P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Viernes de la quinta semana de Cuaresma 2022.

Cuando sentimos que estamos ante un peligro real y patente, la vida se simplifica inmediatamente. Un hombre que conozco una vez se sumergió en esta experiencia cuando el dentista le sacó un quiste sospechoso de la boca, y tuvo que esperar una semana hasta saber el resultado de lo que le habían extraído. De repente estaba frente a una tormenta de incertidumbre, miedo y ansiedad. Pero también descubrió una hiper-claridad sin precedentes porque las prioridades de su vida se tornaron evidentes, sin que él tuviera que pensar o elegirlas. Como resultado de todo esto, su amor por la vida resurgió y lo llevó a entender que ese era su estado natural, y que lo había perdido antes de la visita al dentista. Sus sentidos físicos también se habían intensificado, y los placeres de la vida, que habían estado opacados en los últimos años, volvieron a la vida nuevamente.

Felizmente, los resultados dieron negativos para el cáncer, pero tristemente volvió a caer a su estado habitual de semi-vitalidad. Una de las pequeñas lecciones de la vida. Nada nos enseña más que vislumbrar nuestra propia mortalidad. 

Quizás los ucranianos, al estar luchando apasionadamente por defender la vida de su país, también estén sintiendo esa ráfaga de claridad. Las decisiones de la vida cotidiana y las peleas de las relaciones comunes se subsumen en un compromiso de amor y solidaridad más fuertes que el miedo a la muerte. ¿Acaso no es esa misma claridad que vemos en Jesús, especialmente en el Evangelio de Juan, al atravesar sus últimas horas? Pasión, la pasión del amor o la Pasión de Cristo son pasajes, transiciones que hay que atravesar. Una vez que emergemos, hemos sido transformados. Si hemos llegado tan lejos como hasta la muerte y si hemos pasado por el parpadeo del gran desprendimiento, el cambio en nosotros no es menos que una resurrección, una completa transformación de la conciencia. Y la claridad de esa experiencia nunca se apaga. 

Kierkgaard pensaba que la ansiedad, lo que nosotros llamamos angustia, es un síntoma de la libertad humana. La primera vez que aparece, podemos experimentar una cierta culpa: “Oh, no debería estar sintiendo esto. ¿Por qué no soy feliz, como debería ser, como mis amigos de Facebook?” Los existencialistas consideran la ansiedad como una atracción y una repulsión, a la vez, por el desconocimiento de nuestro futuro yo. La desesperación, al confrontarlos, significa que nos negamos a o no podemos ser nosotros mismos.

O podemos decidir vivir de todos modos y dar un paso hacia la incertidumbre. Una vez que aceptamos el regalo de nuestra existencia – y John Main pensaba que la meditación nos permite hacer esto – cambiamos. Crecemos. Nos expandimos. Nos sentimos unidos con el serque es un estado mucho más profundo y rico que la angustia existencial, y somos inundados con la única certeza real que podemos tocar: la esperanza.

Laurence

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Jueves de la quinta semana de Cuaresma, 2022.

En el atardecer del domingo, luego de la Conferencia Nacional Italiana, me encontraba caminando por Roma. Una luz dorada bañaba todo, visitantes, locales, inmigrantes, hombres disfrazados de centuriones para que los turistas los fotografiaran. La misma luz lavaba las paredes descascaradas que mostraban muchas capas del pasado, remanentes de los pilares de orgullosos templos y foros imperiales, humildes Iglesias del siglo IV, el Castillo Sant’Angelo, la fortaleza medieval con su ruta de escape de emergencia hacia el Vaticano para los asediados papas Medici, y los Pizza Hut, los mostradores de Gucci y las tiendas de recuerdos y un vendedor callejero que me cobró 4 euros por una bolsa de frutos secos.
Cuya luz brilla sobre buenos y malos.
Cuando sentimos que estamos incluidos en la danza del ser en la que nada ni nadie es intencionalmente excluido, experimentamos paz. Incluso en el sufrimiento y la injusticia, cuando nada es excluido, la paz puede prevalecer. Es una paz más allá del entendimiento, no como la entiende el mundo.
Las imágenes recientes de asesinatos de civiles en Ucrania fueron un gélido y nauseabundo shock para mí y para muchos hombres y mujeres y los desafortunados niños que tienen que saber que esas imágenes no son de una película. Las personas reales son capaces de hacer eso. La pregunta llega con rapidez: ¿cómo podemos incluir este tipo de comportamiento inhumano y las personas que lo llevan a cabo en la realidad unificada que es bañada por la imparcial y equitativa luz de Dios?
¿Porque es la misma realidad en la que un hombre inocente con Dios pudo ser acusado en falso, juzgado y sentenciado falsamente y solo verdaderamente sometido a una tortura mortal? En lo alto de la pared en una celda de las habitaciones de operaciones del Dr. Mengele en Auschwitz, vi un dibujo grabado de Cristo en la Cruz. Era el principio de la respuesta a la pregunta “¿dónde estaba Dios cuando se cometían estas atrocidades?”

La realidad no es fríamente objetiva. Nunca puede ser mejor comunicada que a través de la compasión. La verdad no es matemática. Cuando se enciende sobre todas las formas de falsedad terminan siendo expuestas y disueltas.
Jesús dijo que su Padre era como la luz del sol que brilla sobre buenos y malos por igual. No dijo que el bien y el mal reaccionan a la luz de la misma manera.
La meditación hoy en día tiene el potencial de ser la ola que traiga paz a nuestro mundo, ya que nos convence de la unidad total y compasiva de la realidad.

Laurence

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Martes de la quinta semana de Cuaresma 2022.

Actualmente, se está desarrollando una discusión entre los eruditos del Nuevo Testamento, en cuanto a la traducción de la frase griega “pistis Christou” que aparece en algunos pasajes de San Pablo. No se ponen de acuerdo si es que significa fe en Cristo o la fe (fidelidad) de Cristo.
Uno puede decir, viendo cómo el mundo parece desmoronarse, ¿acaso realmente importa? Bueno, sí y no. No importa mucho desde el punto de vista de la necesidad de lidiar inmediatamente con la crisis de la justicia económica, el Covid, el medioambiente, o Ucrania. Pero desde el punto de vista de cómo podemos desarrollar una nueva conciencia a través del Cristianismo y de las otras tradiciones de sabiduría, para poder afrontar las consecuencias de estas crisis y lograr cambiar de dirección, sí, importa.
La diferencia en las traducciones resalta la diferencia entre poner el énfasis en nosotros mismos o en Cristo. Si la fe que mueve montañas y sana a la humanidad significa predominantemente nuestra fe en Cristo, el significado de la fe puede terminar siendo reducido a algo controlado por la fuerza de voluntad humana, o a meros conceptos y creencias. Esta actitud ha debilitado la conexión viviente de la fe personal Cristiana con su fuente, la persona de Cristo Resucitado. Ahora bien, si por el otro lado, el énfasis se pone en su fidelidad, la química de la fe y la alquimia de su relación con la humanidad cambia. Ya no estamos más tratando de levantarnos y liberarnos de nuestras correas; sino que experimentamos una fuerza adicional trabajando con nosotros proveniente de otra dimensión. La fidelidad de Cristo genera y libera esa fuerza a través de todas las dimensiones de tiempo y espacio: ayer, hoy y mañana.
¿A quién o a qué es fiel Cristo? Esta es la pregunta central, y las múltiples maneras de responderla al final se resuelven, no en una única respuesta, sino en una relación. Con Él, con su llamado, con el Padre, con su amor por la humanidad, con la fidelidad innata de Dios.
El ser fieles manifiesta el gran potencial y la belleza de la humanidad. Tan solo pensar en cuán seguido nuestra deteriorada fe en la naturaleza humana se renueva cuando celebramos un matrimonio que perduró por décadas, o nos enteramos de una persona que se mantuvo fielmente comprometida a una tarea durante toda su vida, o alguien que cumple su promesa, aunque todo ello les cueste mucho más de lo que pensaban.
Como en la mayoría de las disputas entre esto o lo otro, hay una verdad en ambas posiciones. La fe de Cristo fortifica nuestra fe en Cristo. Pero se necesita fe en el misterio vivo de la verdad para ver que la respuesta está más allá de la división, y no en la victoria de un lado sobre el otro.

Laurence

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Quinto domingo de Cuaresma 2022.

Las noticias diarias sobre Ucrania durante este tiempo de Cuaresma, han resaltado el rol de la “inteligencia” militar y diplomática acerca de cómo se está desarrollando la guerra. Este tipo particular de inteligencia presupone saber lo que cada uno de los bandos no quiere que el otro sepa. También implica interpretar la información para sacar beneficio propio (con la esperanza de que sea buena inteligencia). Esta es una palabra interesante para usar acerca de una situación que revela las profundidades de la estupidez humana: engaño, arrogancia, desmesura y fuerzas crueles y brutas.

El conflicto en Ucrania –junto con otros asuntos como el Covid, la crisis medioambiental y la difícil situación de la democracia– nos enseña a través de la tragedia, como lo hará la Pascua. La lección a aprender es que la humanidad debe evolucionar en conciencia, más allá de lo que llama “inteligencia” y mucho más allá  de su orgullo por los adelantos tecnológicos. Cómo pensamos y cómo usamos las herramientas que tenemos está apoyado en nuestro nivel de conciencia. El tiempo de Cuaresma nos da una nueva perspectiva acerca de las noticias sobre la zona limítrofe de Europa, y sobre el resto de las cuestiones globales, que está tocando los corazones humanos por todas partes.

Normalmente nos enfocamos en el conocimiento de tipo científico, racional, mesurable y (supuestamente) demostrable. Nuestra obsesión por los “resultados” y los “logros” muestran cuán estrechos y miopes podemos ser. Nos ciega con un miedo al misterio, a la incertidumbre y a la intuición, a las que consideramos como formas de la ignorancia más que como lo que en realidad son, formas de sabiduría. Creemos que podemos cuantificar todo con herramientas cognitivas– midiendo, prediciendo, sistematizando todo, hasta que el espíritu y la alegría de la vida son aspirados completamente. Y nos parecemos a las víctimas vaciadas de un vampiro.

Sin embargo, hay otras tres maneras de conocimiento que fluyen directamente de la fuente de conciencia y que esperan nuestro redescubrimiento. La Fe es el conocimiento relacional que se genera a través de la mutua confianza y la lealtad a un bien común. La Esperanza es el conocimiento implícito de que incluso nuestros errores y nuestras pérdidas en la vida son parte de un plan que nos lleva a una humanidad floreciente. El Amor es el conocimiento supremo de unión que desborda la conciencia humana, extendiendo nuestros horizontes con la luz pura de la inteligencia espiritual. 

Cuando estos tres tipos de conocimiento se juntan nos impulsan hacia fuera de la órbita de la estupidez y el egoísmo de estar centrados en uno mismo. Así es como podemos reconocer lo que estamos viendo, tal como lo hicieron los discípulos del Cristo Resucitado, en cada persona y en cada situación. 

La humanidad está luchando por llegar a ese estado de conciencia más elevado, antes de hacernos un daño fatal a nosotros mismos, a nuestros descendientes y a nuestro planeta. Es la responsabilidad colectiva de todas las tradiciones de sabiduría lograr avanzar en esta evolución. También es una responsabilidad personal, de cada uno de nosotros, hacer el trabajo interno y depositar los frutos en un fondo común, por más pequeño que sea el progreso y el aporte que podamos dar.

Laurence

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence.Sábado de la cuarta semana de Cuaresma 2022.

Mi reflexión de ayer fue acerca de la salud mental y terminó con un comentario sobre la austeridad. Ramana ha dicho “el centelleo de la verdad desprovisto del Yo es la más grande austeridad.”
Me sorprendió y confundió la palabra “austeridad.” Si él hubiera dicho “libertad,” o “paz”, “alegría” hubiera sido más fácil de comprender. Asocio la austeridad con medidas económicas duras que lastiman intencionalmente a los más pobres y vulnerables más que a los ricos y poderosos. Pero pensándolo bien, me maravillé de cuánto expresa esta palabra sobre las condiciones necesarias para restaurar el balance dinámico de la salud en el ser humano. Reducción de los excesos a solo lo requerido, autocontrol y sencillez. La verdad es como esto y también la salud.
En mayo, en Bonnevaux, acogemos a personas de todos los ámbitos en un seminario sobre salud que no se limitará a hablar de ella, sino que la «experimentará». Dentro del ritmo diario de la meditación, un médico, un herbolario y un terapeuta -y nuestra propia experiencia- nos recordarán que restablecer el equilibrio de nuestro sistema personal y de la sociedad en su conjunto requiere una austeridad suave y sanadora. Sabemos que es una austeridad justa cuando nos damos cuenta de que la estamos amando y agradeciendo.
Por «experimentarla» me refiero a que el seminario nos llevará a ver personalmente cómo el sueño, la nutrición, el ejercicio y el trabajo corporal, junto con los momentos de meditación y de compartir juntos, son los ingredientes saludables esenciales de la vida humana. El fruto de esta salud es la generosidad de espíritu y la capacidad de amar.
Antes de echar mano del recetario y antes de empezar a desesperarnos por nuestro estado de ánimo o por el caos del mundo, ¿por qué no aprendemos de primera mano el poder de la autocuración? Jesús dice a menudo a los que ha curado «vete a casa, vete en paz. Tu fe te ha curado». Esto es lo que esperamos que la gente sienta al volver a casa después del seminario.
El primer paso para restaurar nuestra salud mental y la salud de nuestro planeta es tener fe en los poderes de los que estamos hechos.

Laurence