P. Laurence Freeman OSB

Jueves de la quinta semana de Cuaresma: Juan 8, 51-59.

quinta semana de cuaresma

‘Antes que Abrahán existiera, Yo soy.’  Entonces tomaron piedras para lanzárselas. 

Uno podría pensar que cualquiera que oyera una frase así, aún si no le gustara la persona, aún si creyera que es un loco o un genio, hubiera dicho ‘explica lo que acabas de decir antes de que te apedree para matarte’. Sin embargo, en ésta, al igual que en las otras grandes frases “Yo soy”, Jesús está revelando otra dimensión de la realidad tan turbadoramente diferente de nuestra habitual forma de ver, que sus palabras amenazan el orden existente.

En los regímenes totalitarios los poetas y los artistas son las mayores amenazas. Aquellos que resisten a los detentadores del poder por la vía de la política o de la fuerza son más fáciles de reprimir. Una de las más grandes matemáticas modernas, por ejemplo, fue Emmy Noether. A la par de Einstein, abrió nuevas formas de percepción en álgebra y física que cambiaron para siempre la forma de ver las cosas en estos campos. Sus ideas originales entraron tan profundamente en la estructura básica conceptual que raramente se cita su nombre. No solamente agregó palabras al vocabulario, sino que expandió el lenguaje mismo.

Jesús hace esto con toda la visión humana del mundo. Por ello nos resulta tan deprimente cuando sus dichos revolucionarios, nacidos de la experiencia directa del Padre, son desviados de su intención verdadera para defender una moral particular o estructuras religiosas. Los contemplativos no solo son los verdaderos revolucionarios. Los verdaderos revolucionarios, en cualquier campo, son por naturaleza contemplativos y son místicos en cuanto a su visión de la realidad.

Acertadamente era considerado peligroso para el orden prevaleciente, pero a un nivel aún más profundo que el que sus críticos imaginaban.  Le costó su muerte liberarse del poder represivo de sus críticos y liberar su visión (el espíritu) que continúa entrando en la conciencia humana para cambiar la naturaleza de la realidad para nosotros. Hubiera sido lindo que las autoridades lo hubieran reconocido y escuchado. Pero es factible que eso no suceda cuando aceptar tal forma de ver amenaza no solo tu institución sino todo aquello en torno a lo cual has construido tu vida. Nadie quiere atravesar una transformación total. Nos gusta el cambio que podemos controlar. Así que el violento rechazo de sus contemporáneos era altamente probable; si sentimos que había un plan, era incluso parte del plan. Ni siquiera aquellos que lo amaban lo comprendían.

Nuestra práctica espiritual diaria y los próximos días de los misterios Pascuales nos sintonizan con esta visión y nos ayudan a comprender lo que Jesús quería decir cuando usaba la palabra ‘Yo’. Jesús no estaba diciendo — como temían en su confusión los que querían apedrearlo o crucificarlo— ‘Yo soy Dios’. Estaba diciendo ‘Dios es Yo soy. Esto es lo que estoy diciendo’.

 

Laurence Freeman OSB

Traducción: Carina Conte, WCCM Uruguay

P. Laurence Freeman OSB

Miércoles de la quinta semana de Cuaresma: Juan 8, 31-42

quinta semana de cuaresma

Yo he salido y vengo de Dios. No he venido por mi cuenta, sino que él mismo me ha enviado.

Ayer estuve observando unos corderos recién nacidos. Como niños pequeños, saltan de un extremo a otro de un espectro que va entre el apego obsesivo a la madre y un entusiasmo ilimitado por explorar un mundo nuevo. Son adorables, interminablemente fascinantes y deliciosos. Bueno, quizás no interminablemente, pero son muy encantadores. Pensé ‘¿quién podría desearles algún daño?’. Debe ser su misma inocencia la que los vuelve un símbolo tan poderoso del abuso de esa inocencia. Desde el cordero pascual sacrificado en los oscuros años del Éxodo al ‘Cordero de Dios’ aclamado en cada Misa.

En todas partes por aquí, el mundo está reverdeciendo. Comienzan a emerger aromas fértiles largamente enterrados en la tierra fría. La larga soledad del invierno es expulsada por incontables relaciones nuevas entre los seres vivos de todo tipo que aparecen de la nada, emergiendo a la luz y trayendo luz consigo. Aún en un frío día de primavera se hace presente la calidez de la vida. Todo sucede desde tiempo inmemorial, pero es siempre nuevo y fresco. El poeta inglés George Herbert lo captó en las primeras líneas de su gran poema, La Flor, comparando el ciclo de la naturaleza con el ciclo de su oscuridad y renacimiento espiritual: ‘Cuán frescos, oh Señor, cuán dulces y puros son tus retornos…’

En contraste con lo opresivo de las fuerzas oscuras, como el miedo o la opresión, o la violencia y el rechazo, con su historia secreta de culpa y vergüenza, aparece una nueva autoridad: la autoridad de la inocencia. Puede mirar a la opresión y al miedo directamente a los ojos y desarmarlos. La primavera es muy tierna comparada con la brutalidad del invierno, pero es incontenible. En el punto correcto del ciclo es irresistible.

En el Evangelio de Juan, las palabras de Jesús frecuentemente reflejan la verdadera identidad de Jesús descubierta por los cristianos primitivos. Sacado de contexto, algunas de las palabras suenan arrogantes. Son el eco de una comunidad que estaba descubriendo la dimensión del Cristo. Los evangelios de hoy incluyen las palabras que elegí más arriba, que muestran no una auto fijación sino a una persona sobre quien amanece la dimensión de la primavera eterna. En la conciencia de Jesús, su inocencia de orgullo es su autoridad. No la construye él mismo, sino que es completamente tomada de otro: el que lo eligió y lo envió.

‘Elegido’ y ‘enviado’ son palabras que describen una experiencia que también nos espera a nosotros, si penetramos más allá de la ego-conciencia. Cuando nos convertimos en nuestro yo real, vemos que ya estamos viviendo en una red de relaciones tan vasta como el cosmos, una comunión de ser, una comunidad de seres que nos sumerge en la realidad última. Nos vuelve tan humildes como podemos serlo. En Jesús, la misma humildad se manifiesta como autoridad y autoconocimiento. Como una inocencia de poderosa vulnerabilidad.

firma Laurence

Laurence Freeman OSB

 

Traducción: Carina Conte, WCCM Uruguay

 

P. Laurence Freeman OSB

Martes de la quinta semana de Cuaresma: Juan 8, 21-30

quinta semana de cuaresma

El que me ha enviado está conmigo y no me deja nunca solo

Recientemente estuve esperando el metro en una plataforma atestada de gente. Usualmente me hubiera quedado leyendo o escuchando el mantra. Entonces observé intrigado mientras una mujer se inmortalizaba repetidamente en una selfie. Fue toda una performance, ya que estaba decidida a lograr la sonrisa justa y la inclinación perfecta de la cabeza, con el fondo exacto. Posaba, se sonreía satisfecha y luego chequeaba el resultado en su pantalla y volvía a intentarlo. Estaba perfectamente absorta en esta operación y totalmente inconsciente de estar parada en el medio de una multitud que se movía en una angosta plataforma. Cuando llegó mi tren, ella seguía intentando conseguir el disparo perfecto.

Como resultado de una intensa búsqueda académica en Wikipedia descubrí que la primera selfie que se conoce fue un daguerrotipo tomado en 1839 que se encuentra hoy en la tumba del fotógrafo. Como carecía de un smartphone, retiraba la tapa del lente, corría a ponerse en el lugar del retrato y se quedaba quieto por uno o dos minutos antes de volver corriendo a tapar el lente nuevamente. Una selfie más contemplativa. A los artistas siempre les ha gustado pintarse a sí mismos y los espejos nos rodean desde alrededor del 6000 AC. Nos encanta vernos a nosotros mismos, aunque no nos guste lo que veamos.

Como cualquier cosa relativamente inofensiva en sí misma, puede volverse una obsesión y dar forma a todo un modo de vida. Para controlarlo, debemos practicar el otro-centrismo. Hacer de esto una costumbre nos mantiene alertas para ver cuándo la auto-fijación nos vuelve insensibles a los otros que nos rodean. Nos rescata de quedar atrapados en la órbita de un narcisismo que nos auto-consume. Cuando abrazamos el trabajo del otro-centrismo avistamos la dimensión última que abarca todas las dimensiones. La que Jesús llamaba el ‘Padre’, el otro-centrismo básico a lo largo de toda su vida. Es el secreto para distinguir entre realidad e ilusión y para ‘ver a Dios’.

Como fui criado en una ciudad, cuando estoy en el campo tengo que hacer un esfuerzo para leer el libro de la naturaleza. Bonnevaux me está enseñando a hacerlo y también muchas personas que han amado ese libro durante todas sus vidas.

El poeta inglés Gerard Manly Hopkins escribió algunos de los más bellos poemas sobre el mundo natural. También usó la palabra ‘sí mismo’[i] como un verbo. Destruir la belleza (un poema trata sobre la tala de un grupo de álamos) es ‘desimismar’[ii]   al mundo (que el mundo deje de ser él mismo). Vio a Dios ‘mismándose’[iii]  (siendo sí mismo) en las incontables bellezas del mundo donde ‘Cristo juega en diez mil lugares’. Esto nos recuerda a las ‘10,000 cosas elevándose y cayendo’ del Tao Te Ching, que también podemos interpretar como distracción interminable. Lo que convierte a la distracción en la visión de Dios “mismando” al mundo (permitiendo al mundo ser él mismo) es el otro-centrismo: no lo que vemos sino cómo lo vemos.

Ahora, con las puertas de nuestra percepción solo un poquito más limpias después de la Cuaresma y habiendo afinado el mantra, ¿qué puede ser más apasionante que ver las cosas – aun jugando en una plataforma abarrotada – como las ve la Mente de Cristo?

firma Laurence

Laurence Freeman OSB

 

Traducción: Carina Conte, WCCM Uruguay

[i] En el original: “self”

[ii] En el original: “unselve”

[iii] En el original: “selfing himself”

P. Laurence Freeman OSB

Lunes de la quinta semana de Cuaresma: Juan 8, 12-20

quinta semana de cuaresma

Yo sé de donde he venido y adónde voy.

Muchas personas viven hoy en relaciones de larga distancia. Debido al trabajo u otros factores que complican, escriben mensajes de texto, hablan por Skype o se hablan por teléfono, a veces varias veces por día. Las ausencias prolongadas pueden debilitar y socavar las relaciones o pueden fortalecerlas y hacerlas madurar. Cada relación tiene una distancia óptima. Esta distancia de foco con la que a veces nos ‘vemos’ unos a otros no es de una medida fija. Se ajusta según las condiciones. Sin duda, es duro para las personas que aman estar separadas. Se extrañan; pero a veces es una buena añoranza, como me dijo una vez una persona cercana.

Las formas de estar en relación han sido radicalmente afectadas por la tecnología, por la globalización y por internet. El amor en sí mismo no ha sido cambiado; pero el amor crece a través de formas y hábitos, especialmente en las primeras etapas de la niñez. Un niño puede alegrarse cuando habla por Skype con su padre o madre frecuentemente ausente que lo llama desde un aeropuerto lejano para darle las buenas noches, pero no es lo mismo que estar allí todas las noches.

Durante estas reflexiones he estado repasando las diferentes dimensiones de la realidad. Canto continuamente las bondades de la dimensión contemplativa, porque siento que a pesar de ser debilitada y frecuentemente ignorada en nuestra agitada y fragmentada cultura global, hoy es esencial para manejar los aspectos deshumanizantes de la vida ‘en la red’. Estar en línea, disponible, inmediatamente responsable, con poco tiempo para reflexionar y pensar, tiene sus riesgos así como sus aspectos positivos. Puede, por ejemplo, volverse adictiva. Los meditadores, como cualquiera, encuentran difícil apagar sus celulares, aunque les haría comprender la necesidad de hacerlo periódicamente. La gente muchas veces dice que le gustaría ‘apartarse de todo por un tiempito’. Pero cuando llega la oportunidad encuentran una excusa para no hacerlo. Si olvidamos cómo vivir en la dimensión contemplativa – quieta, silenciosa, simple y ahora – arriesgamos perder todo lo que hemos ganado a través de la tecnología y del progreso social.

Si vivimos exclusivamente en las tres dimensiones de tiempo y espacio, la más distante de todas las relaciones es con Dios. Hablamos por skype con él en la iglesia y apretamos nuestras agendas para darle alguna otra entrevista en nuestros ocupados planes.  Esto nos hace sentir a Dios siempre distante y tan irreal como el amigo imaginario de un niño. Para el no creyente, esto demuestra que Dios es una creación humana, unas muletas, una droga, otra fuente de falso consuelo, y no el Ser, la consciencia misma.

El poder que abre nuevas dimensiones de la realidad es el amor. (La meditación es el trabajo del amor). Para una pareja separada por husos horarios y por la geografía, el amor prueba que están siempre el uno con el otro.

Esto nos acerca más al propósito de la Cuaresma que es entender mejor la Pascua.  Y también a ver por qué la meditación abre nuevas dimensiones de la realidad.

 

firma Laurence

Laurence Freeman OSB

Traducción: Carina Conte, WCCM Uruguay