P. Laurence Freeman OSB

Reflxiones del P. Laurence. Lunes de la quinta semana de Cuaresma 2021

Evangelio: Jesús se inclinó y empezó a escribir en el suelo con el dedo. Jn 8, 1-11. 

Jesús, Buda y Sócrates han influido en la familia humana mucho más que cualquier otro maestro individual, sin embargo, ninguno de ellos dejó ningún escrito propio. Caminaron, comieron con la gente, hablaron y conversaron. Su transmisión directa fue oral; fueron  sus privilegiados 

primeros oyentes quienes malinterpretaron, recordaron, repitieron y finalmente anotaron lo que ellos dijeron. 

En una era de continuos mensajes escritos, correos electrónicos, tweets, informes y resúmenes, legislación excesiva (de ‘legere’, leer) y documentos oficiales, es difícil imaginar cómo la palabra hablada podría transformarse tanto en el tiempo y el espacio. Nuestra compulsión de escribir lo efímero, de no confiar en la palabra hablada y de controlar el futuro por medio de lo que escribimos, es agotadora. Al final, erosiona la simple confianza y la intuición y así convoca el espectro de la anarquía. 

Me han dicho que si se dice en un tribunal de justicia que uno confió en su palabra al llegar a un acuerdo con su oponente, perderá el caso porque no tuvo la debida diligencia. Tuviste la culpa por confiar. Cuando regresé a Francia recientemente, venía armado con ocho documentos oficiales firmados, ninguno de los cuales me fue solicitado al pasar por inmigración. No creo que esto se deba a que yo pareciera digno de confianza, sino a que el funcionario no podía ni molestarse. Ya había visto y comprobado suficientes papeles ese día. La falta de confianza lleva al descuido. 

La confianza se da más profundamente a alguien a quien estás 

escuchando más que leyendo sus palabras escritas. Un hablante emplea inconscientemente más formas de comunicar fiabilidad que un escritor, como el tono de voz, el lenguaje corporal y el contacto visual. Se dice que muchos profetas y maestros no han sido en absoluto elocuentes, por lo que incluso ser un «mal orador» no es una barrera para despertar esta confianza. Los oradores profesionales y motivadores, por otro lado, pueden ser tan persuasivos hablando que, instintivamente, no  confías en ellos. 

Claro que la escritura también puede crear un vínculo íntimo de confianza y, con el tiempo, con un número mucho mayor de lectores. Hablar también puede ser engañoso. Pero cuando el corazón es puro, un hablante transmite más, directa y profundamente. Cuando el mensaje no se trata de marketing o políticas, sino de verdades espirituales más profundas, algo 

único tiene lugar. Se desencadena una dimensión de comunión que no termina cuando el hablante termina o se muere. La palabra hablada ha encontrado un lugar en el corazón y la mente de los primeros oyentes. Continúa in-formándolos como crece una semilla, hasta el punto de que cuando hablan sobre lo que escucharon y finalmente lo escriben, algo de la transmisión original se comunica en las palabras escritas. Esta presencia de primera mano es el significado de las expresiones «Palabra de Dios» o «Sagrada Escritura». También se refleja parcialmente en la mejor literatura. 

Tampoco la esencia de la comunicación original «se pierde con la traducción» porque el significado no es literal. Es el fruto que siempre está madurando. No crece a través de una lectura literal sino a través de la interpretación personal y el compartir con otros. De alguna manera rebota en la experiencia del lector-oyente y crea la resonancia de comprensión, la cual es fresca en cada momento. Uno siente algo así como «yo mismo escribí eso» o «¿cómo supo él que eso era lo que sentía?» 

La Palabra no se pronunció originalmente para informar, instruir o especular, sino para iniciar. 

Traducción: WCCM España

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Quinto domingo de Cuaresma 2021

Evangelio ‘Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre’ Jn 12: 20-33.

El tiempo pasa. Un largo viaje en auto mientras recorría el camino de regreso a Bonnevaux ayer, cada ciclo diario desde la mañana hasta la noche, un curso educativo, un matrimonio y la paternidad, un ciclo de vida completo. Al final de cada período de tiempo, nos acercamos a un nuevo precipicio. Cada final es el mismo final, otro saborear la muerte. No hay retorno. Un futuro que sólo se hace presente para la fe. Jesús vio y comprendió su final aproximándose – más completamente de lo que nosotros vemos el nuestro.

En verdad les digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. 

Esta parábola de belleza tan simple, transmite toda la verdad de lo que Jesús veía en su propia aproximación a la muerte. Como contiene todo el significado del ciclo de la Pascua, captura el mensaje y el poder de todo el Evangelio, es la Buena Noticia, el Evangelion. La sola palabra ‘si’ impide que sea solamente una declaración. Es también una advertencia y una invitación. Si nos negamos a morir, no seremos resucitados. Si al morir nos encontramos dispuestos, no cabe duda de que nos despertaremos en un campo de vida que es la nueva cosecha.

El que ama su vida la destruye; y el que desprecia su vida en este mundo, la conserva para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor.

La certeza y la claridad de estas palabras son difíciles de aceptar. Hablan de la dureza de dejarse morir a sí mismo, nuestros apegos, nuestros sueños y esperanzas, todas las proyecciones negativas e imaginarias que nosotros hemos construido. Al Final, todo debe irse y en algún punto vemos que debemos dejarlo ir voluntariamente. Podemos sentir ‘rabia contra la muerte de la luz’ por un tiempo, pero eventualmente, cuando nos cansamos de ello, nos convencemos de que la entrega aceptante, el dejar ir nuestra vida, es Esperanza; no sería esperanza por la razón equivocada. Incluso el amor no sería amor por el objeto equivocado. Enfrentar el Final de todas las cosas es el comienzo del servicio a aquel que enfrentó su final y que al hacerlo, creó un lazo indestructible entre Él y nosotros. Este lazo se vuelve más real a medida que nos enfrentamos a nuestro Final 

voluntariamente. ¿Pero quién sirve a quién? El servidor sigue a su amo. Sin embargo, Jesús nos sigue hasta el Final para que no entremos allí solos. 

Y al que me sirve, el Padre le dará un puesto de honor. Ahora mi alma está turbada. ¿Diré acaso: Padre, líbrame de esta hora? ¡Si precisamente he llegado a esta hora para enfrentarme con todo esto!

El punto sin escapatoria es profundamente turbador, pero también el momento de auto-aceptación, auto-conocimiento y liberación de uno mismo al abrazar nuestro destino. En la impotencia del Final somos ‘honrados’ más allá de lo imaginable. No una recompensa o un premio, sino el ‘honor’ de conocernos verdaderamente – y finalmente siempre – amados.

Traducción: WCCM Uruguay

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P.Laurence. Sábado de la cuarta semana de Cuaresma 2021

Evangelio: La gente estaba dividida a causa de Jesús. Jn 7:40-52.

Una meditadora quería enseñar a meditar a sus nietos. Su hija, que era una atea decidida, aceptó con la condición de que dejara la religión fuera del asunto. La mujer respetó sus deseos pero cuando tuvo que elegir un mantra para darle a los niños, no pudo decidirse, así que les pidió que ellos mismos lo eligieran. El pequeño eligió ‘pastel de carne’ porque era su comida favorita. Tras pensarlo un rato, su hermana eligió la palabra ‘diccionario’ porque ‘contiene todas las palabras’.

Las personas pueden tomar mucho tiempo antes de decidirse por un mantra y a veces nunca lo logran. Buscan incesantemente una palabra con sentido, más ‘poderosa’, sin comprender que la meditación no es lo que pensamos. La tradición dice que te apropias del mantra de manera única al decirlo fielmente, hasta que llega a contener todo significado y todo sentimiento concebibles.

Cuando se le pregunta a la gente ‘¿cuál es el lenguaje sagrado del cristianismo?’, quedan confundidos. Conocemos el lenguaje sagrado de los hinduistas, de los judíos y de los musulmanes. Pero ¿el lenguaje sagrado cristiano? ¿Griego? ¿Arameo? ¿Latín?  Es, debe ser, el cuerpo; porque Dios se tradujo a sí mismo en el cuerpo del hijo de María. Era un cuerpo exactamente como el nuestro

que creció de la infancia a la madurez, sintió cansancio, hambre, conoció el placer y el dolor, lloró y murió. En los Hechos Apócrifos de Juan, se describe a Jesús bailando en un círculo con sus discípulos luego de la Última Cena. Los invita a sumarse porque ‘si no bailan, no sabrán lo que nosotros sabemos’.

Como muchos otros, soy un bailarín renuente. Decimos, ‘no sé bailar’ ‘prefiero mirar’. Nuestra cohibición o nuestro miedo de lucir tontos bloquea la experiencia del cuerpo como el lenguaje encarnado de Dios. No podemos ver que pertenecemos, no mirando desde afuera, sino que somos convocados a unirnos al baile de la vida de la mejor forma que podamos, en nuestro modo único.

Trágicamente, buena parte del cristianismo a lo largo de los siglos ha propugnado exactamente lo contrario, una auto-alienación de nuestros cuerpos que nos impidió entrar al Cuerpo de Cristo. ‘Les tocamos la flauta y ustedes no han bailado’ (Mt 11:17). La culpa, el bochorno o la vergüenza nos impiden ver cuánto pertenecemosal baile de la vida que contiene toda forma concebible de danza – incluyendo la que parece complicar más a la Iglesia- las rutinas de danza de la sexualidad, de las cuales hay muchas. ¿Dónde nos muestra Jesús que le preocupa de alguna manera esta parte de la danza?

Nuestro cuerpo es una enciclopedia que contiene todo tipo de conocimiento. Los sereshumanos somos un microcosmos del universo. El cuerpo humano se extiende tan ancho como el cosmos. Y por lo tanto, no podemos saberlo todo sobre sus

misterios tal como no podemos conocer todas las maravillas y misterios del cosmos.

Pero, si una palabra alcanza para combinar todos los pensamientos y anhelos de nuestros corazones, también un solo cuerpo es suficiente para hacernos conscientes de nuestra unidad con la creación y con su fuente; con la Palabra que lo llamó a la existencia. La meditación hace que estas dos escalas, la inmensa y la diminuta, se encuentren. No puede ser analizada. No puede ser observada mientras sucede. Sabemos que es la danza divina a la que nos convoca el Cristo resucitado, como Jesús una vez invitó a sus amigos a que se le unieran.

Traducción: WCCM Uruguay

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Viernes de la cuarta semana de Cuaresma 2021


Evangelio Su esposo, José, pensó despedirla, pero como era un hombre bueno… Mt 1:16,18-21,24.

Einstein decía que uno sólo observa lo que sus teorías le permiten ver. Estamos llenos de puntos ciegos, aun cuando podemos tener un enfoque agudo de una porción de lo que está delante de nosotros. La investigación sobre la percepción muestra que los fenómenos completamente nuevos o inesperados pueden ser totalmente bloqueados, aún de la consciencia de todo un grupo, porque el cerebro no sabe cómo manejarlo. Lo que no sabemos no lo sabemos, y si supiéramos lo que no sabemos, lo sabríamos todo. Así que vivimos con nuestras limitaciones.

Hoy es la fiesta de San José, carpintero, esposo de María, patrono de los trabajadores manuales. Habitualmente está dentro de nuestro punto ciego cuando leemos la primera parte de la historia del Evangelio, luego de lo cual se sale completamente de la escena. Sin embargo, en las pocas palabras que describen su decisión de no humillar a su prometida abandonándola, ha encontrado la inmortalidad mítica, innumerables altares, biografías especulativas y recientemente un lugar nominado en el canon romano de la Misa.

Sería difícil no gustar de San José, aun siendo como lo fue, un personaje secundario. No es una estrella. Es como el trabajador que viene a tu casa a reparar algo que te ha generado graves inconvenientes y que tú mismo no has podido resolver. Su conocimiento y habilidad superiores le dan un toque de lo sobrenatural. Hace su trabajo silenciosamente luego de evaluarlo y decidir lo que se necesita. Te cobra modestamente y desaparece con ligereza, cual ángel que ha entregado su mensaje, recibiendo tus profusos agradecimientos sin mucho aspaviento. Un modelo de buen trabajo que nos gustaría imitar en cualquier tarea, probablemente menos útil, que hagamos.

Un buen trabajador, o una buena trabajadora manual, se merece sus honorarios y el respeto por lo que hace. Nos recuerda que todo lo que tenemos que hacer es lo que estamos destinados a hacer, y que lo hagamos sin codicia o sin un deseo egoísta de aprobación. Un trabajo bien hecho es su propia recompensa y trae beneficios para los demás. José manejó el problema de conseguir un lugar donde quedarse en Belén, los visitantes de la realeza, la apresurada huida al exilio, el regreso a Nazaret y desarrollar un negocio que mantuviera a la familia. 

En una traducción, Casiano llama al meditador  ‘el rezador del Señor’*, refiriéndose al monje simple cuyo trabajo es decir oraciones, rezar sus cuentas. Repetir el mantra, es un trabajo bueno. Como el trabajo manual, involucra a toda la persona, cuerpo y mente. No acaricia el ego. De hecho, todo lo contrario. Es su propia recompensa.

Hubiera sido culturalmente extraño para aquel tiempo que María hubiera sido carpintera y José el amo de casa. Pero hoy los roles de género son más flexibles y permiten tanto a hombres como a mujeres hacer el trabajo para el cual estén mejor equipados. El esposo de una mujer ambiciosamente poderosa y exitosa me dijo que él y sus hijos siempre habían preferido que él fuera el que se ocupara de la casa porque lo hacía mejor que su esposa. Los consortes de mujeres en posiciones de poder que he conocido me han impresionado por su integración personal; seguridad masculina en un rol de soporte estereotípicamente asignado a esposas.

Todo lo que importa es que reconozcamos lo que estamos destinados a hacer y que tengamos el coraje de hacerlo con todo el corazón. Todos tenemos puntos ciegos culturales y vanidades que tenemos que superar. Pero la meditación tiene un modo de retirarlos y de ayudarnos a ver lo que está delante de nuestros ojos.

* N del T: en inglés arcaico ‘bedesman’.

Traducción: WCCM Uruguay

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Jueves de la cuarta semana de Cuaresma

Evangelio ¿Cómo pueden creer ustedes, que aceptan alabanzas que se dan unos a otros y no buscan la gloria que viene del único Dios? Jn 5, 31-47.

Meister Eckhart elogia cosas que la mente humana usualmente rehuye. Vio el desapego como la dinámica esencial de nuestro progreso hacia Dios, nuestro proceso de iluminación. Pero no un desapego superficial, como abandonar los dulces o el gin tonic durante la Cuaresma. Es más como Benito, que dice, ‘la vida del monje es una Cuaresma continua’. En este punto la mayoría dice, ‘bueno, gracias a Dios que no soy monje’ y la mayoría de los monjes dicen ‘bueno, veamos cómo podemos interpretar eso’. Eckhart usa el vocabulario de Cuaresma para todos los días – y para la meditación diaria: desierto, vacío, pobreza, desnudez de la mente.

Estos términos no están referidos a prácticas externas o al ascetismo, sino a cómo aprendemos a no depender de cosas externas para definir nuestro sentido de quién somos y de lo que estamos llamados a ser. Una de esas cosas externas es lo que los demás opinan de nosotros. Jesús se refiere en el Evangelio de hoy a nuestra tendencia a buscar la aprobación humana más que la ‘aprobación de Dios’, que él podría describir como ‘ser auténtico’. Este es un buen indicador del auto-conocimiento a medida que nos acercamos al mayor drama humano en la historia de la Pascua. En el centro de este teatro de la vida está la muerte que sigue al desapego; el ver claramente que no depender de la aprobación de otros puede llevar a un violento rechazo. 

Todo esto sería muy poco atractivo si no fuera porque en realidad trata sobre el florecer humano, sobre la realización y no sobre la degradación y la pérdida. El desierto florece cuando entendemos y aceptamos su simplicidad. El vacío se llena en grados infinitos de completud cuando nos hemos desconectado por completo. La pobreza se vuelve ‘grandiosa pobreza’ como describe Casiano el efecto del mantra. Cuando abandonamos toda auto-imagen y vanidad, la desnudez del alma sobrepasa la vergüenza, la duplicidad y el miedo de ser conocido. El estilo de pensamiento místico de Eckhart es robusto y positivo, especialmente cuando habla de cosas que a primera vista nos hacen querer salir del camino, o al menos reducir la velocidad.  

Creo que las personas que tienen dificultad para meditar todos los días, aunque les gustaría, tienen más chances de mejorar su práctica si comprenden el significado de la meditación de esta manera.  Es simplemente entender cuál es el significado de la vida, con sus alegrías y dolores, pérdidas y descubrimientos, amores y soledades. La vida es una cuestión seria y cuando nos damos cuenta de esto, podemos alegrarnos en ella en toda su dimensión.  

Eckhart decía que el sentido del viaje está en ser ‘des-formados, in-formados, trans-formados’. John Main comprendía esto como la naturaleza absoluta de la meditación aunque reconocía que es necesario alcanzarla en etapas. Lo importante para él es comenzar el viaje y ‘estar en camino’ más que pensar que deberíamos estar haciéndolo mejor o perder la motivación necesaria para volver a empezar. Para él, el mantra combina estas tres etapas del viaje en una sola: repetir un simple acto de fe pura y pobre que nos lleva cada vez más a lo profundo. 

Encontramos estímulo para practicar este total desapego interior en escrituras como esta: ‘Más aún, todo lo considero al presente como peso muerto en comparación con eso tan extraordinario que es conocer a Cristo Jesús, mi Señor. A causa de él ya nada tiene valor para mí y todo lo considero como basura mientras trato de ganar a Cristo. Y quiero encontrarme en él… Quiero conocerlo, quiero probar el poder de su resurrección’ (Fil 3:8-10)

Traducción: WCCM Uruguay