P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma 2020: viernes de la cuarta semana.

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El virus global nos está enseñando a todos muchas cosas. Cada persona está recibiendo esta enseñanza individualmente a través del contexto de su propia historia y personalidad. Y por supuesto estamos aprendiendo colectivamente lecciones duras y necesarias. Con el impacto económico de la crisis causando profunda preocupación, nos vemos forzados a hacer preguntas que no son bienvenidas sobre valores fundamentales: —¿Vamos a seguir creyendo insanamente que el PBI tiene que crecer continuamente? ¿Aprenderemos a vivir dentro de nuestros límites? ¿Podremos descubrir el significado de “suficiente”? ¿Le enseñaremos a la próxima generación que contentarnos con suficiente es la condición para la felicidad que hemos estado buscando en los lugares equivocados y de las peores formas?

Sin embargo, el virus primeramente nos está enseñando realismo. No podemos controlar la diseminación del virus saliendo en los días lindos a playas o parques llenos de gente. Lo que vemos en la pantalla es real en nuestras propias vidas. Con una fuerte dosis de realismo, estamos prontos para aprender la paciencia.

La paciencia es una virtud preciosa porque es un elemento básico para aprender cualquier cosa. Quizás luego de la crisis, cuando los colegios y facultades abran nuevamente, nos acordaremos de lo que significa la paciencia. No consideraremos la educación como algo que ha de calentarse rápidamente en el microondas para ser entregada bajo la forma de un título. Encontraremos repulsivo que la educación, aún al nivel elemental para niños pequeños, produzca stress, ansiedad y enfermedad mental por causa de la competitividad y obsesión por la evaluación cuantitativa. ¿Nos acordaremos de que criar niños requiere pasar tiempo con ellos porque necesitan embeberse de atención personal en lugar de ser atendidos por niñeras digitales?

Quizás aprendamos que lleva tiempo aprender cualquier cosa: que nuestra impaciencia por convertirnos en expertos en algo en una vía rápida pagada en exceso no conduce a un trabajo bueno.

Quizás recordemos que la Meditación no fue inventada y envasada para ayudarnos a gestionar nuestro stress o solo para resolver problemas y luego continuar con el estilo de vida que causó esos problemas. Meditamos, como dijo John Main, porque estamos hechos para meditar. La meditación trata de abrir nuestros ojos a la realidad en su colorida diversidad y maravillosa simplicidad. La Meditación nos enseña paciencia y necesitamos paciencia para disfrutar.

También la necesitamos para saber cómo sufrir. Quienes se han convertido en pacientes en sus casas o en hospitales habiéndose contagiado el virus, aprenden cómo la paciencia enseña. Como la raíz de la palabra en sí misma muestra, la paciencia es la cualidad de sufrir. Pensar que la paciencia se trata solamente de esperar que algo llegue y se vaya nos vuelve manifiestamente impacientes. La paciencia nos enseña cómo aceptar y crecer a través del sufrimiento. Cómo resistir, ser resiliente, cómo estar en paz, y cuidar de otros aún en nuestra propia aflicción.

En un mundo hedonista, al buscar la felicidad en los lugares equivocados, creamos sufrimiento sin aprender cómo sufrir. Así que recordemos esto en esta segunda mitad de Cuaresma. Nos estamos preparando para contemplar la Pasión de Cristo. Pasión, en este sentido, es la paciencia más profunda, el puente entre el sufrimiento y el gozo.

 

Laurence Freeman O.S.B.

Traducción: Carina Conte, WCCM Uruguay

 

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma 2020: jueves de la cuarta semana de Cuaresma

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Nuestra crisis de Coronavirus durará más que la Cuaresma. Pero suma una dimensión urgente y personal a los principales temas de esta temporada espiritual. Los contemplamos luego del inicio de la Cuaresma, pero quizás ahora estemos descubriendo que lo espiritual no es tan abstracto como frecuentemente asumimos y que la vida en sí misma es un viaje espiritual que reúne cada aspecto de la experiencia humana. Cuando olvidamos esto olvidamos un elemento central de nuestra humanidad. Nos arriesgamos a quedar no sólo espiritualmente desnutridos sino a ser menos que humanos.

Me impactó recientemente recibir una carta al Virus de una joven de veinte años. No la citaré ya que puede ser perturbadora para aquellos que han perdido amigos por el virus o que estén profundamente preocupados por sus seres queridos o por sí mismos. Era una carta de agradecimiento, escrita de manera inteligente y provocativa, pero, como es esperable de una persona joven e intensa, carente de empatía por aquellos que sufren. La carta dolorosamente veía la crisis como un llamado a despertar, una denuncia a un estilo de vida insostenible.

Como dije el otro día, este no es un tiempo meramente para culpar o señalar con un dedo acusador, ni siquiera a nosotros mismos. Pero hay una enseñanza escondida en esta crisis y si podemos encontrarla, reconoceremos la oportunidad de cambio que nos ofrece. El terrible sufrimiento y costo en muertes al final no se justificará, pero será parte de este significado difícil de tragar. Para cualquiera que viva en este tiempo, no importa su generación, si fueron infectados o no, el mundo nunca será el mismo. La familia humana será más débil y la recuperación será difícil. En tiempos así, las fuerzas oscuras de la política y las finanzas pueden tratar de sacar provecho y nunca será más importante tener una masa crítica de personas en quienes la mente contemplativa haya despertado. Ni héroes ni santos sino seres humanos que han recuperado la dimensión espiritual de la realidad, tan frecuentemente ausente, ridiculizada, descuidada, rechazada o trivializada en nuestra cultura actual.

Cuando ponemos la espiritualidad en otra categoría, o la reducimos de un modo materalista a neuronas y mitos, comenzamos el proceso de deshumanizar la humanidad. La paz es buscada por la fuerza, la riqueza amontonada por pocos, las estructuras políticas secuestradas, y la religión se convierte meramente en otra identidad personal o en una ideología agresiva.

Aún si no estaba perfectamente expresada, la joven que escribió esa carta comprendió bien que no estamos enfrentando solamente una crisis de sufrimiento que requiere compasión y acción, sino también una oportunidad de vivir mejor. Las oportunidades pueden ser más desafiantes que los fracasos. John Main una vez me preguntó cuando empezaba este camino si estaba preparado para todo lo que traería. Yo pensé que se refería a todo aquello a lo que estaría renunciando. Pero él me corrigió: ‘me refiero al gozo.’ Etty Hillesum escribió, mientras ayudaba a los judíos que estaban siendo reunidos para ser llevados a Auschwitz, “Hoy siento una desesperación total. Tendré que manejarla.”

Estamos ahora en los días del equinoccio de primavera, la fuerza de resurrección más poderosa de la naturaleza. Es el momento oportuno para que manejemos el gozo.

Laurence Freeman O.S.B.

Traducción: Carina Conte

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma: martes de la cuarta Semana de Cuaresma

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La atención es como un músculo. Si no la usas – o sólo imaginas que la estás ejercitando mientras en realidad no lo estás – se atrofiará. Las personas que tienen un accidente y quedan confinadas a una cama por un extenso período de tiempo cuentan lo rápido que sus músculos se debilitan.

Cuando finalmente pueden levantarse, encuentran que tienen gran dificultad para hacer las cosas más comunes. El camino de retorno a la movilidad y la salud puede ser largo y ciertamente requerirá ejercicio regular.

En nuestra sobrecargada y distraída cultura (al menos hasta el Corona) podemos estar tan distraídos que ni siquiera sabemos que estamos distraídos. Este estado puede durar hasta que tratamos de prestar atención a algo nuevo y no deseado como una crisis global. Vuela desde los sitios de noticias hasta nuestras familias y nuestras vidas cotidianas como una disrupción de la que no podemos escapar. Lo global invade lo personal. La película de cine catástrofe que mirábamos por entretenimiento se convierte en escalofriante realidad en el encierro urbano, calles desiertas y compradores peleando por los desinfectantes. ¿Quién quiere prestar atención a algo tan desagradable?

Obsesionarse con algo, sea agradable o desagradable, no es lo mismo que prestar atención. Estar adicto o tener una fijación es una forma extrema de distracción compulsiva. Así que podemos estar pegados a las actualizaciones de las noticias durante el día, aunque la mayoría no contienen nada nuevo. Es mejor racionar nuestra dosis de noticias. Mantenerse en contacto, estar informados, pero sin atiborrarnos como hacemos con la mayoría de las distracciones que usamos para distraernos de la distracción.

Ejercitamos un músculo físico alternando contracción y relajación. Aprieta, suelta, aprieta, suelta. Gradualmente se vuelve más fuerte y podemos hacer más cosas. Similarmente, con el músculo de la atención, encontramos que nos estamos volviendo más atentos en más y más aspectos de nuestras vidas – con las personas con quienes estamos, con nuestro entorno inmediato, con los milagros simples de la vida – el canto de los pájaros, las formas de las nubes, el reverdecer de los árboles. Estas no son distracciones, pero nos dan la variedad de contenido que necesitamos para mantener nuestras mentes sanas, flexibles, perceptivas y enfocadas.

La atención que no puede permanecer sobre un objeto el tiempo suficiente para que podamos apreciarlo por sí mismo – no solo por lo que me da a mí – decrece hasta convertirse en distracción. Revolotea de sensación en sensación o en una exploración sin fin.  La atención puede enfocarse y disfrutar sólo por el placer o por la relación; puede moverse a través de un espectro de conciencia en completa calma. Nos movemos de una cosa a otra sin pánico o caos. La variedad es saludable y nutritiva.

Así, durante estos días en que la vida ha cambiado para todos, la meditación es una gran forma, simple y disponible de reconstruir nuestro poder de atención. No es que nos sentemos y meditemos 24 horas al día. Pero incorporamos los espacios de tiempo destinados a la meditación y  encontramos que podemos vivir entre estos tiempos con más paz y  aprecio por la belleza a nuestro alrededor –  y dentro de nosotros. La atención sin un pensamiento o una imagen es oración pura. Pero ejercitarla de esta manera, en los tiempos de meditación, significa que podemos pensar, leer, mirar, escuchar, tocar y oler el resto del tiempo de un modo verdaderamente orante.

 Laurence Freeman O.S.B.

Traducción: Carina Conte, WCCM Uruguay

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma: lunes de la cuarta semana de Cuaresma.

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Los meditadores llegan a comprender que ‘la experiencia es la maestra’. Cuando dejan de confiar demasiado en fuentes externas de autoridad y comienzan a confiar en su propio corazón, llegan a saber lo que la experiencia en sí misma significa.  No sólo lo que sucede sino lo que sucede por lo que sucede.

Quiero decir, no solo lo que sucede durante la meditación sino lo que sucede en nosotros mismos y en la vida como un todo por causa de lo que sucedió en la meditación, aún si no lo vemos suceder todo el tiempo.

La meditación es una fuente de sabiduría porque nos enseña esta verdad tan simplemente. Nos ayuda a leer los signos y patrones de la vida y a leer el libro de la naturaleza en sí mismo. En un tiempo relativamente corto las personas alrededor del mundo han sido forzadas a permanecer en sus casas en lugar de correr, volar, conducir, ir de tiendas, comprar el último modelo y volver a casa a tirar a la basura el modelo anterior, gastar recursos y tiempo. Un poquito juzgador, pero tampoco me excluyo a mí mismo de todo esto.

A veces lo que leemos en el libro de la naturaleza es infantilmente obvio. Desde que estas restricciones han sido impuestas su impacto es aparente en las mediciones de polución en el norte de Italia recogidas por el Satélite Centinela de la Agencia Espacial Europea. Las emisiones de dióxido de nitrógeno (escapes vehiculares) han caído considerablemente. La polución en China, especialmente en Wuhan y la provincia de Hubei también cayó dramáticamente.

Esto es lo que está sucediendo, pero ¿qué está sucediendo a causa de lo que está sucediendo?

Luego de mi primera meditación esta mañana, tuve como es habitual, veinte minutos antes de la segunda. Usualmente leo en este tiempo, pero como la mañana estaba fresca y hermosa, caminé un poco y me encontré leyendo el libro de la naturaleza. No fue difícil. No tenía que medir emisiones de vehículos ni teologizar. El canto de los pájaros era suficiente, la pureza del aire y la lucidez del silencio. Un sonido que había oído antes sin identificarlo se volvió claro cuando un pájaro descendió abruptamente hacia mí y emitió una nota áspera y rara. Las ranas están comenzando su cacofonía. Y debido a la lluvia, el lago está maravillosamente lleno, y los peces se ven gorditos. Jean Christophe cortó el césped y su aroma nos promete los días cálidos que han de venir.

Con el Coronavirus, ¿nos está castigando la naturaleza por el modo en que la hemos tratado? Esa es una manera de decirlo. Que lo que está sucediendo es kármico. Pero lo que más está sucediendo es que podemos despertarnos a la infinita belleza de la naturaleza y del reino animal. ¿Quién no se enamora de lo bello? ¿Y quién puede hacerle daño a lo que ama mientras ama?

Así que caminé en el fresco aire matinal, en las fragancias y los sonidos, pensando también en los peligros que nos rodean y en la soledad y el miedo que tantos están sufriendo. Pensé en mis propios pecados. Pero, sobre todo, sentí la increíble gracia que restaura nuestra visión cuando nos hemos vuelto ciegos.

La belleza salvará al mundo.

 

Laurence Freeman O.S.B.

Traducción: Carina Conte, WCCM Uruguay

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma: cuarto domingo de Cuaresma.

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Quizás la pregunta «¿por qué los sacerdotes católicos llevan túnicas rosas este domingo de Cuaresma?» no es la preocupación más importante para el mundo en este momento. Pero ofrece una mirada detrás de la ansiedad y la turbulencia interna y externa que nuestra familia humana está sufriendo. Hoy es el «Domingo de Gaudete (Alegría)» y el color litúrgico tradicional para la alegría es el rosa.

¿Qué hay para ser feliz? No mucho, pero la alegría es diferente. La felicidad (atesorarla mientras se tiene) depende de las circunstancias externas o de las formas de relación. Mientras duren, fácilmente nos adentramos en una gratitud que asume que el tiempo de la felicidad será permanente. ¿Y qué es, después de todo, permanente? La alegría, sin embargo, no depende de circunstancias externas o formas pasajeras. Fluye continuamente desde una fuente, un manantial puro, desde el ser mismo. Nada puede bloquearla excepto nuestra propia tendencia oscura a embotellar el agua del manantial, a poseer, a contaminar la pura e inocente realidad de la misma con las ilusiones de nuestra propia creación y codicia.

Nada es tan doloroso al principio como la transición de la felicidad perdida a la alegría pura.

Desde hace algunos decenios sabemos que la felicidad material sin precedentes, identificada con la riqueza, tuvo un precio irrazonable e insostenible. Nuestra humanidad personal, civismo y justicia social, nuestra cordura y nuestro propio hogar global estaban siendo contaminados y abusados. Pero ¿qué podíamos hacer al respecto? Las personas que dieron la alarma fueron descartadas por ser maniáticos o exagerados. Los quejicas y quejumbrosos también se transformaron en una clase, una industria. Los políticos estaban entre las personas que tenían el poder. Pero llegamos a ver que la política representaba cada vez más una máscara pública de poder. La confianza y el respeto por la política y la ley, necesarios para cualquier forma de civilización, cayeron en desgracia. Vimos el caos elegido y el gobierno de los bárbaros.

La alegría de vivir fue gradualmente desplazada y atrapada en grados cada vez mayores de injusticia y egoísmo surrealista: el 1% más rico de hoy en día posee la mitad de la riqueza mundial, incluso ahora, cuando estamos socialmente distanciados y en cuarentena y los más vulnerables son los que más sufren. Parte del 1% son personas generosas y buenas, pero incluso los peores se están dando cuenta lentamente de que es demasiado irreal para durar. La ira puede acumularse contra ellos, como lo hizo en la agresión pasiva del populismo. Pero también es injusto e irreal demonizarlos.

En el evangelio de hoy, Jesús cura a un hombre que nació ciego. Sus discípulos le preguntaron quién era el culpable de su desgracia, y él se negó a señalar al culpable.

Dijo que la sanación en sí misma era el sentido – revelaba la plenitud divina de la vida, la alegría de ser, sobrepasando las limitaciones y obstáculos humanos. Jesús sanó al hombre escupiendo en la tierra y haciendo una pasta con la tierra, que colocó en los ojos del hombre, diciéndole que se lavara en la piscina de Siloé alimentada por el agua de manantial. Más tarde el hombre dijo, «todo lo que sé es que una vez fui ciego y ahora puedo ver».

Palabras usadas en 1772 por el comerciante de esclavos reformado, John Newton, en su himno «Amazing Grace». El himno también dice «Y la gracia nos traerá a casa».

 

Laurence Freeman O.S.B.

Traducción: Eduardo De la Fuente, WCCM Argentina