P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P.Laurence. Miércoles de la quinta semana de Cuaresma 2021

Evangelio: “Yo he salido y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino que él me ha enviado”. Jn 8, 31-42.

John Main dijo una vez que el propósito de una educación cristiana es preparar a las personas para la experiencia de la traición.

La traición abarca gran parte del sufrimiento humano. Ser traicionado. Traicionar a otros, intencionadamente o, generalmente, sin querer. Traicionados por nuestras falsas esperanzas y expectativas. Quedarse corto, incluso con las mejores intenciones. Al final, traicionados por nuestro cuerpo. Cristo es un maestro cuya vida, o lo que sabemos de ella, estuvo plagada de experiencias de incomprensión y malentendidos, incluso por los más cercanos a él. ¿Habría Pascua sin Judas?

Y, pobre de Jesús, la historia continúa. No hace mucho tiempo, fui testigo de una conversación en un grupo que acababa de escuchar una charla de John Main sobre la meditación. En un momento dado él había dicho: “¿Qué es real? ¿Qué es la verdad? Dios es real y la realidad de Dios es la verdad revelada en Jesús”. Después de la charla hubo meditación y después de la campana de cierre, una pausa. El primer comentario fue sobre esas palabras. La persona se había sentido cómoda con todo hasta ese momento. Dijo que estaba confundido y que no sabía por qué. No es que no sintiera, intuyera o ni siquiera creyera que Jesús era real – aunque en ese momento retrocedió, desconfiando de sí mismo. No sabía qué significaba eso o qué significaba creer en algo.

Puede que me hubiese equivocado, pero pensé que la razón por la que había retrocedido, resistiendo estas palabras, se debía a la seguridad,  a la claridad con la que John Main había usado el nombre de Jesús. ¿Sonó demasiado como un cristiano hablando de Jesús? Incluso si Jesús no es sospechoso para la gente de hoy, los cristianos sí lo son. La conversación pronto se desvió hacia un territorio abstracto. 

¿Qué es la verdad? ¿Simplemente relativa y subjetiva o, como dijo John Main, ‘absolutamente fiable’? Todo el mundo podría coincidir, más o menos, en que la verdad es lo que ‘yo’ personalmente percibo y siento. Entonces, si bien es aceptable decir que, ‘para mí’, la verdad de Dios se revela en Jesús, es ofensivo omitir el tono subjetivo de la disculpa ‘para mí personalmente’. Esto llevó a una discusión sobre el dolor punzante de las continuas dudas sobre uno mismo. Fue entonces cuando me pareció vislumbrar la gran traición de nuestro tiempo, presente en lo más profundo de la forma en que nos han educado. No educados en cómo lidiar con la traición, pero educados hacia la traición sobre lo que significa la verdad.

La idea de que la verdad es ‘subjetiva’ genera una soledad terrible. La idea de que es ‘objetiva’ conduce a otro tipo de soledad, donde no podemos tolerar otro punto de vista. A medida que se desarrolló después de divorciarse del misticismo, la teología condujo a una gran traición a Jesús, a quien solo podemos ‘conocer’ tanto dentro como entre nosotros. No objetiva nisubjetivamente, sino de forma no-dual. En la tradición mística cristiana, John Main sabía esto. También lo sabía el Maestro Eckhart cuando dijo que la verdad real de Jesús no está en lo que hizo o dijo, sino en quién es.

Toda traición es un trágico error. ¿Cómo llegó el cristianismo a traicionar a su maestro? ¿Y qué pasa cuando al que traicionamos no se marcha, sino que sigue siendo quien es?

Traducción: WCCM España

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Martes de la quinta semana de Cuaresma


Evangelio Lo que el Padre me enseñó es lo que predico. Jn 8, 21-30. 

Antes del gran confinamiento, muchas personas se encontraban estresadas por el trabajo, los viajes, las reuniones y las prisas de la vida moderna. Su energía personal se invertía tan sólo en sobrevivir en las grandes ciudades que hicimos para nuestro placer pero que para muchos se convirtieron en una prisión. Desde el confinamiento y las nuevas olas del virus, para muchas personas el estrés ha llegado de diferentes fuentes: la soledad, las preocupaciones económicas, el cuidado infantil exigente, la falta de contacto físico. El estrés es el resultado de una tensión excesiva, que a veces conduce a un ataque de nervios y colapso. Bajo una presión tan estresante, es comprensible que busquemos relajar la tensión. Algunos lo intentan con la meditación y una vida más saludable; pero otros juegan con el alcohol, las drogas, el exceso de comida o los atracones de otro tipo. 

La relajación es natural y necesaria tanto para la salud física como para el equilibrio mental. El problema comienza cuando las formas de relajarse se vuelven antinaturales y excesivas. Necesitamos estar relajados cuando meditamos, así como también meditar para relajarnos. No hay realización del Ser si nos esforzamos demasiado o si nuestra expectativa de resultados supera la necesidad de hacerlo como un fin en sí mismo. 

Si nos relajamos de forma natural y saludable, y abordamos la meditación de la misma manera que cuidamos nuestros estados físicos y emocionales, encontraremos el grado justo de tensión. La tensión no es el enemigo sino el amigo. La vida sin tensión es invivible: o colapsó o se terminó. Incluso caminar de forma natural por la habitación o escribir en el teclado emplean tensión en un grado adecuado. 

Demasiada tensión o muy poca es un problema con graves consecuencias. Entonces, ¿cómo sabemos si vamos en la dirección adecuada? Porque nosotros y los demás a quienes servimos sabremos que estamos prestando más atención a medida que nos entregamos a las personas y las tareas. El grado perfecto de tensión es pura atención. 

La atención debe ser dirigida y luego sostenida con suavidad y constancia. Independientemente de aquello a lo que estemos prestando nuestra atención (y nuestro yo), entonces se convierte en la mirada del amor o la contemplación. La atención pura al otro es la atención al Otro, a Dios, que es la base del ser en todas las cosas buenas y malas. Al prestar atención a algo bueno, esto puede sentirse como un placer o una energía. En el caso de algo no deseado u hostil, se siente como perdón o compasión. 

Dado que se le está prestando atención a Dios en todo y porque la atención es amor, cuando verdaderamente prestamos atención (aunque sea imperfectamente) sentimos reciprocidad. El grado perfecto de tensión es la atención pura al otro, que está en continuo intercambio con la atención que recibimos de Dios. A medida que nuestra atención se desvía de nosotros mismos y se mueve hacia el otro, el intercambio de yoes es cada vez más profundo, desde la reciprocidad y mutualidad a la unidad. Cuando está fija en nosotros mismos, nos sentimos aislados y no amados. El intercambio de amor recíproco es la creación. Es el nacimiento y la muerte, y la resurrección que trasciende a ambos. Es la quietud y la danza del enamoramiento, a lo que llamamos, por conveniencia, «Dios». 

Traducción: WCCM España

P. Laurence Freeman OSB

Reflxiones del P. Laurence. Lunes de la quinta semana de Cuaresma 2021

Evangelio: Jesús se inclinó y empezó a escribir en el suelo con el dedo. Jn 8, 1-11. 

Jesús, Buda y Sócrates han influido en la familia humana mucho más que cualquier otro maestro individual, sin embargo, ninguno de ellos dejó ningún escrito propio. Caminaron, comieron con la gente, hablaron y conversaron. Su transmisión directa fue oral; fueron  sus privilegiados 

primeros oyentes quienes malinterpretaron, recordaron, repitieron y finalmente anotaron lo que ellos dijeron. 

En una era de continuos mensajes escritos, correos electrónicos, tweets, informes y resúmenes, legislación excesiva (de ‘legere’, leer) y documentos oficiales, es difícil imaginar cómo la palabra hablada podría transformarse tanto en el tiempo y el espacio. Nuestra compulsión de escribir lo efímero, de no confiar en la palabra hablada y de controlar el futuro por medio de lo que escribimos, es agotadora. Al final, erosiona la simple confianza y la intuición y así convoca el espectro de la anarquía. 

Me han dicho que si se dice en un tribunal de justicia que uno confió en su palabra al llegar a un acuerdo con su oponente, perderá el caso porque no tuvo la debida diligencia. Tuviste la culpa por confiar. Cuando regresé a Francia recientemente, venía armado con ocho documentos oficiales firmados, ninguno de los cuales me fue solicitado al pasar por inmigración. No creo que esto se deba a que yo pareciera digno de confianza, sino a que el funcionario no podía ni molestarse. Ya había visto y comprobado suficientes papeles ese día. La falta de confianza lleva al descuido. 

La confianza se da más profundamente a alguien a quien estás 

escuchando más que leyendo sus palabras escritas. Un hablante emplea inconscientemente más formas de comunicar fiabilidad que un escritor, como el tono de voz, el lenguaje corporal y el contacto visual. Se dice que muchos profetas y maestros no han sido en absoluto elocuentes, por lo que incluso ser un «mal orador» no es una barrera para despertar esta confianza. Los oradores profesionales y motivadores, por otro lado, pueden ser tan persuasivos hablando que, instintivamente, no  confías en ellos. 

Claro que la escritura también puede crear un vínculo íntimo de confianza y, con el tiempo, con un número mucho mayor de lectores. Hablar también puede ser engañoso. Pero cuando el corazón es puro, un hablante transmite más, directa y profundamente. Cuando el mensaje no se trata de marketing o políticas, sino de verdades espirituales más profundas, algo 

único tiene lugar. Se desencadena una dimensión de comunión que no termina cuando el hablante termina o se muere. La palabra hablada ha encontrado un lugar en el corazón y la mente de los primeros oyentes. Continúa in-formándolos como crece una semilla, hasta el punto de que cuando hablan sobre lo que escucharon y finalmente lo escriben, algo de la transmisión original se comunica en las palabras escritas. Esta presencia de primera mano es el significado de las expresiones «Palabra de Dios» o «Sagrada Escritura». También se refleja parcialmente en la mejor literatura. 

Tampoco la esencia de la comunicación original «se pierde con la traducción» porque el significado no es literal. Es el fruto que siempre está madurando. No crece a través de una lectura literal sino a través de la interpretación personal y el compartir con otros. De alguna manera rebota en la experiencia del lector-oyente y crea la resonancia de comprensión, la cual es fresca en cada momento. Uno siente algo así como «yo mismo escribí eso» o «¿cómo supo él que eso era lo que sentía?» 

La Palabra no se pronunció originalmente para informar, instruir o especular, sino para iniciar. 

Traducción: WCCM España

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Quinto domingo de Cuaresma 2021

Evangelio ‘Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre’ Jn 12: 20-33.

El tiempo pasa. Un largo viaje en auto mientras recorría el camino de regreso a Bonnevaux ayer, cada ciclo diario desde la mañana hasta la noche, un curso educativo, un matrimonio y la paternidad, un ciclo de vida completo. Al final de cada período de tiempo, nos acercamos a un nuevo precipicio. Cada final es el mismo final, otro saborear la muerte. No hay retorno. Un futuro que sólo se hace presente para la fe. Jesús vio y comprendió su final aproximándose – más completamente de lo que nosotros vemos el nuestro.

En verdad les digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. 

Esta parábola de belleza tan simple, transmite toda la verdad de lo que Jesús veía en su propia aproximación a la muerte. Como contiene todo el significado del ciclo de la Pascua, captura el mensaje y el poder de todo el Evangelio, es la Buena Noticia, el Evangelion. La sola palabra ‘si’ impide que sea solamente una declaración. Es también una advertencia y una invitación. Si nos negamos a morir, no seremos resucitados. Si al morir nos encontramos dispuestos, no cabe duda de que nos despertaremos en un campo de vida que es la nueva cosecha.

El que ama su vida la destruye; y el que desprecia su vida en este mundo, la conserva para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor.

La certeza y la claridad de estas palabras son difíciles de aceptar. Hablan de la dureza de dejarse morir a sí mismo, nuestros apegos, nuestros sueños y esperanzas, todas las proyecciones negativas e imaginarias que nosotros hemos construido. Al Final, todo debe irse y en algún punto vemos que debemos dejarlo ir voluntariamente. Podemos sentir ‘rabia contra la muerte de la luz’ por un tiempo, pero eventualmente, cuando nos cansamos de ello, nos convencemos de que la entrega aceptante, el dejar ir nuestra vida, es Esperanza; no sería esperanza por la razón equivocada. Incluso el amor no sería amor por el objeto equivocado. Enfrentar el Final de todas las cosas es el comienzo del servicio a aquel que enfrentó su final y que al hacerlo, creó un lazo indestructible entre Él y nosotros. Este lazo se vuelve más real a medida que nos enfrentamos a nuestro Final 

voluntariamente. ¿Pero quién sirve a quién? El servidor sigue a su amo. Sin embargo, Jesús nos sigue hasta el Final para que no entremos allí solos. 

Y al que me sirve, el Padre le dará un puesto de honor. Ahora mi alma está turbada. ¿Diré acaso: Padre, líbrame de esta hora? ¡Si precisamente he llegado a esta hora para enfrentarme con todo esto!

El punto sin escapatoria es profundamente turbador, pero también el momento de auto-aceptación, auto-conocimiento y liberación de uno mismo al abrazar nuestro destino. En la impotencia del Final somos ‘honrados’ más allá de lo imaginable. No una recompensa o un premio, sino el ‘honor’ de conocernos verdaderamente – y finalmente siempre – amados.

Traducción: WCCM Uruguay

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P.Laurence. Sábado de la cuarta semana de Cuaresma 2021

Evangelio: La gente estaba dividida a causa de Jesús. Jn 7:40-52.

Una meditadora quería enseñar a meditar a sus nietos. Su hija, que era una atea decidida, aceptó con la condición de que dejara la religión fuera del asunto. La mujer respetó sus deseos pero cuando tuvo que elegir un mantra para darle a los niños, no pudo decidirse, así que les pidió que ellos mismos lo eligieran. El pequeño eligió ‘pastel de carne’ porque era su comida favorita. Tras pensarlo un rato, su hermana eligió la palabra ‘diccionario’ porque ‘contiene todas las palabras’.

Las personas pueden tomar mucho tiempo antes de decidirse por un mantra y a veces nunca lo logran. Buscan incesantemente una palabra con sentido, más ‘poderosa’, sin comprender que la meditación no es lo que pensamos. La tradición dice que te apropias del mantra de manera única al decirlo fielmente, hasta que llega a contener todo significado y todo sentimiento concebibles.

Cuando se le pregunta a la gente ‘¿cuál es el lenguaje sagrado del cristianismo?’, quedan confundidos. Conocemos el lenguaje sagrado de los hinduistas, de los judíos y de los musulmanes. Pero ¿el lenguaje sagrado cristiano? ¿Griego? ¿Arameo? ¿Latín?  Es, debe ser, el cuerpo; porque Dios se tradujo a sí mismo en el cuerpo del hijo de María. Era un cuerpo exactamente como el nuestro

que creció de la infancia a la madurez, sintió cansancio, hambre, conoció el placer y el dolor, lloró y murió. En los Hechos Apócrifos de Juan, se describe a Jesús bailando en un círculo con sus discípulos luego de la Última Cena. Los invita a sumarse porque ‘si no bailan, no sabrán lo que nosotros sabemos’.

Como muchos otros, soy un bailarín renuente. Decimos, ‘no sé bailar’ ‘prefiero mirar’. Nuestra cohibición o nuestro miedo de lucir tontos bloquea la experiencia del cuerpo como el lenguaje encarnado de Dios. No podemos ver que pertenecemos, no mirando desde afuera, sino que somos convocados a unirnos al baile de la vida de la mejor forma que podamos, en nuestro modo único.

Trágicamente, buena parte del cristianismo a lo largo de los siglos ha propugnado exactamente lo contrario, una auto-alienación de nuestros cuerpos que nos impidió entrar al Cuerpo de Cristo. ‘Les tocamos la flauta y ustedes no han bailado’ (Mt 11:17). La culpa, el bochorno o la vergüenza nos impiden ver cuánto pertenecemosal baile de la vida que contiene toda forma concebible de danza – incluyendo la que parece complicar más a la Iglesia- las rutinas de danza de la sexualidad, de las cuales hay muchas. ¿Dónde nos muestra Jesús que le preocupa de alguna manera esta parte de la danza?

Nuestro cuerpo es una enciclopedia que contiene todo tipo de conocimiento. Los sereshumanos somos un microcosmos del universo. El cuerpo humano se extiende tan ancho como el cosmos. Y por lo tanto, no podemos saberlo todo sobre sus

misterios tal como no podemos conocer todas las maravillas y misterios del cosmos.

Pero, si una palabra alcanza para combinar todos los pensamientos y anhelos de nuestros corazones, también un solo cuerpo es suficiente para hacernos conscientes de nuestra unidad con la creación y con su fuente; con la Palabra que lo llamó a la existencia. La meditación hace que estas dos escalas, la inmensa y la diminuta, se encuentren. No puede ser analizada. No puede ser observada mientras sucede. Sabemos que es la danza divina a la que nos convoca el Cristo resucitado, como Jesús una vez invitó a sus amigos a que se le unieran.

Traducción: WCCM Uruguay