Lecturas Semanales

Lectura 16, ciclo 15


“El Poder de la Atención”, extracto del escrito de Laurence Freeman OSB en “El Yo Desinteresado” (Londres: DLT, 1989) págs. 31-35. Hoy más que nunca, en nuestra sociedad ególatra y narcisista corremos el riesgo de confundir la introversión y el autoanálisis con la verdadera interioridad. Tener una verdadera interioridad es todo lo contrario a ser introvertido. En la conciencia de la presencia interior, nuestra conciencia se transforma de modo que ya no estamos mirándonos a nosotros mismos, anticipando o recordando sentimientos, reacciones, deseos, ideas o ilusiones. En la verdadera interioridad nuestra conciencia se dirige lejos de nosotros. Y esto lo vivimos como un problema. Creemos que sería más fácil alejarnos de la introspección si supiéramos hacia dónde nos dirigimos, si tan solo tuviéramos un objeto fijo al que mirar, si tan solo Dios pudiera ser representado por una imagen. Pero el Dios verdadero nunca puede ser una imagen. Las imágenes de Dios son dioses. Al construir una imagen de Dios acabamos mirando una imagen renovada de nosotros mismos. Ser verdaderamente interior y abrir el ojo del corazón significan vivir dentro de la visión sin imágenes. Esta es la fe. Esta es la visión que nos permite “ver a Dios”.  En la fe, la atención ya no está controlada por los espíritus del materialismo, del egoísmo y de la autoconservación sino por un Espíritu Nuevo que es, por naturaleza, desposeído. Se trata de un continuo soltar y renunciar incluso a las recompensas que nos trae la renuncia, que son muy grandes y que, por tanto, es aún más necesario que las soltemos. No hay desafío más crucial que entrar en la experiencia de permanecer centrado en el otro. Es el estado extático y continuo del desapego. Podemos vislumbrarlo simplemente recordando aquellos momentos o fases de la vida en los que experimentamos el mayor grado de paz, plenitud y alegría y reconocer que eran tiempos en los que nos abandonábamos. El pasaporte hacia el reino requiere el sello de la humildad, de la pobreza.
Carla Cooper

Traducido por WCCM España  
Enseñanzas Semanales

La puerta estrecha

la puerta estrecha enseñanzas semanales

«La puerta que conduce a la vida es pequeña y el camino es estrecho, dijo Jesús. Es estrecha, porque es el producto de la concentración, el enfoque de todo nuestro ser, todas nuestras energías y facultades en un solo punto», dice John Main en De la palabra al silencio. Nos centramos en nuestra palabra-oración, nuestro mantra, y dejamos todo atrás, nuestra ensoñación, nuestras imágenes, nuestros pensamientos, incluso nuestros sistemas de creencias y dogmas cristianos. Pero todos sabemos que es fácil decir: “Di tu palabra», pero que no es tan fácil de hacer. Es muy agradable sentarse y seguir nuestros pensamientos y fantasías, lo cual no requiere esfuerzo alguno, porque nuestro cerebro está en su modo de funcionamiento habitual; todavía se puede relajar en su propio camino. Realmente es «la puerta amplia y la forma fácil que llevan a la perdición».

Somos conscientes de la facilidad de este camino, pero ¿por qué conduce a la destrucción? Porque de esa forma siempre vamos a permanecer en la superficie y nunca descubriremos la totalidad de nuestro ser que es, en gran parte de nuestro ser espiritual, nuestra conexión con lo Divino. Es nuestra fe, nuestra confianza, que crece con la experiencia de cada sesión de meditación la que nos anima a hacer el esfuerzo de prestar atención plena y amorosa a nuestra palabra oración. Se nos dice que nos lleva a nuestro centro, en el que el Espíritu de Cristo mora en nosotros, pero tenemos que considerar que en la confianza, es un salto hacia lo desconocido.

Si nos atrevemos, será dirigido por repetir el mantra «en una experiencia de libertad que reina en el centro de nuestro ser… porque nos ayuda a tener la mente enfocada fuera de nosotros mismos» (De la palabra al silencio).

La libertad viene de ser liberados de todas nuestras estructuras de pensamiento, de todos nuestros miedos y deseos, de nuestra necesidad de ser bien vistos, de nuestra necesidad de ajustarnos a lo que otras personas y nuestra sociedad esperan de nosotros.

Es maravilloso que se vayan todos esos pensamientos que giran en nuestra mente, todos ellos de una manera u otra tienen que ver con nuestra auto-preservación.

Una vez más estamos situados aquí en lo contracultural. La última cosa que nuestra cultura se anima es a «salir de sí mismo, dejando de lado al yo». Nuestra sociedad fomenta al ego a tener un firme control de la mente. Se hace hincapié en la autopromoción y la auto-presentación para asegurar no sólo sobrevivir, sino hacerlo mejor que nadie, con la presunta recompensa del poder y la autoestima.

«Dejar detrás de sí al yo» en la vida y la meditación es un concepto que algunas personas ven como una excusa para el abandono, presumiblemente realizado porque creemos que no somos lo suficientemente buenos para sobrevivir en la carrera de ratas. Sin embargo, John Main continúa  señalando en De la palabra al silencio, que la meditación no está huyendo de nada, no hay en ella ningún intento de eludir la responsabilidad de nuestro propio ser o la responsabilidad de nuestra vida y nuestras relaciones.

Estamos en efecto, dejando temporalmente nuestra consciencia de nosotros mismos, nuestro ego con todos sus deseos y necesidades de supervivencia. Pero eso nos permite descubrir en el silencio la totalidad de nuestro ser y de su centro, nuestro verdadero ser. De este modo permitimos que esta parte esencial de nuestro ser espiritual penetre e influya en la superficie de nuestro ser, en nuestro ego, a través de su don de darnos la verdadera idea de la situación donde nos encontramos y su sabiduría. De hecho, aceptamos más profundamente con sabiduría y entendimiento «la responsabilidad de nuestro propio ser o la responsabilidad de nuestra vida y las relaciones».

 

Escrito por: Kim Nataraja

Traducción: Marina Müller, Escuela de Meditación WCCM Argentina.

Enseñanzas Semanales – 3er.- ciclo

 

P. Laurence Freeman OSB

Martes de Semana Santa, 2020.

El evangelio de hoy (Jn 13:21-33,36-38) es muy extraño. Es un momento misterioso del relato que nos está ocupando esta semana, un relato en el que debemos ser capaces de encontrarnos. Si no podemos hacerlo, si no podemos encontrarnos en este relato, tampoco encontraremos a Jesús. 

Está cenando y ‘se turbó en su interior’. No está enfrentando el fin de su vida con un estoico desapego. Pero tampoco entra en pánico. Filosóficamente, la muerte es algo que podemos objetivar, distanciándola de nosotros. Está allá, afuera, es algo que afecta a otros. Pero, justo como la crisis presente nos ha demostrado, no está ahí afuera. Ahora o más tarde, viene por todos nosotros. Será mejor estar preparados y ¿qué mejor manera que practicar el morir? Un camino espiritual no nos aísla en una seguridad falsamente alejada del dato duro de nuestra mortalidad. Jesús tembló ante ello. Pero la oración profunda nos muestra lo que la muerte, esa gran incógnita, es en realidad. La meditación, creámoslo o no, es oración profunda.

Podemos entrever la mente de Jesús cada vez que vemos, en nosotros, la manera en la que la meditación nos hace a la vez más sensibles y vulnerables al sufrimiento; liberándonos a la vez del instinto de lastimar a aquellos que nos han herido. El sufrimiento se presenta de muchas maneras: en este momento del relato es el dolor más descarnado de una traición íntima, la muerte del amor.

Jesús le dice directamente a sus discípulos que uno de ellos habrá de traicionarlo. Se quedan desconcertados y comienzan a murmurar entre ellos preguntándose quién podrá ser. Pedro le pide a Juan, el discípulo más cercano, que estaba reclinado junto a él, que le pregunte quién será. Jesús acepta, como amigo íntimo comparte todo. Le da un pedazo de pan a Judas para significar que es aquel cuyo nombre quedará por siempre maldito en la historia después de esta noche.

En ese instante ‘Satanás entró en Judas’. Esta es una inversión obscura de lo que debería suceder. El pan que Jesús comparte con Judas es el  mismo con el que Jesús se identifica: ‘este es mi cuerpo’. Al dar el pan, se da a sí mismo, como cada cristiano que celebra la Eucaristía siente de alguna manera. Pero ¿Satanás? De súbito esto se vuelve como una misa negra, del tipo que las sectas satánicas celebran. No el recibir la sagrada comunión, sino la blasfemia, la liberación de la perversa obscuridad de la auto destrucción.

El corazón humano es bueno, divino. La gente se vuelve al otro como los 600,000 en Inglaterra que en 24 horas se ofrecieron a ayudar a otros durante la crisis. Pero también hay un corazón de tinieblas con el que tratar. Quedan jirones de estas tinieblas en cada uno de nosotros. En los seres humanos, aun entre aquellos que comparten su intimidad, las tinieblas pueden convertirse en algo personal y consciente: la persona que tosió en los rostros de la policía que les avisaba que estaban rompiendo las reglas de distanciamiento social; el pedófilo que prepara a sus víctimas; el asesino serial; la persona adicta; aquellos que han sido corrompidos por el poder o el dinero.

Esas tinieblas esperan, inconsciente e impersonalmente, en los miles de millones de virus del Covid-19 que podrían caber en el espacio que ocupa este punto y aparte.

No sabemos mucho acerca del virus ni tampoco por qué Judas traicionó a su maestro y amigo. Las tinieblas son obscuras. El evangelio anuncia que cuando Judas se levantó de la mesa para ir a traicionar a Jesús, ‘la noche cayó’.

Laurence Freeman OSB

Traducción: Enrique Lavín WCCM México

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma 2020: Domingo de Ramos

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 Hoy en misa leemos toda la historia de la Pasión, desde la Última Cena hasta Jesús entregando su espíritu en la Cruz. La mayoría de los que leyeron la frase anterior sabrán a qué me refiero. Tengamos en cuenta a toda la generación que nos rodea, que no tiene la más mínima idea acerca de lo que estoy hablando.

           Sin embargo, todos nosotros hemos conocido o conoceremos lo que significa sufrir la pérdida de alguien a quien queremos profundamente y lo que implica vivir con su nueva y extraña ausencia sin fin. Esta mañana hablé con una amiga cuyo padre murió repentinamente de un ataque al corazón. Ella y su madre, que se unió a nosotros por WhatsApp, habían sido transportadas a un mundo diferente durante los pocos minutos que tardó su amado padre y marido en morir. Hay muy pocas palabras que se le pueden decir a alguien que acaba de entrar en duelo. Es más fácil hablar de misterios cósmicos que de pérdidas personales. De todos modos, en tiempos en que la vida se ha trastocado y se ha dado vuelta, la presencia atenta y cariñosa nos preserva del colapso o la locura.

            A medida que vemos el profundo alcance y la influencia de esta súbita pandemia, y cómo ha detenido al mundo tan repentinamente, provocando estremecedoras conmociones en cada aspecto de nuestras vidas, jamás ha sido tan preciada la necesidad de conexión. En Bonneveaux nos sostiene el ritmo regular de nuestra vida diaria, de meditación, trabajo, lectura, conversación y amistad, mientras intentamos compartir el regalo de la práctica espiritual con otras personas alrededor del mundo, a través de eventos en línea y mensajes. Esta mañana me encontré meditando con la planta de trabajadores de DPA Architects de Singapur – quienes supervisan la remodelación de Bonneveaux – que estaban en sus oficinas alrededor del mundo, desde Shanghai hasta Londres. Por otra parte, la web del programa Un Camino Contemplativo estará disponible en línea en poco tiempo.

            En nuestro nuevo mundo, desacelerado y cerrado, la manera en que oscilamos entre lo local y lo global nunca había sido más evidente. Ya sea navegando por internet, o hablando por internet, al entrar en el cuarto de al lado, o al salir al jardín, sentimos cómo somos criaturas que existimos porque estamos conectados, buscamos la conexión, o lamentamos conexiones perdidas. No solo de pan vivimos, sino de presencia.

            Perder de repente lo que nos hace florecer nos quita el aliento. Porque duele, podemos llegar a pensar que hicimos algo para merecerlo; o podemos sentir que fuimos tomados por una fuerza alienígena. También nos sentimos desilusionados porque habíamos dado por sentado que las cosas continuarían como estaban, tanto tiempo como nosotros necesitáramos. No debemos sentirnos culpables por tener estos sentimientos. Es extraño, pero en algún momento tendrá cierto sentido.

            Pero entonces aparece la banalidad del dolor. El carácter repentino de la pérdida es melodramático. Pero los clímax se ralentizan hasta llegar a rutinas que conviven con la pérdida, con movimientos más lentos, con un dolor sordo. Este es el momento en que más necesitamos un sendero, una práctica que nos de esperanza al experimentar la conexión con una primavera eterna en nuestro interior. Este es el amanecer de la era de la Resurrección.

            Este es el significado de la Semana Santa (aunque sepas o no sepas lo que es la Semana Santa) que empezamos hoy. Aquí en Bonneveaux estaremos felices de compartirla contigo por internet, día a día, conectados. (www.wccm.org – en español, www.meditacioncristiana.net).

Laurence Freeman O.S.B

Traducción: Gabriela Speranza, WCCM Argentina

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma: viernes de la tercera semana de Cuaresma.

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Hoy, después de unos días de enseñanza fuera, he vuelto a casa en Bonnevaux donde me quedaré en un futuro próximo. Mientras estaba fuera, tomamos el difícil pero necesario paso de suspender el programa de retiros de Bonnevaux hasta que veamos cómo se desarrolla la crisis sanitaria mundial. Las calles y las estaciones de tren están desiertas. La gente está diferente. La primera persona de seguridad en el scanner de rayos X del aeropuerto casi vacío bromeó diciendo que hoy me daría una bienvenida personal. La segunda persona después de dicho scanner parecía encantada de tener a alguien que investigar y se tomó su tiempo libre para vaciar toda mi mochila y sostener el ofensivo lector de libros electrónicos “Kindle”.
Cuando nos encontramos en una crisis nos miramos de manera diferente. Nos afecta a todos por igual y sabemos que ninguno de nosotros tiene el control sobre los acontecimientos. Esta doble conciencia nos inclina a ser más amistosos con los extraños. La vida se desacelera. Nos miramos unos a otros más atentamente. Nos hacemos más presentes. Nos vemos a nosotros mismos en los demás y a los demás en nosotros mismos. Todos estos cambios en nuestra forma de ver y de relacionarnos – en la percepción – al principio nos sorprenden. (Por supuesto, aún estando nerviosos y asustados). Estas breves percepciones pueden desvanecerse rápidamente y volvemos a caer en la ira o la ansiedad. Sin embargo, una crisis como una interrupción de la vida como esta, también puede despertarnos a que es más que un inconveniente, incluso más que un peligro. Es una oportunidad. Con el tiempo pasará (¿y qué no pasa?). Es un catalizador para un profundo cambio de dirección que hemos sabido que necesitábamos desde hace mucho tiempo, pero que nunca tuvimos tiempo de llevar a cabo.
El coronavirus es sin duda, una crisis, un peligro, pero también una oportunidad. La gran mayoría de los que se contagian se recuperarán completamente. Pero habrá muertes y pérdidas y sufrimiento, los cuales son siempre los más pobres y vulnerables a los que más afectan. Encontraremos oportunidades para ser simplemente más amables, más gentiles, más tranquilos los unos con los otros, especialmente con los solitarios y asustados. Manejaremos mejor nuestro miedo y nuestra ansiedad pensando en los demás, haciéndonos descubrir que nuestro prójimo es a quien prestamos nuestra atención.
No sabemos cuánto tiempo continuará esta alteración social de la vida. Esperemos que podamos mirar hacia atrás como una «perturbación creativa». No importa cuánto tiempo dure, no perdamos el tiempo. Puede convertirse en nuestra práctica central de Cuaresma. Estoy consultando con varios de nuestros profesionales de la docencia sobre cómo desarrollar un programa en línea ajustado a las condiciones de la crisis. La mayoría de nosotros viajaremos menos, tal vez trabajando desde casa, así que probablemente tendremos más tiempo para disponer. Esto podría ser aterrador al principio porque, cuando nuestras agendas están llenas, no tenemos tiempo para usar bien el tiempo. Responsabilizamos al estar ocupado como causa de estar ocupado, lo que se transforma en estrés.
Hagamos un balance de vida. ¿Qué se nos ha pasado? ¿Qué estamos haciendo de más? ¿Qué ha sido empujado al estante de atrás? ¿Cuáles son nuestras auténticas prioridades? ¿Qué haría hoy si sintiera plenamente lo incierta, cambiante y corta que puede ser la vida?
Buenas preguntas en cualquier momento, especialmente en una Cuaresma en la que vida se ve interrumpida por una pandemia.

Laurence Freeman .S.B.
Traducción: Eduardo De la Fuente, WCCM Argentina