P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma 2020: sábado de la tercer semana de Cuaresma

tercera semana

Hacer un análisis de nuestras prioridades nunca es una pérdida de tiempo. ¿Pero por dónde empezamos? Desde abajo, el suelo sobre el que se construye la casa de la vida, y desde el corazón del que proviene todo crecimiento: las relaciones.

Las relaciones son el terreno sagrado de la vida humana. Tenemos que quitarnos los zapatos cuando nos fijamos en ellas: ser sencillos, humildes y sinceros. ¿Estamos desarrollando las relaciones felices y duraderas, las amistades e intimidades con las que podemos ser bendecidos? ¿O las damos por sentado y perdemos contacto con su vida interior? Y para ser realistas, si no tenemos las relaciones que queremos y necesitamos, o si tenemos relaciones dañadas, algunas en crisis o con soporte de vida, deberíamos ver que éstas también son sagradas. Sólo porque estén sufriendo no significa que no sean sagradas. Necesitan atención. ¿Nos hemos retirado, estamos huyendo, estamos culpando en lugar de perdonar? Al igual que las plantas, las relaciones requieren tiempo, pasan a través de las estaciones para morir y, de alguna manera u otra, para ser restauradas.

No hay relación en la vida que no esté enraizada en la realidad absoluta. Llamamos a esto Dios. No es matemático, ni filosófico, sino personal. Ser la persona que somos y relacionarnos con los demás, depende de la comprensión de la naturaleza personal de la realidad. Sin una relación viva con el Dios vivo (con o sin nombre) sólo tendremos sueños, recuerdos y reflexiones.

Por lo que cualquier inventario de vida apropiado implica una evaluación de nuestra vida espiritual. Aquí, las relaciones con los demás, en Dios, que es la base común, convergen con nuestro autoconocimiento y autoaceptación. Qué conveniente para el ego si pudiéramos compartimentarlas sin la dolorosa conciencia de que estamos siendo falsos con todos ellos.

La vida espiritual se nutre de momentos de práctica, de pensar o estudiar como mejor podamos, de trabajo desinteresado, y de compartir el viaje con otros intercambiando apoyo y enseñanzas. Recibimos dando y a veces damos recibiendo. Para el meditador, la práctica de sentarse en silencio es la clave, la prueba de fuego, que nos muestra dónde estamos realmente: viendo la vida como un viaje espiritual o viendo la «espiritualidad» meramente como un elemento en la mezcla en nuestros términos, algo para encontrar tiempo y que es lo primero que abandonamos cuando estamos demasiado ocupados.

 Así que un balance de la vida resalta los valores reales que conforman el significado de la vida: esto es lo más importante. ¿Estamos celebrando lo que deberíamos celebrar, afligiéndonos por lo que hay que llorar, compartiendo todo lo que podemos? Si es así, nos conmoverá la paz que pasa por todo entendimiento, el poder que nos lleva a través de las muchas muertes de la vida y la esperanza divinamente tonta que disipa el miedo y la autonegación. Esto es más que suficiente para superar la crisis de Corona Virus.

Estamos preparando un programa que puede resultarte útil. Visita nuestro sitio web internacional (www.wccm.org) y el sitio web nacional. Allí , por ejemplo, todos los medios audiovisuales se recopilan en un solo lugar: http://www.wccm.org/media-page/.

Laurence Freeman O.S.B.
Traducción: Eduardo De la Fuente, WCCM Argentina

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma: viernes de la tercera semana de Cuaresma.

tercera semana

Hoy, después de unos días de enseñanza fuera, he vuelto a casa en Bonnevaux donde me quedaré en un futuro próximo. Mientras estaba fuera, tomamos el difícil pero necesario paso de suspender el programa de retiros de Bonnevaux hasta que veamos cómo se desarrolla la crisis sanitaria mundial. Las calles y las estaciones de tren están desiertas. La gente está diferente. La primera persona de seguridad en el scanner de rayos X del aeropuerto casi vacío bromeó diciendo que hoy me daría una bienvenida personal. La segunda persona después de dicho scanner parecía encantada de tener a alguien que investigar y se tomó su tiempo libre para vaciar toda mi mochila y sostener el ofensivo lector de libros electrónicos “Kindle”.
Cuando nos encontramos en una crisis nos miramos de manera diferente. Nos afecta a todos por igual y sabemos que ninguno de nosotros tiene el control sobre los acontecimientos. Esta doble conciencia nos inclina a ser más amistosos con los extraños. La vida se desacelera. Nos miramos unos a otros más atentamente. Nos hacemos más presentes. Nos vemos a nosotros mismos en los demás y a los demás en nosotros mismos. Todos estos cambios en nuestra forma de ver y de relacionarnos – en la percepción – al principio nos sorprenden. (Por supuesto, aún estando nerviosos y asustados). Estas breves percepciones pueden desvanecerse rápidamente y volvemos a caer en la ira o la ansiedad. Sin embargo, una crisis como una interrupción de la vida como esta, también puede despertarnos a que es más que un inconveniente, incluso más que un peligro. Es una oportunidad. Con el tiempo pasará (¿y qué no pasa?). Es un catalizador para un profundo cambio de dirección que hemos sabido que necesitábamos desde hace mucho tiempo, pero que nunca tuvimos tiempo de llevar a cabo.
El coronavirus es sin duda, una crisis, un peligro, pero también una oportunidad. La gran mayoría de los que se contagian se recuperarán completamente. Pero habrá muertes y pérdidas y sufrimiento, los cuales son siempre los más pobres y vulnerables a los que más afectan. Encontraremos oportunidades para ser simplemente más amables, más gentiles, más tranquilos los unos con los otros, especialmente con los solitarios y asustados. Manejaremos mejor nuestro miedo y nuestra ansiedad pensando en los demás, haciéndonos descubrir que nuestro prójimo es a quien prestamos nuestra atención.
No sabemos cuánto tiempo continuará esta alteración social de la vida. Esperemos que podamos mirar hacia atrás como una «perturbación creativa». No importa cuánto tiempo dure, no perdamos el tiempo. Puede convertirse en nuestra práctica central de Cuaresma. Estoy consultando con varios de nuestros profesionales de la docencia sobre cómo desarrollar un programa en línea ajustado a las condiciones de la crisis. La mayoría de nosotros viajaremos menos, tal vez trabajando desde casa, así que probablemente tendremos más tiempo para disponer. Esto podría ser aterrador al principio porque, cuando nuestras agendas están llenas, no tenemos tiempo para usar bien el tiempo. Responsabilizamos al estar ocupado como causa de estar ocupado, lo que se transforma en estrés.
Hagamos un balance de vida. ¿Qué se nos ha pasado? ¿Qué estamos haciendo de más? ¿Qué ha sido empujado al estante de atrás? ¿Cuáles son nuestras auténticas prioridades? ¿Qué haría hoy si sintiera plenamente lo incierta, cambiante y corta que puede ser la vida?
Buenas preguntas en cualquier momento, especialmente en una Cuaresma en la que vida se ve interrumpida por una pandemia.

Laurence Freeman .S.B.
Traducción: Eduardo De la Fuente, WCCM Argentina

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma: jueves de la tercera semana de Cuaresma.

tercera semana

Me gustaría enviar esta reflexión a nuestra comunidad en Italia ya que ellos, con sus 60 millones de compatriotas están encerrados a causa del coronavirus. Queremos que sepan que toda nuestra comunidad mundial está pensando en ustedes en estos días tan fuera de lo común. Más que sólo pensar en ustedes, los abrazamos con una cariñosa amistad en nuestros corazones en la meditación y en nuestras oraciones.

Expresen lo que sienten y lo que significa para ustedes y sus familias – y estaremos encantados de recibir sus publicaciones en nuestro sitio web o blog. Hablaré con nuestra coordinadora nacional para ver si les gustaría esta conexión con la comunidad en general. Pero, imagino lo que debe ser para ustedes; pienso en dos comparaciones. La primera es una película de Hollywood sobre catástrofes. Mucha de la cobertura mediática de la pandemia alienta esto y de hecho las escenas de calles vacías y la cancelación del transporte lo sugiere.

Pero la otra comparación en la que pienso es en un retiro que comienza de una manera y termina de otra. La diferencia obvia es que en un retiro es una elección libre sobre cómo y dónde pasamos nuestro tiempo libre. Sin embargo, cuando Aleksandr Solzhenitsyn fue liberado del campo de trabajos forzados de Gulag donde había estado encarcelado durante ocho años, dijo que miró hacia atrás y lloró. Sus lágrimas eran una mezcla de alivio por su partida y de gratitud por lo que la vida en el campo le había enseñado sobre sí mismo y el corazón humano. La experiencia que tuvo y la gente que conoció allí inspiraron sus libros durante años.

A veces, cuando nos vemos obligados a hacer algo y nos sentimos prisioneros de una fuerza externa fríamente impersonal, podemos arder de rabia por ello o caer en una depresión. Y sin embargo, a veces, sólo a veces si tenemos suerte, la experiencia de ser obligados nos libera en nuevas y sorprendentes visiones de la realidad. Nos encontramos con algo inesperado, una gracia oculta que de otra manera no habríamos podido encontrar.

Como en la meditación, hay veces que nos sentamos en un desierto árido e incansablemente distraídos por nuestras ansiedades o pérdidas. Podemos sentir una vacía desolación que se extiende lejos en todas las direcciones. Y por qué no pensamos en hacer algo útil o complaciente para con nosotros mismos. La soledad no es un espacio abierto en el que nos sentimos conectados a un todo mayor, sino que es la soledad, la constricción, el abandono o la sensación de ser olvidado. El fantasma de la angustia acecha nuestra alma.

Entonces desde un punto interior, sin ubicación, un rayo de luz invisible toca y restaura nuestra alma marchita a la vida y la esperanza. No es que todos nuestros deseos se cumplan, de hecho ninguno de ellos puede serlo, y el dolor o la pérdida pueden estar todavía demasiado presentes. Pero emerge una alegría que abre un camino a la fuente del ser, nuestro ser.

Espero que de alguna manera para todos nuestros amigos italianos, que se sienten atrapados por fuerzas externas, pueda surgir al menos ocasionalmente alguna paz de esta libertad interior. Esperamos que el tiempo del aislamiento y la cuarentena sea corto. Confiamos en ello por su bien y porque el resto de nosotros necesitamos las cosas bellas – de su temperamento y su país – que nos hacen quererlos.

Laurence Freeman O.S.B.

Traducción: Eduardo De la Fuente, WCCM Argentina

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma: miércoles de la tercera semana de Cuaresma.

tercera semana

En la última guerra, mientras Inglaterra esperaba ser invadida como lo habían sido otros países europeos, el gobierno tomó medidas para dificultar al enemigo las cosas para cuando llegaran. Utilizaron el camuflaje en las instalaciones costeras, crearon una Guardia Nacional de ancianos y niños con rifles anticuados, de los que los ingleses de hoy en día todavía sienten nostalgia; y quitaron todas las señales de tránsito.

Es curioso que el poderoso ejército alemán se haya visto seriamente obstaculizado por no saber si girar a la derecha o a la izquierda ante un cruce de la campiña inglesa.

Cuando leí sobre esto, pensé que reflejaba el sentimiento que tenemos en todo camino de fe – como comenzar un matrimonio, comenzar una nueva comunidad, terminar de escribir un libro o educar a nuestros hijos. Todos estos son caminos en los que la fe, el compromiso personal y la confianza, deben profundizarse en cada momento. Y es así, que a menudo no encontramos señales que nos indiquen claramente que estamos en el camino correcto o qué rumbo correcto tomaremos. A veces las señales están ahí, pero no son muy útiles: como la vez que mi capacidad de decidir pareció paralizarse. Estaba conduciendo desde la isla de Bere a Cork. Llegué a una bifurcación del camino. Había una señal. Pero en un lado indicaba a la izquierda diciendo «Cork» y en el otro a la derecha diciendo «Cork».

En el ámbito espiritual, el camino en sí mismo lo es todo. Cuanto más profundamente nos adentramos en el silencio y dejamos ir las palabras, los pensamientos y la imaginación, como hacemos con el mantra, hay menos signos convencionalmente tranquilizadores. Simplemente está el camino, la forma en que estamos caminando. Y andando, damos el siguiente paso. Al principio, protestamos por la ausencia de garantías y la reconfirmación de nuestra dirección. Nuestros sentidos de dirección y confianza están cuestionados o son confusos.

Lentamente nos damos cuenta de que el camino en sí mismo es la garantía. Aparece una sensación de alivio de que hay un camino, a través de la selva, a través del laberinto de opciones que abruman a la gente hoy en día. Lo hemos encontrado. Existe una gran diferencia que cambia la vida cuando nos damos cuenta de que estamos en camino. Podemos sentir, también, que él nos ha encontrado, porque hay una sensación, que viene del propio camino, de que estamos siendo conducidos por una conexión directa e íntima con él. Nos conoce mejor de lo que nosotros lo conocemos. La conexión es simplemente el hecho de que estamos recorriendo el camino, siempre dando el siguiente paso. Tú no me elegiste a mí, yo te elegí a ti… yo soy el Camino. Este sentido pertenece únicamente a la dimensión espiritual. Este nos permite seguir aquellos tramos del camino que no tienen ninguna señal.

Todo esto puede sonar raro y poco práctico. La señal que es real se lee en la vida cotidiana, en los caminos paralelos de la acción y en la toma de decisión. En los asuntos materiales hay decisiones difíciles de tomar con insuficiencia de tiempo o de información. La fe de nuestro viaje interior es sorprendentemente útil aquí. No entramos en pánico, cuando hay que esperar y soportarlo. Cuando tomamos una decisión tenemos más claridad y hacemos la mejor elección que podemos. Confiamos. Si resulta que nos equivocamos, nos ajustamos a una dirección otra vez.

Si somos fieles en los asuntos profundos del viaje interior también seremos más fieles en los asuntos materiales de la vida.

 

Laurence Freeman O.S.B.

Traducción: Eduardo de la Fuente, WCCM Argentina

 

 

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma 2020:martes de la tercera semana de Cuaresma.

tercera semana

Hay una falsa imagen de la cuaresma,  y generalmente de la ascesis espiritual (es decir, los ejercicios de penitencia para luchar contra los defectos y adquirir las virtudes), que asociamos con ser o aparentar ser solemnes hasta el punto de ser desdichados. Jesús lo aborda cuando dice que a la hora de practicar una disciplina de autocontrol, no lo publiques, ni desfigures tu rostro, ni te hagas el piadoso. Hay que esforzarse por estar relajado y alegre…

Hay una dinámica de culpa arraigada en nuestra psiquis. Y otro factor inquietante en el ego es el sentimiento mágico de que cada momento feliz utiliza un crédito limitado, al igual que en un plan de telefonía celular, que tiene que ser recargado haciendo algo duro o difícil.

Tú pagas por la felicidad. La felicidad es un producto, no nuestro estado natural. No tenemos el derecho a ser felices mientras el mundo esté azotado con un virus global,  o mientras haya millones de refugiados desplazados en Siria o tengamos a un amigo que esté sufriendo.

¿Qué es la felicidad? Para la gente religiosa sería la idea de un Dios que solo quiere que seamos felices en sus términos; mientras se le adore en una forma que él apruebe. Y este Dios que ofrece un concepto complejo de karma —obtienes aquello que mereces— se convierte en un pequeño dios que recompensa o castiga. La formación religiosa y las concepciones culturales de Dios a menudo refuerzan estas ideas, pero estas se forman inicialmente en la infancia al observar cómo somos tratados por los adultos. Buen chico, aquí tienes un regalo. Niño malo, ve a dormir a la cama.

La meditación tiene un sorprendente poder para romper cada conjunto de ideas que se refuerzan a sí mismas y cada conjunto compulsivo de pensamientos que giran alrededor de tu cabeza una y otra vez.  Y actúa directamente en todos nuestros pensamientos e imágenes acerca de Dios – los cuales no son sólo elementos intelectuales sino también fuertemente emocionales. Si crees que Dios te castigará por tus faltas, estás emocionalmente afectado en todo lo que haces y en todas tus relaciones. Entonces, a medida que las ideas de Dios cambian, también lo hacen nuestras opiniones fundamentales de la realidad y nuestras relaciones con otras personas. 

Las personas religiosas a menudo se sienten incómodas en la primera etapa de este proceso. Sienten que Dios está desapareciendo, que la meditación no es realmente una oración o que pueden terminar siendo considerados ateos. Un hombre me dijo una vez que meditaba fielmente pero no estaba convencido de que fuera realmente una forma de oración que la Iglesia o Dios aprobaran.  Por lo tanto, comenzaba cada meditación con una oración: «Querido Dios, voy a meditar ahora. Pero créeme, no soy realmente un budista». 

A medida que las viejas ideas de Dios se desvanecen, nada sólido viene inmediatamente a tomar su lugar. El tiempo y la fe, sin embargo, nos ayudan a darnos cuenta de que la nada es la pobreza de espíritu, que el vacío es el lugar de la plenitud y que la pérdida es la primera parte de un ciclo que nos lleva a un sorprendente nuevo tipo de conocimiento. Encontramos lo que hemos perdido, pero ha cambiado al perderse. A lo lejos, mientras estaba perdido, cambió o hemos cambiado. A veces tenemos que perder nuestras creencias sobre Dios, incluso dejar de creer y esperar.  Hasta que creemos de nuevo, de una nueva manera. La fe se profundiza en los túneles del tiempo. Y el tiempo es trascendido por la fe.

 

Laurence Freeman O.S,.B.

Traducción: Eduardo De la Fuente, WCCM Argentina