Lecturas Semanales

Lectura 14, Ciclo 5

Extracto del libro de John Main “Essential Writings”, editado por Laurence Freeman (Marynoll, NY: Orbis, 2002) Pág. 109

El objetivo de pronunciar repetidamente el mantra es que se convierta en el foco de nuestra atención. No estamos pensando en nada, ni estamos persiguiendo ningún conocimiento que pueda llegarnos al decir el mantra.

Dejamos que todos los pensamientos se alejen de nuestra mente y para ir llegando a un silencio cada vez más profundo en el que el único sonido que nos envuelva sea el mantra. El mismo mantra nos irá enseñando la paciencia que necesitamos para repetirlo incesantemente. También nos enseñará la humildad que debemos tener para pronunciarlo.

Cuando meditamos, no buscamos aprehender a Dios o llegar a una visión profunda de Él. Buscamos simplemente aceptar el regalo de nuestro propio ser, tan plenamente como podamos ahora y responder a ello tan generosamente como seamos capaces. Para hacer esto, debemos aprender a permanecer en quietud, a guardar silencio y a ser verdaderamente humildes.

En el lenguaje común, la esencia de la meditación es dejar atrás el ego. No estamos tratando de ver con el ego lo que está sucediendo. La visión del yo está limitada por su propio egocentrismo. El ojo con el que vemos sin límite es el ojo que no puede verse a sí mismo. La paradoja de la meditación es que, una vez que dejamos de ver y poseer, comenzamos a ver todo como nuestro.  

Carla Cooper

Traducido por WCCM España

Lecturas Semanales

Lectura 13, ciclo 5

“El Camino de la Iluminación”, extracto del libro de John Main “Sed de sentido y profundidad” edición de Peter Ng (Singapur: Medio Media, 2007), págs. 188-189. Todos somos conscientes de que en nuestro mundo existe mucha oscuridad. A diario, escuchamos noticias sobre terribles injusticias y conflictos y sobre actos de violencia, de odio, de envidias y de codicia. Vemos que estas sombras están en el ser humano tanto a nivel personal como a nivel colectivo. Todos nosotros somos conscientes de la oscuridad que hay dentro de nosotros mismos … Cuando comenzamos a meditar, vamos comprendiendo que no podemos entrar en la experiencia del silencio con sólo una parte de nuestro ser. Todo lo que somos, la totalidad de nuestro ser debe estar involucrado. Es decir que cada parte de nuestro ser debe abrirse a la luz y llegar a ella. No meditamos sólo para desarrollar nuestra dimensión o capacidad religiosa. En el hombre o la mujer verdaderamente espirituales todas sus dimensiones están en armonía. La meditación no es el proceso mediante el cual intentamos ver la luz. La meditación es el proceso mediante el cual salimos a la luz y comenzamos a ver la realidad completa. Empezamos a verlo todo por el poder de la luz. Y vemos que, como nos dice Jesús, el poder de la luz es el amor. La prueba de nuestro progreso en la meditación es saber en qué medida somos capaces de ver a los demás y ver todo a la luz de Dios. Ver la vida iluminada por la luz del amor también nos hace amar a todos. No juzgar, no rechazar sino ver a todos y a toda la creación desde esta luz que debemos descubrir en nuestro propio corazón.

Carla Cooper
Traducido por WCCM España  
Lecturas Semanales

Enseñanzas Semanales 5.07.20

comunidad

 

Me parece fascinante cómo en los últimos años la ciencia cada vez más convalida con rigurosos experimentos lo que aquellos que están en el camino espiritual saben por experiencia personal. En la enseñanza de la semana pasada hablé de la importancia de la comunidad y cómo un grupo de meditación nos apoya en nuestro camino. Que esto es cierto en más de un sentido lo demuestra el siguiente experimento: un grupo de monjas franciscanas estaban conectados a una máquina de ondas cerebrales durante una sesión de oración. Mientras que en un primer momento cada una tenía su propio patrón individual de ondas cerebrales, después de orar juntas por unos 10 minutos, todos los patrones de ondas cerebrales eran idénticos.

 

La misma resonancia, inevitablemente, también juega un papel importante en nuestros grupos. Los meditadores a menudo me dicen que, sobre todo al principio, les resulta más fácil meditar en un grupo semanal que en casa, solos. El experimento anterior nos da la evidencia objetiva de que nos estamos apoyando y reforzando mutuamente. Por otra parte, estamos por lo tanto, durante el período de meditación, todos en sintonía con la misma longitud de onda – en términos cristianos, la longitud de onda del Espíritu. Ya sabemos que el Espíritu que hay en nuestro más profundo centro unifica nuestro propio ser y nos une a todos, como dice John Main en El Cristo presente: «hasta nuestro propio centro, nuestra conciencia objetivante, se está unificando. Todo esto, el proceso de unificación, es la obra del Espíritu.»

 

Dado que en nuestra vida ordinaria vivimos desde el ego, sólo vemos la separación, no la unidad fundamental e interconexión. Nos olvidamos de que estamos íntimamente vinculados. La meditación desempeña un papel esencial en el cambio de nuestra conciencia, nuestro prestar atención, de esta manera. Al meditar, al orar juntos, «experimentamos que la condición básica de la humanidad, del hombre y de la mujer, no es la separación, sino la comunión, ser-con, y como Dios es Amor, en la comunión directa «estar con» es «estar enamorado». (El Cristo presente).

 

¡Qué diferente sería nuestro mundo si todos fuéramos conscientes de nuestra unidad esencial!

En algún nivel sabemos cuánto nos influencian otros – los padres siempre están preocupados por la influencia de los amigos de sus hijos en su pensamiento y conducta; hablamos también de la importancia de los amigos de ideas afines. En un artículo sobre «Pequeños sistemas de neuronas” de Eric Kandel (revista Scientific American) el autor presenta sus conclusiones: “Incluso durante simples experiencias sociales como cuando dos personas hablan entre sí, la acción de la maquinaria neuronal en el cerebro de la persona es capaz de tener un efecto duradero directo y de largo plazo en las conexiones sinápticas modificables en el cerebro de otro».

 

Lo que descubrimos en el silencio, en el centro de nuestro ser, sobre la base de nuestra experiencia allí, es confiado y amante sentido de la relación, de comunión con los otros; de hecho, el verdadero significado de la fe. Laurence Freeman dice en “First sight, the experience of faith”, su libro más reciente: «la comunidad – como el matrimonio – es el resultado de la fe».

 

Escrito por: Kim Nataraja

Traducción: Marina Müller, Escuela de Meditación WCCM Argentina.

Enseñanzas Semanales – 3er.- ciclo

www.meditacioncristiana.net

Lecturas Semanales

Lectura 36, Ciclo 4

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lec36

“Perdón y Compasión” Extracto de “Aspectos del Amor” de Laurence Freeman OSB (Londres: Medio Media, 1997), págs. 72-73.

Para aprender a amar a las personas queridas, tenemos que empezar por evitar nuestras proyecciones positivas y la forma en la que las solemos idealizar. Del mismo modo, para amar a nuestros enemigos, tenemos que aprender a evitar nuestras proyecciones negativas – aquellas que surgen de nuestras propias heridas y carencias. Es muy probable que cada uno de nosotros sepamos identificar momentos de nuestras vidas en los que hemos criticado a los demás por faltas que nosotros mismos tenemos pero que no éramos capaces de reconocer ni aceptar como propias.

Aprender a perdonar requiere de este difícil, complejo y doloroso proceso de retirar nuestras proyecciones de los demás. Resulta muy fácil, y nos genera un gran alivio, culpar a los demás de los problemas o experiencias dolorosas que hemos tenido en nuestra vida. Éste es el germen inicial de todas las persecuciones racistas, limpiezas étnicas y holocaustos que suceden en el mundo. Ésta es la causa de la caza de brujas y de todo tipo de ataque inhumano personal o colectivo. Se trata, realmente, de uno de los aspectos más terribles de la naturaleza humana. Sucede una y otra vez en el curso de la historia y ocurre continuamente en nuestras vidas personales. Es el lado más oscuro de la naturaleza humana.

La oración profunda nos permite perdonar, nos enseña a amar. Aprendemos así que la única forma es el camino del perdón. De hecho, el eje de la enseñanza moral de Jesús es el perdón. Él nos dice que nos amemos los unos a los otros. Y eso incluye específicamente amar a nuestros enemigos.

La única forma de hacer frente a la complejidad de las relaciones humanas es la simplicidad del amor.

Carla Cooper

Traducido por WCCM España

Lecturas Semanales

Lectura Semanal 25.11.2018

Una cita de “Carta Uno” por Laurence Freeman OSB en COMMON GROUNDS (New York: Continuum, 1999), pp. 17, 18.
La santidad exige coraje, el coraje que nace de estar solos. Mientras ese coraje no nace en nosotros, no podemos alcanzar la meta que más deseamos y por la que luchamos más profundamente. Mientras que no nos hacemos conscientes de que participamos por derecho en la comunidad de Dios y en el Universo de Dios, no podemos disfrutar de ningún gran shalom. La obediencia a reglas y convenciones religiosas no son manifestaciones de santidad en sí mismas. Son preparaciones para una experiencia que se desarrolla en la vida y en las relaciones, que se expresa por encima de todo en la compasión y en la amistad sin límites. En sí misma, es la apertura del ojo del corazón. Levanta el velo de la ignorancia que nubla la visión de la verdadera naturaleza de la realidad. [ . . . .]

Cuando surge el entendimiento, sentimos alivio, júbilo y deleite. Alegría pura. La santidad crece a partir de comprensiones en todos los niveles de nuestra vida y de nuestra conciencia. Pero se profundiza por el entendimiento fundamental que se da cuando vemos a través de nosotros mismos. Esto sucede cuando el muro de ladrillos del ego cede el paso a la mente de Cristo. Nuestra individualidad aislada, con su tristeza inherente, se expande para revelar la verdadera individuación, mostrando que somos partes indivisibles de un gran todo. La fijación en nuestro pecado o en los pecados de los otros se absorbe en la percepción de Dios como todo en todos.