P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Quinto domingo de Cuaresma 2021

Evangelio ‘Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre’ Jn 12: 20-33.

El tiempo pasa. Un largo viaje en auto mientras recorría el camino de regreso a Bonnevaux ayer, cada ciclo diario desde la mañana hasta la noche, un curso educativo, un matrimonio y la paternidad, un ciclo de vida completo. Al final de cada período de tiempo, nos acercamos a un nuevo precipicio. Cada final es el mismo final, otro saborear la muerte. No hay retorno. Un futuro que sólo se hace presente para la fe. Jesús vio y comprendió su final aproximándose – más completamente de lo que nosotros vemos el nuestro.

En verdad les digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. 

Esta parábola de belleza tan simple, transmite toda la verdad de lo que Jesús veía en su propia aproximación a la muerte. Como contiene todo el significado del ciclo de la Pascua, captura el mensaje y el poder de todo el Evangelio, es la Buena Noticia, el Evangelion. La sola palabra ‘si’ impide que sea solamente una declaración. Es también una advertencia y una invitación. Si nos negamos a morir, no seremos resucitados. Si al morir nos encontramos dispuestos, no cabe duda de que nos despertaremos en un campo de vida que es la nueva cosecha.

El que ama su vida la destruye; y el que desprecia su vida en este mundo, la conserva para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor.

La certeza y la claridad de estas palabras son difíciles de aceptar. Hablan de la dureza de dejarse morir a sí mismo, nuestros apegos, nuestros sueños y esperanzas, todas las proyecciones negativas e imaginarias que nosotros hemos construido. Al Final, todo debe irse y en algún punto vemos que debemos dejarlo ir voluntariamente. Podemos sentir ‘rabia contra la muerte de la luz’ por un tiempo, pero eventualmente, cuando nos cansamos de ello, nos convencemos de que la entrega aceptante, el dejar ir nuestra vida, es Esperanza; no sería esperanza por la razón equivocada. Incluso el amor no sería amor por el objeto equivocado. Enfrentar el Final de todas las cosas es el comienzo del servicio a aquel que enfrentó su final y que al hacerlo, creó un lazo indestructible entre Él y nosotros. Este lazo se vuelve más real a medida que nos enfrentamos a nuestro Final 

voluntariamente. ¿Pero quién sirve a quién? El servidor sigue a su amo. Sin embargo, Jesús nos sigue hasta el Final para que no entremos allí solos. 

Y al que me sirve, el Padre le dará un puesto de honor. Ahora mi alma está turbada. ¿Diré acaso: Padre, líbrame de esta hora? ¡Si precisamente he llegado a esta hora para enfrentarme con todo esto!

El punto sin escapatoria es profundamente turbador, pero también el momento de auto-aceptación, auto-conocimiento y liberación de uno mismo al abrazar nuestro destino. En la impotencia del Final somos ‘honrados’ más allá de lo imaginable. No una recompensa o un premio, sino el ‘honor’ de conocernos verdaderamente – y finalmente siempre – amados.

Traducción: WCCM Uruguay

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