P. Laurence Freeman OSB

Jueves de la tercera semana de Cuaresma: Lucas 11, 14-23

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Otros, para ponerlo a prueba, exigían una señal que viniera del cielo. Sigue leyendo.

Existe una historia del Buda encontrándose con un grupo de brahamanes entre quienes se encontraba un joven de dieciséis años, insoportablemente sabiondo, prodigio, que conocía todos los textos y desafiaba la autoridad del iluminado. Gautama respondía todas sus preguntas y eventualmente lo acorralaba. El final feliz es que el joven aprendió su lección y se convirtió en discípulo.

Convertirnos en discípulos para muchos de nosotros es un largo negocio.

El ego, como Lucifer, como en la lucha cósmica que dio lugar a la guerra civil en el cielo, no desea servir. Prefiere la derrota y la exclusión del rango de los benditos, que aceptar un poder más alto.

En términos más terrenales, esto se refleja en nuestra lucha contra las adicciones. El primero de los doce pasos que nos guiarán hacia la libertad, es el más humilde, reconocer nuestra incapacidad de liberarnos y la necesidad de reconocer un poder superior. Esto eventualmente nos conduce al paso once, para cuando hemos aprendido el significado real de la oración: ‘contacto consciente con Dios’ como creemos que Dios significa. Solamente entonces, luego del ‘despertar espiritual’ que resulta del dominio del ego, estamos listos para ayudar a otros que están sufriendo la adicción y comenzamos a vivir lo que hemos aprendido en todos los tramos de nuestra vida.

No podemos enseñar, hasta que hayamos aprendido de un maestro cuyo poder superior hemos reconocido. Mientras veamos esta relación como una batalla de deseos, compitiendo con nuestro maestro, impacientes para nuestra graduación con honores, no hemos sido capaces de dar el primer paso. Al final, sin embargo, no nos rendimos ante nuestro maestro. Amamos a nuestro maestro y también al maestro de nuestro maestro… los estudiantes se gradúan, y se desenvuelven solos. Los discípulosentran en una comunidad que se extiende en todas las direcciones en espacio y tiempo.

Al comienzo, probar a nuestro maestro no es una cosa mala, siempre que también traiga a nuestro ego al lugar externo en que pueda ser probado y domado. Pienso que el Buda no estaba realmente enojado con el practicante prodigio brahmin, ni ofendido por su actitud. Él entendía de dónde provenía esto. Finalmente, con su ayuda, el joven comprendió y vio que su verdadero yo solamente se liberaría, y sus talentos serían puestos a buen uso, por lo que tal vez parecería una humillante derrota, pero que era, en verdad, la aceptación mutua que existe entre un verdadero maestro y un verdadero discípulo.

Pero esto puede ser un largo y difícil juego hasta que encontremos esta clase de maestro, uno que pueda hacer de nosotros esta clase de discípulo. Hasta entonces, el ego tiene innumerables líneas rojas las cuales  se niega a cruzar, y buscará incluso vencer y humillar al maestro, del cual depende nuestra liberación. Esto se hace explícito más adelante en la historia de la Pascua.

Laurence Freeman OSB

Traducción: Marta Geymayr, WCCM Paraguay

 

P. Laurence Freeman OSB

Miércoles de la tercera semana de Cuaresma: Mateo 5,17-19.

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No crean que he venido a suprimir la Ley o los Profetas. No he venido a suprimirlos sino a completarlos. 

Es difícil dejar ir al pasado. Aun cuando éste fue defectuoso, tendemos a blanquearlo para evitar admitir nuestros errores. Es difícil cambiar nuestra mente (metanoia) y cuanto más la gente nos alza la voz para hacerlo, más nos atrincheramos. Sigue leyendo.

Pero las circunstancias cambian. Lo que fue bueno ayer podría no ser lo mejor hoy. Siempre podemos decir “lo siento” y dejarlo ir, pero nuestro hemisferio izquierdo de la mente encuentra esto difícil de hacer, porque ha construido sus buenas razones para las opiniones previamente vertidas. Éste goza con la “fijación” (no haré una comparación con el Brexit). Pero aun cuando nosotros admitimos que se requiere una nueva aproximación, no nos estamos condenando por los errores pasados: hicimos lo mejor que podíamos con la información a la mano en ese tiempo. El hemisferio derecho está con el fluir de la realidad y encuentra más fácil aceptar el cambio. Solamente entonces podemos hacer la paz con el pasado y ver lo mejor de él, la ley y los profetas, y traerlos a lo nuevo.

Hasta los mismos dioses, como las culturas lo respaldaban alguna vez, cambian y mueren. Hoy día vivimos en el crepúsculo de los antiguos dioses. Ellos dependen de sus devotos para mantenerlos vivos con las ofrendas de peticiones y sacrificios. Cuando los devotos dejan de creer, los dioses se marchitan en la vid. Hasta los todopoderosos dioses del Olimpo fueron degradados. Antes de morir, ellos se volvieron locales, vestigios de nostalgia u objetos de entretenimiento para las nuevas generaciones.

Pero no podemos vivir sin dioses. (Hasta los ateos tienen que lidiar con ellos). Necesitamos los símbolos y el encanto que nos proveen para expresar esperanzas y necesidades que no podemos poner en palabras. El cambio del panteón de los dioses, sin embargo, es un tiempo de pérdida y crisis tal como la estamos atravesando hoy en la cristiandad y en otras religiones. Los nuevos dioses son adorados en las pantallas desde Hollywood hasta Bollywood, en los templos de los shoppings, las rondas de negocios y los cuartos de noticias. Hay dioses de la mal-información y de las  divisiones (y algunas buenas noticias). Algunos antiguos dioses tratan de re-inventarse y llegan a ser relevantes mientras otros simplemente se apagan y desaparecen. El Consenso – la certeza que nos dan los viejos dioses – está erosionado y reemplazado por conflictos y controversias hasta que aparezca algo nuevo.

Esta es la razón por la que el desierto y nuestros cuarenta días en él, o nuestros veinte minutos allí dos veces al día, son tan liberadores. No hay dioses, muertos o vivos, en el desierto, no hay templos, excepto el corazón, no hay sacrificios excepto nuestra atención. Existen, por cierto, nuestros demonios interiores y algunos ángeles necesarios. Sin dioses, todo lo que queda es el Dios que es, que no tiene nombre: ¿“La cristiandad sin religión” de Dietrich Bonhoeffer capta una mirada a través de la fractura del antiguo orden?

Laurence Freeman OSB

Traducción: Marta Geymayr, WCCM Paraguay

P. Laurence Freeman OSB

Martes de la tercera semana de Cuaresma: Lucas 18, 21-35

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¿Cuántas veces tengo que perdonar a mis hermanos si me hacen daño? ¿Tanto como siete veces?  Jesús contestó: ‘No siete, te lo digo, sino setenta veces siete’

Como la mayoría de nosotros, a veces yo mismo he sabido lo penoso que es no ser perdonado. Tal vez yo esté engañado, pero no encuentro tan difícil perdonar (dándome cierto tiempo) como el hecho de sentir que yo estoy privado de esta maravillosa gracia que cambia no solo el relacionamiento sino el mundo y los avances del reino de Dios.

Cuando parecieras haber resuelto en ti un error o una amistad fracturada, cuando ha pasado suficiente tiempo y cada uno sigue con su vida, continuando, puede ser que te sientas listo para salir y tratar de reconciliarte. Hasta que suceda el perdón, el sentimiento contrariado de algo bloqueado y sin acabar detiene desde el comienzo la sanación profunda. Porque la paz y la justicia no son suficientes para que los sentimientos lastimados disminuyan. El perdón es ontológico, más profundo que el sentimiento. No hay vuelta al pasado: algunas relaciones se quedan allí, en la historia personal. Pero nuestra natural sed y hambre de justicia no es sobre olvidar o prorratear la culpa. Es sobre la restauración consciente y el re-equilibrio.

Cuando Jesús dice no solo 7 sino 77, muestra al oyente atento que no hay justicia sin perdón.  No existe esperanza de justicia restaurando nuestra humanidad a no ser que estemos realmente abiertos al perdón. Cuando escucho a la gente confesar que «no puedo perdonar por esto, aquello y lo otro»,  a menudo detecto un sentido de vergüenza y autojustificación. Por detrás está el sentido de ‘no es mi culpa y lo haría si pudiera’. Desde luego que necesitamos perdonar a aquellos que no pueden hacerlo. Para estos casos, tenemos que perdonarnos a nosotros mismos por no perdonar. También necesitamos no confundir el perdón con un agregado auto justificado a un resentimiento o victimización (por parte de la parte ofendida primero y por la ofensora después). ¿Cómo expresamos la diferencia? Tal vez viendo cómo nos sentiríamos si la parte que nos ofendió sigue adelante y florece.

El perdón es una sanación interior, no el otorgamiento del perdón. Un día comprenderemos que está ya sucediendo aunque no lo estemos observando. Recibimos la gracia del perdón sutilmente (y luego lo podemos compartir activamente) luego de que hayamos pasado por las 77 preguntas que penetran en los rincones oscuros del corazón. ¿Qué es lo que yo realmente siento? ¿Por qué X actuó de esa manera? ¿Estoy buscando la integridad o apegado a la retribución?  «Amo a mi enemigo» significa que el otro ya no es mi enemigo (aunque yo no elija ir de vacaciones con él).

Esta interiorización hacia el perdón viene del que pudo decir en la Cruz ‘Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen’. Para Él esta fue la última llave que le abrió las puertas del paraíso.

firma Laurence

Laurence Freeman OSB

Traducción Marta Geymayr – WCCM Paraguay

P. Laurence Freeman OSB

Lunes de la tercera semana de Cuatesma: Lucas 1, 26-38

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Yo soy la esclava del Señor, dijo María, hágase en mí según su Palabra» y el ángel le dejó.

Para aquellos a quienes les gusta planificar anticipadamente, cuando celebramos la Fiesta de la Anunciación, la Navidad está a nueve meses de hoy, aquel momento escondido cuando la Palabra comenzó a hacerse carne. Tiene una significación para todos, creyentes o no creyentes igualmente. Para los incrédulos afirma el hecho de que la verdad crece en nosotros de una forma integrada. La verdad es más que una idea. Para la más rara raza de creyentes esto significa la apertura de una nueva era en la humanidad, cuando la Fuente trascendente del mundo material emerge con ella, en ella, a través de ella, como una persona humana particular, a quien sus padres llamaron Jesús. La Fuente de todo lo que existe, que dice simplemente «YO SOY» está revelada y escondida en este evento. Verdaderamente no podemos llamar a esta fuente él, ella, o ello, sino simplemente YO SOY.

Los ángeles vienen y van. La Biblia a menudo los presentan como «mensajeros», la traducción literal de la palabra. La palabra está llena de mensajes portadores de significado (la conexión de los mismos siempre conlleva una figura mayor) si nos damos el tiempo de escucharlos y ordenarlos. Pero, algunas veces, la Biblia también identifica los mensajes con la persona que los envía. Esto sería como la física cuántica en donde las dualidades usuales y los límites desaparecen. Pueden formarse y reformarse de acuerdo a la naturaleza de nuestros puntos de vista. La objetividad por lo tanto lleva a un significado más lúdico. Los prejuicios y la rigidez desaparecen y emerge una nueva forma de ver e interactuar en el mundo. La Anunciación significa que esto realmente ocurre. La Cuaresma nos ayuda a clarificar nuestra percepción de lo ocurrido dándonos una óptima distancia y la real longitud focal para verla influenciando en nuestra vida diaria.

Así como las partículas atómicas divididas por una gran distancia operan como una, esto puede ser un poco raro. Ayer caminé por los alrededores de Bonnevaux, tocado y movido por la forma en que ha sido transformado, sencilla y bellamente, con un inmenso esfuerzo y habilidad, pero produciendo un sentido de «lo justo»  que satisface profundamente el alma. Pensé en los 900 años que pasaron desde que la primera comunidad vino aquí para «buscar verdaderamente a Dios» y amar al mundo amando al otro. Me dio la rara sensación de que Bonneveaux estaba agradeciendo por haber sido salvado.

Pensé en las palabras de Isaías: Tu gente reconstruirá las antiguas ruinas y levantará los antiguos fundamentos; serán llamados los reconstructores de las paredes destruidas, restauradores de calles con moradas (58:12).

Si la Cuaresma es una época de reparación de la base espiritual, esta fiesta es sobre la restauración evolutiva de la humanidad. Es otra manera de ver las cosas – tal vez haya un tiempo de demoler y comenzar desde los despojos, pero una profunda verdad es la continuidad de cosas, reveladas al ver el tiempo de reconstruir y restaurar.

firma Laurence

Laurence Freeman OSB

Traducción WWCM Paraguay – Marta Geymayr

P. Laurence Freeman OSB

Tercer domingo de Cuaresma: Lucas 13,1-9

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Recuerden, «arrepentirse» no significa sentirse culpables y convertirse en sumisos temblorosos, sino tener la fuerza y la determinación para cambiar la mente. Hay un dicho de Lao Tzu que evoca la parábola de la higuera que no daba frutos: si no cambias  el sentido puedes terminar en el mismo punto de partida. Esta descripción de las consecuencias de resistirse a cambiar no es una amenaza sino una simple advertencia. Y aun, es terriblemente difícil cambiar algo en lo cual hemos estado invirtiendo por largo tiempo.

En una mañana otoñal, salimos con algunos compañeros para un largo viaje de retorno a casa. Los caminos estaban vacíos y todavía no aclaraba. Nos dirigíamos al Este y yo pensaba que habíamos tomado esa dirección cuando llegamos a la autopista. Luego de treinta minutos aproximadamente, miré por el vidrio de atrás y observé los hermosos colores del amanecer. Yo lo manifesté y los demás miraron en la misma dirección, diciendo «guau, eso es hermoso». Luego descendió un incómodo silencio que nadie quería romper. «El sol despunta en el Este, verdad» preguntó algún valiente. Aun así, al comienzo, fue difícil digerir la verdad, y volvimos atrás.

En el mito del pasaje a través del mar Rojo, los israelitas están escapando hacia tierras salvajes y a la libertad, pero son perseguidos por los egipcios, quienes habían cambiado de la idea de dejarles ir. Los israelitas entraron en pánico y culpaban a Moisés, no por primera vez, por guiarles hacia el desastre, y empezaron a hablar de volverse atrás. Luego el cúmulo de nubes, que les había estado guiando hasta ese momento, cambia de dirección yendo hacia la retaguardia de la caravana, escondiéndolos de sus perseguidores y preparando la gran señal de separar las aguas. Se observan muchos cambios en esta historia – los israelitas cambiando sus mentes, los egipcios la suya. Moisés considerando cambiar la suya y hasta Dios parece cambiar su idea de dónde poner las nubes.

El arrepentimiento, cambiar la forma en la que nosotros vivimos – metanoia – no es solamente tomar una decisión. Esto puede ser tremendamente doloroso si pensamos en todo lo que hay que cambiar. Pero detrás de la decisión de cambiar está el consentimiento, observar lo que es y consentirlo, diciendo: «Sí. Lo siento. Así es». Viendo lo que realmente está pasando, significa despojarnos y descartar nuestras ilusiones familiares bien justificadas. Es difícil de hacerlo en el mejor de los casos, y es aún más difícil en los peores momentos, cuando  tememos el cambio y anhelamos la seguridad de estar en lo cierto. Lleva tiempo, así como aprender a vivir la Cuaresma lleva tiempo. Es mejor tener el hábito de hacerlo regularmente cada día, de modo que las ideas falsas y las conductas que producen no tengan tiempo de solidificarse.

Viendo como es todo esto, experimentar la incontrovertible emisión de la verdad será la esencia del buen juzgamiento e increíblemente, nos dará la energía para elegirla.

firma Laurence

Laurence Freeman OSB

Traducción Marta Geymayr, WCCM Paraguay

Foto: Iglesia del Santo Sepulcro, Jerusalén.