P. Laurence Freeman OSB

Reflxiones del P. Laurence. Sábado de la primera semana de Cuaresma 2022.

El largo y profundo proceso del perdón debe comenzar tan pronto como se produzca el daño. No es una cuestión de voluntad, sino de estar preparado. John Main dijo una vez que el objetivo de la educación cristiana es preparar a los jóvenes para la experiencia de la traición que encontrarán en sus vidas.

En el primer instante en que vemos un daño dirigido deliberadamente a nosotros, nos sentimos conmocionados y tristes. ‘Enfadado y triste’ como lo estuvo Caín cuando sintió que estaba siendo maltratado por Dios. Dios le dijo que esperara y procesara estos sentimientos. De lo contrario, la bestia de la violencia saldría de las sombras y lo abrumaría.

Nos enfadamos, en primer lugar, porque cualquier acto de injusticia atenta contra el delicado equilibrio del universo. El efecto dominó de nuestra justificada indignación se extiende a lo largo y ancho y a través de generaciones. Esto es visceral, antes de que racionalicemos y culpemos. La propia bestia es visceral y está profundamente manchada en nuestra psique. Vladimir Putin se describió a sí mismo en su infancia como un rufián callejero que había aprendido que si sentías que iba a haber una pelea, asegúrate de dar el primer golpe. Nuestra tendencia a dejarnos avasallar por la bestia, como la predisposición al alcoholismo, reside en lo más profundo de nuestra memoria celular, incluso antes de que se haya formado nuestra personalidad.

Podemos estar preparados para ello. Al igual que tantos y tantos virus, puede permanecer latente en los asuntos humanos, pero no se puede erradicar. Nuestra indignación visceral contra la violencia injustificada permite que el proceso de perdón se inicie de inmediato, incluso cuando nos resistimos y nos defendemos como lo están haciendo los ucranianos. Nadie espera que digan lo simpáticos que son los rusos. Pero ellos, como nosotros en situaciones cotidianas menos extremas, pueden aprender a no convertir al enemigo en un objeto demonizado.

Por eso es importante que escuchemos y admiremos los numerosos casos de oposición rusa a esta guerra, que están siendo brutalmente castigados y reprimidos. Nos recuerdan que por miedo a uno mismo o porque le han lavado el cerebro puede obedecer órdenes inhumanas. Y horriblemente, en el auto-odio de saber que hemos sido «convertidos» podemos empezar a disfrutar de ello. Ninguno de nosotros puede asegurar que no encontraríamos una forma de justificar que hiciéramos lo mismo si nuestra vida o la de nuestra familia estuvieran amenazadas.

Del mismo modo, en la vida cotidiana, cuando alguien nos traiciona o traiciona nuestra confianza debemos recordar las cosas buenas que ha hecho en el pasado. Entonces estamos tratando con un ser humano débil y poco fiable, no con una figura malvada en un videojuego de nuestra fantasía a la que podemos hacer desaparecer de la pantalla. Muchos de los jóvenes reclutas rusos tiemblan en el filo de la navaja de la conciencia cuando deciden obedecer y luchar o ser castigados como ejemplo para los demás. Las trincheras de la Primera Guerra Mundial mostraron muchos ejemplos de ello. La guerra propaga la injusticia como una pandemia en plena efervescencia. Todos estamos contaminados por ella.

Una vez que el equilibrio del universo se ha roto con un acto de injusticia, muchas personas inocentes y ordinarias se ven obligadas a hacer cosas en contra de su conciencia. La injusticia nubla nuestra visión moral. Pero el proceso del perdón libera la visión, la sabiduría y la compasión que son las únicas que pueden restaurar la claridad de la caridad. No hay mayor maestro de esto que Jesús.

Laurence

Lecturas Semanales

Lectura 30, Ciclo 5


“Perdón y Compasión”
Texto extraído del libro de Laurence Freeman OSB “Aspectos del Amor”.
(Londres: Arthur James, 1997), págs. 72-74.
La única manera de lidiar con la complejidad de las relaciones humanas es aprendiendo simplemente a amar. Aprendemos que el amor es la fuerza unificadora en toda relación humana tanto si se trata de una relación con aquellos que nos son más cercanos como si se trata de aquellos que nos han herido … o, simplemente, como si se trata de la manera en que nos relacionamos con la humanidad en general, hasta con los más desfavorecidos en la calle o con el sufrimiento que vemos a diario en los medios. Aprendemos que es el mismo amor el que nos relaciona con todos ellos.
La única manera de lidiar con la complejidad de las relaciones humanas es la simplicidad del amor. En el amor no juzgamos, no competimos. Aceptamos, reverenciamos, y aprendemos a vivir con compasión. Al aprender a amar a los demás, dejamos salir la alegría interna que irradiamos hacia fuera y que llega a los demás a través de nuestras relaciones. Ésta es la razón por la cual las comunidades, las familias, y los matrimonios no existen exclusivamente para la perfección de las personas involucradas la relación. Existen también para irradiar amor más allá de sí mismos … una alegría radiante y una simplicidad del amor más allá de sí mismos para alcanzar a todos aquellos que entran en contacto con ellos.
Ésta es la visión que tenía John Main de la comunidad. La comunidad se hace posible gracias al compromiso que cada uno hacemos, en soledad, con la más profunda relación de nuestras vidas, que es nuestra relación con Dios. Por esta razón, al aprender a amar a los demás vislumbramos un nuevo entendimiento de la unidad de la creación y de la simplicidad básica de la vida. Vemos qué significa decir que el amor cubre una multitud de pecados.
El perdón es el poder más revolucionario y transformador del que somos capaces. Nos enseña que el amor es la dinámica esencial de cada relación, la más íntima, la más antagónica así como la más casual. El mismo carácter ordinario de nuestra meditación diaria nos revela cuán universal es el camino del amor.

Tras la Meditación:
De el Camino de la Luz
de David Adam SPCK 2009, pág. 102. Escrito en Lindisfarne

En el interior de cada elemento de la creación,
en el interior de cada persona,
el Dios que está escondido espera
sorprendernos con su gloria.  

En cada momento de tiempo,
en cada día y hora,
el Dios que está escondido se nos aproxima
llamándonos por nuestro nombre para hacernos suyos.  

En el interior de cada corazón humano,
en nuestro interior más íntimo,
el Dios que está escondido nos toca
para despertarnos y revelarnos su amor.  

Todo, todos, están en el interior de Dios,
todo espacio, todo tiempo y cada persona.
El Dios que está escondido nos pide abrir
nuestros corazones y nuestros ojos a su presencia.  

Carla Cooper
Traducido por WCCM España    
P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma 2020: lunes de la quinta semana de Cuaresma

95E7EEA6-DCFB-4AA1-A445-6F0D0F54890C

 

¿Qué es lo normal? Una vez estaba hablando con una persona que estaba muy enojada porque se había sentido profundamente herida por un amigo. ”El amigo actuó mal” pensé en un primer momento. Era fácil para mí sentir que podía ser objetivo al pensar también: “bueno, quizás esa persona no quería herirla, es más, tal vez ni siquiera sabía realmente lo que estaba haciendo”.

Esto es muy fácil de decir cuando no somos nosotros los que estamos sufriendo en la Cruz.

Jesús alcanzó la absoluta objetividad, no la falsa objetividad desde la que creemos hablar la mayoría de nosotros. Y alcanzó la objetividad gracias a su gran subjetividad, es decir, al conocerse totalmente a sí mismo, y más aún, al aceptar entregar su espíritu a su fuente original, dejando de estar separado, y abandonando cualquier atisbo de apego. En ese momento estaba en la Cruz y dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Es interesante notar que no dijo: “Padre, los perdono…”.

Cuando es el “yo” el que perdona, hay demasiada fijación con el dolor y con el drama del perdón. Al invocar el perdón para la lamentable y brutal ignorancia de sus enemigos – desde el centro de su ser – estaba conectando con la fuente misma. Sus últimas palabras nos enseñan hasta dónde había llegado, y a qué debemos aspirar nosotros.

Ahora, volvamos a la historia del principio. La persona con quien estaba hablando – que se había sentido traicionada – analizaba y condenaba a quien la había herido. Todos hacemos lo mismo, en un intento por tratar de entender cómo pudo haber ocurrido, buscando explicaciones que pretenden ser objetivas, pero terminan siendo acusatorias. La mayoría de las veces usamos términos de la psicología, y es probable que haya algo de cierto en estas valoraciones psicológicas que hacemos de los demás. Pero, sin embargo, puede que no sea una verdad que tengamos el derecho de mencionar o analizar. Este hecho es obvio cuando decimos frases como “No son normales. Hay algo malo, anormal en ellos”. Jesús no dijo en sus últimas palabras: “Lo que hacen no es normal”. Porque de hecho, es demasiado normal: culpamos a los otros y los crucificamos para protegernos a nosotros mismos de la verdad. No hay nada más normal en las relaciones humanas e institucionales que buscar chivos expiatorios.

Incluso para el cristiano más devoto es difícil explicar exactamente qué hace la Cruz por el mundo y por qué es importante. De hecho, fuera del fulgor de la Resurrección, resulta imposible explicarlo. Pero una parte de todo el misterio de su sufrimiento y muerte nos ayuda al mostrarnos toda la falsedad, la auto-decepción y el terror de lo que nos lastima, y cómo el hecho de buscar chivos expiatorios en los otros es una manera de escapar del sufrimiento.

El sufrimiento, que hoy en día estamos experimentando todos con esta crisis, debe ser evitado o reducido, si se puede. Pero si no se puede, aprendamos de él. Pongamos nuestras esperanzas en que cuando esto pase y empecemos el proceso de recuperación, tengamos un mejor entendimiento de lo que realmente significa “normal”. Un uso normal del tiempo, un clima normal, relaciones normales. La manera en que aprovechemos este tiempo nos puede ayudar a encontrar nuestro centro y nuestro equilibrio, que también están simbolizados en la Cruz. Entonces seremos menos propensos a culpar a los otros y estaremos más preparados para obrar bien. Sólo siendo quienes realmente somos (como hizo Jesús) seremos agentes del cambio hacia lo verdaderamente normal.   

Laurence Freeman O.S.B.

Traducción: Gabriela Speranza, WCCM Argentina

Lecturas Semanales

Lectura 36, Ciclo 4

LogoMailingLectura600

lec36

“Perdón y Compasión” Extracto de “Aspectos del Amor” de Laurence Freeman OSB (Londres: Medio Media, 1997), págs. 72-73.

Para aprender a amar a las personas queridas, tenemos que empezar por evitar nuestras proyecciones positivas y la forma en la que las solemos idealizar. Del mismo modo, para amar a nuestros enemigos, tenemos que aprender a evitar nuestras proyecciones negativas – aquellas que surgen de nuestras propias heridas y carencias. Es muy probable que cada uno de nosotros sepamos identificar momentos de nuestras vidas en los que hemos criticado a los demás por faltas que nosotros mismos tenemos pero que no éramos capaces de reconocer ni aceptar como propias.

Aprender a perdonar requiere de este difícil, complejo y doloroso proceso de retirar nuestras proyecciones de los demás. Resulta muy fácil, y nos genera un gran alivio, culpar a los demás de los problemas o experiencias dolorosas que hemos tenido en nuestra vida. Éste es el germen inicial de todas las persecuciones racistas, limpiezas étnicas y holocaustos que suceden en el mundo. Ésta es la causa de la caza de brujas y de todo tipo de ataque inhumano personal o colectivo. Se trata, realmente, de uno de los aspectos más terribles de la naturaleza humana. Sucede una y otra vez en el curso de la historia y ocurre continuamente en nuestras vidas personales. Es el lado más oscuro de la naturaleza humana.

La oración profunda nos permite perdonar, nos enseña a amar. Aprendemos así que la única forma es el camino del perdón. De hecho, el eje de la enseñanza moral de Jesús es el perdón. Él nos dice que nos amemos los unos a los otros. Y eso incluye específicamente amar a nuestros enemigos.

La única forma de hacer frente a la complejidad de las relaciones humanas es la simplicidad del amor.

Carla Cooper

Traducido por WCCM España