P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del Padre Laurence: tercer domingo de Adviento, 2021

Cuando toda la gente le preguntó a Juan: «¿Qué debemos hacer?», Él respondió: «Si alguno tiene dos túnicas, debe compartirlas con el que no las tiene, y el que tiene algo de comer debe hacer lo mismo». También los recaudadores de impuestos que vinieron para el bautismo, le dijeron: “Maestro, ¿qué debemos hacer?” Él les dijo: “No exijan más que su tarifa”. Algunos soldados le preguntaron a su vez: “¿Y nosotros? ¿Qué debemos hacer? ». Les dijo: « ¡Sin intimidación! ¡Sin extorsión! ¡Conténtate con tu paga!» Había crecido un sentimiento de expectación entre la gente, que comenzaba a pensar que Juan podría ser el Cristo, así que Juan declaró ante todos ellos: ‘Yo los bautizo en agua, pero viene alguien, alguien que es más poderoso que yo, y no soy apto para desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en Espíritu Santo y fuego. Tiene el abanico de aventar en la mano para limpiar la era y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará en un fuego que nunca se apagará”. Además de esto, hubo muchas otras cosas que dijo para exhortar al pueblo y anunciarle la Buena Nueva. (Lc 3, 10-18)


Cuando lo obvio suena extraño o dramático, es una señal de que nos hemos alejado de la realidad y nos hemos metido en un lío. Cuando intentamos liberarnos, a menudo nos alejamos de nuestros líderes: después de todo, creemos que ellos nos llevaron al lío. De modo que buscamos otras fuentes de sabiduría o dirección.

La multitud, incluidos algunos de sus líderes, salió al desierto para preguntarle a uno de los miembros más marginales de la sociedad, el profeta, «¿qué haremos?». Como dijo el padre del desierto, Abba Isaac, quien enseñó a Casiano a meditar, cuando Casiano y su amigo Germán regresaron y le preguntaron cómo debían orar, les dijo: “Estás del lado de la comprensión cuando sabes qué pregunta hacer”. Luego les enseñó el mantra a ellos y a las generaciones venideras.

Juan el Bautista respondió a la pregunta «¿qué haremos?» Y no «cómo oraremos». Entonces les dice lo obvio: sean honestos, no exploten a los débiles, estén contentos con lo que es suficiente. Que esto fuera necesario muestra cuán corrupta y disfuncional se había vuelto la vida social. Esta es una tendencia en cualquier sociedad debido a la forma en que funcionan el poder y la jerarquía. Pero en un estado totalitario o en una sociedad ocupada por una fuerza brutal, todas las relaciones sociales eventualmente se corrompen y brutalizan. Este es el legado de todos los períodos del colonialismo.

El profeta puede ser la chispa de un proceso de conversión, tanto interior como social. Y, de hecho, es necesario convertir tanto la dimensión interior como la exterior. El bautismo con agua fue el primer signo exterior de este proceso de reforma moral. Pero la visión del Bautista vio más profundo que el mundo de señales y apariencias. Habló del próximo, el esperado bautismo de fuego. Y eso es lo que esperamos en Adviento: el momento en el que el tiempo mismo sea inundado por la presencia de Dios. Es un torrente de fuego en el que lo irreal desaparece y solo lo real se vuelve cegadoramente obvio.

Laurence Freeman OSB

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del Padre Laurence. Segundo domingo de Adviento, 2021.

Vino la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Recorrió todo el distrito del Jordán proclamando un bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados, como está escrito en el libro de los dichos del profeta Isaías: Una voz clama en el desierto:

Prepara un camino para el Señor, endereza sus sendas. Se rellenará cada barranco, se allanarán todas las montañas y colinas, se enderezarán los caminos sinuosos y se allanarán los caminos accidentados. Y todo el género humano verá la salvación de Dios. (Lc 3, 1-6)

A Lucas le gusta poner la historia que cuenta sobre Jesús en el contexto de la historia mundial. Por su relato del liderazgo político en el poder cuando Juan el Bautista, un pariente de Jesús, comenzó su predicación, sabemos que ambos tenían alrededor de 30 años cuando salieron al escenario público.

 

Una pequeña parte privada de nosotros cree que nunca crecemos realmente. A pesar de toda nuestra experiencia, tenemos un sentido de un continuo de identidad desde nuestros primeros recuerdos. Incluso si «he cambiado más allá del reconocimiento», reconocemos al yo que ha cambiado. Y luego están nuestros problemas, nuestros intereses, problemas, fantasías y miedos. Estos pueden manejarse mejor o camuflarse a medida que maduramos, pero son esencialmente imposibles de erradicar. Fueron inculcados tanto por nuestros genes como por nuestro entorno y por las experiencias emocionales más tempranas. Los puntos de inflexión en nuestra historia personal, sea lo que sea que esté sucediendo en el mundo que nos rodea, son cómo escuchamos nuestra propia llamada personalizada y cómo respondemos.

 

Juan el Bautista es el último de los profetas a la antigua. En la caricatura moderna es gracioso, gracioso como raro, no gracioso. Se lo representaría semidesnudo con rastas, comiendo insectos y miel y gritando a la gente, en el andén mientras esperan el tren de la mañana, que se acerca el fin del mundo debido a la degeneración de los tiempos. Sin embargo, en su día fue visto de manera diferente. La gente acudía en masa a él con la más fundamental de todas las preguntas éticas: «Entonces, ¿qué vamos a hacer?» Su respuesta fue simple: comparte lo que tienes, no explotes a los demás, no abuses del poder, practica la integridad.

 

Hasta ahora, es reconocible. Todavía queremos escuchar lo que los profetas de nuestro tiempo tienen que decir, incluso si nos resulta difícil distinguir lo genuino de lo falso, la teoría de la conspiración de la verdad siempre más matizada. ¿Cómo aprendemos a confiar de nuevo? Quizás por la otra cosa que les dijo que hicieran: arrepentirnos y pedir perdón por nuestros pecados. ¿Y cómo recordamos lo que el arrepentimiento y el pecado realmente significan sin volvernos culpables o farisaicos por nuestro arrepentimiento y conversión? Quizás recordando por qué la Nube del No Saber dice que «este trabajo (de meditación)»seca la raíz del pecado dentro de nosotros».

 

Hay una cierta tristeza y un sentimiento de fin de era sobre este joven intenso, predestinado y profético, tocado por la palabra de Dios y empujado a predicar en el Valle del Jordán. Pero también es marginal de otra manera. A solo un paso de él hay alguien, en realidad un pariente más joven con otro tipo de carisma, que la gente algún día dirá que él mismo encarna la Palabra de Dios y a quien conocer aunque sea un poquito significa ser cambiado (casi) en forma irreconocible.

 

Laurence Freeman OSB

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence: Primer Domingo de Adviento 2021

Primer Domingo de Adviento 28 de Noviembre de 2021  
Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación. Guardaos de que no se endurezcan vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros, como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan la faz de la tierra. Estad en vela, orando todo el tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis permanecer de pie delante del Hijo del hombre”
Entre otras cosas, los Evangelios son una gran obra de arte. De hecho, son una suprema obra de arte espiritual. Como todo arte, reflejan lo que sentimos nosotros seres humanos e iluminan estos sentimientos con percepciones transformadoras. Tenemos la impresión de que los Evangelios nos conocen antes de que los leamos. Traen al campo de la conciencia lo que normalmente permanece en las fronteras no verbales y no imaginadas. Si los escuchamos sabiamente hacen visible lo invisible y lo hacen visible mediante la interacción con nuestra interpretación. Ni son mágicos ni nos tratan como a niños pequeños. Si simplemente tomamos las palabras y las imágenes al pie de la letra, nos perdemos la oportunidad de mirar entre bastidores y, como el profeta Daniel, de “contemplar las visiones de la noche”. Aprovechemos las próximas cuatro semanas para encontrarnos con estas fuerzas de sabiduría que llamamos evangelios de una manera renovada y más íntima.  
Según comenzamos el Adviento, un tiempo reservado por la antigua sabiduría litúrgica para prepararnos para la celebración auténtica de la Navidad, se nos presentan en primer lugar una serie de profecías apocalípticas. Hoy en día, nos hemos acostumbrado a mensajes que parecen derrotistas y agoreros en relación con las predicciones acerca del cambio climático, la corrupción financiera, las guerras y las tragedias que sufren las familias de refugiados, utilizados despiadadamente como objetos de políticos y traficantes.  
Las palabras de Jesús en este Evangelio del primer domingo de Adviento describiendo un día de juicio final nos resultan aun mas escalofriantes. Muchos cristianos las interpretan erróneamente como predicciones -que no son lo mismo que profecías- y las toman literalmente. Y lo hacen a pesar de que Jesús, hablando como culminación del linaje de los profetas bíblicos, se refiere a cosas que suceden en todas las épocas. Echad un vistazo a las noticias de hoy.  
Quizás la tendencia a tomarlas literalmente revela un miedo a lo que realmente significan. Ilustran el sentido de mortalidad de cada ser humano así como el terror que surge de un mundo en constante cambio sobre el que tenemos poco control. Es más fácil convencerse a uno mismo de que el mundo arderá en llamas mañana que vivir en paz con el hecho de que cualquiera de nosotros podría fallecer antes de que termine el día de hoy.  
Sin embargo, estas profecías ni son sensacionalistas ni pretenden infundir el miedo. Al contrario, nos imponen el requerimiento de estar despiertos, en alerta, rechazando el libertinaje de la distracción dañina y descubriendo la realidad escondida pero siempre presente de la oración continua. Mirad al interior, no arriba hacia el cielo. Estad presente en el presente que está presente, en lugar de imaginar el mañana.  
El ‘Camino’ del Evangelio no consiste en vivir con miedo y estremecimiento. Se trata de reconocer cuándo somos manipulados por el miedo, desde nuestro inconsciente o desde los medios de comunicación social, y escoger el camino de la ‘liberación’ en su lugar. El verdadero Fin es esta liberación del miedo al fin.  
Permitidme sugerir una habilidad para aprender cada semana del Adviento. Esta semana podría ser la de proteger a nuestro corazón y a nuestra mente del miedo y su progenie, exponerlo y danzar libremente sobre él.  

Laurence Freeman, OSB  
Traducido por WCCM España

P. Laurence Freeman OSB

Lectio Divina – Tocando lo Sagrado

P.Laurence Freeman OSB

Estadios de Contemplación, Catedral de Chartres

Por medio de la Lectio Divina aprendemos a conocer el corazón de Dios, a través de las Palabras de Dios (San Gregorio Magno)

“Se presentaban tus palabras, y yo las devoraba;

 era tu palabra para mí un gozo

y alegría de corazón” (Jer 15, 16).

Cuando nos abrimos y nos mostramos receptivos a la Palabra de Dios tiene lugar la conversión. Es una revolución en las estructuras profundas de la personalidad que, si es genuina, continúa durante el resto de nuestra vida. La Palabra es verdaderamente un instrumento afilado para separar la verdad de la ilusión y para penetrar los lugares secretos del corazón” (Laurence Freeman, OSB).

La experiencia de la Lectio Divina

Lectio Divina significa lectura profunda. Permite que un texto sagrado despliegue su riqueza en ti. De él fluyen sanación, sabiduría, gozo, paz y fortaleza. Es una manera específica de oración y, por eso, necesita su propio tiempo reservado para ello. Este tiempo puede ser corto o largo y puede preceder o seguir a un tiempo de meditación en el que todos los pensamientos y palabras se entregan al silencio.

Para describir la experiencia de Lectio normalmente se utiliza una serie tradicional de pasos. Pero estos son simplemente un esbozo de los elementos de la práctica de la Lectio, que es un proceso sutil, libre y dinámico, por lo que no tenemos que ‘seguir’ estos pasos mecánicamente.

  1. Preparación

Puedes proceder de manera similar a como te prepararías para un tiempo de meditación. Dedica un momento o dos para desconectar de los pensamientos o actividades que te han estado ocupando inmediatamente antes: una breve sesión de estiramientos, un paseo al aire libre, escuchar música o simplemente observar tu respiración.

  • Lectura

Habitualmente, leemos rápidamente con los ojos y el cerebro piensa en lo que el ojo lee. La lectura de la Lectio se hace con el ojo del corazón y se escucha con el oído del corazón. El ‘corazón’ en este sentido significa un punto de integración, no de análisis, y de percepción, no de ideas. Tómate tu tiempo. Evita los juicios, explicaciones o conclusiones sobre lo que significa el texto. Ábrete. Déjate sorprender. Procede lentamente.

  • Repetición.

Observa atentamente si hay alguna palabra o frase que te invita de manera especial. Repítela con amabilidad, despacio, rumiándola, saboreándola. ¿A qué te sabe? Procura que esto tenga lugar en el corazón más que en la cabeza. Con paciencia, deja que se hunda en tu corazón y que actúe ahí. No pienses que tienes que llegar a alguna conclusión o encontrar una explicación. Deja que surja cualquier sentimiento, pensamiento o duda, y no los juzgues.

  • Escucha y conexión.

Escucha la forma en que el Espíritu te guía, inspira, sana o llama a través de esta Lectio. Mira a ver si conecta con algún asunto en tu vida que ahora sea de particular importancia -un problema, sufrimiento, decisión o relación. Permanece en quietud con aquello que se vaya revelando y confía en ello. La palabra es mensajera de amor. Permítete recibir el mensaje y sentirte amado. Permite que la Palabra de ahora te lea.

  • Ser.

Ahora pasa del texto al silencio, del pensamiento sutil a la quietud de la mente. Permite que emerja el mantra y dilo, pronúncialo, escúchalo. Deja ir todo pensamiento e imaginación. Haz esto durante una sesión de meditación completa, como siempre, o incluso durante unos momentos, dependiendo del tiempo de que dispongas.

Oración final

“Tu Palabra está viva y activa. Tamiza los propósitos y pensamientos del corazón. Ve todo y perdona todo. Que tu Palabra se encarne en mí. Amén”.

Sugerencias prácticas

Gregory Ryan, en su libro El Corazón Ardiente, ofrece las siguientes sugerencias prácticas:

  • Lee despacio y con atención amorosa, deteniéndote siempre que las palabras te lleven al silencio.
  • Cierra los ojos y percibe el significado que las palabras tienen para ti ahora. Más aún, percibe la Presencia que se encuentra en ellas. Deja que la realidad de las palabras se vaya convirtiendo cada vez más en una parte de tu ser.
  • Durante el tiempo de lectio, el contexto histórico del pasaje no es tan importante como el lugar que ocupa ahora en tu vida. Realmente, tú no eres la misma persona que hace diez años, ni cinco, ni siquiera que hace un año. Y ya que siempre eres una ‘persona nueva’ tu respuesta a la Palabra nunca será la misma.
  • Puede ser que un día descanses en una paz profunda. Otro día podrás ser consciente de que estás sintiendo tensión, enfado o pena. Estos sentimientos no deben causarte ninguna ansiedad porque todos ellos son parte de la acción sanadora de Dios que está obrando en ti.
  • Con el tiempo aprenderás a aceptarte como una obra en construcción. Tu aprecio creciente por la Palabra Viva de Dios te conducirá a una vida en constante asombro, gratitud y amor.

Traducción: WCCM España

Enseñanzas Semanales

Enseñanza 15, Ciclo 1.

Introducción a la Meditación para un Grupo Cristiano

Recojo algunas sugerencias sobre las charlas que pueden tenerse durante una sesión inicial con un grupo de meditación semanal.

La introducción no excederá de 15 minutos. Nos presentaremos al grupo personalmente como parte de la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana. Explicaremos brevemente cómo nos introdujimos en la meditación. Haremos hincapié en la tradición universal de la meditación, no sólo dentro de la tradición oriental sino también como una práctica de oración arraigada en nuestra propia tradición cristiana.

Tras un breve silencio, comenzaremos la lectura de un pasaje del Evangelio y lo comentaremos como un camino de oración, profundamente arraigado en la tradición cristiana. Estos son algunos ejemplos: Mateo 6,6, “interioridad, pocas palabras”; Mateo 6,8, “la confianza”; Mateo 6,25, “abandono de las preocupaciones, la atención”.

Podemos resaltar que actualmente hay un exceso de interés en “hacer”, en desarrollar actividades. Y debemos establecer una clara distinción entre lo que es “ser” y “hacer”. Todos podemos “caer” en “hacer” demasiadas cosas. Recordaremos la historia de “Marta y María” (Lc. 10, 38-42) y que debemos ser ambas en diferentes momentos, pero que la calidad de nuestro “hacer” depende de nuestro “ser”: estando en paz con nosotros mismos y en silencio interior, seremos capaces de escuchar y ayudar a los demás.

A continuación, haremos una introducción a la figura de John Main y al descubrimiento que hizo sobre la Meditación en la tradición cristiana de Juan Casiano. Este Padre del Desierto es un maestro para todos los cristianos. Él vivió mucho antes de que se produjera la división de las diferentes vertientes del cristianismo. Por ello, la meditación es muy importante en el ecumenismo.

La meditación es una forma natural por la que los cristianos rezamos juntos, a diferencia de las palabras y el ritual que pueden llegar a separarnos. La oración profunda nos muestra que ya somos “uno en Cristo”. “Porque donde están congregados dos o tres en mi nombre, allí estoy yo, en medio de ellos” (Mateo 18:20). La meditación no juzga las diferencias, las acepta de una forma amorosa y comprensiva.

La meditación también actúa como un antídoto del fundamentalismo, respetando las diferencias y aprendiendo a perdonar al otro, desde el “corazón”. Tanto la diversidad como la unidad son necesarias. En el Evangelio de Marcos 9, 38-41, Jesús muestra tolerancia y respeto por las diferencias de los seres humanos. La meditación es un camino de vuelta a casa, de vuelta a la propia relación con Cristo y con la unidad original en Cristo.

La meditación representa el eslabón perdido en nuestra cadena de la oración. Complementa y mejora pero no sustituye otras formas de oración. Enriquece de forma especial la oración de las escrituras. Debemos recordar que la meditación es una dimensión de la oración que nos conduce al silencio. No se trata de hablar con Dios, ni pensar en Él, sino de “estar con Dios”, de permanecer en comunión con la presencia de Cristo en nuestros corazones. El Silencio es la “adoración desde el espíritu y la verdad”.

Kim Nataraja

Traducido por WCCM España