Enseñanzas Semanales

Enseñanza 23, ciclo 5


Oración Mística en el siglo XIV
Hemos visto el florecimiento de la oración mística en los siglos III y IV que resonó en John Main y que le condujo a la forma cristiana de meditación, la forma apofática de oración. Casiano, Evagrio y los monjes Origenistas se dieron cuenta de que lo Divino no puede ser entendido racionalmente o expresado con palabras. Por lo tanto, su forma de oración se llamó «apofática», «más allá de las palabras». De ahí el énfasis en dejar ir las imágenes, las palabras y todas las percepciones sensoriales para llevarnos al Silencio de la oración «pura», donde experimentamos la Presencia Divina.  La agitación política y social y el florecimiento del misticismo parecen ir de la mano. El siglo XIV no fue una excepción: la guerra de los 100 años, el impuesto electoral para financiar las guerras, la revuelta campesina y varios brotes de la peste negra provocaron un terrible sufrimiento y agitación. Además, la Iglesia y el Estado estaban en desacuerdo con dos emperadores elegidos en la guerra, el Papa tuvo que trasladarse de Roma a Aviñón y los franciscanos y dominicos discutían sobre el principio de pobreza.  En esta época caótica, la oración mística y las experiencias espirituales estaban muy extendidas, algunas extáticas y otras apofáticas. En Alemania encontramos místicos como el Maestro Eckhart, Johannes Tauler y Henri Suso. En Inglaterra nos encontramos con Richard Rolle, Walter Hilton, La Nube del No Saber y Juliana de Norwich. El místico flamenco Jan van Ruysbroek y, en Italia, Catalina de Siena, fueron igualmente influyentes.  Realmente, no sorprende que la gente común anhelara una guía espiritual. El resultado de este anhelo popular llevó a Juliana de Norwich, al Maestro Eckhart y al autor anónimo de “La Nube del No Saber” a enseñar en lengua vernácula porque eran muy conscientes de que “Si no se enseña a los ignorantes nunca aprenderán y ninguno de ellos conocerá jamás el arte de vivir y morir. A los ignorantes se les enseña con la esperanza de ser transformados en personas iluminadas» según afirmaba el Maestro Eckhart.  Con la obra “La Nube del No Saber” regresamos a la tradición mística apofática. ¡Resulta irónico que no sepamos quién fue el autor! Es un tratado escrito en inglés como guía para un joven que quería llevar la vida contemplativa de un ermitaño. La vida hermética ejerció un gran atractivo para muchas personas en esta época tan turbulenta, especialmente a raíz del ejemplo y la enseñanza que Richard Rolle plasmó en su famoso libro “El fuego del amor”. El director espiritual del joven estaba muy interesado en contrarrestar la influencia de Richard Rolle al comienzo de su viaje espiritual.  Como correctivo al énfasis de Richard Rolle en las experiencias extáticas y sensuales, el autor de “La Nube del No Saber” enfatizó que para conocer a Dios teníamos que dejar de lado todas las experiencias, pensamientos e imágenes. En otras palabras, él estaba abogando por la «vía negativa», la oración apofática. Resaltó que efectivamente encontramos a Dios en la experiencia del Amor más allá de cualquier imagen o experiencia sensual ordinaria. El autor de » La Nube del No Saber » hizo hincapié en el amor de forma poética expresando bellamente que deberíamos «atravesar el corazón de Dios con un dardo llameante de amor».  El hermano Patrick Moore, en su contribución al Capítulo sobre “La Nube del No Saber” del libro “Viaje al Corazón”, señala que hay dos influencias principales en la obra anónima: la de Dionisio el Areopagita y la que ejercieron los dominicos, especialmente las enseñanzas del Maestro Eckhart. Moore lo expresa así: “Es importante comprender el contexto en el que escribió el autor de “La Nube del No Saber”, especialmente porque volverán a plantearse las ideas expresadas en “Hidden Divinity or Mystical Theology”, obra influyente escrita alrededor del año 500 por un monje que se hacía llamar Dionisio el Areopagita.  Durante mil años, los cristianos occidentales creyeron que Dionisio tenía autoridad en las Escrituras. Se presumía que era el famoso converso de Pablo en Atenas, Dionisio el Areopagita, mencionado en los Hechos de los Apóstoles. Ahora se le conoce como Pseudo-Dionisio para distinguirlo del verdadero Areopagita. El autor fue en realidad un monje sirio que recogió la cosmovisión neoplatónica, que hablaba del alma que asciende a Dios por experiencia directa.  Dionisio fue el primero en exponer lo que se han convertido para nosotros las conocidas etapas del viaje místico: purga, iluminación y unión. Podemos ver su influencia en el autor de “La Nube del No Saber” cuando nos habla de la unión como «ser uno solo con Dios «. Escuchamos al autor de esta obra decir: “Por eso dijo San Dionisio, “el conocimiento más divino de Dios es el que se conoce por ignorancia”. De hecho, cualquiera que lea las obras de Dionisio encontrará que claramente respalda todo lo que he dicho, o diré, de principio a fin”. (“La Nube del No Saber” cap. 70).  La segunda influencia importante procedía de los dominicos, especialmente del Maestro Eckhart. Entre la audiencia del Maestro Eckhart había muchas beguinas, en Renania y en otros lugares próximos, que se habían unido en comunidades para apoyarse mutuamente y ayudar a quienes las rodeaban sin querer unirse a una orden religiosa establecida. Sabemos que también había beguinas en Norwich al mismo tiempo que se estaría escribiendo “La Nube del No Saber”, que oirían hablar de sus enseñanzas.  La próxima semana exploraremos la enseñanza de “La Nube del No Saber” y las similitudes con algunas de las enseñanzas del Maestro Eckhart, todas ellas en consonancia con las enseñanzas que transmitió John Main. 

Kim Nataraja
Traducido por WCCM España      
Enseñanzas Semanales

Enseñanza 22, ciclo 5

Meditación y Comunidad

Hemos visto en lecturas anteriores la influencia que tuvieron sobre John Main las enseñanzas de los Padres y Madres del Desierto, particularmente las de Evagrio Póntico y Juan Casiano, la espiritualidad céltica, San Benito y los escritos de San Pablo.

Juan Casiano destacó los riesgos de recorrer el camino espiritual en soledad. En relación con ello, me gustaría subrayar otro elemento clave de las enseñanzas de John Main, como es la importancia de la meditación en grupo. Laurence Freeman señala que: “John Main vio este desarrollo moderno de la vida contemplativa como originario de las comunidades de fe y liturgia de la primera iglesia. Los primeros cristianos también se reunían en pequeños grupos en las casas de unos y otros. Estas reuniones de oración constituyeron lo que se denominó como “koinonia”, o interacción social y comunión que fue el elemento más distintivo y poderoso de la primera iglesia.

Estos pequeños grupos se juntaron para orar y ofrecerse apoyo y ánimo los unos a los otros, en una fe común”. Ésta es una descripción exacta de nuestras meditaciones grupales a lo largo del mundo. Cuando meditamos, instintivamente nos damos cuenta de que este es un camino complicado para recorrer en soledad. Es más fácil si lo recorremos acompañados. Es cierto que ningún otro puede meditar por nosotros; meditamos en soledad todos los días pero al mismo tiempo nos damos cuenta de que reunirse en un peregrinaje común puede proporcionarnos el apoyo y la enseñanza que necesitamos para el viaje.

John Main vio claramente que la regularidad de la meditación en grupo fortalece nuestro compromiso individual para la disciplina espiritual de la meditación: “En contacto con otros se nos despierta la verdad profunda de nuestro ser que estamos llamados a descubrir y así aprendemos a ir más allá de nosotros mismos. Y esto es por lo que la meditación periódica, ya sea diaria o semanal, con el mismo grupo o comunidad es un sustento muy valioso para nuestro peregrinaje. Esta presencia tan física y espiritual de los que nos acompañan nos recuerda el compromiso más profundamente personal que tenemos con la quietud, el silencio y la fidelidad… El grupo o comunidad igualmente muestran el fin de todo falso heroísmo y dramatización propios. Estar en contacto con los defectos y limitaciones de los demás pone nuestros recursos y fidelidad en perspectiva, lo que necesitamos para alcanzar el equilibrio y la armonía en nuestra vida”. (Extracto del libro “El Cristo Presente”).

La importante razón por la que nos reunimos en meditación grupal semanalmente está pues clara: nos permite darnos cuenta de la esencia y trasfondo de nuestra disciplina para meditar y promueve un vínculo espiritual entre los participantes y un mutuo afecto entre aquellos que han partido en peregrinaje común. El padre William Johnston SJ comenta en su libro “El Ojo Interior del Amor”: “Por ejemplo podemos sentarnos juntos en meditación silenciosa y sin palabras. Y en esa situación podemos sentir no sólo el silencio en nuestros corazones sino el silencio de todo el grupo. A veces tal silencio será casi palpable y puede unir a las personas más fuertemente que cualquier palabra”. Este compartir el silencio es el núcleo de los encuentros de meditación grupal. El poder y la fuerza de la meditación conjunta proviene de las palabras de Jesús, “Dónde dos o tres estén reunidos en mi Nombre, allí estaré Yo en medio de ellos” (Mt 18:20).

Kim Nataraja

Traducido por WCCM España

Enseñanzas Semanales

Enseñanza 21, Ciclo 5

La Conversión Interior del Corazón
Ya hemos hablado anteriormente del voto benedictino de la Conversión, la esencia del camino espiritual. Este voto desencadena el cambio que se produce en nosotros mismos como resultado del cambio en nuestra forma de ver la realidad ordinaria y despertar a la realidad más profunda en la que se asienta. Recientemente he vuelto a leer la explicación que hace John Main sobre la conversión y me gustaría compartirla con vosotros. “Existen dos niveles de conversión: uno a nivel externo, que se produce sobre los aspectos externos de nuestras vidas, y otro interno, que se produce en un nivel más profundo que podríamos llamar la conversión del corazón. Si nuestra vida sólo transcurre en el nivel externo, sin que pueda producirse la conversión interna más profunda del corazón, corremos el peligro de que nuestra vida espiritual sea simplemente externa, estéril y formalista. El lugar en el que te encuentres en tu vida exterior depende en última instancia de lo que esté sucediendo en el nivel más profundo, de si estás realmente abierto a la maravilla y al misterio de Dios… La conversión de la que estamos hablando aquí es un compromiso continuo y cada vez más profundo con ese nivel fundamental de nuestro espíritu que responde constantemente al espíritu que Cristo ha puesto en nuestro corazón. Podemos dejar que la religión sólo sea el cumplimiento de ritos externos, sacrificios y preceptos mientras nuestro corazón, donde reside el verdadero conocimiento de Dios, permanece dormido … Si realmente pudiéramos saber quién es Dios, si realmente pudiéramos tener esa experiencia de la realidad de su presencia, entonces nuestra propia falta de compromiso religioso quedaría expuesta y nos sentiríamos destrozados. Volverse al Señor, al conocimiento de Dios, conlleva un profundo silencio. Una vez que hemos encontrado el Espíritu del Dios vivo, la única respuesta auténtica posible es un silencio profundo y reverencial. Aceptar el desafío de la conversión implica aceptar que estamos dispuestos a cambiar. Nos gusta creer que podemos cambiarnos a nosotros mismos cuando queramos y a nuestro propio ritmo. Sin embargo, la esencia de la conversión es que, al volvernos hacia Dios, Él nos transforma. En realidad, la mayoría de nosotros no esta verdaderamente interesada en ser cambiada. Preferimos llevar el espectáculo a nuestro propio ritmo. Nos gusta tomar todas las decisiones y creer que tenemos las riendas de nuestra vidas bajo nuestro control. La esencia de la conversión es que el Señor va a tomar las decisiones y vamos a ser transformados por Él, según su voluntad. Mientras continúas diciendo el mantra y profundizas en el silencio de la oración, no te sorprendas si te encuentras con fuertes resistencias, con algún tipo de malestar e, incluso, con sentimientos de rabia o enfado. Lo que se nos revela a medida que experimentamos más plenamente la pobreza de espíritu es que la oración del Padrenuestro ahora es literalmente la oración del Padre y ya no es la nuestra … Cuando despertamos a esta nueva realidad, la mayoría de nosotros nos sentiremos angustiados pues realmente no queremos cambiar. Queremos tener nuestra religión bajo control, de la misma manera que queremos tener la mayoría de las cosas y a los demás bajo nuestro propio control. Lo que deseo resaltar con ello es que todos los signos externos de nuestra vida -nuestras ceremonias religiosas, nuestra oración y ayuno, nuestras nuevas intenciones para vivir mejor- son en sí todas buenas pero todas ellas no significan nada, o muy poco, a menos que se produzca esta conversión interior del corazón, esa pobreza interior de espíritu. Éste es el secreto que encierra la frase: “Bienaventurados los pobres de espíritu…”
Kim Nataraja Adaptado de “Despertando” – Retiro con John Main
Traducido por WCCM España  
Enseñanzas Semanales

Enseñanza 20, ciclo 5



La Regla de San Benito
Es fácilmente comprensible la satisfacción que le produjo a John Main descubrir en los escritos de Casiano y Evagrio tanto el camino de la oración utilizando una «fórmula como la teología que resuena en ellos, tan afín a la suya. Las raíces celtas de John Main influyeron en su teología. Quizá ésta fuera también la razón por la que se identificó y se sintió tan cómodo entre los benedictinos cuando decidió convertirse en monje. San Benito consideró que su «pequeña Regla es sólo el comienzo» y recomienda que «Cualquiera … que desee avanzar hacia los más altos estándares de vida monástica puede recurrir a la enseñanza de los santos Padres, las Sagradas Escrituras, las obras de Casiano – «Conferencias”, “Los Institutos” y “La Vida de los Padres” – y la Regla de nuestro santo padre Basilio” (Capítulo 73). El comienzo del bello y poético Prólogo de la Regla de San Benito describe los requisitos previos para la vida espiritual: “Escucha atentamente, hijo mío, mis instrucciones y atiéndelas con el oído del corazón”. Estas son las dos cualidades esenciales para comenzar el viaje hacia nuestro verdadero yo, el Cristo interior: prestar una atención cuidadosa y una escucha intuitiva profunda. De hecho, los temas que inician el Prólogo y siguen apareciendo a lo largo de la propia Regla son los que ya conocemos de los Padres y Madres del Desierto: obediencia, escucha atenta, oración y trabajo, pobreza, castidad y humildad, con paz y justicia como resultado: “Que la paz sea tu búsqueda y tu objetivo” (Prólogo). La regla de San Benito – obediencia, conversión y estabilidad – fue en gran medida fruto de la época en la que vivió con el gran caos que le rodeaba debido a las invasiones bárbaras y a la desintegración del Imperio Romano Occidental. No había seguridad ni física ni moral fuera de los muros del monasterio. Así, debían permanecer encerrados y ser autosuficientes siendo por tanto el «labora» tan esencial como el «ora». Cuando terminaron las «etapas oscuras» y la civilización se volvió a establecer en el siglo XII, las órdenes monásticas pudieron regresar a los votos originales de pobreza, castidad y obediencia. Durante las últimas lecturas, hemos estado analizando la importancia de los votos en la vida espiritual. San Benito, como hicieron Casiano y Evagrio antes que él, enfatizó desde el inicio que nuestra principal tarea en el viaje espiritual es dejar ir nuestra propia voluntad y nuestros deseos egocéntricos y despertar a la realidad de que ya estamos “en Dios». Esta comprensión hace que sea imposible no rendirse a la voluntad y al plan Divino para nosotros. La conciencia de estar envueltos por lo Divino nos hace darnos cuenta de nuestra conexión con la humanidad común a todos.  Entonces, experimentamos compasión y mostramos respeto por los demás y no nos resulta tan difícil seguir el consejo de San Benito de «mantener su lengua libre de conversaciones viciosas y sus labios, de todo engaño» (Prólogo). Sólo cuando estemos en silencio y nos hayamos alejado de criticarnos a nosotros mismos a través de nuestras proyecciones sobre los demás, podremos escuchar “esta voz del Santo llamándonos”. Estas palabras recuerdan a las de Casiano cuando dice: «El objetivo final de nuestra misión es el Reino de Dios o el Reino de los Cielos pero la meta intermedia es alcanzar la pureza de corazón». Toda la guía de San Benito se basa en las Sagradas Escrituras, mostrando su propia humildad: «con el Evangelio como guía… podemos merecer la visión de Dios que nos ha llamado a la presencia eterna». San Benito subrayó, además de las virtudes habituales, las de la paz y la justicia: “Los que caminan sin tacha y son justos en todas sus relaciones; los que hablan desde la verdad del corazón y no practican el engaño; quienes no han hecho mal a otro en ninguna de sus formas y no han escuchado calumnias contra un vecino” han sido agraciados con las virtudes de paz y justicia. Estas virtudes están estrechamente relacionadas con la virtud de la humildad: “No a nosotros, Señor, no nos des la gloria sino solo a tu nombre” (Prólogo). La humildad es tan importante para San Benito que dedica todo el Capítulo 7 a los doce pasos de la humildad. La humildad es fruto del verdadero autoconocimiento, al que llegamos estando alerta a las artimañas de los demonios, es decir, a nuestras propias energías negativas que intentan controlarnos. La humildad es dejar ir nuestros propios deseos y la voluntad egocéntrica y entregarnos a la voluntad de Dios, aceptando que simplemente desconocemos qué es lo mejor. Al mismo tiempo, es saber que no estamos solos en esta lucha, ya que siempre somos abrazados por la presencia y protección de Dios.
Kim Nataraja
Traducido por WCCM España          
Enseñanzas Semanales

Enseñanza 16, Ciclo 5



Discernimiento
Como ya he mencionado en una lectura anterior, Juan Casiano alternaba capítulos sobre la oración y sobre el discernimiento en su obra “Conferencias”. El discernimiento es un elemento muy importante en la vida espiritual. Procuramos abandonar nuestros deseos egocéntricos para poder escuchar la voz interior divinamente inspirada. La dificultad, por supuesto, es discernir si los pensamientos o las visiones realmente provienen del Espíritu o de los engaños del «ego». En el discernimiento, es recomendable recibir la ayuda de un maestro espiritual, un compañero espiritual o un amigo. Los ermitaños del desierto eran afortunados porque tenían a su Abba o Amma a quienes podían consultar. Casiano aprendió en el desierto sobre el don del discernimiento y basa su énfasis en las palabras de San Antonio, quien dijo: “El discernimiento es lo que en las Escrituras se describe como el ojo y la lámpara del cuerpo. Esto es lo que dice el Salvador, “tu ojo es la luz de tu cuerpo y, si tu ojo está sano, entonces hay luz en todo tu cuerpo. Pero si tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo estará en tinieblas” (Mt. 6: 22-23) Este ojo ve a través de todos los pensamientos y acciones de un hombre, examinando e iluminando todo lo que debemos hacer”. Casiano nos enseña las preguntas que debemos hacernos en el proceso del discernimiento. En primer lugar, debemos plantearnos si el asunto es importante o trivial; si hay una «apariencia engañosa de piedad»; o si la interpretación de las Escrituras es herética o si los «demonios» de la «vanidad» y el «amor propio» están en acción. En su opinión, el discernimiento es sentido común guiado por una actitud de moderación que va surgiendo de la experiencia de toda una vida de oración profunda. Casiano narra la siguiente historia para ilustrar este punto: “Y luego estaban los dos hermanos que vivían al otro lado del desierto en Tebas, donde había vivido el bendito Antonio. Al viajar a través de esa inmensa región deshabitada, un lapso de discernimiento los llevó a decidir que la única comida que tomarían sería la que el Señor mismo les ofreciera. Iban tambaleándose por el desierto, debilitados por el hambre, cuando los Mazices los divisaron desde la distancia. Los Mazices eran una tribu muy violenta y cruel que atacaban por pura ferocidad. Sin embargo, a pesar de su agresividad innata, cuando vieron a los dos hombres se acercaron para darles un trozo de pan.  Uno de los hermanos, guiado por el discernimiento, aceptó con alegría y bendición el alimento que le ofrecían, como si fuera el mismo Señor quien se lo estuviera dando. En su opinión, Dios mismo había facilitado que les llegara algo de comida. Tenía que ser obra de Dios que aquellos salvajes que solían disfrutar con el derramamiento de sangre ahora estuvieran dando de lo que tenían a unos hombres débiles y desnutridos. El otro hermano, sin embargo, rechazó la comida pues provenía del hombre y no de Dios. Y, por tanto, murió de hambre.   Ambos habían comenzado con la decisión equivocada. Sin embargo, uno, con la ayuda del discernimiento, cambió de opinión sobre algo que habían decidido de forma precipitada e imprudente. Por el contrario, el otro se mantuvo fiel a su estúpida presunción. Sin saber nada acerca del discernimiento, se abocó a la muerte que el Señor había querido evitar. No fue capaz de discernir y ver la acción de Dios en el hecho de que esos bárbaros olvidaran su salvajismo innato y fueran hacia ellos con un pan en lugar de con una espada».  La virtud necesaria para evitar estos riesgos es la “obediencia”, que es básicamente una actitud de humildad: “La primera evidencia de esta humildad es cuando todo lo que se hace o se piensa se somete al escrutinio de nuestros mayores”. Pero incluso al elegir tu Abba es necesario ejercitar el discernimiento: “No debemos seguir las huellas o las tradiciones o los consejos de todos los ancianos solo por sus canas y su edad. Más bien, debemos seguir a aquellos que, sabemos, vivieron su juventud de una manera loable y admirable y que fueron entrenados no por sus propias presunciones sino por las tradiciones de sus mayores». Aunque inicialmente Casiano influyó fuertemente en el movimiento monástico occidental, la confrontación de sus ideas con las de San Agustín implicó que sus enseñanzas sobre la oración no perduraran en el tiempo. Su breve frase recomendada para repetir en la oración privada se convirtió en parte de la liturgia establecida. Su énfasis en el esfuerzo y la responsabilidad personal, y el discernimiento que esto implicaba se convirtió en “obediencia” a las directivas de la Iglesia.
Kim Nataraja
(Adaptado del capítulo sobre Juan Casiano del libro “Viaje al corazón” de Kim Nataraja)

Traducido por WCCM España