P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Sábado de la quinta semana de Cuaresma 2021


Evangelio: “…para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos”. Jn 11, 45-56.

Nos encantan los héroes y constantemente estamos inventándonos más nuevos. En la pantalla, en la política o en nuestra vida personal idealizamos a las desafortunadas víctimas de nuestros heroicos anhelos. No nos creemos que nosotros seamos héroes: nos conocemos demasiado bien, pero para darle sentido a la vida debemos tratar de ver el mito heroico que se representa en la experiencia de cada uno. Es posible que la Cuaresma no nos haya hecho sentir como superhéroes espirituales, esperemos, pero para comprender la historia de la Pascua en la que volveremos a entrar en breve, debemos entender este arquetipo. El Jesús crucificado parece una elección extraña como héroe, a no ser como una especie de antihéroe, famoso por su fracaso. Pero ciertamente no es un Superman. 

Mi héroe favorito es Gilgamesh (2000 a. C.), rey de Uruk en Mesopotamia. Lo encontramos en la obra más antigua de la literatura. Como nosotros, él es dos tercios  dios y un tercio ser humano. Debido a que es un gobernante opresivo, los dioses envían a un salvaje, Enkidu, para corregirlo. Luchan. Gilgamesh gana, pero traban una amistad perfecta. Se embarcan en misiones heroicas y, al hacerlo, enfurecen a los dioses, que le quitan la vida a Enkidu. Gilgamesh emprende un viaje solitario y peligroso para encontrar el secreto de la vida eterna. Fracasa, pero se le enseña la sabiduría de la mortalidad: “La vida, la cual estás buscando, nunca la encontrarás. Porque cuando los dioses crearon al hombre, dejaron que la muerte fuera su lote y retuvieron la vida en sus propias manos”. Regresa a casa, más sabio, más humilde y mejor gobernante.

Tres elementos esenciales del significado de lo heroico se reflejan en esta historia de Gilgamesh: separación, iniciación y regreso. Nuestros héroes de Superman nos distraen del significado de lo heroico que ennoblece incluso la vida más ordinaria. Expresan una enorme inflación del ego, fantasía de poder y dominación. No son maestros ni reveladores de nuestra verdad, sino fantasías disfrazadas que exigen adoración. Como los viejos dioses, que continuamente están adoptando nuevas formas en las culturas humanas, nos dominan y explotan, pero son co-dependientes de las ofrendas que traemos. Sin nuestra adoración y sacrificios, se desvanecen como viejas estrellas de cine.

Gilgamesh nos ayuda a comprender la historia de la Pascua si vemos que Jesús no es un superhéroe ni un dios, sino que muestra lo que significa la vida humana de forma más completa que cualquier mito u obra de ficción. Sin embargo, como todo ser humano que descubre quién es, de dónde viene y hacia dónde va, se separa progresivamente. Al final, se distancia de todo. Con cada grado de separación que soportamos también pasamos por una iniciación. La muerte es la iniciación definitiva. Nos recuperamos – regresamos – después de cada ciclo. El retorno final que trasciende el proceso cíclico es la Resurrección.

Jesús no requiere la adoración de un héroe porque él ilumina nuestra autocomprensión heroicamente.

Traducción: WCCM España

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