Noticias de la Comunidad

Formación gratuita para jóvenes.

Queridas amigas y amigos,Dentro del programa de formación para este año, la Comunidad ofrece un curso online gratuito de introducción a la meditación para jóvenes de 18 a 35 años. Para llegar a saber quiénes somos realmente, tenemos que entrar en contacto con nuestro centro y el Espíritu divino que lo habita. Poco a poco nos vamos dando cuenta de que gran parte de los problemas que padecemos personalmente y como sociedad son de una naturaleza espiritual. Las soluciones no están en las redes sociales sino en la adecuada alineación de nuestro ser interior.El curso consta de ocho sesiones repartidas entre Febrero y Octubre y está liderado por otros jóvenes que ya están recorriendo este camino. Durante el curso, abordaremos temas como la vulnerabilidad, el propósito de la vida, el medio ambiente, y el equilibrio entre acción y contemplación. Pinchando aquí se accede a la información detallada del programa. El curso está en Ingles. Como es poco probable que estos jóvenes estén suscritos a nuestros envíos, por favor, pensar en familiares y amigos jóvenes que pudieran beneficiarse de este programa para animarles a que, por lo menos, se interesen y le echen un vistazo. Es valioso para ellos, para sus familias, y para la sociedad.

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence: tercer domingo de Adviento 2022

Tercer Domingo de Adviento 11 de Diciembre de 2022  

Hoy es el gran momento de Juan el Bautista bajo los focos. Jesús, a quien reconoció y bautizó como su sucesor, ahora le reconoce públicamente. Él da testimonio de su importancia única como puente entre el antiguo y el nuevo régimen, la Ley y el Reino. En ellos, no vemos ni rastro de la competitividad, tan evidente y vergonzosa que hay entre los líderes del mundo de la política, la educación, el espectáculo o los negocios. Quizás esto se deba a que sabe que ambos estarían destinados a un fracaso catastrófico, y rara vez competimos con alguien para ser el mayor fracaso.

La sabiduría de ambos se forjó en la experiencia del desierto. Tras ellos vendría un ejército de discípulos que también serían habitantes del desierto y que describieron la ciencia de la práctica del desierto fundamentada en el arte de la oración del corazón. Como saben todos los habitantes del desierto, incluidos todos los meditadores, esta tarea se realiza simultáneamente en el cuerpo, a través de los muchos niveles de la mente, y con el poder del espíritu.

La primera etapa de esta adquisición de sabiduría es la más breve: el entusiasmo. Te pone en marcha con el primer fervor de conversión o apego romántico («¡He encontrado todo lo que siempre había estado buscando!»). Pero luego exige que nos comprometamos o sigamos adelante de nuevo.

Si optamos por el compromiso, que supone una reducción de opciones que precede a la dilación del corazón, entonces aparece la acedia. La nuestra es la Era de la Acedia, por lo que es difícil de reconocer y se confunde fácilmente con (o tal vez sea una forma de) depresión. Significa literalmente falta de cuidado, de preocupación y de precisión. Nos vuelve descuidados con nuestro trabajo e incapaces de disfrutar de las cosas que normalmente nos proporcionaban placer. Sus síntomas son dormir demasiado, comer en exceso, tener pensamientos suicidas o sentimientos de culpa por perder el tiempo, o ver ‘realities’ en la tele. Su dinámica tóxica es la resistencia a la invitación al amor.

Después de atravesar la acedia, pasamos a la apatheia, que es lo opuesto a la apatía. Significa la salud del alma completamente energizada y una ecuanimidad poderosa. Da rienda suelta a la creatividad y a la compasión como recursos naturales que fluyen libremente. En los días buenos, nos otorga la espontaneidad para celebrar y alabar. En los días malos, nos da la estabilidad para mantenernos a flote y surcar las olas.

Los maestros del desierto decían que ágape es hijo de apatheia. Es el amor de Dios por nosotros y crea nuestro amor recíproco por Dios, ilimitado e incondicional, de una manera aterradora, a la vez que seductora.

Cuando este ciclo de la experiencia del desierto se repite suficientemente en los elegidos, produce los profetas que hemos estado esperando y, finalmente, el que todos hemos estado esperando desde el principio.

Padre Laurence
Traducido por WCCM España

P. Laurence Freeman OSB

Reflexones del P. Laurence: segundo domingo de Adviento 2022.

Uno de mis santos favoritos es el ‘santo padre Máximo, portador de Dios, el quemador de cabañas’. No era, como se podría pensar, un pirómano místico, ya que solo quemaba sus propias chozas, que también construía, cada vez que se mudaba a otro lugar. Como muchos contemplativos que desean estabilidad en la quietud de Dios, se movió bastante. Sin embargo, sospecho que le gustaba el fuego, ya que a menudo le viene a la mente como una metáfora que describe su profunda y gozosa oración del corazón. Él compara la mente humana cuando se siente independiente de Dios con un pedazo de cera dura, que piensa que «todo está sólidamente en su poder». Cuando la cera se encuentra con el fuego, se derrite y se desprende de su ilusión de control. Así también lo humano, abrumado por el “fuego de la divinidad”, se ablanda y se vuelve fluido cuando es inflamado por el Espíritu Santo.

Juan el Bautista del evangelio de hoy era un personaje ardiente. Cuando hipócritas e impostores salían al desierto a verlo, él les decía lo que pensaba de ellos. Destacaba así otro aspecto del fuego que quema cualquier árbol que no produce buenos frutos. Es difícil aceptar que partes de nosotros necesitan morir. Sin embargo, una vez que el fuego ha hecho su obra destructiva y aún arde, lo percibimos de otra manera, bautizándonos “con Espíritu Santo y fuego”. El Bautista predicó un bautismo de arrepentimiento con agua. Cristo utiliza herramientas más enérgicas. Una vez iniciados, necesitamos perseverar en la renovación moral y tener coraje para la acción ética. Pero, después de que las cabañas que construimos hayan sido quemadas, podremos fundirnos en el fuego del amor.

Esta semana he participado en una conversación sobre si deberíamos subirnos al carro del enojo que ofrece la efímera seguridad de la corrección política, o aferrarnos a lo que nos parece la respuesta más justa. Estos momentos de conciencia podrían ser más fáciles para un Juan Bautista, que era tan independiente de la aprobación de los demás como puedas imaginar, o para un padre Máximo, que solo tenía que quemar su choza y seguir adelante. La elección es siempre entre pertenecer a una comunidad o a una multitud. La solidaridad que sentimos cuando seguimos nuestra conciencia, superando así el miedo al rechazo, es más profunda y nos sustenta más que la falsa unidad que sentimos en la energía de una multitud.

Tanto Juan el Bautista como el Padre Máximo volvieron su vista a Jesús y a su vulnerable comunidad en lugar de a la multitud. Vieron el fuego del amor que arde en el corazón en lugar del fuego del odio que puede hacer estragos en nuestras entrañas. La “oración continua” que buscaban los cristianos del desierto es el fuego del corazón de la Zarza Ardiente. Enseñaron “la oración con atención, es decir, sin ningún pensamiento”, a través de la recitación fiel de una sola palabra o frase sagrada. Este camino -que debe ser apoyado por una reducción de la distracción y el compromiso con el silencio- conduce por etapas a ser uno con Dios.

Insistieron en que este camino no era solo para los monjes del desierto. Es para cualquiera que trabaje en el mundo y quiera dedicarse a ello, reduciendo el grado de distracción y aprendiendo a amar el silencio en la medida de sus posibilidades. Se cuenta la historia de un alto funcionario imperial, llamado Constantino el Maravilloso, que fue un brillante ejemplo de presencia contemplativa. A veces, sin embargo, olvidaba lo que el Emperador le había dicho que hiciera y otros en la corte lo criticaban por ello. El Emperador le defendió diciendo que era cierto, que a veces la oración de Constantino “no le permite atender nuestras palabras sobre asuntos vanos y temporales” porque “toda su atención está puesta en Dios”. Mantuvo su trabajo. Tal vez el quemador de cabañas y el a veces olvidadizo funcionario puedan ser nuestros maestros para la segunda semana de Adviento.

Padre Laurence

Traducido por WCCM España

P. Laurence Freeman OSB

Mensaje del P. Laurence

Nuestra comunidad está de duelo junto al pueblo de Reino Unido y de la Commonwealth -indudablemente en todo el mundo- ante el fallecimiento de una mujer tal que ha sido una inspiración global.

Su sentido del deber ante el rol heredado tuvo un sentido profundamente religioso. Hizo que muchos sintiéramos que fue un verdadero sacrificio silencioso del yo, arraigado en su concepción cristiana del servicio. Su resiliencia y alegría fueron cualidades alimentadas por su vida espiritual.

A pesar de su seriedad respecto de esto, al encontrarse con personas de todos los niveles de la sociedad, ella comunicaba una franqueza humana, cálidamente inclusiva y un gran sentido del humor. Aún siendo un símbolo de jerarquía, representaba la unidad.

Más allá de la política, tal como le correspondía, y fuertemente reservada al expresar sus visiones personales, también logró transmitir sus valores y creencias fundamentales de la manera más auténtica y silenciosa.  

En una era en que el liderazgo es limitado y frecuentemente disfuncional, ella representa sus mejores cualidades: fidelidad, interioridad y equilibrio. De este modo, ella permitió que su fe personal y su espíritu de oración brillaran a través de sus palabras y su estilo al desempeñar sus deberes. Por ello, su posición y lo que representaba no se sentían como una imposición sobre los demás.

No sorprende que personas de todo el mundo, independientemente de su relación con la institución, lloren su desaparición del escenario internacional y vayan a extrañar su manera de personificar el servicio con esa gracia tan natural.

Isabel II ascendió al trono cuando yo tenía un año de edad. (Nació en el mismo año que John Main). La muerte de la Reina es el fin de una era histórica. Su presencia simbólica se había tornado global, y así su pérdida es sentida muy ampliamente.

Este no es un tiempo de nostalgia solamente. Una respuesta contemplativa sería tomar la ocasión para reflexionar sobre la preocupante dirección que colectivamente estamos tomando hoy en dirección al futuro. Esta pausa en nuestro trajín cotidiano debe inspirarse en su ejemplo personal de servicio altruista que vivió durante sus setenta años de reinado.

Que descanse en paz. Y que su sucesor, el Rey Carlos III sea fortalecido por su inspiración y ocupe este rol único en consonancia con sus propios mejores valores espirituales y globales.

Laurence Freeman
8 de setiembre, 2022