P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Adviento: segunda semana 2020

Este año me han ayudado especialmente a prepararme para el Adviento de dos maneras. Déjame compartirlas contigo. La primera es escuchar una charla de John Main todos los días, de su serie «Charlas recopiladas» (disponible en línea y en CD antiguos). 

Estuve presente cuando todas estas charlas se dieron a los primeros grupos de meditación que se reunieron en el antiguo priorato de Montreal, el embrión de la WCCM. De hecho, también las grabé, como un aficionado, con una grabadora antigua en casete. El efecto de  escucharlos hoy no es nostalgia. Es más de lo que se llama «anamnesis», un término que se usa principalmente con respecto a la Eucaristía, un «hacer presente» lo que fue eterno, atemporal en el evento histórico original. Lo opuesto a la amnesia. El tiempo y la eternidad fluyendo juntos y mezclándose forman el Ahora que todo lo incluye.

Las charlas en promedio son de 15 a 20 minutos. Cada vez que escucho una, tiene el efecto de escucharla por primera vez, familiar pero nuevo, como estar allí de nuevo por primera vez. Así actúa el Evangelio en nosotros cuando estamos realmente presentes y escuchando de verdad. No soy una persona particularmente nostálgica. Los amigos a menudo se sorprenden de que necesite que me recuerden los momentos importantes que compartimos en el pasado. Después de un tiempo, es fácil dejar atrás el pasado, aunque uno todavía lo recuerde. Sin embargo, es imposible dejar ir el presente. En cuanto al futuro, es un puente demasiado lejano y por lo general me contento con dejarlo en las manos invisibles de Dios.

Mi otra práctica de Adviento es compartir la tradición a la que pertenecemos con los miembros más jóvenes aquí en Bonnevaux. Algunos son aves de paso durante unas semanas o meses, peregrinos. Pero pueden ser buscadores serios. Incluso si fueron criados nominalmente en la fe cristiana, es posible que sepan poco de cuál es el fundamento de nuestra vida aquí y en la WCCM. Sin embargo, lo poco que saben es precioso porque es una base sobre la que construir. Compartir la sabiduría de la tradición del desierto, leer el evangelio de Marcos, discutir la Regla de Benito cada mañana o celebrar la misa con ellos tiene un efecto rejuvenecedor sobre ellos y sobre la tradición misma. Elimina el polvo de la deferencia y el miedo que se han acumulado y restaura la doctrina pura e iluminadora, la enseñanza de Cristo.

En una vida solo tenemos tantos Advientos y Navidades. ¿No tiene sentido acercarse a cada uno sin sentimentalismos ni nostalgias, sino como un redescubrimiento y un renacimiento? Adviento significa «ir hacia». Lo que viene hacia nosotros, a la velocidad de la luz, ya está aquí. ¿Qué significa, entonces, prepararse para ello, excepto darnos cuenta del nacimiento eterno del Verbo, el Hijo de Dios, dentro del nacimiento histórico en Belén y, fundamentalmente, no menos en nosotros mismos?

En el evangelio de hoy, Juan el Bautista «prepara el camino» para Jesús. Aunque aplaudido por sus contemporáneos (antes de ser ejecutado), su ego no fue enganchado por su audiencia.

Cuando Jesús apareció, fue lo suficientemente humilde como para inclinar la cabeza ante Juan y ser bautizado. Y Juan fue lo suficientemente humilde como para bautizarlo como una forma de reconocer a Jesús como a quien estaba esperando. La colisión de estas dos humillaciones personales lanzó la vida pública de Jesús en su camino hacia el Calvario, incluso cuando marcó la salida de Juan del escenario. No se puede encontrar significado y propósito sin abrazar la mortalidad. El nacimiento de Jesús incluye la realidad completa de la muerte y todo el ciclo de nacimiento, muerte y, en última instancia, de resurrección.

Laurence Freeman OSB

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Adviento

 
Aquí en Bonnevaux – en el hemisferio norte – el Adviento comienza en otoño. La Navidad llega durante el oscuro invierno cuando el sol, aunque sea imperceptiblemente, empieza a renacer en el solsticio. Y una y otra vez, el ciclo vuelve a repetirse. El final del año cristiano -y, como todos los finales, también es un comienzo- tiene lugar mientras la mayoría de los árboles está perdiendo su gloria silenciosamente, dejando caer todas sus hojas. Caen una a una, como si fueran estrellas fugaces o almas divinas. La mágica paleta de colores del otoño se difumina en siluetas oscuras de árboles desnudos que contrastan con el cielo de fondo: el arte de la naturaleza en su expresión mas minimalista. En el suelo, las hojas están por todos lados, desparramadas por el viento o descomponiéndose despacio por el efecto del escaso calor que llega del sol. A los gatos les encanta acurrucarse entre las hojas. Y justo en estos momentos, aparece Julián, el jardinero, con su máquina para recoger hojas. Haciendo un ruido enorme -pero ahorrando mucho tiempo y esfuerzo- recoge las hojas en patrones simétricos sobre la hierba, para así poderlas meter en sacos mas fácilmente. La primera lectura de la misa del Domingo me recordó a estas hojas Todos nos marchitábamos como follaje, nuestras culpas nos arrebataban como el viento. La lectura de Isaías puede sonar muy negativa para el oído poco entrenado.  Está llena de corazones endurecidos, de ira divina, y de rebelión e impurezas. Sin embargo, no leemos los evangelios solamente para ser consolados. También los leemos para permitir que el filo de la Palabra de Dios rebane nuestros juegos mentales y nuestra arrogancia. Y para que también nos ofrezca un diagnóstico. La Palabra de Dios nos lee, aunque nos creamos que somos nosotros los que estamos leyendo. Menudo alivio sentiríamos si pudiéramos llegar a apreciar que leemos porque estamos siendo leídos y que conocemos porque estamos siendo conocidos. Nos consuela recibir un diagnóstico acertado, uno en el que podamos confiar y que sea coherente con los síntomas que mostramos. Si pudiéramos sentir íntimamente esta interacción con la Palabra, la leeríamos con una mayor profundidad y nos iluminaría aun más.  También es mas fácil de interpretar – por ejemplo, ver “la ira de Dios” simbólicamente. Dios no puede estar “enfadado”. Pero el karma, las consecuencias inevitables de nuestros propios errores, sí puede llegar a parecer como si la ira de alguien estuviera dirigida personalmente hacia nosotros. La crisis ecológica, por ejemplo, es el resultado de un pecado colectivo y un “castigo” impersonal por la avaricia y la profanación de la naturaleza. Al leer las escrituras de esta forma, nos encontramos que en alguna ocasión tenemos que invertir la relación sujeto–objeto, como cuando Isaías le dice a Dios: “escondiste tu rostro de nosotros y nos entregaste al poder de nuestros pecados”. Lo que Isaías realmente nos quiere decir es que escondimos nuestro rostro ante Dios. Al darnos cuenta, la dulce compasión de la Palabra se convierte en un bálsamo: “nosotros la arcilla, Tú el alfarero, somos todos obra de tus manos”. ¿Podéis ahora tener la sensación de haber sido restaurados a vuestra normalidad? El Evangelio de hoy, al principio del Adviento, refuerza este mensaje con gran economía de palabras. Contiene dos mensajes para guiarnos a una buena preparación del acontecimiento de la Encarnación: Uno es “no sabéis” y el otro, “velad”. Velad sin saber. Así es como nos preparamos para reconocer y recibir lo que viene hacia nosotros a la velocidad de la luz, a una velocidad a la que lo que viene hacia nosotros ya se encuentra aquí.  

Laurence Freeman OSB                                  
Bonnevaux, 29 noviembre 2020  
Traducido por WCCM España
Lecturas Semanales

Lectura 23, Ciclo 5


“Meditación”
extracto del libro de Laurence Freeman OSB “Jesús, El Maestro Interior” (Londres: Continuum, 2000, pág. 210)
Uno de los frutos de la meditación es el don del discernimiento. Discernimiento, por ejemplo, para saber cuándo debemos desconectar del bombardeo continuo de noticias e información que nos rodea. La meditación, al crear un espacio de soledad a través de la práctica diaria, protege la dignidad de la privacidad individual. Como resultado, también nos permite desarrollar los valores sociales de libertad personal y de participación responsable en la toma de decisiones sociales. La pasividad y el desánimo que pueden generar la saturación de los medios de comunicación son desafiados por la meditación, aunque sólo sea porque a las personas sabias no se las engaña con tanta facilidad. Meditamos en este mundo que nos ha tocado vivir. Nuestra decisión de meditar representa un compromiso de participar responsablemente en este mundo agitado. La meditación entrena el discernimiento y limita la intolerancia. Enseña fidelidad a la comunidad del verdadero Ser, protegiendo así la dignidad humana. Cada vez que nos sentamos a meditar, llevamos nuestro propio equipaje emocional y el del mundo al esfuerzo de la atención. Es una forma de amar el mundo del que formamos parte y contribuir a su bienestar. Precisamente porque es una forma de dejarnos ir, la meditación nos ayuda a reconocer y compartir la carga de la humanidad.

Carla Cooper
Traducido por WCCM España    
Enseñanzas Semanales

Enseñanza 23, ciclo 5


Oración Mística en el siglo XIV
Hemos visto el florecimiento de la oración mística en los siglos III y IV que resonó en John Main y que le condujo a la forma cristiana de meditación, la forma apofática de oración. Casiano, Evagrio y los monjes Origenistas se dieron cuenta de que lo Divino no puede ser entendido racionalmente o expresado con palabras. Por lo tanto, su forma de oración se llamó «apofática», «más allá de las palabras». De ahí el énfasis en dejar ir las imágenes, las palabras y todas las percepciones sensoriales para llevarnos al Silencio de la oración «pura», donde experimentamos la Presencia Divina.  La agitación política y social y el florecimiento del misticismo parecen ir de la mano. El siglo XIV no fue una excepción: la guerra de los 100 años, el impuesto electoral para financiar las guerras, la revuelta campesina y varios brotes de la peste negra provocaron un terrible sufrimiento y agitación. Además, la Iglesia y el Estado estaban en desacuerdo con dos emperadores elegidos en la guerra, el Papa tuvo que trasladarse de Roma a Aviñón y los franciscanos y dominicos discutían sobre el principio de pobreza.  En esta época caótica, la oración mística y las experiencias espirituales estaban muy extendidas, algunas extáticas y otras apofáticas. En Alemania encontramos místicos como el Maestro Eckhart, Johannes Tauler y Henri Suso. En Inglaterra nos encontramos con Richard Rolle, Walter Hilton, La Nube del No Saber y Juliana de Norwich. El místico flamenco Jan van Ruysbroek y, en Italia, Catalina de Siena, fueron igualmente influyentes.  Realmente, no sorprende que la gente común anhelara una guía espiritual. El resultado de este anhelo popular llevó a Juliana de Norwich, al Maestro Eckhart y al autor anónimo de “La Nube del No Saber” a enseñar en lengua vernácula porque eran muy conscientes de que “Si no se enseña a los ignorantes nunca aprenderán y ninguno de ellos conocerá jamás el arte de vivir y morir. A los ignorantes se les enseña con la esperanza de ser transformados en personas iluminadas» según afirmaba el Maestro Eckhart.  Con la obra “La Nube del No Saber” regresamos a la tradición mística apofática. ¡Resulta irónico que no sepamos quién fue el autor! Es un tratado escrito en inglés como guía para un joven que quería llevar la vida contemplativa de un ermitaño. La vida hermética ejerció un gran atractivo para muchas personas en esta época tan turbulenta, especialmente a raíz del ejemplo y la enseñanza que Richard Rolle plasmó en su famoso libro “El fuego del amor”. El director espiritual del joven estaba muy interesado en contrarrestar la influencia de Richard Rolle al comienzo de su viaje espiritual.  Como correctivo al énfasis de Richard Rolle en las experiencias extáticas y sensuales, el autor de “La Nube del No Saber” enfatizó que para conocer a Dios teníamos que dejar de lado todas las experiencias, pensamientos e imágenes. En otras palabras, él estaba abogando por la «vía negativa», la oración apofática. Resaltó que efectivamente encontramos a Dios en la experiencia del Amor más allá de cualquier imagen o experiencia sensual ordinaria. El autor de » La Nube del No Saber » hizo hincapié en el amor de forma poética expresando bellamente que deberíamos «atravesar el corazón de Dios con un dardo llameante de amor».  El hermano Patrick Moore, en su contribución al Capítulo sobre “La Nube del No Saber” del libro “Viaje al Corazón”, señala que hay dos influencias principales en la obra anónima: la de Dionisio el Areopagita y la que ejercieron los dominicos, especialmente las enseñanzas del Maestro Eckhart. Moore lo expresa así: “Es importante comprender el contexto en el que escribió el autor de “La Nube del No Saber”, especialmente porque volverán a plantearse las ideas expresadas en “Hidden Divinity or Mystical Theology”, obra influyente escrita alrededor del año 500 por un monje que se hacía llamar Dionisio el Areopagita.  Durante mil años, los cristianos occidentales creyeron que Dionisio tenía autoridad en las Escrituras. Se presumía que era el famoso converso de Pablo en Atenas, Dionisio el Areopagita, mencionado en los Hechos de los Apóstoles. Ahora se le conoce como Pseudo-Dionisio para distinguirlo del verdadero Areopagita. El autor fue en realidad un monje sirio que recogió la cosmovisión neoplatónica, que hablaba del alma que asciende a Dios por experiencia directa.  Dionisio fue el primero en exponer lo que se han convertido para nosotros las conocidas etapas del viaje místico: purga, iluminación y unión. Podemos ver su influencia en el autor de “La Nube del No Saber” cuando nos habla de la unión como «ser uno solo con Dios «. Escuchamos al autor de esta obra decir: “Por eso dijo San Dionisio, “el conocimiento más divino de Dios es el que se conoce por ignorancia”. De hecho, cualquiera que lea las obras de Dionisio encontrará que claramente respalda todo lo que he dicho, o diré, de principio a fin”. (“La Nube del No Saber” cap. 70).  La segunda influencia importante procedía de los dominicos, especialmente del Maestro Eckhart. Entre la audiencia del Maestro Eckhart había muchas beguinas, en Renania y en otros lugares próximos, que se habían unido en comunidades para apoyarse mutuamente y ayudar a quienes las rodeaban sin querer unirse a una orden religiosa establecida. Sabemos que también había beguinas en Norwich al mismo tiempo que se estaría escribiendo “La Nube del No Saber”, que oirían hablar de sus enseñanzas.  La próxima semana exploraremos la enseñanza de “La Nube del No Saber” y las similitudes con algunas de las enseñanzas del Maestro Eckhart, todas ellas en consonancia con las enseñanzas que transmitió John Main. 

Kim Nataraja
Traducido por WCCM España