P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Lunes de la tercera semana de Cuaresma 2022.

Los ucranianos ruso-parlantes, que tienen una agenda de números de telefónicos en Rusia, llaman al azar para hablar con quien conteste sobre el agravamiento de la pesadilla de este año en cuaresma.

La mayoría cuelga en cuanto oye el acento extranjero. Otros se comprometen con precaución con los que llaman, que intentan con más prudencia aún entablar una conversación. A menudo escuchan la versión que el Kremlin ha dado a los medios de comunicación: “esto lo empezaron los ucranianos”, “están bombardeando sus propias ciudades”, “el presidente Putin nos protege”, “Rusia sólo utiliza la fuerza de forma defensiva”, “los ucranianos apoyan la operación”.

Los ucranianos que llaman saben que es inútil decir que están equivocados, que les han lavado el cerebro. En cambio, aprenden a escuchar. Y a hacer preguntas. En la mayoría de los casos, el intento de conversación no dura mucho. Ninguna conversación puede prosperar si ambas partes no se arriesgan a escuchar. Escuchar significa estar preparado para ver el tema desde el punto de vista del otro. Hacer esto es peligroso en un estado autoritario que castiga la disidencia. Pero también es poner en peligro el sentido de uno mismo: dejar de lado el yo, soltar lo que uno cree que es. Los meditadores se arriesgan a ello todos los días.

Intentar hacer cambiar de opinión a otra persona sin sufrir pacientemente el rechazo de tu ofrecimiento de escuchar es otro tipo de lavado de cerebro. A los prisioneros de la última guerra fría a menudo se les lavaba el cerebro ideológicamente antes de ser liberados. Luego había que revertirles este lavado cerebral. Es como una peligrosa cirugía cerebral. Invadir y ocupar las mentes de otros es como la invasión violenta y la colonización de un estado soberano. Rusia está intentando hacer en Ucrania lo que China logró en Tibet.

Ocupar un territorio es inseparable de intentar ocupar su espacio mental. Ambos profanan lo humano y agreden la civilización; si lo consiguen, es mediante un régimen de terror. La resistencia más poderosa a la ocupación externa es seguir haciendo preguntas. No podemos cambiar la mente de la gente. Pero podemos abrir sus corazones abriendo los nuestros a ellos: mediante preguntas que muestren un camino no violento hacia la verdad. 

También debemos hacernos preguntas a nosotros mismos. ¿He sido engañado? Nuestro modo de vida en el consumismo occidental está construido sobre una forma de espejismo llamada publicidad. Esta ha ocupado muchos ámbitos de la vida, especialmente visible en aquellos políticos que se comercializan a sí mismos y se niegan descaradamente a escuchar las preguntas que se les hacen. También he conocido a muchos cristianos de cuna que necesitan ser desprogramados de una fuerza ocupante de creencias en su infancia: un Dios castigador, el rechazo de otras creencias, la criminalización de la identidad sexual o la manipulación a través de la culpa. Sólo después de ser liberados de esto pueden volver a la esencia pura de lo que se les enseñó y decidir por sí mismos.

Estas comparaciones requieren perspectiva y sentido común. Pero si no nos planteamos preguntas radicales sobre nuestra propia libertad asumida, ¿cómo podemos ayudar a los demás? El prisionero se convierte en carcelero hasta que es libre. La escucha de las preguntas que liberan la propia verdad que nos hace libres no sólo consiste en la conversación y el intercambio de ideas. También se consigue -y quizás de forma más poderosa para quienes se arriesgan a ello- mediante el hábito de sumergirse en el silencio interior. Dejar ir todas las palabras y pensamientos lava la mente en otro y mejor sentido.


Laurence

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P.Laurence. Domingo de la tercera semana de Cuaresma 2022.


Puede que el año que viene dé frutos. Si no, puedes cortarlo.  
(Lc 13, 9)

Hace poco escuché a una mujer inspiradora hablar sobre el poder y el género. Nos recordó que cuando un hombre es fuerte en el manejo del poder se le llama decisivo o la gente dice que sabe lo que se necesita y va a por ello. Una mujer que hace lo mismo suele ser acusada de autoritaria. Detrás de la desigualdad y la escasa representación de las mujeres en la mayoría de los ámbitos de la sociedad (excepto en la obstetricia y la educación primaria) se esconde un prejuicio, una caricatura del poder masculino y femenino. Detrás de la caricatura se asume que el poder es la fuerza utilizada sobre los demás: se necesita una fuerza externa que haga que la gente haga algo para actuar responsablemente y poder liderar con eficacia. 

La disertante había ocupado con éxito muchos puestos de poder a lo largo de su carrera, se había enfrentado a prejuicios e intimidaciones y, a menudo, había sido la única mujer en consejos directivos. La meditación también le ayudó a ser consciente de otro tipo de poder que no se utiliza sobre los demás, sino junto a ellos, una energía que proviene de un espacio interior personal y no de las fuerzas políticas que controlan las relaciones externas. Este poder más interior, según su experiencia, nos conecta con otra fuente superior de poder más allá del individuo. Cuando describió esto, pensé en Jesús diciéndole a Pilato: Tú no tendrías sobre mí ninguna autoridad, si no la hubieras recibido de lo alto. 

Ver el poder como una fuerza es una comprensión poco creativa del poder, porque se encierra en la visión egoísta de la realidad. Al carecer de la creatividad de la conexión superior, se vuelve destructiva. Utiliza un modelo de cerebro izquierdo sobre cómo debe acumularse y almacenarse el poder. Ignora la naturaleza dinámica del tiempo e intenta retenerlo y poseerlo, lo que conduce al autoengaño. La realidad está en continuo movimiento. El verdadero poder también fluye desde una fuente más allá del individuo, que combina los aspectos masculinos y femeninos del poder: fuerza y dulzura, decisión y paciencia. 

La esencia natural del poder une la impermanencia de la realidad con la libertad de saber que «aquí no tenemos una ciudad permanente». Lo que hemos acumulado puede evaporarse en un instante. Podemos descarrilar en cualquier instante por accidente, enfermedad o muerte. El tiempo vuela, pero cada segundo de la existencia contiene la verdad del comienzo del universo.

La meditación es el mejor maestro sobre la naturaleza del poder y cómo utilizarlo. En el desierto, Jesús fue tentado a utilizar su ya profundo conocimiento y relación con la realidad para sus propios fines. Sabía cómo las personas poderosas pueden ser malinterpretadas por quienes sienten su influencia y que el poder entendido como fuerza conduce al abuso. Los líderes autocráticos caen en esta trampa de vincular multitudes y poder. 


El poder de talar una higuera improductiva es de un tipo. La sabiduría de darle más tiempo y utilizar el fracaso como abono para nutrirla es del otro tipo. Puede parecer una abdicación, pero es la única forma sana de utilizarlo.


Laurence

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Viernes de la segunda semana de Cuaresma 2022.


La meditación bien corresponde a la naturaleza de la vida como un viaje en el que nunca nos detenemos totalmente. Hay muchas subidas y bajadas, períodos de lucha intensa y tiempo de relajarnos y de disfrutar. Sin embargo, somos pasajeros en el río del tiempo, siempre estamos en movimiento.  Al igual que en todos los viajes, necesitamos orientación, a veces consuelo, compañía y comida para el trayecto. Y significado: ya que sin significado no somos peregrinos, sino senderistas sin metas.

El desierto con sus oasis y extraña fertilidad se utilizó a menudo para describir el aspecto interior del viaje de la vida. Al recordar el maná en el desierto del Éxodo, podemos considerar el mantra como nuestro maná, así como algunos consideran la Eucaristía como «nuestro pan de cada día».

El mantra, como la ligera sustancia hojaldrada del maná, no suena como un banquete importante. Por un lado, es cierto, ya que, en la dimensión interior del viaje humano, como en el mundo relacional de la física cuántica, estamos sujetos a diversas leyes. Aquí, un banquete puede ser hambruna y tener hambre, un banquete. Aquí, la pobreza es la llave del tesoro oculto del Reino. Aquí, dejar ir es la manera más segura de alcanzar nuestra meta. Aquí, incluso la muerte es la puerta a una vida más plena. El fracaso se transforma en prosperidad a través de muchas fuentes de gracia ocultas. 

El meditador aprende a vivir con la paradoja en todo momento sin importar lo que esté padeciendo o gozando.

Decimos el mantra suavemente, aprendiendo a escucharlo con atención absoluta, en lugar de utilizarlo como un arma del control mental manipulada por nuestra voluntad. La simplicidad y delicadeza del mantra lo convierten en una palanca que mueve la montaña del ego. Cualquier meditador que haya desarrollado una costumbre, sin importar cuán imperfecta le pueda parecer, aprendió a entregarse a la realidad voluntariamente, a pesar de que esto significa renunciar a muchas de sus atesoradas ilusiones.

Al preguntarle a un meditador de muchos años porqué practica la meditación, en general, al principio le costará responder. ¿Por dónde empezar? Por otro lado, cada meditador para quien su costumbre se convirtió en una vertiente del viaje interno en conjunto con el trabajo de su vida diaria, dirá que «es un regalo».

Éste es el significado del maná, que cayó generosa y diariamente de cielo (dos veces en el Sabbat). Igual para todos, no podía ser almacenado. Solo podía ser recibido por los que lo recibieron como un regalo que prueba la igualdad de todos. Por lo tanto, perforó profundamente un embudo de la percepción en la naturaleza de la realidad. Demuestra que cada uno de nosotros está destinado al mismo grado de felicidad pero que para cada uno tendrá distinta forma. «Proporciona cada placer y satisface cada gusto.» Y, sin embargo, no está a la venta. Es, como nuestro ser en sí mismo, un regalo puro. 

Regla número uno sobre Dios: Dios nunca pide de regreso un regalo. Regla número dos: El regalo de Dios incluye los medios para aceptarlo.

Laurence

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Jueves de la segunda semana de Cuaresma 2022.

En general, consideramos que el objetivo principal de la justicia es identificar y castigar al culpable. Pero, ¿y si éste fuera el resultado y el objetivo principal fuese descubrir al inocente? ¿No sería el mundo un lugar más gentil y no estaría la sociedad mejor orientada hacia las funciones humanas esenciales de aprender las disciplinas sagradas del amor y celebrar la belleza en todas sus formas?

Si Putin decide a destruir Kiev o no, debemos pensar cómo llevaremos, a él y a sus fieles matones, a la justicia una vez que su orgía de muerte y destrucción se de vuelta, como suele hacerlo la violencia.

En la historia del Éxodo de la reflexión de ayer, los hebreos se quejaron y se rebelaron porque su camino hacia la libertad era incómodo. Dios no castigó su culpable ingratitud (el octavo pecado capital) como uno creería. En cambio, les envió maná (y también agregó una cuota de carne de codorniz). El maná también se menciona en el Corán como un medicamento para los ojos. Era una ligera sustancia hojaldrada que debía consumirse fresca diariamente porque si se almacenaba, se echaba a perder rápido. Sólo en el día Sabbat, cuando recibían doble ración, podían almacenarlo por un día. Aparecía en el suelo por la noche, como el rocío y debía recogerse antes de que se derrita con el calor del sol. Sabía a obleas con miel. Se cree que la palabra maná deriva de ¿Qué es?, lo que implica el elemento de la sorpresa y la maravilla que sentimos siempre que nos alimentan y nos cuidan, en especial cuando esperábamos ser castigados. Es el alimento del perdón. Convierte el estado de culpa y vergüenza en inocencia.

En la espiritualidad católica y cristiana ortodoxa, el maná está asociado con una hostia fina como una oblea, que se utiliza en la comunión y se consagra como el Cuerpo de Cristo. El maná, como la Eucaristía, es un símbolo físico que trasciende el ámbito de las apariencias y sobrepasa el entendimiento ordinario. Me criaron con una reverencia en la Misa y una devoción por el Santísimo Sacramento guardado en el sagrario. Originalmente, se utilizaba solo para a los enfermos de la comunidad que no podían ir a la Eucaristía en persona. Luego, se convirtió en un objeto de devoción estático en sí mismo. A veces, esto puede rozar el límite de lo idólatra, como los cristianos protestantes a menudo comentan. Sin embargo, si evitamos este peligro – y mantenemos el maná fresco – nos otorga un deleite físico y espiritual al que ninguna empresa farmacéutica puede siquiera acercarse. Como dice el Libro de la Sabiduría sobre el maná:

…A tu pueblo, en cambio, le diste a comer alimento de ángeles. Sin que tuvieran que trabajar, les enviaste desde el cielo un pan listo ya para comer, que podía agradar a todos y era apropiado a todos los gustos. Este sustento que le dabas mostraba la ternura que sientes por tus hijos: se acomodaba al gusto del que lo comía y se convertía en lo que cada uno quería. (Sab 16:20-21)

Esto describe una experiencia: un estado mental y tan pasajero. Pero también puede convertirse en una fuerza curativa progresiva en la profundidad inmóvil de la persona más allá de la experiencia consciente.

Mañana reflexionaremos sobre cómo el meditador puede entenderlo.

Laurence

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Miércoles de la Segunda Semana de Cuaresma 2022

La historia del Éxodo, el escape de los hebreos de la esclavitud en Egipto, sus cuarenta años vagando por el desierto y su eventual entrada a la «Tierra Prometida» es uno de los grandes mitos de la humanidad. Aunque no existe un registro histórico del hecho, fue una poderosa historia para muchas generaciones. Afianzó la fundación del estado de Israel después del Holocausto e inspiró muchas interpretaciones místicas de la fe cristiana. La Cuaresma es el momento en el que es recordada y reinterpretada a la luz de la experiencia presente.

Muchas veces, en su caminata por el desierto, los hebreos se rebelaron contra su líder Moisés. Se quejaban de las condiciones en las que vivían. ¿Por qué no nos dejaste en paz en la esclavitud, donde podíamos comer y beber y mirar Netflix cuando queríamos? No era perfecto, pero era mejor que esta libertad. Moisés respondió: bueno, no es mi culpa. Culpen al Señor su Dios. Fue su idea y ustedes accedieron.

Creeríamos que el Señor su Dios arrojaría un rayo sobre su pueblo por su falta de fe y su desobediencia. En cambio, le dijo a Moisés que llovería pan del cielo (el pan de cada día). Habría suficiente para todos y en el Shabat todos tendrían ración doble. El propósito de su generosidad, agregó, era (no mantenerlos callados) probarlos y ver si podían seguirlo de mejor manera en el futuro. Dios les dio lo que necesitaban – y una bonificación – no las herramientas para tratarlos como niños malcriados (que es cómo actuaban) sino para enseñarles. Se enseña mejor al sorprender con amor cuando esperamos y sentimos que merecemos ser castigados.

Nuestro ego no piensa de esta manera. Por lo tanto, nuestra imagen de Dios no actúa así, porque cada imagen o idea que tenemos de Dios es, en cierta medida, un dios falso. Tenemos que sorprendernos – y desilusionarnos – para ver la verdad.

En la historia (Éxodo 16), en ese momento, Dios arroja una porción diaria de carne en forma de codornices. Dios dice que cada persona debe recoger lo que necesita dependiendo del tamaño de su familia. Esto significaba que los que juntaban menos y los que juntaban más estaban igualmente satisfechos. Cualquier persona que sepa la historia de la alimentación de los cinco mil en los evangelios verá la repercusión en esta historia. Resalta a la comida eucarística como un símbolo de unidad y justicia para todos.

El principio de igualdad y equidad es el secreto de la alegría. Sin alegría perdemos la razón y la justicia y nos consumen las ilusiones de la codicia.

Laurence