Enseñanzas Semanales

Enseñanza 11, Ciclo 1


La Meditación Cristiana puede ser practicada por cualquier persona, en cualquier lugar

El sello característico de la Meditación Cristiana es su simplicidad. La práctica es simple. No hay que aprender técnicas complejas. No requiere de un extenso conocimiento previo o vestimenta especial; es decir, cualquiera puede meditar en cualquier lugar.

Recordemos cuál es la práctica: Busca un lugar silencioso. Siéntate, cierra suavemente los ojos y permanece quieto, relajado pero alerta. En silencio, en tu interior, comienza a decir una única palabra, tu mantra. Recomendamos la oración: “ma-ra-na-tá”. Escucha la palabra mientras las pronuncias amorosamente y de forma incesante. No pienses ni imagines nada espiritual, ni de otro tipo. Si surgen los pensamientos o las imágenes, que son distracciones, regresa al mantra, y continúa pronunciando la palabra durante todo el tiempo de la meditación. Medita cada mañana y cada tarde, entre veinte y treinta minutos.

La simplicidad de la práctica permite integrarla en cualquier circunstancia. Existen grupos de meditación por todo el mundo, que se reúnen en casas, en oficinas, en iglesias, en colegios, en centros comunitarios, en gimnasios, en cárceles y en hospitales.

Cualquier lugar, razonablemente tranquilo, puede ser apropiado. Si no es posible, podemos crear un espacio sagrado, con algún tipo de música suave, una vela, flores y algún icono aunque todo esto no es necesario. La esencia es mantener la simplicidad.

Es aconsejable dedicar un tiempo fijo semanal, en el mismo lugar, para las reuniones de los grupos. El libro de Laurence Freeman “Una perla de gran valor” tiene información muy valiosa sobre cómo crear un grupo de meditación.

Sin embargo, no siempre es fácil crear o mantener un grupo de meditación. Muchas personas ya se reúnen para otro tipo de actividades como clases de Yoga o de Tai-Chi, o grupos de oración de otro tipo. Aquellos que desean practicar la meditación en grupo, les gustaría poder integrarla en su tiempo, pero salir de casa dos veces a la semana a veces resulta complicado.

No hay ninguna razón por la que la meditación no pueda ser incorporada en cualquiera de estas actividades. Lo único que hay que acordar es permanecer 20 o 30 minutos en silencio, rezar una oración al principio o al final de la sesión y que alguna persona se encargue de indicar el principio y el final del periodo de la meditación.

La esencia de la Meditación Cristiana es poner toda nuestra atención en el mantra, de forma amorosa y entregada, durante todo el tiempo de la meditación. ¡Tan solo hay que pronunciar la palabra! Esto puede realizarse en cualquier lugar en el que haya un ambiente tranquilo y un contexto apropiado. Recuerda siempre que la Meditación Cristiana es una forma de oración, no sólo un modo de relajarse. Como cristiano, soy guiado por mi fe, en la creencia de que, repitiendo esta antigua oración cristiana, entraré en el silencio, en el centro de mi ser, donde habita Cristo. Allí me uniré a la oración de Cristo y entraré con Él en la corriente de amor que fluye entre el Creador y su creación.

Kim Nataraja
Traducido por WCCM España
Enseñanzas Semanales

Enseñanza 10, ciclo 1

El Camino del Mantra

Cuando empezamos a recorrer el sendero de la meditación nos parece inverosímil, prácticamente increíble, que la mera disciplina de decir esta palabra, nuestro mantra, pueda ser un camino espiritual profundo que paulatinamente vaya transformando nuestra vida, en lo más hondo. Y sin embargo es así. Pensad en el grano de mostaza al que se refiere Jesús en el Evangelio, que crece hasta convertirse en un gigantesco árbol, al que acuden las aves del cielo para descansar en sus ramas. Lo mismo ocurre con el mantra.

Es una pequeña palabra, una diminuta semilla de fe, pero nos enraíza más allá de lo efímero, más allá de lo pasajero. Nos arraiga en esa realidad eterna a la que llamamos Dios.

El mantra es expresión de nuestra fe y nuestro amor. Se podría decir que es un sacramento, en el sentido de que es una manifestación externa de nuestra fe en la presencia de Dios en nuestros corazones. Todos nuestros sentimientos de fe, amor, entrega, alabanza, y acción de gracias están contenidos en la pronunciación fiel e incondicional de la palabra de oración.

Pronunciar el mantra es el modo de oración que nos conduce al estado de silencio y quietud, de simplicidad, de pobreza de espíritu, de atención plena y entregada a la presencia del Espíritu Santo que habita en nuestro interior. Es el camino del silencio, de la quietud, de la simplicidad, del compromiso, de la disciplina, de la pobreza de espíritu, del abandono del yo, de la fe, del sacrificio, de la generosidad, y, por tanto, del amor.

El camino “de” es también el camino “hacia”. Por tanto, el camino hacia el silencio es el camino del silencio. No es de extrañar que la fidelidad a la pronunciación del mantra conduzca al desarrollo de esas cualidades espirituales, en nuestras vidas.

El mantra nos permite trascender a las distracciones y maquinaciones de nuestro ego, durante la meditación.

Kim Nataraja

Traducido por WCCM España

Enseñanzas Semanales

Enseñanza 4, Ciclo 1

¿Por qué Comenzamos a Meditar?

El impulso o deseo que nos lleva a comenzar a meditar es, a menudo, el momento en el que nos enfrentamos a alguna situación extraordinaria que nos arranca de nuestra cotidiana percepción de la realidad. Puede ser un momento de crisis o un importante acontecimiento en nuestras vidas, en los que la aparente seguridad y la inmutable realidad en la que vivimos se transforman de manera desconcertante – nos sentimos despreciados o nos enfrentamos a un fracaso o a la pérdida de un valioso trabajo o caemos enfermos de forma repentina.

Puede suceder que nos neguemos a aceptar este cambio y caigamos en el pesimismo, en la desconfianza o en la desesperación. Sin embargo, también puede ocurrir que, al ser conscientes de que nuestra realidad no es inmutable, comencemos a considerar el reto de vernos a nosotros mismos, a nuestro entorno, nuestras opiniones y valores, con diferentes ojos.

Algunas veces, puede ser un momento de extrema belleza el que nos permite darnos cuenta de la existencia de un mundo diferente al que ven nuestros ojos. Bede Griffiths, el sabio monje benedictino, describe como su despertar a la verdadera Realidad no surgió de un momento de crisis sino de la contemplación de la Naturaleza.

Él describe en “The Golden String” cómo fue llevado por la belleza del canto de los pájaros, en los arbustos de espino blanco en su máxima floración, hacia “un profundo sentimiento de fascinación al contemplar la puesta de sol, mientras una alondra me deleitaba con su canto”. Sintió que un mundo nuevo de belleza y misterio le había sido revelado. Volvió a sentirlo en otras muchas ocasiones, al atardecer. Percibía entonces la “presencia de un misterio inconmensurable”.

Este momento no siempre es tan dramático. Nuestra conciencia perceptiva varía enormemente de una persona a otra y de un momento a otro. Algunos de nosotros podemos haber percibido estos momentos de trascendencia, la conciencia de una realidad diferente, o la liberación de la prisión del ego al escuchar música, al leer una poesía o cuando nos quedamos ensimismados contemplando una obra de arte. Puede que otros nunca hayan percibido estos momentos de forma consciente pero, en algún nivel de su conciencia, han sabido de la existencia de esta realidad elevada y, aun sin saberlo, van sintonizando gradualmente con esta realidad.

Ya en los comienzos de la meditación entramos en contacto con la experiencia de una paz real e incluso de un gozo que burbujea en nosotros. Estos momentos en que nos liberamos de nuestras propias preocupaciones son regalos divinos.

No obstante, estos momentos de fugaces destellos no son el objetivo. Son sólo el comienzo. Generan el fuerte anhelo de seguir creciendo. El deseo de conocer más esta realidad que intuimos se hace cada vez más fuerte. Buscamos a nuestro alrededor quien puede ayudarnos a acercarnos a ella. Es en este momento cuando, de una forma o de otra, solemos descubrir la meditación. Es el comienzo del trabajo de clarificación e integración de la experiencia que permite el ascenso al despertar espiritual, la autenticidad personal y la verdad transpersonal

El hecho de que una intuición, una percepción de otra realidad, sea el comienzo de nuestro camino hacia la oración más profunda también significa que no podemos llevar a la meditación a nadie que no sienta ese ”deseo de algo más” dentro de su propio ser. Cuando nos sentimos llamados a comenzar un grupo, lo único que podemos hacer es invitar a otras personas pero no está en nuestras manos ser escuchados. El anhelo es un don divino. No podemos “llevar” a los demás hacia la meditación. Solo podemos darles la bienvenida y animarlos a continuar. Será su libre elección el tomar o no nuestro ofrecimiento.

Nota: El libro del Padre Laurence Freeman “Una perla de gran valor” es de mucha utilidad si deseas comenzar un grupo de meditación. Puedes descargarlo de la web de España aquí. Traducido por WCCM España

TRADUCIDO POR WCCM ESPAÑA.

Enseñanzas Semanales

Enseñanza 50, ciclo 5



El mensaje Único del Evangelio de Tomás

En muchas ocasiones he mencionado que la perseverancia fiel en nuestra disciplina de la meditación conduce a una transformación total de nuestra visión de la realidad y, en consecuencia, modifica nuestro comportamiento, que pasa de estar centrado en el ego a estar centrado en los demás.

De todos los Evangelios, el Evangelio de Tomás es el que más habla sobre esta transformación. Originalmente se consideró como un evangelio «gnóstico», ya que se descubrió este texto en Nag Hammadi, en 1945 en Egipto, junto con otros escritos «gnósticos» conocidos. De hecho, estaba fusionado con el Evangelio de Felipe, que todavía se sigue considerando «gnóstico». Por esta razón, los cristianos ortodoxos rechazaron el Evangelio de Tomás, calificándolo de «herético», pero los eruditos ahora consideran que es más «apostólico» de lo que al principio asumieron.

Elaine Pagels, historiadora de religiones y, quien amablemente me ha facilitado mucha de la información histórica que incluyo en este texto, ya no considera el Evangelio de Tomás como «gnóstico», como se explora en su libro “Beyond Belief”, ni tampoco lo considera así el ex arzobispo de Canterbury, Rowan Williams.

El Evangelio de Tomás narra frases y dichos de Jesús que formaban parte de la tradición oral vigente en ese momento. Algunos estudiosos creen, por tanto, que no hubo un solo autor (o autores) sino un coleccionista y compilador de los dichos más importantes. La mitad de ellos también se encuentran en los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas. No se da ningún detalle sobre la vida de Jesús, ni menciona su crucifixión y resurrección. No hace mención alguna acerca de la naturaleza de Dios. Por ello, se asemeja a la enseñanza del Buda, quien también se centró en lo que deberíamos hacer más que en lo que deberíamos creer. El enfoque del Evangelio de Tomás está puramente orientado a lo que es necesario para volverse completo y consciente de que «el reino de Dios está dentro de ti» y que eres un «hijo de Dios». Es la ignorancia y nuestra obsesión con la dimensión material con sus necesidades y deseos lo que nos oculta esta verdad.

No se conoce con exactitud la fecha en la que estos dichos fueron escritos. Algunos de ellos pueden ser anteriores a los evangelios sinópticos. “Aunque no sabemos dónde se escribió el Evangelio de Tomás, muchos eruditos, al identificar nombres asociados con Siria, piensan que se originó allí” y quizá fuera escrito hacia los años 50 – 100 EC.

El Evangelio de Juan fue considerado «gnóstico» en su época. Aunque el Evangelio de Tomás era más conocido, se incluyó a Juan y se excluyó a Tomás. Elaine Pagels trata de explicar este hecho comparando y contrastando los evangelios de Juan y Tomás: “Es probable que Juan supiera lo que enseñaba el evangelio de Tomás y, quizá, su texto real. Lo que impresionó a los eruditos que compararon estos evangelios es precisamente las muchas similitudes que hay entre ambos.

Tanto Juan como Tomás, por ejemplo, aparentemente asumen que el lector ya conoce la historia básica que Marcos y los demás han narrado. Los dos afirman ir más allá de esa historia y que su propósito es revelar lo que Jesús enseñó a sus discípulos en privado. Juan y Tomás relatan de forma muy similar las enseñanzas de Jesús y ambos identifican a Jesús con la luz divina que nació “en el principio”. Ambos dicen que esta luz primordial conecta a Jesús con todo el universo. Tanto Juan como Tomás caracterizan a Jesús como la propia luz de Dios en forma humana».

La verdadera diferencia entre ambos evangelios es que Juan sugiere que Jesús es único, Dios mismo se reveló en forma humana, el «hijo unigénito» de Dios. Sin embargo, el Evangelio de Tomás afirma que la Luz de Dios no solo brilla en Jesús sino que brilla en todos como una chispa ya que todos fuimos hechos a imagen de Dios. El Evangelio de Tomás nos anima a llegar a «conocer» a Dios intuitivamente al escuchar atentamente los 114 dichos de guía que Jesús da en este Evangelio. Para que crezcamos espiritualmente, Jesús nos anima a dejar ir nuestro apego al plano material y, al hacerlo, a silenciar nuestra atareada mente racional. Solo en ese silencio podemos escuchar la «voz suave y apacible de la calma» que, a través de nuestra inteligencia intuitiva, nuestro corazón y la gracia puede entrar y guiar nuestra transformación.

La razón por la que el evangelio de Tomás “perdió” frente al de Juan sea probablemente debido a este énfasis en el esfuerzo personal, que conduce mediante la gracia a la experiencia real de Dios, en lugar de limitarse a creer. Sin embargo, los místicos cristianos a lo largo de los siglos han recorrido el camino indicado por Tomás y han subrayado que «la imagen de Dios» está dentro de cada uno de nosotros y nos han animado a tomar conciencia de su presencia a través de la oración silenciosa. El hecho de que el Evangelio de Tomás fuera excluido del Canon bien puede explicar por qué la meditación y la contemplación se convirtió en el secreto mejor guardado del cristianismo.

Kim Nataraja
(Adaptado del libro «Viaje al corazón – Capítulo sobre «El Evangelio de Tomás»)

Traducido por WCCM España  
Enseñanzas Semanales

Enseñanza 46, Ciclo 5

Intención y Atención Sostenida

Ya hemos explorado en los textos de las Enseñanza anteriores la descripción que hace la Dra. Shanida Nataraja sobre lo que sucede en el cerebro cuando meditamos. Permitidme recapitular brevemente.

Las investigaciones clínicas han demostrado que los dos hemisferios de nuestro cerebro tienen funciones complementarias. Dentro de la parte frontal de nuestro cerebro, la corteza prefrontal, el hemisferio izquierdo se ocupa principalmente del pensamiento racional, lógico y discursivo expresado en los pensamientos y el lenguaje aunque también se ocupa de llevarnos a soñar despiertos sobre cómo nos gustaría que fuera nuestra vida. El hemisferio derecho se ocupa de la empatía, la conectividad y la imaginación / creatividad. Esta es el área que nos permite ver con perspectiva, visualizar la imagen de conjunto en el contexto con los sentimientos incluidos.

El hemisferio derecho necesita del izquierdo para verbalizar lo que está sintiendo y el lado izquierdo necesita la imagen holística con su percepción intuitiva para dar significado a lo que está sucediendo. Por lo tanto, los dos hemisferios ofrecen formas diferentes de ver el mundo como si fueran dos órganos de percepción diferentes, la mente y el corazón. Blaise Pascal (1623-1662) lo resaltó de forma muy precisa con su expresión: “El corazón tiene razones que la razón desconoce”.

Y es en este punto donde entra la meditación. En la cultura actual, utilizamos de forma predominante el lado izquierdo de nuestro cerebro. La meditación, al centrarnos con la única intención de repetir nuestra palabra de oración, nuestro mantra, despierta el lado derecho de nuestro cerebro. Ambos hemisferios se utilizan para la atención: el lado izquierdo tiene una atención con un enfoque limitado pues atiende en función de la utilidad que tiene el objeto o la situación. El siguiente dicho Zen lo expresa maravillosamente: “Para su amante, una mujer hermosa es un deleite; para un asceta, una distracción; para un lobo, una buena comida «. Sin embargo, la atención en el lado derecho es en realidad mucho más amplia y es el principal centro operativo de la atención.

La meditación practicada como una disciplina fiel no sólo despierta el lado derecho de nuestro cerebro, a menudo infrautilizado, sino que también genera conexiones entre ambos hemisferios permitiéndonos acceder a ambas visiones complementarias de la realidad y, por tanto, a una conciencia más amplia y profunda de la realidad. Enfocar nuestra atención en un sólo punto nos permite vivir dentro de una conciencia abierta en lugar de estar restringidos al pensamiento discursivo; de hecho, nos convertimos en un todo.

En la segunda edición de su libro “La Mente Dichosa”, Shanida describe este proceso de intención y atención y cómo la meditación facilita nuestra permanencia en el momento presente: “El meditador comienza con la intención de despejar su mente de pensamientos. Esta intención se refleja en un aumento de la actividad en el área de la atención en la corteza prefrontal derecha. A medida que el meditador va silenciando su mente, en algunos casos al enfocarse en el espacio entre los pensamientos, o al ‘dejar ir’ los pensamientos y regresar a la conciencia del momento presente mediante el uso del mantra, hay un mayor aumento de la actividad en el área de la atención. Al mismo tiempo, disminuye la actividad en las regiones del cerebro que están rodeando el área de la atención. Este es el resultado de períodos sostenidos de atención enfocada y refleja la función innata del cerebro para priorizar la información importante aplazando la información menos importante.

Curiosamente, para aquellos meditadores en los que el hemisferio izquierdo es dominante, la atención sostenida a la experiencia en el presente-ahora desencadena un cambio a la actividad del hemisferio derecho ya que la atención es predominantemente una función de ese hemisferio. Este cambio del pensamiento desde el hemisferio izquierdo «intelectualizado» es una explicación más de por qué la experiencia no se puede describir o analizar: el hemisferio derecho no tiene la capacidad de categorizar y analizar la experiencia; intuitivamente la «siente». Este cambio al pensamiento del hemisferio derecho permite al meditador acceder a un modo diferente de pensar y percibir ese presente en su vida cotidiana.

Al mismo tiempo, el meditador también se vuelve menos consciente de la información sensorial que proviene de su entorno externo. Los cambios en el área de la atención influyen en la actividad del tálamo … la puerta de entrada a nuestros sentidos y la actividad en los circuitos cerebrales que conectan … la atención y el tálamo que parecen ser los que dirigen nuestra atención y, por tanto, nuestra conciencia sensorial únicamente hacia los estímulos sensoriales importantes.

Imagínese sentado en una habitación, con los ojos cerrados, el cuerpo relajad…. La información que nuestro cerebro utiliza para formar una imagen de nuestro cuerpo en nuestra mente no está disponible en estas condiciones: no hay información visual; sin movimiento; y ninguna interacción con el mundo. Lentamente, por lo tanto, nuestra imagen corporal comienza a desvanecerse y también nos volvemos menos conscientes de nuestro entorno externo.

Esta disolución de la frontera entre el yo y el “no-yo” se refleja en una disminución de la actividad en el lóbulo parietal derecho. Conlleva una pérdida del sentido del espacio y/o del tiempo, pero también tiene un impacto en la actividad del área derecha verbal-conceptual, que a su vez lleva a la incapacidad de transmitir la experiencia de manera eficiente a través del lenguaje «.

La semana que viene veremos una sesión de preguntas y respuestas entre un meditador y un neurocientífico.

Kim Nataraja

Traducido por WCCM España