerza de voluntad. El objetivo de hecho es dejar ir las imágenes y aun la voluntad de tener éxito. La Fe no es fuerza de voluntad. La práctica se vuelve más auténtica conforme la fe que la envuelve se vuelve más profunda. 

El propósito –  esto es importante para los creyentes tradicionales que hacen Cuaresma – no es reforzar la voluntad sino trascenderla. La voluntad está demasiado implicada con el ego y ha tomado demasiados sobornos para tener confianza de que no será sobornada otra vez. 

¿Esto significa que debemos rendirnos y no hacer nada a propósito? Eso significaría sin fe, lo que rápidamente no nos lleva a ninguna parte. Si la voluntad (en conjunto con el ego) no se usa para nada, se atrofia y nos volvemos como gente postrada en la cama que pierde el tono muscular. La voluntad tiene que ser ejercitada de una forma que la desgasta hasta trascenderla. Las personas que entienden porqué dicen el mantra, entienden esto de forma experiencial. 

Entonces pasamos de la voluntad a la obediencia, haciendo lo deberíamos porque sabemos que es lo correcto. Adoptar este enfoque es difícil para todos porque es difícil para el ego que siempre trata de asociarse con la voluntad. Es especialmente difícil para las personas Tipo A. Ellas piensan que serán menos competitivas si se vuelven obedientes en lugar de intensificar la voluntad. De hecho, las personas obedientes trabajan y logran igual, si no es que más, que las personas que son guiadas por el ego; y mantienen la tranquilidad del espíritu y el equilibrio. 

Así que ¿dónde está la prueba de esto? “La experiencia es la mejor prueba”, dijo Francis Bacon, el fundador del método científico. “La experiencia es el maestro,” dijeron los padres y las madres del desierto.

La primera prueba de que la Tierra Prometida es acerca de la realización, no de la invasión y la conquista, es el maná. Los israelitas en el desierto fueron alimentados con el maná, una substancia “hojuela ligera y blanca” que encontraron en la tierra como escarcha por la mañana. Me dicen que en el menú de un restaurante en New York está puesta como algo dulce, savia nutritiva que gotea de algunas plantas y arbustos. Los hechos son menos importantes que la verdad porque como sabemos ahora, siempre hay “hechos alternativos”. La verdad es que esta comida deliciosa no solo los mantuvo, sino que deleitó a los peregrinos del desierto. Como para muchos cristianos la Eucaristía, sin embargo, puede ser servida. 

En otras palabras, el alimento para el viaje es un anticipo del destino del viaje. El fin no está cerca, entonces, sino más cerca de nosotros de lo que estamos de nosotros mismos. Lo podemos saborear. La palabra en latín para sabiduría significa “sabor”. ¿Qué prueba más grande existe que el sabor? Especialmente si deleita y nutre, y nos mantiene avanzando en la realización de quienes somos y donde estamos aquí y ahora.

¿Cuál es tu experiencia del maná?

Traducción: WCCM México

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence, lunes de la segunda semana de Cuaresma 2021


Evangelio: Sé compasivo como tu Padre es compasivo Lucas 6:36-38.

En el último discurso de Martin Luther King, antes de que fuera asesinado, dijo “Yo solo quiero hacer la voluntad de Dios. Y él me ha permitido ir a la montaña. Y he visto la Tierra Prometida. Estoy muy feliz esta noche. Nada me preocupa. No temo a ningún hombre” MLK estaba empapado del mito fundacional de la Biblia, el Éxodo. Como todos los grandes maestros de la tradición cristiana, el lenguaje y las imágenes de la Biblia inundaron su forma de pensar y de expresarse, ciertamente de entenderse a sí mismo. ¿Cuál era la Tierra Prometida que él vio y que nosotros, viviendo del significado interior del Éxodo en nuestra Cuaresma, podemos reconocerlo como el propósito que nos mantiene andando?

Moisés vio esta tierra desde lejos pero nunca entró en ella. La historia bíblica dice que esto se debió a que dudó de Dios en algún punto en su viaje, lo cual parece un poco difícil dado todo lo que tuvo que soportar. Prefiero pensarlo como un indicador de lo que significa la Tierra Prometida: no como un lugar, un destino o el cumplimiento de un plan sino el viaje en sí mismo.

En la Era Axial, (8vo al 3er siglo a.C., el tiempo del gran despertar de los Upanishads, el Buda, Platón, los Profetas Hebreos) la humanidad empezó a pensar de sí misma teniendo un destino o una realización más allá de los ciclos de la naturaleza y su propia sobrevivencia. Fue el gran salto hacia el interior. Moksha, Nirvana, Tierra Pura, Paraíso, Janna, son expresiones diferentes de este descubrimiento y la nueva esperanza que despertó en el propósito de la vida.

Sin embargo, debe decirse, también fue una gran disrupción y como todas las grandes luces también emite sombras. ¿Qué tal si fallo en entrar al cielo? ¿Qué tal si caigo en sufrimiento eterno, en el otro lugar?  De alguna forma fue como la segunda pérdida de la inocencia, otra caída que ha precedido un gran salto hacia adelante. 

El Reino de los Cielos en las enseñanzas de Jesús explícitamente no está reductible a un lugar o utopía terrestre: “Tú no puedes decir ´mira ahí está o está allí´…” La religión sin una conciencia contemplativa insiste en pensar en términos de recompensa y castigo. Pero Gregorio de Nisa, típico de la visión mística general, la ve como un devenir sin fin, la continuación de una participación más completa de la naturaleza de Dios quien es infinitamente sencillo. Esta es la gran contribución a la comprensión cristiana. Existen un sinfín de grados de cielo, no hay final a la cantidad de cuartos en el Hotel Paraíso. La perfección, como la belleza, la verdad y la bondad, no tiene términos. 

John Main dijo de la meditación que lo importante es solo saber que estamos “en el camino,” Preguntar “dónde estoy, cuánto tiempo va a tomar, ya estoy ahí…” es perderse la gran verdad de que el Reino está adentro de nosotros y entre nosotros (“a la mano” como dijo Jesús). ¿Cuáles son los indicadores de esto? Veremos algunos mañana. Pero en el evangelio de hoy nos señala uno esencial – que nos estamos volviendo como Dios en nuestra compasión y amor por los demás en nuestro viaje humano y que esto está reflejado en ser menos críticos y divisivos. La Tierra Prometida está al alcance de la mano. 

Traducción: WCCM México