Enseñanzas Semanales

Enseñanza 27, ciclo 5


Maestro Eckhart y nuestro Centro Divino
Escuchamos en la obra “La Nube del No-Saber” que lo que tenemos que hacer es orar “con un suave movimiento de amor, deseándolo por sí mismo y no por sus dones”. Encontramos exactamente el mismo consejo para ir soltando nuestros deseos por “sus dones” en los Sermones Alemanes del Maestro Eckhart: “Mientras llevemos a cabo nuestras obras para ir al cielo, simplemente estamos en el camino equivocado … Algunas personas quieren ver a Dios con sus ojos como ven una vaca y amarlo como aman a su vaca: aman a su vaca por la leche y el queso y el beneficio que les da. Así ocurre con las personas que aman a Dios por el beneficio de la riqueza externa o por la comodidad interna. No aman a Dios de forma apropiada cuando lo aman para su propio beneficio. De hecho, os digo la verdad, cualquier objeto que tengas en mente, por bueno que sea, será una barrera entre tú y la verdad más íntima”. Aquí encontramos el compromiso del Maestro Eckhart con su principal tema de enseñanza: el desapego. “Quien quiera escuchar la Palabra de Dios debe estar totalmente desapegado”. La palabra que usa es “abegeschiedenheit”, que significa “ligeramente apartado”, creando una distancia entre nosotros, el mundo y nuestras preocupaciones. En lugar de ser arrastrados de acá para allá por las respuestas emocionales de nuestro “ser individual” (como él llama al ego) a lo que nos sucede, debemos mantenernos al margen de la agitación de la vida cotidiana. “Cuando predico suelo hablar de ‘desapego’: es decir, tenemos que estar vacíos de nosotros mismos y de todas las cosas; segundo, que seamos formados de nuevo en ese bien sencillo que es Dios; tercero, que reflexionemos sobre la gran nobleza de nuestra alma, para que así volvamos a maravillarnos de Dios; cuarto sobre la pureza de la naturaleza divina, porque el brillo de la naturaleza divina está más allá de las palabras. Dios es una palabra, una palabra no pronunciada”. El desapego de todos los pensamientos egocéntricos – “dejando atrás el yo” – y del mundo material nos llevará a recordar nuestra propia naturaleza divina interior, la “nobleza de nuestra alma”, que a su vez nos conducirá a la actitud correcta hacia Dios, “maravillarse de Dios” y al verdadero conocimiento de Su ser esencial: el silencio – “Nada describe a Dios tan bien como el silencio”. El Maestro Eckhart sabe por su propia experiencia intuitiva que somos capaces de “descender” a las raíces de nuestro ser para tomar conciencia de la “chispa” Divina y así ser transformados en Cristo, ascendiendo con Él a Dios, en esta vida. John Main comparte la misma experiencia y, por eso, nos dice: “Jesús ha enviado su Espíritu a morar dentro de nosotros, haciéndonos a todos templos de santidad: Dios mismo mora dentro de nosotros”. Un aspecto importante de esta potencialidad es el anhelo profundo de la humanidad por Dios, implantado por lo Divino en la “chispa” en el mismo centro de nuestro ser. El apremio de la enseñanza del Maestro Eckhart viene dado por su convicción de la necesidad de que todos seamos conscientes de esta potencialidad: “Cuando un hombre sale de sí mismo para encontrar a Dios o ir en su búsqueda, se equivoca. No encuentro a Dios fuera de mí ni lo concibo excepto como mío y en mí”. El concepto de Dios del Maestro Eckhart, así como el de John Main, es totalmente apofático. No puede quedar atrapado en palabras o imágenes: “Dios no es esto, ni aquello”. Sólo puede ser “conocido” en el silencio interior: “Debes percibirlo sin imágenes, sin medios y sin comparaciones”. La manera de abrirnos a esta conciencia del Silencio Divino es, por tanto, a través de la oración contemplativa: “Antes de que este nacimiento pueda suceder, debemos estar en paz, no fragmentados por distracciones mundanas, sino unidos y en armonía interior, como el sonido de un acorde mayor, y la mente se aquiete y los sentidos ya no nos preocupen. Este Nacimiento trasciende el aquí y el ahora. Sucede en la eternidad”. Sin embargo, este Dios incognoscible vive dentro de nosotros como la “chispa de nuestra alma”, la “base de nuestro ser”. Ésta es la paradoja última: la Divinidad es el Uno Trascendente más allá del ser pero al mismo tiempo Él es inmanente en la esencia interior del alma. El verdadero conocimiento de Dios se basa en una intuición interior que proviene de esta “parte más recóndita del alma”. John Main comparte la misma percepción intuitiva en su enseñanza: “Sabemos que Dios está íntimamente con nosotros y sabemos también que está infinitamente más allá de nosotros. Sólo a través de un silencio profundo y liberador podremos reconciliar las polaridades de esta misteriosa paradoja… Sabremos entonces que participamos de la naturaleza de Dios”. El Maestro Eckhart llama a este despertar “el nacimiento de Cristo en el alma”. Comparte con San Agustín la primacía de esta experiencia, quien dijo: “¿De qué me sirve que este nacimiento de Cristo esté sucediendo siempre si no sucede en mí? Que suceda en mí es lo que importa”. El desapego es, por tanto, para el Maestro Eckhart una actitud indispensable en el camino espiritual; es la única forma en que el “Nacimiento de Cristo” puede tener lugar en el alma. Es esta enseñanza la que ha convertido al Maestro Eckhart ciertamente en una guía para nuestro tiempo y explica su interés universal y que sus palabras resuenen con los maestros hindúes, budistas y sufís.
Kim Nataraja
Traducido por WCCM España