P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Miércoles de la segunda semana de Cuaresma 2021.

Lectura del Evangelio: El Hijo del hombre vino a servir, no a ser servido. Mateo 20:17-28.

La Tierra Prometida es tejida en el viaje que hacemos hacia ella en cada etapa. Tratar de probar esta aseveración. Vamos a intentarlo.

La primera prueba el día de ayer era que el alimento más auténtico (maná) que nos sostiene en esta travesía es una experiencia real, aunque limitada por el tiempo y espacio, de la presencia real de esta Tierra aquí y ahora. Otra forma de experimentar su Presencia. 

Conforme la dimensión espiritual se despierta progresivamente a través de la práctica contemplativa constante, mucha gente se vuelve consciente de una Presencia en su vida. Con frecuencia dicen, como diría yo, que les da un sentimiento de guía y acompañamiento. Puesto de esta forma, esto puede sonar un poco extraño y de miedo o fantasmagórico; pero no es así. No es una entidad separada que te informa o manipula o que interfiere con tu libertad para escoger y asumir la responsabilidad. Algunas personas lo interpretan de esa manera. Pero entonces, generalmente es una fantasía construida o en algunos casos una patología mental. 

Tal vez la Presencia a la que me refiero se entiende mejor como una modificación de nuestra auto conciencia. Conforme crecimos y tuvimos un sentido de nuestro ser (saludable o no, dependiendo de las circunstancias), nos volvimos presentes ante nosotros mismos, autoconscientes, autocríticos, auto-observadores:  “Ay, ¿ por qué dije eso? Soy un fracasado. Si la gente supiera el desastre que soy, no me hubieran dado este trabajo”. O tal vez ocasionalmente: “Soy el más grande”. 

Esta presencia ante nosotros se puede convertir en una carga, aun más, en  una aflicción. En forma creciente, nos gustaría sacudirnos esto y solo ser nosotros mismos, espontáneos e inconscientes.

Con una conciencia contemplativa, esta autoconciencia es modificada. Aún sabemos cuando nos hemos equivocado pero somos menos duros con nosotros mismos, también menos delicados y autoprotegidos. ¿De dónde vino este cambio? Algunos dirían, de un creciente sentido de la presencia de Dios. Este sentido es como los otros sentidos físicos y el sexto sentido de la intuición. Es innato, pero requiere ser liberado y crecer. La presencia de Dios no es como una persona adicional en el cuarto o nuestra sombra. Es un “Yo Soy” que no compite o amenaza. Se vuelve como algo que debe ser entendido como lo que nos hace capaces de estar en nuestra presencia hacia otros, al mundo, y a Dios. 

Este Yo Soy está en todos lados. No puedes escapar y ¿por qué querrías hacerlo? Si lo intentas, intentas escapar de ti mismo. No intimida ni tira de nuestros hilos, sino que nos acompaña en las buenas y en las malas. Cuando somos buenos, nos sentimos en una mayor unión con eso. Cuando somos malos no se retira o se enoja, aunque es posible que nosotros nos podamos retirar o enojar. 

La tribu del Éxodo en el desierto fue acompañada por una columna de nubes en el día y de fuego en la noche. Cuando escuché por primera vez esto siendo un niño, me acuerdo que pensé cómo es posible que Dios adaptara su presencia a ellos según su capacidad de conciencia. Como nos recuerda el Evangelio de hoy, Él vino a estar presente en nosotros para poder servirnos en lugar de ser servido. 

Traducción: WCCM México

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Martes de la segunda semana de cuaresma 2021

El evangelio del día: El más grande entre ustedes debe ser su servidor. Mateo 23:1-12.

La Tierra Prometida es el viaje y el viaje es la Tierra Prometida. Aceptar esto nos separa gradualmente de lo que puede parecer, las ideas ilusorias acerca del objetivo que pensamos que debemos lograr a través de perseverancia, virtud personal o fuerza de voluntad. El objetivo de hecho es dejar ir las imágenes y aun la voluntad de tener éxito. La Fe no es fuerza de voluntad. La práctica se vuelve más auténtica conforme la fe que la envuelve se vuelve más profunda. 

El propósito –  esto es importante para los creyentes tradicionales que hacen Cuaresma – no es reforzar la voluntad sino trascenderla. La voluntad está demasiado implicada con el ego y ha tomado demasiados sobornos para tener confianza de que no será sobornada otra vez. 

¿Esto significa que debemos rendirnos y no hacer nada a propósito? Eso significaría sin fe, lo que rápidamente no nos lleva a ninguna parte. Si la voluntad (en conjunto con el ego) no se usa para nada, se atrofia y nos volvemos como gente postrada en la cama que pierde el tono muscular. La voluntad tiene que ser ejercitada de una forma que la desgasta hasta trascenderla. Las personas que entienden porqué dicen el mantra, entienden esto de forma experiencial. 

Entonces pasamos de la voluntad a la obediencia, haciendo lo deberíamos porque sabemos que es lo correcto. Adoptar este enfoque es difícil para todos porque es difícil para el ego que siempre trata de asociarse con la voluntad. Es especialmente difícil para las personas Tipo A. Ellas piensan que serán menos competitivas si se vuelven obedientes en lugar de intensificar la voluntad. De hecho, las personas obedientes trabajan y logran igual, si no es que más, que las personas que son guiadas por el ego; y mantienen la tranquilidad del espíritu y el equilibrio. 

Así que ¿dónde está la prueba de esto? “La experiencia es la mejor prueba”, dijo Francis Bacon, el fundador del método científico. “La experiencia es el maestro,” dijeron los padres y las madres del desierto.

La primera prueba de que la Tierra Prometida es acerca de la realización, no de la invasión y la conquista, es el maná. Los israelitas en el desierto fueron alimentados con el maná, una substancia “hojuela ligera y blanca” que encontraron en la tierra como escarcha por la mañana. Me dicen que en el menú de un restaurante en New York está puesta como algo dulce, savia nutritiva que gotea de algunas plantas y arbustos. Los hechos son menos importantes que la verdad porque como sabemos ahora, siempre hay “hechos alternativos”. La verdad es que esta comida deliciosa no solo los mantuvo, sino que deleitó a los peregrinos del desierto. Como para muchos cristianos la Eucaristía, sin embargo, puede ser servida. 

En otras palabras, el alimento para el viaje es un anticipo del destino del viaje. El fin no está cerca, entonces, sino más cerca de nosotros de lo que estamos de nosotros mismos. Lo podemos saborear. La palabra en latín para sabiduría significa “sabor”. ¿Qué prueba más grande existe que el sabor? Especialmente si deleita y nutre, y nos mantiene avanzando en la realización de quienes somos y donde estamos aquí y ahora.

¿Cuál es tu experiencia del maná?

Traducción: WCCM México

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence, lunes de la segunda semana de Cuaresma 2021


Evangelio: Sé compasivo como tu Padre es compasivo Lucas 6:36-38.

En el último discurso de Martin Luther King, antes de que fuera asesinado, dijo “Yo solo quiero hacer la voluntad de Dios. Y él me ha permitido ir a la montaña. Y he visto la Tierra Prometida. Estoy muy feliz esta noche. Nada me preocupa. No temo a ningún hombre” MLK estaba empapado del mito fundacional de la Biblia, el Éxodo. Como todos los grandes maestros de la tradición cristiana, el lenguaje y las imágenes de la Biblia inundaron su forma de pensar y de expresarse, ciertamente de entenderse a sí mismo. ¿Cuál era la Tierra Prometida que él vio y que nosotros, viviendo del significado interior del Éxodo en nuestra Cuaresma, podemos reconocerlo como el propósito que nos mantiene andando?

Moisés vio esta tierra desde lejos pero nunca entró en ella. La historia bíblica dice que esto se debió a que dudó de Dios en algún punto en su viaje, lo cual parece un poco difícil dado todo lo que tuvo que soportar. Prefiero pensarlo como un indicador de lo que significa la Tierra Prometida: no como un lugar, un destino o el cumplimiento de un plan sino el viaje en sí mismo.

En la Era Axial, (8vo al 3er siglo a.C., el tiempo del gran despertar de los Upanishads, el Buda, Platón, los Profetas Hebreos) la humanidad empezó a pensar de sí misma teniendo un destino o una realización más allá de los ciclos de la naturaleza y su propia sobrevivencia. Fue el gran salto hacia el interior. Moksha, Nirvana, Tierra Pura, Paraíso, Janna, son expresiones diferentes de este descubrimiento y la nueva esperanza que despertó en el propósito de la vida.

Sin embargo, debe decirse, también fue una gran disrupción y como todas las grandes luces también emite sombras. ¿Qué tal si fallo en entrar al cielo? ¿Qué tal si caigo en sufrimiento eterno, en el otro lugar?  De alguna forma fue como la segunda pérdida de la inocencia, otra caída que ha precedido un gran salto hacia adelante. 

El Reino de los Cielos en las enseñanzas de Jesús explícitamente no está reductible a un lugar o utopía terrestre: “Tú no puedes decir ´mira ahí está o está allí´…” La religión sin una conciencia contemplativa insiste en pensar en términos de recompensa y castigo. Pero Gregorio de Nisa, típico de la visión mística general, la ve como un devenir sin fin, la continuación de una participación más completa de la naturaleza de Dios quien es infinitamente sencillo. Esta es la gran contribución a la comprensión cristiana. Existen un sinfín de grados de cielo, no hay final a la cantidad de cuartos en el Hotel Paraíso. La perfección, como la belleza, la verdad y la bondad, no tiene términos. 

John Main dijo de la meditación que lo importante es solo saber que estamos “en el camino,” Preguntar “dónde estoy, cuánto tiempo va a tomar, ya estoy ahí…” es perderse la gran verdad de que el Reino está adentro de nosotros y entre nosotros (“a la mano” como dijo Jesús). ¿Cuáles son los indicadores de esto? Veremos algunos mañana. Pero en el evangelio de hoy nos señala uno esencial – que nos estamos volviendo como Dios en nuestra compasión y amor por los demás en nuestro viaje humano y que esto está reflejado en ser menos críticos y divisivos. La Tierra Prometida está al alcance de la mano. 

Traducción: WCCM México

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Segundo domingo de Cuaresma 2021

Segundo domingo de Cuaresma

Jesús tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan y los llevó a un monte alto donde podían estar solos (Mc 9,2-10).

En una ocasión se le describe “orando a solas en compañía de sus discípulos”. Los llevó a ellos, como a nosotros, a un lugar en el que estamos a la vez solos e irremediablemente unidos: solos y con otras personas. Por mucho que nos resistamos, no hay forma de evitar este destino.

Allí, en su presencia, se transfiguró: sus ropas se volvieron deslumbrantemente blancas, más blancas que cualquier blanqueador terrenal pudiera hacerlo.

No podía invitarles a una intimidad más profunda que ésta. Su forma física se les reveló, como él ya sabía que era, traslúcida con la luz del Padre. Desde este núcleo de su ser dice: “Yo soy la luz del mundo”.

Elías se les apareció con Moisés; y ellos hablabann con Jesús.

Esta es su herencia espiritual: la Ley y los Profetas. Hablan con él desde dentro de sí mismo como la Palabra, desde lo eterno a la historia. Cada uno de ellos se entiende porque son uno en el Verbo encarnado.

Entonces Pedro se dirigió a Jesús: “Rabi – dijo – es maravilloso que estemos aquí; así es que hagamos tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. No sabía que decir, estaban muy asustados.

Pedro vuelve a ser el portavoz de los Doce y muestra de nuevo que la roca sobre la que Jesús ha construído su Iglesia es fiable, temerosa, y sobre todo, fiel. El miedo es un signo de reconocimiento de que lo que se encuentra es el límite de su propia identidad.

Y vino una nube que los cubrió de sombra; y salió una voz de la nube: “Ëste es mi Hijo, el Amado. Escuchadle”

Desde detrás del velo, desde una nueva dimensión de la realidad, reciben la comprensión que no pueden entender, de dónde viene Jesús y a dónde nos lleva a través de los que le escuchan.

Entonces, de repente, cuando miraron a su alrededor, ya no vieron a nadie con ellos, solo a Jesús.

La vida se reanuda como antes, pero una vida transformada por lo que habían visto.

Cuando bajaron del monte les advirtió que no contaran a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del Hombre hubiera resucitado. Ellos observaron la advertencia, aunque entre ellos discutían lo que podía significar “resucitar de entre los muertos”.

¿Cómo no podían hablar de ello abiertamente todavía? Necesitaban la revelación completa, la Resurrección, que los transfiguraría a ellos y a toda la humanidad.

(La fiesta de la Transfiguración es el 6 de agosto, el día en que se produjo el destello cegador de Hiroshima en 1945).

Traducción WCCM Paraguay

P. Laurence Freeman OSB

Sábado de la primera semana de Cuaresma, 2021

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El Evangelio de hoy es: Amad a vuestros enemigos Mt 5,43-48

Uno de nuestros rasgos humanos comunes que la Cuaresma (y la prolongada Cuaresma de la pandemia) destaca es el hambre de novedades. Los monjes del desierto lo sentían periódicamente después de que el ‘primer fervor de la conversión’ se desvanecía. Lo que parecía fresco y esperanzador al principio pierde la flor de la juventud y su dulzura se vuelve incluso agria y repulsiva. Cuando una víctima de esta acedia o entropía espiritual descargaba su desánimo, su inquietud y su rabiosa sensación de traición en su maestro, escuchaba palabras alentadoras y recibía una mirada de comprensión. El maestro concluiría “Ahora vuelve a sentarte en tu celda y tu celda te lo enseñará todo”. Y así, si podían, lo hacían y el ciclo se reanudaba.

El crecimiento es cíclico. Pasamos por el mismo terreno muchas veces. Hay rasgos o apegos de los que no podemos desprendernos y tenemos que aprender a vivir con ellos. Luego, con la aceptación, podemos liberarnos. Nada de esto es una mera repetición mecánica. El fracaso, o el abandono del trabajo de desprendimiento, puede hacer que el ciclo de crecimiento se tambalee o se detenga por completo. Sin embargo, el fracaso es una ocasión para la gracia y un nuevo comienzo. Si nos detenemos y volvemos a empezar con todo el corazón, retomamos el camino a un nivel más profundo. Esto coge al ego con la guardia baja y ayuda a mantenerlo bajo control.

El ansia de novedad está integrada en todo nuestro metabolismo. No somos máquinas. Tampoco somos como los animales domésticos que se contentan con la misma comida todos los días. (Sus dueños proyectan su ansia en el animal cuando le compran golosinas caras). El deseo y el rendimiento sexual están igualmente condicionados por la necesidad de variedad.

Tenemos que afrontar y dominar esta inquieta búsqueda de la novedad separándola de nuestra creatividad innata. La creatividad – lo verdaderamente nuevo – surge espontáneamente después de un duro trabajo. Gran parte de nuestra hambre de cambio no es en realidad de algo verdaderamente nuevo. Antes de que lo nuevo aparezca, debe intervenir una muerte y, como sabemos, evitamos morir como la peste. Nuestro anhelo es de variaciones sobre lo que nos ha aburrido una vez que su atractivo se ha agotado. En realidad no queremos lo nuevo y mejorado de artimañas de marketing, sino lo mismo, con un ligero giro o un nuevo envoltorio. Cambiar un estilo personal en el peinado o la ropa, la serie de Internet a la que nos enganchamos, el coche que conducimos o las suscripciones que contratamos son satisfacciones temporales de este anhelo.

Sentarse en la celda, aprender directamente de ella, es la mejor manera de encontrar lo realmente nuevo. Es como encontrar un manantial de agua fresca tras una larga excavación. Una vez encontrado, el trabajo duro, el dolor de espalda, la lucha con las rocas obstinadas y la acedia, nuestra vergonzosa impaciencia y distracción desaparecen de la memoria. Lo verdaderamente nuevo está siempre presente. Ya no necesitamos la memoria. Ahora sabemos que estuvo, está siempre ahí esperando que estemos presentes en él.

Lo verdaderamente nuevo es perdonar. Su efecto curativo comienza en el instante del descubrimiento. Los viejos patrones pueden volver y tirar de  nosotros con antojos familiares. Pero el poder de lo verdaderamente

nuevo es el poder del eterno ahora. Hace que el ansia de novedad parezca infantil y anticuado. Los momentos de meditación y excavación con el mantra son nuestra celda. Tiene que convertirse en un trabajo regular y serio para dispararnos fuera de la órbita del ego y a la espontaneidad y la alegría de la nueva creación, el paraíso que esta vida, en este mundo, puede ser si vemos lo que hay ahora en la realidad de lo que realmente es.

Laurence

Traducción WCCM Paraguay