P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P.Laurence. Sábado Santo 2021

Selección de algunas estaciones de la cruz. Para la presentación completa de las estaciones con fotos y música, buscar en www.wccm.org

Jesús es condenado a morir

Jesús es inocente y está lleno de verdad. Es víctima de la injusticia institucional. El proceso judicial que lo condena es el culpable. Es un forastero sin derechos ni respeto. No tiene ningún recurso contra el sistema de poder al que amenazó simplemente por la fuerza de su propia inocencia y por decir la verdad. Está solo, burlado, humillado. Rodeado de una multitud que se alimenta de sed de sangre. En sí mismo alberga a las víctimas de la inhumanidad y la injusticia a lo largo de la historia, a los injustamente acusados, a los torturados, a los desaparecidos, a los calumniados y exterminados. Por sus heridas la humanidad, pasada y futura, es sanada.

Jesús se ve obligado a llevar su cruz

En su cruz se acumula todo el sufrimiento humano. Es el árbol del dolor del mundo. La soledad. La vergüenza. La pérdida. El amor no correspondido. La negligencia y el abuso. ¿Puedo encontrar mi sufrimiento tocado por su cruz? “Lleven mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, porque soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es fácil y ligera mi carga”. ¿He aceptado la Cruz que debo llevar? ¿Se ha convertido en su yugo?

Jesús cae por primera vez

Cuando un presidente tropieza en una escalera, el mundo se queda boquiabierto. Cuando una persona se derrumba bajo el peso de su sufrimiento, ¿miramos hacia otro lado? Cuando las personas con las que trabajamos se agotan o pierden los estribos con nosotros o dicen que no pueden soportarlo más, ¿sentimos y entendemos el peso bajo el que están colapsando? Caer no es su culpa. Es simplemente humano. ¿Me siento avergonzado y acusado cuando fallo? ¿Finjo que soy más fuerte de lo que realmente soy? ¿He descubierto ya que el poder de Dios se manifiesta en la debilidad humana?

Jesús se encuentra con su madre

Una madre recuerda cada momento de la existencia de su hijo. Verlo terminar antes que ella es la pérdida más extrema. Guardemos en nuestro corazón a todos los padres que han perdido a sus hijos. Y a todos los niños separados de sus padres por la pobreza, la guerra o el abuso. Oremos para que en el dolor de la angustia de María en el camino de la cruz todos puedan encontrar una compañía y una compasión sanadora.

Verónica enjuga el rostro de Jesús

Cuando sufrimos una aflicción intensa, nuestra identidad se destruye. Nos volvemos anónimos, irreconocibles. Es un grado de dolor más allá del rechazo. Mirar lo invisible, escuchar a los que no tienen voz, restaura la identidad en el don de la compasión. Y nos deja una marca, ya que se dice que el rostro de Jesús se imprimió en la tela con la que ella le limpió la cabeza.

Jesús muere y es colocado en la tumba

El dragón ruge en un árbol vacío. No se puede lograr el vacío final. Solo puede aceptarse, entregarse como la entrega final y el dejar ir. Entonces, el último aliento es una ofrenda perfecta de uno mismo sin esperanza de recompensa ni de que nadie atestigüe, incluso si están al pie de la Cruz.

Traducción WCCM México

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P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Viernes Santo, 2021.

Evangelio: Después de que Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: «Todo está consumado» Jn 18: 1-19: 42.

Si el lenguaje sagrado del cristianismo es el cuerpo, ¿qué sucede cuando el cuerpo muere? Cualquiera que haya estado con un ser querido cuando el espíritu ha abandonado su cuerpo, conoce la repentina y espantosa sensación de ausencia y separación. Lo que hasta entonces era una lengua viva que expresaba a una persona viva, aunque tal vez escasamente, ahora está silenciosa y quieta. Pero no el silencio o la quietud de la meditación o de esos momentos de comunión en el amor cuando el lenguaje del cuerpo expresaba perfectamente la mente y los sentimientos.

El que ha muerto y ha comenzado un nuevo viaje tiene un nuevo lenguaje corporal y la separación se siente absoluta y definitiva. Tenemos recuerdos, reliquias, historias, sueños, tal vez restos de experiencias psíquicas. Son preciosos y significativos, pero intensifican la sensación de separación incluso cuando comenzamos a organizarlos y ordenarlos.

El destino impensable pero demasiado obvio de la vieja forma dejada atrás está fuera de nuestras manos, atendido por los funerales inmediatos o por profesionales. Todo lo que el cuerpo vivo irradiaba sobre la maravilla de un ser humano vivo se encuentra ahora en un implacable proceso de reducción a la materialidad. La belleza y la maravilla de esa piel que se estira, respira, sonroja, comunica, huele y toca, que envuelve elásticamente todo lo que llevamos dentro se ha ido para siempre. A medida que el lenguaje desaparece, alguien único se convierte en un cuerpo.

Todo lo que da sentido a la vida se ve socavado por la muerte. Si no podemos entender la muerte, la vida no tendrá sentido. Todo lo que la muerte hace pasar a los sobrevivientes se puede ver en la muerte y el entierro de Jesús. Los detalles son tan reales: la bajada de la cruz, la presencia de su madre y sus amados discípulos María y Juan, los rituales de sepultura y el ritual final de la unción que tuvo que retrasarse por motivos religiosos. Todo está en un vacío que no se puede evitar. Encontrar significado es todo lo que nos queda, pero ¿cómo? Incluso después de la Resurrección, la iglesia luchó por explicar el propósito de la Cruz. La respuesta más fácil aunque menos satisfactoria fue «expiación»: Dios exigió un sacrificio humano para expiar el pecado de Adán. Es como pedirle a un contador que evalúe el valor de una vida.

El significado de su muerte radica en por qué fue rechazado. (Oficialmente, por blasfemia). Pero ¿qué sucede cuando rechazamos un regalo porque aceptarlo exige una transformación excesiva de como vemos el mundo y como vivimos en él? Por lo general, lo que rechazamos es el regalo de un amor más grande del que podemos manejar. La fuerza del rechazo y la pura libertad del regalo ofrecido se vuelven contra el dador. El amor rechazado engendra odio.

Jesús estaba dispuesto a ser rechazado («se sometió a la muerte, muerte de cruz») porque su forma de morir mostraría la naturaleza completa del regalo que estaba ofreciendo. Se negó a creer en el rechazo y, por lo tanto, el obsequio se mantuvo en oferta. La Cruz, entonces, no es un signo de castigo divino sino de perdón infinito. Cuando rechazamos un regalo, el rechazo nos golpea horriblemente con vergüenza, negación y culpa. Pero ¿y si vemos que el dador no ha sido destruido y que no busca venganza?

El significado completo del don se hace visible en un nuevo cuerpo.

Traducción WCCM México

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P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Jueves Santo, 2021.

Evangelio: Deben lavarse los pies unos a otros. Jn 13: 1-15

Este es mi cuerpo. Esta es mi sangre. La Eucaristía significa muchas cosas para todo tipo de cristianos. Algunos católicos se sienten mal si no van a diario a misa. La mayoría no va a misa, pero se siente bien que se celebre en algún lugar del mundo en todo momento. En la imaginación católica es el «sacrificio de Jesús en la cruz», ofrecido eternamente por la salvación del mundo. Entre los evangélicos o las iglesias reformadas, la Eucaristía rara vez o nunca se celebra, y se considera un recuerdo, no un sacrificio. Lutero pensó que la «Misa papista» era una «obra del diablo». Uno puede ver su enojo por la forma en que la iglesia romana había convertido la celebración de la misa en un producto mágico para hacer dinero, pero aun así, tal vez lo estaba exagerando.

No entremos en polémicas sobre este momento asombroso y trascendental en la historia cristiana, repetido en un ritual que revela una unicidad más allá de las palabras. Lo triste es que para muchos el carácter sagrado de la Eucaristía, derivado de la cena pascual que Jesús celebró en su última noche, es un vacío sin sentido, una pérdida de tiempo. Mi experiencia es que la meditación, la práctica contemplativa, vuelve a llenar este vacío con una plenitud de significado, la energía del misterio. Los sacramentos en su conjunto sirven como hitos en el viaje de la vida y se vuelven a encantar cuando comenzamos el viaje interior. No es magia, sino un sentido de conexión directa con la condición humana, comenzando con el cuerpo que somos hoy y consumando en el cuerpo transfigurado. Lo que sucede es el asombro de descubrir todo nuestro ser como un microcosmos de todo el universo. Esto llevó al salmista a cantar una vez sobre lo «formidables y maravillosas que son tus obras».

Los grandes sanadores son como astronautas que exploran el cosmos interior y descubren y nombran sus sistemas infinitamente integrados que se encuentran dentro de redes de conexión cada vez más sutiles. Los primeros filósofos pensaron en el cosmos como música. El cuerpo, el microcosmos, se parece más a esta música que al dispositivo mecánico al que la ciencia médica tiende a reducirlo. La música es el alimento del amor. Esto es mi cuerpo con sus océanos y ríos de sangre. Mi carne es verdadera comida, mi sangre verdadera bebida, dijo Jesús.

Las grandes verdades evocan sus opuestos y las grandes luces provocan sombras oscuras. El lenguaje sagrado del cristianismo es el cuerpo. El Verbo se hizo carne. Jesús no nos dio una teoría. Nos dio su cuerpo. Entonces, ¿cómo lograron los cristianos convertir el cuerpo en algo pecaminoso y sus maravillosos sistemas galácticos, como la belleza y la sexualidad, en algo siniestro? Pero no nos detengamos por mirar atrás.

Tal vez puedan unirse a nosotros en línea en Bonnevaux para la Eucaristía hoy. Si es así, traigan su propio pan y vino. Pero traten de celebrarlo de alguna manera al comienzo del final de la Cuaresma. Todo lo que necesitas es pan y vino. A medida que los ingieras, deja que tu cuerpo se convierta en lo que Él es ahora. Es un alimento increíble para el viaje de descubrimiento en el que estamos cuando meditamos.

Traducción WCCM México.

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P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Miércoles de Semana Santa

Evangelio: ‘El Maestro dice: mi tiempo está cerca. Mt 26:14-25.

En el corazón de todas las tradiciones espirituales se encuentra la experiencia religiosa y mística de su fundador. Es lo que empodera su enseñanza y despierta en sus seguidores un sentido que poco a poco les demuestra que están llamados al mismo conocimiento y unión con Dios. Ningún maestro espiritual auténtico, de hecho, ningún maestro verdadero, quiere reservar su experiencia para él mismo como una manera de dominio sobre los otros. En la última cena Jesús les dijo a sus discípulos ‘les llamo amigos pues he compartido con ustedes todo lo que he aprendido de mi Padre’. Esto los sobresaltó. Preferían pensar que Jesús era su maestro – ‘nunca me lavarás los pies’ dijo Pedro – más que como un amigo. Aunque un amigo sepa más, los amigos deben ser iguales.

En cierta forma, decir que él compartía todo con ellos, no era cierto. Él había tratado de compartirlo, pero les costaba trabajo expandir sus horizontes para recibirlo. Siempre es peligroso ser un discípulo, aprender, pues el nuevo conocimiento nos cambia. El mundo se vuelve más extraño conforme aprendemos más. Tenemos que estarnos adaptando a una nueva visión de la realidad que nos hace vulnerables. Pero lo que dijo era cierto; él sabía que con el tiempo su resistencia se desmoronaría. Ellos, o alguien más, sería capaz de recibir todo lo que él deseaba transmitirles. Pero les quedó un depósito que se activaría después que los dejara y regresara de una manera que trajera el conocimiento con él. Lo único que tenían que hacer era reconocerlo.

La experiencia que quería compartir, por su propia naturaleza, estaba destinada a ser compartida, no poseída. Compartir es transformación para todos, ya sea que den o reciban. Al dar completamente, la distinción entre maestro y discípulo se ve trascendida también. La tradición mística judía lo expresa en el concepto de ‘tikkun olam’. Este se aplica concretamente en situaciones políticas y sociales y todo el sufrimiento humano llama a aplicarlo. Significa ‘reparar el mundo’. Hemos comprendido que compartir ‘todo’ es la gran sanación que corrige el desequilibrio, el pecado del mundo, y lo reorienta hacia Dios.

‘Tikkun Olam’ se refleja en el ideal budista del bodhisattva. Aquellos que se comprometen a ello, dedican todo lo que ganan por su práctica espiritual a aliviar el sufrimiento del mundo, aunque no para ellos. San Pablo entendió esta manera de estar centrado en el otro como formando parte del llamado para conocer a Dios: ‘Me siento jalado en dos direcciones. Quiero mucho dejar esta vida y estar con Cristo, que es una mejor cosa; pero es más necesario para ustedes que yo permanezca en mi cuerpo (Fil 1:23-24). En el sufismo también, el individuo cuyas divisiones se sanan en el camino del amor, se vuelve un agente de unicidad para los otros.

La experiencia del conocimiento que Jesús quería compartir no es algo que añadir a lo que ya sabemos. Es más bien un don sanador de nuestro ser a otro. Cuando la muchedumbre se burló de Jesús en la cruz – ‘¡Salvó a otros, que se salve a sí mismo!’ no entendían pero estaban listos para aprender.

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P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence.

Lunes Santo, 2021.

Evangelio: María ungió los pies de Jesús, secándolos con su pelo. Jn 12:1-11.

Hay ocasiones en las que no soy muy observador. Apenas ayer me di cuenta de algo que he venido haciendo desde hace mucho: caminar por un pequeño sendero que sube la loma, desde la Abadía al granero, aquí en Bonnevaux. El sendero se ha ido formando gradual e imperceptiblemente a través de mucho tiempo, en todo tipo de clima, bajo la presión de muchos pies al pasar en una sola fila varias veces al día.

Para la primera ocasión de una reunión mensual con jóvenes estaba pensando cómo se podría describir lo que entendemos por tradición. Por supuesto podría decir que tra-dición significa ‘llegar a través, atravesar, más donar’, el pasar la tradición de una inspiración espiritual o un patrón de comportamiento. Pero eso se siente un poco lejano y frío pues no describe el sentimiento de descubrimiento de que ya pertenecemos a una tradición: ‘existimos’ en esta transmisión continua y hacemos contacto con la profundidad que sentimos que forma parte de ella. La idea de que simplemente escogemos nuestra tradición de lo que está en oferta es superficial y mucho menos interesante. Es un gran alivio saber que ya, desde antes, pertenecemos.

Ver este pequeño sendero que sube la loma, cortado a través del pasto y que ha sido formado por todos nosotros, mes a mes, inconsciente y fielmente, fue un alivio. Espero que nunca acotemos este pequeño sendero formalizándolo con gravilla, aunque pueda volverse resbaloso cuando llueve y en ocasiones regresamos con terrones pegados a los zapatos que nos ensucian la casa. Así es como pueden evolucionar las tradiciones.

Conforme platicaba con la gente joven que se encontraba en nuestra reunión intercontinental, fui cayendo en la cuenta que una necesidad esencial de nuestra época fragmentada es la de pertenecer, encontrarnos unidos en senderos que heredamos, pero que también ayudamos a mantener y formar. Uno es el sendero común de nuestra práctica espiritual que conlleva un profundo auto desarrollo. Otro es el sendero de involucrarnos y entender las culturas de los otros. Y aun otro más es proteger nuestra casa común y tener un sentido del deber de cuidar de nuestra casa común y desarrollar un cuidado, expresado con compasión, para aquellos que la Biblia llama ‘anawim’, los pobres, oprimidos y marginados. Y también existe otro más que es la pobreza de espíritu que abrazamos en la meditación. Los términos importantes en el pensamiento religioso tienen siempre dos caras: pensemos en ‘jihad’ que puede ser tomado para referirse solamente al conflicto externo, sin embargo, su significado más profundo es interior: el sentido de auto control.

Si un sendero se forma por caminarlo continuamente, los pies que lo caminan van conformando dos lados de manera natural. Una tradición se forma también a través del equilibrio del significado interior y exterior. Entonces el camino angosto y estrecho se transforma en una gran tradición. Se vuelve nuestra cuando reconocemos que pertenecemos a ella a la vez que ayudamos a hacerla.

Entonces lo que encontramos al pasar día con día por el mismo sendero nunca pierde su frescura ni deja de deleitarnos. La cantata de Bach que escucho cada mañana, si tengo tiempo; la historia del evangelio de hoy. El amor de María se derrama silenciosamente mientras unge los pies de Jesús con perfume de mucho precio. El nardo alivia el estrés y la ansiedad. Conforme ella frota los pies de Jesús con el perfume, sus lágrimas caen y las seca con su pelo. Es la descripción física más íntima que nos ha llegado de Jesús a través de la tradición, por el sendero en que él se volvió y que aun caminamos.

‘Y la casa se llenó con la fragancia del perfume’ (Jn 12:3). No solamente la casa, sino el tiempo.

Traducción WCCM México

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