P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Miércoles de Semana Santa

Evangelio: ‘El Maestro dice: mi tiempo está cerca. Mt 26:14-25.

En el corazón de todas las tradiciones espirituales se encuentra la experiencia religiosa y mística de su fundador. Es lo que empodera su enseñanza y despierta en sus seguidores un sentido que poco a poco les demuestra que están llamados al mismo conocimiento y unión con Dios. Ningún maestro espiritual auténtico, de hecho, ningún maestro verdadero, quiere reservar su experiencia para él mismo como una manera de dominio sobre los otros. En la última cena Jesús les dijo a sus discípulos ‘les llamo amigos pues he compartido con ustedes todo lo que he aprendido de mi Padre’. Esto los sobresaltó. Preferían pensar que Jesús era su maestro – ‘nunca me lavarás los pies’ dijo Pedro – más que como un amigo. Aunque un amigo sepa más, los amigos deben ser iguales.

En cierta forma, decir que él compartía todo con ellos, no era cierto. Él había tratado de compartirlo, pero les costaba trabajo expandir sus horizontes para recibirlo. Siempre es peligroso ser un discípulo, aprender, pues el nuevo conocimiento nos cambia. El mundo se vuelve más extraño conforme aprendemos más. Tenemos que estarnos adaptando a una nueva visión de la realidad que nos hace vulnerables. Pero lo que dijo era cierto; él sabía que con el tiempo su resistencia se desmoronaría. Ellos, o alguien más, sería capaz de recibir todo lo que él deseaba transmitirles. Pero les quedó un depósito que se activaría después que los dejara y regresara de una manera que trajera el conocimiento con él. Lo único que tenían que hacer era reconocerlo.

La experiencia que quería compartir, por su propia naturaleza, estaba destinada a ser compartida, no poseída. Compartir es transformación para todos, ya sea que den o reciban. Al dar completamente, la distinción entre maestro y discípulo se ve trascendida también. La tradición mística judía lo expresa en el concepto de ‘tikkun olam’. Este se aplica concretamente en situaciones políticas y sociales y todo el sufrimiento humano llama a aplicarlo. Significa ‘reparar el mundo’. Hemos comprendido que compartir ‘todo’ es la gran sanación que corrige el desequilibrio, el pecado del mundo, y lo reorienta hacia Dios.

‘Tikkun Olam’ se refleja en el ideal budista del bodhisattva. Aquellos que se comprometen a ello, dedican todo lo que ganan por su práctica espiritual a aliviar el sufrimiento del mundo, aunque no para ellos. San Pablo entendió esta manera de estar centrado en el otro como formando parte del llamado para conocer a Dios: ‘Me siento jalado en dos direcciones. Quiero mucho dejar esta vida y estar con Cristo, que es una mejor cosa; pero es más necesario para ustedes que yo permanezca en mi cuerpo (Fil 1:23-24). En el sufismo también, el individuo cuyas divisiones se sanan en el camino del amor, se vuelve un agente de unicidad para los otros.

La experiencia del conocimiento que Jesús quería compartir no es algo que añadir a lo que ya sabemos. Es más bien un don sanador de nuestro ser a otro. Cuando la muchedumbre se burló de Jesús en la cruz – ‘¡Salvó a otros, que se salve a sí mismo!’ no entendían pero estaban listos para aprender.

Traducción WCCM México

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P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence.

Lunes Santo, 2021.

Evangelio: María ungió los pies de Jesús, secándolos con su pelo. Jn 12:1-11.

Hay ocasiones en las que no soy muy observador. Apenas ayer me di cuenta de algo que he venido haciendo desde hace mucho: caminar por un pequeño sendero que sube la loma, desde la Abadía al granero, aquí en Bonnevaux. El sendero se ha ido formando gradual e imperceptiblemente a través de mucho tiempo, en todo tipo de clima, bajo la presión de muchos pies al pasar en una sola fila varias veces al día.

Para la primera ocasión de una reunión mensual con jóvenes estaba pensando cómo se podría describir lo que entendemos por tradición. Por supuesto podría decir que tra-dición significa ‘llegar a través, atravesar, más donar’, el pasar la tradición de una inspiración espiritual o un patrón de comportamiento. Pero eso se siente un poco lejano y frío pues no describe el sentimiento de descubrimiento de que ya pertenecemos a una tradición: ‘existimos’ en esta transmisión continua y hacemos contacto con la profundidad que sentimos que forma parte de ella. La idea de que simplemente escogemos nuestra tradición de lo que está en oferta es superficial y mucho menos interesante. Es un gran alivio saber que ya, desde antes, pertenecemos.

Ver este pequeño sendero que sube la loma, cortado a través del pasto y que ha sido formado por todos nosotros, mes a mes, inconsciente y fielmente, fue un alivio. Espero que nunca acotemos este pequeño sendero formalizándolo con gravilla, aunque pueda volverse resbaloso cuando llueve y en ocasiones regresamos con terrones pegados a los zapatos que nos ensucian la casa. Así es como pueden evolucionar las tradiciones.

Conforme platicaba con la gente joven que se encontraba en nuestra reunión intercontinental, fui cayendo en la cuenta que una necesidad esencial de nuestra época fragmentada es la de pertenecer, encontrarnos unidos en senderos que heredamos, pero que también ayudamos a mantener y formar. Uno es el sendero común de nuestra práctica espiritual que conlleva un profundo auto desarrollo. Otro es el sendero de involucrarnos y entender las culturas de los otros. Y aun otro más es proteger nuestra casa común y tener un sentido del deber de cuidar de nuestra casa común y desarrollar un cuidado, expresado con compasión, para aquellos que la Biblia llama ‘anawim’, los pobres, oprimidos y marginados. Y también existe otro más que es la pobreza de espíritu que abrazamos en la meditación. Los términos importantes en el pensamiento religioso tienen siempre dos caras: pensemos en ‘jihad’ que puede ser tomado para referirse solamente al conflicto externo, sin embargo, su significado más profundo es interior: el sentido de auto control.

Si un sendero se forma por caminarlo continuamente, los pies que lo caminan van conformando dos lados de manera natural. Una tradición se forma también a través del equilibrio del significado interior y exterior. Entonces el camino angosto y estrecho se transforma en una gran tradición. Se vuelve nuestra cuando reconocemos que pertenecemos a ella a la vez que ayudamos a hacerla.

Entonces lo que encontramos al pasar día con día por el mismo sendero nunca pierde su frescura ni deja de deleitarnos. La cantata de Bach que escucho cada mañana, si tengo tiempo; la historia del evangelio de hoy. El amor de María se derrama silenciosamente mientras unge los pies de Jesús con perfume de mucho precio. El nardo alivia el estrés y la ansiedad. Conforme ella frota los pies de Jesús con el perfume, sus lágrimas caen y las seca con su pelo. Es la descripción física más íntima que nos ha llegado de Jesús a través de la tradición, por el sendero en que él se volvió y que aun caminamos.

‘Y la casa se llenó con la fragancia del perfume’ (Jn 12:3). No solamente la casa, sino el tiempo.

Traducción WCCM México

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P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Sábado de la quinta semana de Cuaresma 2021


Evangelio: “…para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos”. Jn 11, 45-56.

Nos encantan los héroes y constantemente estamos inventándonos más nuevos. En la pantalla, en la política o en nuestra vida personal idealizamos a las desafortunadas víctimas de nuestros heroicos anhelos. No nos creemos que nosotros seamos héroes: nos conocemos demasiado bien, pero para darle sentido a la vida debemos tratar de ver el mito heroico que se representa en la experiencia de cada uno. Es posible que la Cuaresma no nos haya hecho sentir como superhéroes espirituales, esperemos, pero para comprender la historia de la Pascua en la que volveremos a entrar en breve, debemos entender este arquetipo. El Jesús crucificado parece una elección extraña como héroe, a no ser como una especie de antihéroe, famoso por su fracaso. Pero ciertamente no es un Superman. 

Mi héroe favorito es Gilgamesh (2000 a. C.), rey de Uruk en Mesopotamia. Lo encontramos en la obra más antigua de la literatura. Como nosotros, él es dos tercios  dios y un tercio ser humano. Debido a que es un gobernante opresivo, los dioses envían a un salvaje, Enkidu, para corregirlo. Luchan. Gilgamesh gana, pero traban una amistad perfecta. Se embarcan en misiones heroicas y, al hacerlo, enfurecen a los dioses, que le quitan la vida a Enkidu. Gilgamesh emprende un viaje solitario y peligroso para encontrar el secreto de la vida eterna. Fracasa, pero se le enseña la sabiduría de la mortalidad: “La vida, la cual estás buscando, nunca la encontrarás. Porque cuando los dioses crearon al hombre, dejaron que la muerte fuera su lote y retuvieron la vida en sus propias manos”. Regresa a casa, más sabio, más humilde y mejor gobernante.

Tres elementos esenciales del significado de lo heroico se reflejan en esta historia de Gilgamesh: separación, iniciación y regreso. Nuestros héroes de Superman nos distraen del significado de lo heroico que ennoblece incluso la vida más ordinaria. Expresan una enorme inflación del ego, fantasía de poder y dominación. No son maestros ni reveladores de nuestra verdad, sino fantasías disfrazadas que exigen adoración. Como los viejos dioses, que continuamente están adoptando nuevas formas en las culturas humanas, nos dominan y explotan, pero son co-dependientes de las ofrendas que traemos. Sin nuestra adoración y sacrificios, se desvanecen como viejas estrellas de cine.

Gilgamesh nos ayuda a comprender la historia de la Pascua si vemos que Jesús no es un superhéroe ni un dios, sino que muestra lo que significa la vida humana de forma más completa que cualquier mito u obra de ficción. Sin embargo, como todo ser humano que descubre quién es, de dónde viene y hacia dónde va, se separa progresivamente. Al final, se distancia de todo. Con cada grado de separación que soportamos también pasamos por una iniciación. La muerte es la iniciación definitiva. Nos recuperamos – regresamos – después de cada ciclo. El retorno final que trasciende el proceso cíclico es la Resurrección.

Jesús no requiere la adoración de un héroe porque él ilumina nuestra autocomprensión heroicamente.

Traducción: WCCM España

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P.Laurence. Miércoles de la quinta semana de Cuaresma 2021

Evangelio: “Yo he salido y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino que él me ha enviado”. Jn 8, 31-42.

John Main dijo una vez que el propósito de una educación cristiana es preparar a las personas para la experiencia de la traición.

La traición abarca gran parte del sufrimiento humano. Ser traicionado. Traicionar a otros, intencionadamente o, generalmente, sin querer. Traicionados por nuestras falsas esperanzas y expectativas. Quedarse corto, incluso con las mejores intenciones. Al final, traicionados por nuestro cuerpo. Cristo es un maestro cuya vida, o lo que sabemos de ella, estuvo plagada de experiencias de incomprensión y malentendidos, incluso por los más cercanos a él. ¿Habría Pascua sin Judas?

Y, pobre de Jesús, la historia continúa. No hace mucho tiempo, fui testigo de una conversación en un grupo que acababa de escuchar una charla de John Main sobre la meditación. En un momento dado él había dicho: “¿Qué es real? ¿Qué es la verdad? Dios es real y la realidad de Dios es la verdad revelada en Jesús”. Después de la charla hubo meditación y después de la campana de cierre, una pausa. El primer comentario fue sobre esas palabras. La persona se había sentido cómoda con todo hasta ese momento. Dijo que estaba confundido y que no sabía por qué. No es que no sintiera, intuyera o ni siquiera creyera que Jesús era real – aunque en ese momento retrocedió, desconfiando de sí mismo. No sabía qué significaba eso o qué significaba creer en algo.

Puede que me hubiese equivocado, pero pensé que la razón por la que había retrocedido, resistiendo estas palabras, se debía a la seguridad,  a la claridad con la que John Main había usado el nombre de Jesús. ¿Sonó demasiado como un cristiano hablando de Jesús? Incluso si Jesús no es sospechoso para la gente de hoy, los cristianos sí lo son. La conversación pronto se desvió hacia un territorio abstracto. 

¿Qué es la verdad? ¿Simplemente relativa y subjetiva o, como dijo John Main, ‘absolutamente fiable’? Todo el mundo podría coincidir, más o menos, en que la verdad es lo que ‘yo’ personalmente percibo y siento. Entonces, si bien es aceptable decir que, ‘para mí’, la verdad de Dios se revela en Jesús, es ofensivo omitir el tono subjetivo de la disculpa ‘para mí personalmente’. Esto llevó a una discusión sobre el dolor punzante de las continuas dudas sobre uno mismo. Fue entonces cuando me pareció vislumbrar la gran traición de nuestro tiempo, presente en lo más profundo de la forma en que nos han educado. No educados en cómo lidiar con la traición, pero educados hacia la traición sobre lo que significa la verdad.

La idea de que la verdad es ‘subjetiva’ genera una soledad terrible. La idea de que es ‘objetiva’ conduce a otro tipo de soledad, donde no podemos tolerar otro punto de vista. A medida que se desarrolló después de divorciarse del misticismo, la teología condujo a una gran traición a Jesús, a quien solo podemos ‘conocer’ tanto dentro como entre nosotros. No objetiva nisubjetivamente, sino de forma no-dual. En la tradición mística cristiana, John Main sabía esto. También lo sabía el Maestro Eckhart cuando dijo que la verdad real de Jesús no está en lo que hizo o dijo, sino en quién es.

Toda traición es un trágico error. ¿Cómo llegó el cristianismo a traicionar a su maestro? ¿Y qué pasa cuando al que traicionamos no se marcha, sino que sigue siendo quien es?

Traducción: WCCM España

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Martes de la quinta semana de Cuaresma


Evangelio Lo que el Padre me enseñó es lo que predico. Jn 8, 21-30. 

Antes del gran confinamiento, muchas personas se encontraban estresadas por el trabajo, los viajes, las reuniones y las prisas de la vida moderna. Su energía personal se invertía tan sólo en sobrevivir en las grandes ciudades que hicimos para nuestro placer pero que para muchos se convirtieron en una prisión. Desde el confinamiento y las nuevas olas del virus, para muchas personas el estrés ha llegado de diferentes fuentes: la soledad, las preocupaciones económicas, el cuidado infantil exigente, la falta de contacto físico. El estrés es el resultado de una tensión excesiva, que a veces conduce a un ataque de nervios y colapso. Bajo una presión tan estresante, es comprensible que busquemos relajar la tensión. Algunos lo intentan con la meditación y una vida más saludable; pero otros juegan con el alcohol, las drogas, el exceso de comida o los atracones de otro tipo. 

La relajación es natural y necesaria tanto para la salud física como para el equilibrio mental. El problema comienza cuando las formas de relajarse se vuelven antinaturales y excesivas. Necesitamos estar relajados cuando meditamos, así como también meditar para relajarnos. No hay realización del Ser si nos esforzamos demasiado o si nuestra expectativa de resultados supera la necesidad de hacerlo como un fin en sí mismo. 

Si nos relajamos de forma natural y saludable, y abordamos la meditación de la misma manera que cuidamos nuestros estados físicos y emocionales, encontraremos el grado justo de tensión. La tensión no es el enemigo sino el amigo. La vida sin tensión es invivible: o colapsó o se terminó. Incluso caminar de forma natural por la habitación o escribir en el teclado emplean tensión en un grado adecuado. 

Demasiada tensión o muy poca es un problema con graves consecuencias. Entonces, ¿cómo sabemos si vamos en la dirección adecuada? Porque nosotros y los demás a quienes servimos sabremos que estamos prestando más atención a medida que nos entregamos a las personas y las tareas. El grado perfecto de tensión es pura atención. 

La atención debe ser dirigida y luego sostenida con suavidad y constancia. Independientemente de aquello a lo que estemos prestando nuestra atención (y nuestro yo), entonces se convierte en la mirada del amor o la contemplación. La atención pura al otro es la atención al Otro, a Dios, que es la base del ser en todas las cosas buenas y malas. Al prestar atención a algo bueno, esto puede sentirse como un placer o una energía. En el caso de algo no deseado u hostil, se siente como perdón o compasión. 

Dado que se le está prestando atención a Dios en todo y porque la atención es amor, cuando verdaderamente prestamos atención (aunque sea imperfectamente) sentimos reciprocidad. El grado perfecto de tensión es la atención pura al otro, que está en continuo intercambio con la atención que recibimos de Dios. A medida que nuestra atención se desvía de nosotros mismos y se mueve hacia el otro, el intercambio de yoes es cada vez más profundo, desde la reciprocidad y mutualidad a la unidad. Cuando está fija en nosotros mismos, nos sentimos aislados y no amados. El intercambio de amor recíproco es la creación. Es el nacimiento y la muerte, y la resurrección que trasciende a ambos. Es la quietud y la danza del enamoramiento, a lo que llamamos, por conveniencia, «Dios». 

Traducción: WCCM España