P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence

Domingo de Pascua, 2021.

Evangelio: Todavía estaba oscuro cuando ella vino al sepulcro. Jn 20, 1-9.

Era muy temprano el primer día de la semana y aún oscuro, cuando María de Magdala vino al sepulcro. El verdadero significado de la Magdalena entre los discípulos se ha reevaluado en los últimos años. Entendemos cómo su cercanía a Jesús podría haberse convertido en un problema para los miembros de ese club de niños. Una forma de disminuir su papel era identificarla con la prostituta reformada de la que Jesús echa fuera demonios aunque no hay fundamento para ello. Pero incluso en el relato del evangelio de hoy, ella tiene una eminencia a pesar de que no es cardenal. Ella es la primera en llegar a la tumba vacía y luego se convierte en la apóstol de los Apóstoles.

Si la Resurrección va a voltear al mundo de adentro hacia afuera y exponer su falso sistema de valores, es apropiado que un miembro de un grupo desfavorecido, como las mujeres, sea el primero, como lo fue María, en decir ‘He visto al Señor’. Todavía está oscuro cuando María llega a la tumba. Viene tan pronto como se le permite.

¿Siguen durmiendo los otros discípulos? El reconocimiento y la comprensión de la Resurrección comienza aquí, pero aún está lejos de completarse. También nos lleva tiempo verlo. Todavía estamos en la oscuridad cuando la luz comienza a surgir. Vio que la piedra había sido quitada de la tumba. Las piedras pesadas que bloquean la entrada de la tumba simbolizan la separación de los muertos y los vivos y también los mantienen a salvo unos de otros. También en nosotros hay bloqueos y represiones que no tenemos la fuerza para mover por nosotros mismos.

Y llegó corriendo a Simón Pedro y al otro discípulo, el amado de Jesús. “Han sacado al Señor de la tumba”, dijo, “y no sabemos dónde lo han puesto.” Corremos cuando estamos llenos de energía por una urgencia o esperanza que no podemos sentir hasta que algo lo desencadena, un tren que sale o la llegada de un amigo. Ella les dice lo que sabía en ese momento y nada más. Algo vasto puede estar a punto de aparecer, pero no debería, y aún no puede, expresarse con palabras hasta que la evidencia externa sea validada por la experiencia interna. Este conocimiento nacido de una nueva dimensión de nosotros mismos tiene un largo camino por recorrer antes de nacer.

Entonces Pedro se puso en camino con el otro discípulo para ir al sepulcro. Corrieron juntos, pero el otro discípulo, que corría más rápido que Pedro, llegó primero a la tumba; Pedro, el líder de los doce y Juan, el discípulo personalmente más cercano a Jesús a nivel humano. No sabemos cómo cumplieron estos roles, pero hace que la historia sea más convincente de que deberían existir en la comunidad. Los roles van juntos, aquí los dos corren juntos. Juan corre más rápido, ¿porque es más joven o porque está más energizado por un amor más fuerte? se inclinó y vio los lienzos tirados en el suelo, pero no entró. Simón Pedro, que lo seguía, se acercó, entró directamente en el sepulcro, vio los lienzos en el suelo y también el paño que había estado cubriendo su cabeza; esto no fue aventado aparte con los lienzos, sino enrollado en un lugar solo. Al mencionar los paños se refiere a afirmaciones posteriores de que se habían llevado el cuerpo. El hecho de que Juan permitiera que Pedro entrara primero quizás muestra su respeto por su posición. Incluso en los momentos más trascendentales de la vida, actúan impresiones momentáneas y preocupaciones menores. Entonces entró también el otro discípulo que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Hasta ese momento no habían entendido la enseñanza de la Escritura, que debía resucitar de entre los muertos. Juan creyó primero, pero todavía no entendía completamente lo que creía. Como nosotros. La luz del nuevo amanecer se hace más fuerte. Los dos hombres se van. María se queda en el sepulcro llorando y se convierte en la primera en encontrarse, ver y sobre todo en reconocer a Jesús resucitado. Ella se quedó en su dolor, en la oscuridad, pero trae la luz a los demás. Digámoslo juntos: “¡El Señor ha resucitado. Él ha resucitado. Aleluya”!

Gracias por la compañía en estas reflexiones por el desierto de Cuaresma.

Gracias por sus muchos comentarios que me ayudaron a mantenerme en mi tarea diaria.

Y gracias muy especialmente a los equipos de traductores por su paciencia con mis entregas a veces de último minuto y el fiel don de sus habilidades y por ayudar a profundizar la comunidad de peregrinos que hemos formado durante las últimas seis semanas.

¡Felices Pascuas!

Laurence

Traducción Enrique Lavín WCCM México

Para ver los mensajes anteriores del P. Laurence, ir a http://www.meditacioncristiana.net/mensajes

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