Noticias de la Comunidad, P. Laurence Freeman OSB

Meditación en tiempos de guerra: transformando la oscuridad en luz. Laurence Freeman en Lviv, Ucrania.

Laurence Freeman visitará Lviv, del 29 de abril al 1 de mayo , en señal de solidaridad mundial de la WCCM con Ucrania en su heroica lucha por la libertad y la justicia.

Los Coordinadores Nacionales, Maria y Albert Zakharovy, son los anfitriones del programa. Actualmente están ayudando a los refugiados de la guerra y preparando un programa terapéutico de «curación del trauma» que incluirá meditación.
Laurence dirigirá reuniones y sesiones de meditación a nivel local y en línea.

El sábado 30 de abril, una sesión en línea en vivo desde Lviv reunirá diferentes voces sobre el poder de la conciencia contemplativa en esta crisis. La sesión comienza a las 12:00 CEST (13:00 hora de Lviv; 7:00 am hora de Uruguay).

Obtener el link a la reunión en https://wccm.org/events/meditation-in-a-time-of-war-transforming-darkness-into-light/

Domingo 1 Mayo Eucaristía contemplativa desde Liviv. Información completa en wccm.org

P. Laurence Freeman OSB

Martes de Semana Santa, 2020.

El evangelio de hoy (Jn 13:21-33,36-38) es muy extraño. Es un momento misterioso del relato que nos está ocupando esta semana, un relato en el que debemos ser capaces de encontrarnos. Si no podemos hacerlo, si no podemos encontrarnos en este relato, tampoco encontraremos a Jesús. 

Está cenando y ‘se turbó en su interior’. No está enfrentando el fin de su vida con un estoico desapego. Pero tampoco entra en pánico. Filosóficamente, la muerte es algo que podemos objetivar, distanciándola de nosotros. Está allá, afuera, es algo que afecta a otros. Pero, justo como la crisis presente nos ha demostrado, no está ahí afuera. Ahora o más tarde, viene por todos nosotros. Será mejor estar preparados y ¿qué mejor manera que practicar el morir? Un camino espiritual no nos aísla en una seguridad falsamente alejada del dato duro de nuestra mortalidad. Jesús tembló ante ello. Pero la oración profunda nos muestra lo que la muerte, esa gran incógnita, es en realidad. La meditación, creámoslo o no, es oración profunda.

Podemos entrever la mente de Jesús cada vez que vemos, en nosotros, la manera en la que la meditación nos hace a la vez más sensibles y vulnerables al sufrimiento; liberándonos a la vez del instinto de lastimar a aquellos que nos han herido. El sufrimiento se presenta de muchas maneras: en este momento del relato es el dolor más descarnado de una traición íntima, la muerte del amor.

Jesús le dice directamente a sus discípulos que uno de ellos habrá de traicionarlo. Se quedan desconcertados y comienzan a murmurar entre ellos preguntándose quién podrá ser. Pedro le pide a Juan, el discípulo más cercano, que estaba reclinado junto a él, que le pregunte quién será. Jesús acepta, como amigo íntimo comparte todo. Le da un pedazo de pan a Judas para significar que es aquel cuyo nombre quedará por siempre maldito en la historia después de esta noche.

En ese instante ‘Satanás entró en Judas’. Esta es una inversión obscura de lo que debería suceder. El pan que Jesús comparte con Judas es el  mismo con el que Jesús se identifica: ‘este es mi cuerpo’. Al dar el pan, se da a sí mismo, como cada cristiano que celebra la Eucaristía siente de alguna manera. Pero ¿Satanás? De súbito esto se vuelve como una misa negra, del tipo que las sectas satánicas celebran. No el recibir la sagrada comunión, sino la blasfemia, la liberación de la perversa obscuridad de la auto destrucción.

El corazón humano es bueno, divino. La gente se vuelve al otro como los 600,000 en Inglaterra que en 24 horas se ofrecieron a ayudar a otros durante la crisis. Pero también hay un corazón de tinieblas con el que tratar. Quedan jirones de estas tinieblas en cada uno de nosotros. En los seres humanos, aun entre aquellos que comparten su intimidad, las tinieblas pueden convertirse en algo personal y consciente: la persona que tosió en los rostros de la policía que les avisaba que estaban rompiendo las reglas de distanciamiento social; el pedófilo que prepara a sus víctimas; el asesino serial; la persona adicta; aquellos que han sido corrompidos por el poder o el dinero.

Esas tinieblas esperan, inconsciente e impersonalmente, en los miles de millones de virus del Covid-19 que podrían caber en el espacio que ocupa este punto y aparte.

No sabemos mucho acerca del virus ni tampoco por qué Judas traicionó a su maestro y amigo. Las tinieblas son obscuras. El evangelio anuncia que cuando Judas se levantó de la mesa para ir a traicionar a Jesús, ‘la noche cayó’.

Laurence Freeman OSB

Traducción: Enrique Lavín WCCM México

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma 2020: jueves de la cuarta semana de Cuaresma

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Nuestra crisis de Coronavirus durará más que la Cuaresma. Pero suma una dimensión urgente y personal a los principales temas de esta temporada espiritual. Los contemplamos luego del inicio de la Cuaresma, pero quizás ahora estemos descubriendo que lo espiritual no es tan abstracto como frecuentemente asumimos y que la vida en sí misma es un viaje espiritual que reúne cada aspecto de la experiencia humana. Cuando olvidamos esto olvidamos un elemento central de nuestra humanidad. Nos arriesgamos a quedar no sólo espiritualmente desnutridos sino a ser menos que humanos.

Me impactó recientemente recibir una carta al Virus de una joven de veinte años. No la citaré ya que puede ser perturbadora para aquellos que han perdido amigos por el virus o que estén profundamente preocupados por sus seres queridos o por sí mismos. Era una carta de agradecimiento, escrita de manera inteligente y provocativa, pero, como es esperable de una persona joven e intensa, carente de empatía por aquellos que sufren. La carta dolorosamente veía la crisis como un llamado a despertar, una denuncia a un estilo de vida insostenible.

Como dije el otro día, este no es un tiempo meramente para culpar o señalar con un dedo acusador, ni siquiera a nosotros mismos. Pero hay una enseñanza escondida en esta crisis y si podemos encontrarla, reconoceremos la oportunidad de cambio que nos ofrece. El terrible sufrimiento y costo en muertes al final no se justificará, pero será parte de este significado difícil de tragar. Para cualquiera que viva en este tiempo, no importa su generación, si fueron infectados o no, el mundo nunca será el mismo. La familia humana será más débil y la recuperación será difícil. En tiempos así, las fuerzas oscuras de la política y las finanzas pueden tratar de sacar provecho y nunca será más importante tener una masa crítica de personas en quienes la mente contemplativa haya despertado. Ni héroes ni santos sino seres humanos que han recuperado la dimensión espiritual de la realidad, tan frecuentemente ausente, ridiculizada, descuidada, rechazada o trivializada en nuestra cultura actual.

Cuando ponemos la espiritualidad en otra categoría, o la reducimos de un modo materalista a neuronas y mitos, comenzamos el proceso de deshumanizar la humanidad. La paz es buscada por la fuerza, la riqueza amontonada por pocos, las estructuras políticas secuestradas, y la religión se convierte meramente en otra identidad personal o en una ideología agresiva.

Aún si no estaba perfectamente expresada, la joven que escribió esa carta comprendió bien que no estamos enfrentando solamente una crisis de sufrimiento que requiere compasión y acción, sino también una oportunidad de vivir mejor. Las oportunidades pueden ser más desafiantes que los fracasos. John Main una vez me preguntó cuando empezaba este camino si estaba preparado para todo lo que traería. Yo pensé que se refería a todo aquello a lo que estaría renunciando. Pero él me corrigió: ‘me refiero al gozo.’ Etty Hillesum escribió, mientras ayudaba a los judíos que estaban siendo reunidos para ser llevados a Auschwitz, “Hoy siento una desesperación total. Tendré que manejarla.”

Estamos ahora en los días del equinoccio de primavera, la fuerza de resurrección más poderosa de la naturaleza. Es el momento oportuno para que manejemos el gozo.

Laurence Freeman O.S.B.

Traducción: Carina Conte