P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Lunes de la cuarta semana de Cuaresma 2021.

Evangelio: Si ustedes no ven señales y prodigios no creen… Jn 4: 43-54.)

El punto quieto del mundo que gira. ¿Dónde está y qué es lo que gira a su alrededor? 

La gente buena y común, como tú y yo, se siente un poco confundida ante la idea de que hay algo ‘más allá del bien y del mal’. 

Cuando un maestro Sufí dice ‘el bien y el mal están en el  terreno de la dualidad, solo existe la Unidad’; o cuando Jesús dice que Dios ‘hace brillar su sol sobre malos y buenos y envía la lluvia sobre justos y pecadores,’ ¿qué sentimos? Quizás sentimos que debe ser un error de imprenta – no es lo que realmente quiere decir. O concluimos que es una verdad profunda que no puede ser entendida aún en esta vida. 

¿Qué hay de alguien que dedica su vida a cuidar a los refugiados y a los sin techo y de alguien que hace volar una discoteca llena de jóvenes que salieron esa noche?  ¿No hay ninguna diferencia entre ellos? ¿Qué tipo de sociedad sería si no hubiera leyes, policías o cárceles? Ojalá buenas leyes, policías decentes y cárceles humanitarias, pero necesitamos distinguir entre el mal y el altruismo. Así que pongamos esta sabiduría mística a un lado y dejemos que los derviches y teólogos piensen en ello. Nosotros seguiremos adelante con el mundo real.

El punto quieto del mundo que gira. 

El mundo que gira está en un fluir permanente. Tratamos de mantener el equilibrio pero todo se mueve e incluso lo que hoy es considerado bueno mañana es arrojado como malo. En política tomamos partido, a favor o en contra de Trump, Brexit o Remain. Sin personas sabias o por lo menos líderes sabios, la cambiante dualidad del bien y del mal se convierte en una amarga y rígida polarización. Para entretenernos fuera de esto, los medios nos brindan un príncipe y una actriz que hablan sobre sus sentimientos personales y el mundo toma partido a favor o en contra de ellos. La moral se convierte en entretenimiento. La complejidad se convierte en conspiración. 

Jesús no negó que hubiera gente mala y dijo lo que pensaba de ellos. El maestro Sufí no negaba el bien y el mal pero decía que eran dualidades inferiores a la Unidad. Para movernos desde pensar en esta Unidad a experimentarla, no necesitamos entretenimiento ni conspiración sino práctica contemplativa. La mente dualista necesita ser entrenada y aquietada antes de que pueda comenzar a saber lo que significa la Unidad. A medida que llegamos a conocer el punto quieto alrededor del que giran nuestra mente y nuestros sentimientos, nos sometemos a un cambio de actitud hacia el bien y el  mal y la miríada de dualidades.

Descubrir el punto quieto es la tarea esencial de la vida para las personas buenas y comunes como tú y yo, ahora. No está para ser pospuesta hasta la siguiente vida o para cuando tengamos más tiempo de leer y de meditar. De otro modo, Jesús y el maestro Sufí ¿no hubieran dicho, ‘No se preocupen de todo esto aún’?  

Asumimos que el mundo gira en torno a nuestro ego. Es por eso que las dualidades son malentendidas, nos endurecen y generan violencia. La Unidad es la verdad superior. Estamos destinados y designados para experimentarla ya. ‘El reino está cerca’. Aún enfrentaremos el bien y el mal; pero seremos empoderados por la Unidad para perdonarnos unos a otros, para usar la compasión en lugar de la violencia. Entonces entendemos por qué el punto quieto es el amor, absolutamente, simplemente, amar a ambos bandos. 

Traducción: WCCM Uruguay

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Cuarto domingo de Cuaresma 2021.

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Evangelio: LC 18, 9-14 (Jn 3:14-21Jesús dijo a Nicodemo:…)

Jesús habla aquí en tono de paradoja: humanamente divino, personalmente cósmico.

“Recuerden la serpiente que Moisés hizo levantar en el desierto: así también tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, y entonces todo el que crea en él tendrá vida eterna.”

En el desierto de la Cuaresma aparecieron “serpientes de fuego” que mordían y mataban a muchos. Moisés hizo una serpiente de bronce, la erigió en su báculo y quien la mirara era sanado. Mirar a la Cruz es enfrentar y trascender la mortalidad. Mirar, ver. La contemplación sana. La vida eterna es más que simplemente no morir. Es morir sin miedo, vivir sin miedo a la muerte, ni a la vida.

“¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.”

Jesús se revela a sí mismo a través del mito fundacional de su pueblo, en términos que ellos reconocen aun cuando hace explotar los confines del mito conduciéndolos (y a nosotros, si lo escuchamos) a la experiencia directa. Es crucial que diga que “ha sido enviado”. Conocer esto es saber que carga el amor de Dios para llevarlo directamente a la humanidad y a cada ser humano. Esto es tan simple y tan difícil para nosotros de aceptar como lo fue para Nicodemo. 

“Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo sino para que se salve el mundo gracias a él. Para quien cree en él no hay juicio. En cambio, el que no cree, ya se ha condenado, por el hecho de no creer en el Nombre del Hijo único de Dios.”

Nuestra idea de Dios es una proyección del superyó. Dice que seremos recompensados por ser buenos y si no lo somos, seremos condenados. Jesús arroja esta imagen de Dios, de un dios, directo al fuego de la zarza ardiente. Toda “condenación” es ahora vista como auto-condenación. Negarse a creer significa endurecer nuestros corazones, negarse a abandonar la celda de la prisión aún después de haber escuchado el llamado a la libertad. Pero no somos castigados dos veces por este rechazo. Es una herida auto-infligida. Una vez es suficiente. Pero el terapeuta divino, sanando al mundo, espera. Si un tipo de tratamiento no nos llega, algún otro lo logrará. Habiendo recibido recientemente la primera vacunación, disculpen si lo comparo con rechazarla. 

“Esto requiere un juicio: la luz vino al mundo y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Pues el que obra el mal odia la luz y no va a la luz, no sea que sus obras malas sean descubiertas y condenadas. Pero el que hace la verdad va a la luz, para que se vea que sus obras han sido hechas en Dios”

La vida conlleva responsabilidad moral. No hacer nada es hacer el mal. Es oscuridad porque no podemos ver lo que estamos haciendo. Una nueva luz ha irrumpido en nuestras mentes oscuras pero la oscuridad sigue siendo más familiar, más fácil. La religión sin la luz de la sabiduría conspira con la oscuridad sin saberlo. Jesús trasciende la religión, aun la que lleva su nombre. La verdad es implacable en dejar al descubierto nuestros dobles estándares y nuestra hipocresía. Cuando nos entregamos y nos rendimos a la verdad, no hay donde esconderse. Entonces vemos que todo es la obra del amor y siempre lo ha sido.

Traducción: WCCM Uruguay

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Viernes de la tercera semana de Cuaresma 2021

Evangelio No estás lejos del reino de Dios Mc 12, 28-34.

Cuando, siendo estudiante universitario, John Main me introdujo por primera vez en la meditación, supe que estaba siendo tocado y estaba despertando a una  sabiduría totalmente auténtica. Era un atisbo, un saboreo de cierta verdad tan simple y profunda que estaba del otro lado de toda duda. Al mismo tiempo, se despertó un nuevo apetito – quizá podría llamarse amor a Dios – que era el deseo más puro que jamás había sentido. En resumen, tenía muchas ganas de meditar. Intenté comenzar una práctica regular y fracasé, aunque nunca se debilitó la claridad de que un día haría clic. Unos años más tarde, se concretó. El tiempo lo es todo.

He hablado con muchas personas que se encuentran en la misma situación en que yo estuve al oír hablar por primera vez de la meditación. A menudo han deseado realmente iniciar el viaje durante algún tiempo. Cuando terminamos de hablar, pueden decir que lo tienen claro y están decididos – y tienen la disciplina -, así que ahora, por fin, van a empezar. Algún tiempo después, cuando volvemos a hablar, todavía no se ha concretado. Es posible que lo hagan un par de veces a la semana, también que dejen de hacerlo por algún periodo, o que se sientan atascados en el pantanoso terreno intermedio entre el comienzo y el abandono. 

Este es otro ejemplo del éxito del fracaso. Por supuesto, es vergonzoso para la propia vanidad no ser capaz de hacer lo que se quiere hacer, al igual que lo es cuando no se puede dejar de hacer algo que se quiere dejar. El fracaso, no obstante, se funde con el éxito (sin el ego) a medida que se aprende que lo que importa en el ámbito espiritual es la fidelidad, no los logros. Todos los años la Cuaresma es un recordatorio de que lo que importa es la ascensión a la cima, y no plantar la bandera en la cumbre en señal de triunfo.

Nada se desperdicia, sobre todo si no se alcanza el objetivo. Los fracasos repetidos desgastan más aun el ego, tan pronto volvemos a empezar. La humildad es la flor que perfuma este proceso; evidentemente, no como una virtud de la que te sientes orgulloso de haberla adquirido, sino como una disposición de la que te sientes sorprendido y agradecido al ver que toma forma en ti. Uno se quiere mejor a sí mismo cuando ve aparecer los primeros brotes de humildad como las flores de la primavera en medio de todos los restos del pasado. 

La meditación no es un fin en sí mismo. Es un camino. Mientras estés en el camino, con la fidelidad de la que seas capaz, se van produciendo semillas de contemplación que caen a tu alrededor. En pequeñas formas, sin saberlo te estás convirtiendo en un contemplativo. Pero cuando hayas alcanzado el grado adecuado de autoconocimiento y veas que tus fracasos son menos significativos que tu fidelidad, no tardarás en poder hacer lo que quieras.

Traducción: WCCM Argentina

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Jueves de la tercera semana de Cuaresma 2021


(Evangelio: …entonces sabed que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Lc 11,14-23.)

Una de mis disciplinas para la Cuaresma es mantener estas reflexiones diarias en menos de una página. A veces, o tal vez demasiado a menudo, esto significa omitir las conexiones entre las ideas que podrían hacer el punto más claro. Lo siento. 

Ayer pasé de decir lo difícil que es la verdad, a querer hacer todo explícito y medible, lo que nos hace perder el objetivo. (‘Errar el blanco’ es el significado literal de la palabra ‘pecado’ en griego). El resultado es que nos quedamos abrazados a una abstracción, a un puñado de polvo. Como el héroe de la película «Bladerunner 2049», cuya novia era un programa informático que quedó anulado al romperse el chip.

Terminé ayer hablando de la conexión de John Main entre lo que hacemos en la meditación – que es dejar de intentar ser explícitos – y el despertar a la visión implícita y revolucionaria de la enseñanza sobre el reino de los cielos. No es fácil, pero funciona. Justo cuando renuncias a lo que creías que era la mejor manera de llegar a algún sitio o de alcanzar un objetivo, de repente ves de qué se trata realmente. El objetivo está ahí todo el tiempo. «Tonto, ¿por qué no lo vi antes?» Esto es lo que quiero decir con el éxito del fracaso. 

En ninguna parte es esto más dolorosamente obvio que en la meta de la felicidad. Hoy en día, se nos dice sin cesar que todo el mundo debería buscar ser feliz como su primera prioridad. Esto significa que los políticos y otros se preocupan demasiado por ser populares haciendo que la gente sea feliz a corto plazo. En realidad, lo que todo el mundo quiere es no tener dolor, lo cual es perfectamente comprensible. Querer sufrir dolor o disfrutar infligiéndolo, es antinatural y si da placer no es felicidad.

Por supuesto, todos queremos ser felices, así como tener placer y estar libres de dolor. Esto es mucho pedir y a veces somos afortunados. Pero si perseguimos la felicidad como una meta, de forma específica, inevitablemente no la encontraremos. No alcanzarla nos hace sentir descontentos e infelices. Esto no significa que Dios o el universo no quieran que seamos felices. Sugiere, en cambio, que la felicidad se encuentra en que tengamos la disposición correcta hacia la forma en que son las cosas (agradables o dolorosas como pueden ser en cualquier situación).

La disposición correcta significa un enfoque realista y de aceptación. Esto depende de la disposición de nuestros mecanismos mentales y emocionales y de la manera en que abordamos las circunstancias. “Por el gozo que tenía por delante, soportó la cruz» (Heb 12:2). Esto no significa que quisiera sufrir o que lo disfrutara. Pero entendió que el sufrimiento era un puente. Estaba preparado. Tenemos que estar preparados para ser felices.

Hay conexiones – entre la felicidad, la alegría, el sufrimiento, la paz y las demás cualidades de la experiencia del reino de los cielos que llenan las páginas de los evangelios. Conocerlas en nuestra propia experiencia es lo que hace que su verdad implícita salte de la página y del cerebro directamente al corazón.

Traducción WCCM Argentina

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Martes de la tercer semana de Cuaresma

Evangelio ¿No estabais obligados a compadeceros como yo me compadecí de vosotros? Mt 18,21-35.

De vez en cuando, las personas cuentan un sueño en el que encuentran felizmente lo que buscan en el nivel más profundo y completo. Dicen que es como si estuvieran trabajando en un problema complejo y de repente se resolviera, con sencillez, elegancia y belleza total. Los científicos suelen utilizar estos términos para describir sus mayores descubrimientos. Cuando el soñador se despierta, le sigue resonando esta experiencia de pura verdad. Pero cuando intentan recordar cuál fue la solución que les proporcionó ese momento de plenitud y alegría, el resplandor se desvanece rápidamente; y pronto, al volver a la conciencia ordinaria, se encuentran a gran distancia de este descubrimiento. De hecho, incluso han olvidado qué era lo que buscaban. Todo lo que queda es un resplandor a base de buscar y encontrar – pero para qué o cómo se ha perdido ya -, como ocurre con gran parte de nuestra vida en los sueños. No es de extrañar que la gente se pregunte qué recordará de esta vida en la siguiente. Tal vez esta sea la verdadera pregunta sobre nuestra «supervivencia»: no habrá memoria porque todo será ahora.

Hay cosas que no podemos pretender explicar en este nivel mundano de conciencia. Cuanto más lo intentamos, más se aleja la realidad. Si por ejemplo, sigues intentando resolver el «problema de Dios», te quedarás con muchas ideas y contradicciones. Puede que te conviertas en un experto mundial en la teoría, pero sentirás que el sabor de Dios ha desaparecido y se ha vuelto seco y envejecido.

Lo esquivo de la verdad es un eterno desafío para nuestro hemisferio izquierdo. Incluso el Camino y la Verdad son un reto. Podemos sentir que «seguimos a Jesús» con un sentido de unión cada vez más fuerte a lo largo de los años. A veces, si pensamos en dejar esta relación, nos repetimos a nosotros mismos las palabras de San Pedro: «Señor, ¿a quién iremos?» No obstante, a pesar de esto y de todas las teologías expuestas durante milenios sobre Jesús y su significado para la humanidad, no hemos encontrado ninguna explicación. Las preguntas «¿quién es?» o «¿qué hizo?» nos conducen hacia un horizonte lejano. Esto es un poco incómodo cuando tienes que explicar tu fe a alguien que no lo sigue. Por otro lado, puede ser la mejor prueba de que el discipulado no es ilusorio. Más extraño aún, es que cuanto más aceptas este estado de desconocimiento irreductible, más paz sientes al respecto.

Otro ejemplo de esta situación peculiar es la experiencia de la meditación, cuando perdemos la conciencia de nosotros mismos hasta el punto de entrar en la plenitud de la conciencia. “El monje que sabe que está rezando, no está rezando de verdad», dicen los padres y las madres del desierto. Esta es una afirmación más elevada sobre la naturaleza de la experiencia  de la que somos capaces en esta vida. Puede sonar a algo absurdo – como las paradojas – e inexplicable. Sin embargo, también tiene una autoridad en la que nos sentimos inclinados a confiar. Tal vez el mismo hecho de que sea tan imposible de explicar demuestre que podemos creer que es verdad.

Traducción: WCCM Argentina