P. Laurence Freeman OSB

Carta del P. Laurence: Conciencia Unificada

Queridos Amigos, 

Sentado en mi escritorio en Bonnevaux delante de la pantalla del ordenador, miro también a través de la ventana cómo juega la luz del sol sobre la superficie del lago. Me siento muy tentado de levantarme y salir a dar un paseo, en lugar de quedarme sentado aquí dentro y comenzar esta carta. Podríais preguntaros ¿Por qué os hago perder el tiempo contándoos esto? ¿Sólo para empezar esta carta? Quizás también sea porque quiero escribir sobre el tema de la WCCM para este año – Conciencia Unificada: Una Mente, Un Corazón. Nuestro Consejo Asesor se cuestionó si este título pudiera sonar un poco abstracto. Embarcarse en algo nuevo puede hacer que uno se sienta atraído en direcciones opuestas. Mirar la pantalla en blanco. ¿O ir a dar un paseo?   Esta tensión entre opciones muestra cómo la conciencia unificada es todo menos una abstracción y por qué importa que lo entendamos y lo desarrollemos. Se trata de la encarnación, de la incorporación al aquí y al ahora. Se trata del ser que se hace presente de una manera completamente sostenible. ¿Con qué frecuencia has dicho algo y, a continuación, te has dado cuenta de que tus oyentes no estaban escuchando? ¿Cuántas veces hemos desconectado cuando deberíamos haber estado prestando atención? Meditamos diariamente para enfrentarnos con nuestras mentes divididas y reunirlas.  

John Main lo expresó con genial sencillez: “Si quieres entender lo que abarcan la unidad, la relación y la interdependencia, examina detenidamente una de tus manos. Puedes tener la tentación de pensar en tu mano como simplemente cuatro dedos y un pulgar pero si la miras con atención la percibirás como un milagro de relaciones interdependientes maravillosamente coordinadas.” (El Camino del Desconocimiento. pág.66)  

John Main explica que el gran problema de nuestro tiempo es que el sentido de unidad ha desaparecido de una gran parte de nuestra vida. Estamos divididos en segmentos cada vez más pequeños polarizados competitivamente entre sí. La sobreespecialización es una consecuencia: una forma de conocimiento que trata de entenderlo todo sobre alguna cosa y termina sin saber nada de ninguna de ellas. En medicina, la fragmentación de la ciencia médica en áreas cada vez más especializadas erosiona el verdadero significado de salud, plenitud y curación. Sin duda hay médicos especialistas hoy en día que saben todo lo que hay que saber sobre los pulgares, pero si eres “todo pulgares” te resultará difícil poner tu dedo en nada.  

En esta conciencia dividida, continúa John Main, hemos perdido la unidad esencial, la fraternidad y hermandad de la familia humana. El sentido de unicidad es intrínseco a lo que significa ser humano. Como ejemplo, cita un efecto de la pérdida de conciencia unificada que se ha vuelto incluso más extremo desde que él escribió acerca de ello: la conciencia perdida de nuestra unidad con el medio ambiente. Hace cuarenta años, John Main dijo que ‘estamos viviendo al borde de un desastre ecológico’ creado por los seres humanos principalmente porque hemos ‘perdido, en algún lugar y de alguna manera, ese sentido realista de unidad y unicidad’. Impulsado por un sentido de urgencia, dedicó la última parte de su vida a la enseñanza de la meditación, porque “en la meditación buscamos el camino hacia la base de toda percepción de unidad, que es la unicidad esencial que cada uno de nosotros es. La meditación es absoluta simplicidad.”  

*  

Nuestro tema para 2022 puede sonar abstracto, pero ya es una cuestión de vida o muerte que afecta a la supervivencia de nuestra especie y a todo lo que la tierra ha alcanzado en millones de años de evolución. Si no nos reconectamos con la sabiduría de la conciencia unificada, viendo a toda la familia humana como interdependiente y coordinada, llegaremos a un sufrimiento extremo, que afectará a ricos y pobres por igual, pero, más inmediata y dolorosamente, a los más vulnerables. El Covid nos ha hecho saber lo que podría ser el sufrimiento y la disrupción simultáneos y globalizados, similar a una guerra mundial o una crisis económica global. Para la mayoría de nosotros, sin experiencia personal de guerra o de hambre, es un duro desafío para nuestra complacencia. Éste es el singular momento de la historia que compartimos y no podemos eludirlo. Por grave que parezca, puede unirnos para mejor. Una crisis trae oportunidades. En una noche oscura llega el amanecer.  

Por esta razón el Consejo Asesor de la WCCM consideró que este tema sería una manera adecuada para que nuestra comunidad y todos nuestros amigos investiguemos cómo el viaje interior de la meditación se relaciona con las duras fuerzas externas y el mandamiento del amor, es decir, nuestra solidaridad con los demás. La práctica contemplativa no puede protegernos en una burbuja de seguridad. Hace explotar todas las burbujas. Nos impulsa a una mente cada vez más inclusiva: la unidad de mente y corazón que está siempre en expansión. A través de la unicidad, el amor espanta al miedo. A través de la conexión, el amor termina con el aislamiento. Si la meditación realmente crea comunidad, entonces éste es el momento para que las personas contemplativas lo demostremos y lo declaremos abiertamente. Sin embargo, necesitamos tanto meditar juntos como luego conversar y actuar conjuntamente. Esta unidad proviene de una práctica directa y personal, así como de una escucha compartida de la experiencia de cada uno de conciencia unificada, según crece en nosotros y nos va transformando. Luego, por experiencia personal, veremos lo que significa para todos nosotros como familia humana. Pero empecemos la exploración sobre la conciencia unificada diciendo algo favorable sobre la división.  

*  

A la mente humana le gusta descomponer las cosas y analizarlas para poder contrastar lo claro con lo oscuro, lo dulce con lo amargo, lo bueno con lo malo. Para entender qué significa lo bueno tratamos de entender qué es lo malo. Incluso cuando hemos probado la unicidad, seguimos viviendo en un mundo de dualidades. Escuchamos, consentimos y luego decimos ‘y sin embargo…’. Hacer frente a las contradicciones y los peligros de la división constituye una gran parte de la condición humana: Hacer buenos juicios, decidir qué hacer en una situación compleja, cuándo priorizar la misericordia y cuándo la justicia.  

Después de la separación de la luz de las tinieblas, cuando se pronunció la Palabra en el eterno principio y apareció todo lo que había de existir, el Génesis describe la gran separación que nunca ha dejado de replicarse. Después de la unidad primordial vino una diversidad embriagadora en la naturaleza. ‘La tierra da nuevos frutos’ y ‘las aguas rebosan de innumerables criaturas y las aves vuelan sobre la tierra a través de la bóveda del cielo”. Cuando Dios vio todo esto, ¿acaso dijo ‘¡Oh no, menudo lío tan complicado he montado!’, y dio marcha atrás a la unidad primaria? No, Dios miró todo lo creado con amor y “vio que era bueno”. El cosmos es la autorrevelación primaria de Dios.  

Los niños pequeños aprenden aritmética y una de sus primeras lecciones es la división. Recuerdo el cambio de percepción que me empujó a otro nivel de conciencia cuando descubrí cómo funcionan la división y la multiplicación. El poder de dividir es de importancia práctica para un niño ya que asegura que cada niño en una fiesta de cumpleaños recibirá una porción igual de tarta. Habrá fuertes gritos de protesta si no se reparte por igual, de la misma manera que los profetas de todos los tiempos protestan cuando la riqueza de las naciones se distribuye injustamente. División es un signo de igualdad y sustenta el compartir que refuerza la comunidad.  

Por tanto, a través de la conciencia dividida llegamos a comprender la conciencia unificada. Pero no es tan fácil. ¿Qué ocurre cuando divides un número por otro y ‘te sobra algo’?  

Por mucho que intentemos informatizar las relaciones humanas, siempre queda el ‘resto’, el factor humano. Esto sirve como recordatorio de que somos creados a imagen y semejanza de Dios y que no somos clones de una línea de montaje. Como los copos de nieve, cada uno de nosotros es único. Esta conciencia de la unicidad universal es la base de la justicia. El primer artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) proclama que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Están dotados de razón y conciencia y deben actuar unos con otros en espíritu de fraternidad.”  

Después de esto, la palabra que más se repite en el documento es ‘todos’. Es una expresión conmovedora de la conciencia unificada que ha ido tomando forma con más fuerza que nunca en los tiempos modernos. La Declaración nació de un siglo de violencia atroz e inhumana y una división demente, despertadas por las trincheras de la Primera Guerra Mundial y los campos de exterminio de la Segunda.  

La armonía y la belleza pueden ser despertadas por la disonancia y el horror. Cuando yo empecé a escuchar la música de Bach me enamoré de su belleza, vitalidad y sentido del orden creativo y puro juego. Inicialmente, cuando escuchaba pasajes de extrema disonancia, pensaba que la grabación estaba dañada o que los músicos se habían quedado dormidos. ¿Por qué habría estropeado deliberadamente un sonido tan perfectamente agradable interfiriendo con el rango tonal? Esto desconcertó a sus contemporáneos y todavía hoy nos hace preguntarnos. Sin embargo, conduce al oyente atento más profundamente al majestuoso mundo de la conciencia unificada de Bach. Nos eleva y libera de la división por medio de la división. Él muestra cómo la división tiene sus usos.  

Así también, en la oscuridad de la Vigilia Pascual escuchamos ‘O Félix Culpa’ (O Feliz Culpa) expresando la visión mágica de que un bien mayor está saliendo del peor de los males. Juliana de Norwich también entró en la oscuridad para descubrir que «el pecado es útil ‘. Esto significa necesario e inevitable. Cada vez que nos sentimos abatidos por nuestras faltas o las fuerzas oscuras en la humanidad, debemos recordar la sabiduría de esta teología o escuchar una de esas inquietantes desarmonías de Bach cuando las usa para recuperar una mayor belleza y alegría.  

*

Sin embargo, la división, la conciencia dividida, exige una respuesta porque mientras reina causa miseria y destrucción. Es debido a ella por lo que luchamos tan dolorosamente con nuestras contradicciones actuales y la polarización. Echa un vistazo a nuestro mundo político actual, nuestro sistema económico o las divisiones sociales creadas por el Covid. Mira los países, las familias y las amistades divididas por culpa de Trump o del Brexit.  

A medida que su vida llegaba a su fin, Jesús vio en las crecientes fuerzas de la división, del engaño y de la violencia que el ‘príncipe de este mundo se acerca’. Pero, agregó, ‘no tiene poder sobre mí’. En la conciencia dividida del mundo dualista en el que él entró, su Pasión todavía era central en la conciencia unificada y unificadora que había descubierto en esta vida. Su unidad con el Padre mostró su unidad con todos. Transformado en esta unión que encontró en plenitud al otro lado de esta vida, regresó como había prometido en la nueva dimensión de la realidad que llamamos la Resurrección.  

Tenemos que lidiar con las contradicciones y divisiones de un mundo dualista constantemente. Necesitan ser controladas porque nunca se pueden erradicar. Por ello, necesitamos estadistas, líderes espirituales y políticos que hayan sido iluminados, hasta cierto punto, por un auténtico descubrimiento personal de esta unicidad. Una de las tareas para la que luego estarán equipados será para poder identificar y exponer la falsa unidad propuesta por partidos equivocados y sin escrúpulos, como los que vemos en los movimientos populistas y los medios de comunicación de noticias falsas. San Benito, uno de estos líderes que es un maestro en la resolución de conflictos, nos advierte en contra de dar una «falsa paz», una paz ‘tal como la da el mundo’, como la llamaba Jesús. Benito maneja este asunto a nivel de la comunidad mediante la creación de un arte de vivir estructurado, una forma de vida diaria, con un Regla que tiene muchas excepciones moderadoras. Siendo flexible sin llegar a romperse, la Regla requiere el tipo de disciplina y discreción madura que desarrolla la meditación.  

Recomponer en nuestra cabeza un mundo dividido y caótico es tentador, imaginándolo completo y unificado al excluir (o exterminar) a cualquiera que no juegue según tus reglas o que te desafíe. Muchos crímenes contra la humanidad han sido cometidos en nombre de una unidad y orden imaginados. Esto provoca violencia doméstica, disfunción institucional y tiranía estatal. Su forma más sutil y viperina hoy en día se encuentra en la manipulación de las mentes a través de los medios de comunicación. En lugar de imaginar una solución e imponerla, tenemos que ir directamente a la experiencia de unidad misma. Éste es el propósito de toda verdadera práctica contemplativa. Cualquier cosa que reduzca la meditación a algo menos, a simplemente un analgésico o un pasatiempo a corto plazo, contamina el pozo de la verdad.  

La meditación es la práctica que gente corriente realiza diariamente para encontrar la paz y la vitalidad de la conciencia unificada en su vida diaria. Compartir el don de la meditación comienza tranquilizando al principiante de que su distracción, la fractura personal que encontrará y el sentido de fracaso del ego no son la manera de juzgar su práctica o su progreso. En lugar de una falsamente imaginada plenitud, encontrará la libertad, la meta sin meta de la pobreza de espíritu. Después, la mente y el corazón unificados ven la belleza divina que se manifiesta en la fealdad hecha por el hombre, la integridad que aparece a través de la fractura, el poder de Dios que sana a través de debilidad. Sólo en esta visión paradójica de una conciencia unificadora podemos empezar a comprender lo que significa la redención.  

Éste es el valor de una práctica diaria de la meditación. Pero, de hecho, si estamos despiertos y salimos al mundo real más allá de nuestra vida de fantasía, vemos que esta conciencia unificada del reino de Dios está siempre presente dentro de nosotros penetrando los velos del espejismo que nos rodea. Sucede a través de la belleza, del buen arte, de sencillas acciones de servicio, de la reconciliación y del cuidado hacia los necesitados. En una vida sabiamente equilibrada, hay destellos de amor, belleza, veracidad y de centrarse en el otro que nos bombardean como estrellas fugaces en el cielo nocturno, pequeñas partículas de materia que entran en nuestra atmósfera y brillan ante nosotros. Si somos afortunados algunos destellos pueden incluso durar décadas en forma de amor fiel y relaciones estables. Pero, aunque parezcan efímeros lo que hemos visto nunca podrá ser invisible. Estamos saturados a diario con la presencia divina en la que nadamos como peces y “vivimos, nos movemos y existimos”. Una vez experimentada, la unidad de la conciencia unificada continúa profundizando hasta que nos hacemos uno con ella. Pero tenemos que comprometernos a salir de la burbuja de nuestros miedos y deseos egoístas que nos atrapan en el hábito de una conciencia dividida que nos hace ver doble.  

*  

Mucho antes del inicio de la pandemia del Covid yo sabía que necesitaba unas gafas nuevas. Hace poco fui a graduarme la vista y cuando llegaron las gafas nuevas con su montura a la moda, me las probé con entusiasmo. He usado multifocales durante años, así que estaba preparado para un período de adaptación de forma que el cerebro pueda identificar lo que ven las lentes. Pero después de soportarlas durante algún tiempo no hubo mejoría y yo veía doble. La prescripción estaba mal hecha, algo que negué porque quería evitar la molestia de tener que devolverlas.  

Sucede fácilmente que nos negamos a admitir que estamos divididos y que lo que vemos es una doble versión de la realidad. Aunque sigamos chocando con cosas o nos acerquemos demasiado a los coches en la carretera, negamos la evidencia de nuestros sentidos. Santiago vio esto como síntoma de una mente plagada de incertidumbre y división y “una persona así no debe esperar que el Señor le dé nada; es de doble mente y nunca puede mantener un curso constante. (Santiago 1, 7-8).  

Si admitimos nuestra doble visión, nuestro doble rasero y la falta de honestidad con nosotros mismos hemos comenzado verdaderamente el viaje hacia la unidad de todos las cosas y la paz de esa unión. Para perseverar en este viaje se requieren la honestidad y humildad cada vez más profundas, que son imprescindibles para el autoconocimiento.  
Como las exigencias parecen excesivas estamos tentados a darnos por vencidos. No nos creemos que tengamos un don especial para la santidad como la de los santos con estrellas que nos miran desde sus pedestales. Siempre que nosotros sigamos meditando esta tentación puede ser muy útil ya que evita que nuestro ego se infle. Pero si se introduce demasiado profundamente en nuestro interior y nos damos por vencidos, volvemos a ver doble. La meditación es la aceptación incondicional de la totalidad de la realidad, incluido todo lo que etiquetamos como bueno y malo. Aprender a renunciar al hábito del juicio que tiene la conciencia dividida prepara el camino para el arte del discernimiento y para ver la bondad en el centro de todo.  
Cuando la mente y el corazón están unidos, tenemos la claridad suficiente para ver con una visión única la bondad esencial de nuestro ser a pesar de todas nuestras faltas y fallos. “El ojo es la lámpara del cuerpo. Si pues tu ojo es uno solo, todo tu cuerpo estará luminoso” (Mt 6,22). Cuando el ojo del cuerpo y el ojo de la mente se unifican, el tercer ojo se abre. Con este ojo del corazón vemos por qué nuestros pecados son ‘necesarios’ y nuestras culpas son valiosas.  
Sin una unificación de mente y corazón, los dos principales centros de la conciencia que anhelan convertirse en uno, no solo no podemos ver nuestra bondad nuclear, ni siquiera podemos gustarnos a nosotros mismos. Vemos esta condición de abandono de la humanidad en uno de los grandes personajes trágicos de Shakespeare, Ricardo III. Deformado físicamente de nacimiento, creció como blanco de bromas y considerándose repugnante para los demás. Su infancia cruel y carente de afectos le cerró el corazón y le retorció la mente, encendiendo la megalomanía del tirano cruel arquetípico que se encuentra a lo largo de toda la historia. En sus últimas palabras antes de morir en la batalla, ve su propia división trágica por primera vez, la ignorancia de su verdadero yo y la pesadilla derivada de esta doble visión. Él se dice ‘no hay criatura que me ame y si muero, ningún alma tendrá piedad de mí’; y luego se pregunta por qué alguien debería compadecerse de él ya que ni él mismo encuentra en sí ninguna piedad por sí mismo.  

*
 
Las consecuencias individuales de la conciencia dividida son devastadoras. Es más fácil ser amable con los sanos y los guapos. Pero si incluso ellos o los desfavorecidos, cuyas desgracias a menudo nos hacen temerles, crecen sin amor su humanidad puede ser inhabilitada permanentemente. Que no os sorprenda cuando actúen de manera inhumana. En nuestro mundo dividido, la escalada de enfermedades mentales, soledad y alienación son los resultados inevitables de un estado dividido de la mente, llena de conflictos por resolver y perspectivas polarizadas. Cuando las condiciones externas se deterioran y la vida ordinaria se vuelve más difícil, como ahora con el Covid o en una crisis financiera, estos estados mentales pueden convertirse en una pandemia y definir una nueva norma.  

La división engendra aislamiento y soledad que destruyen la amistad (y la amabilidad) que instintivamente sentimos por los demás. La solitud (que no soledad)  – que es la autoaceptación de nuestra singularidad – es lo que encontramos en la meditación y es la medicina para este estado venenoso. La soledad es la fuerza de la comunidad que proporciona unión. La individualidad, como generalmente la concebimos, significa estar separado e independiente. Este significado es de hecho un espejismo. La palabra individual en sí significaba originalmente indivisible, inseparable. ¿Cómo hemos podido desviarnos tan lejos en dirección opuesta? La meditación devuelve a los individuos solitarios a la comunidad y, si un número suficiente de personas sienten esta curación, entonces contribuirá también a restaurar a la sociedad. Los corazones divididos alimentan políticas polarizadas y medios de comunicación radicalizados, y han erosionado ampliamente la confianza en la democracia. La mente contemplativa es la conciencia unificada de la mente y el corazón. Devuelve la salud a la sociedad porque con un solo ojo vemos más allá de las dualidades y polaridades. Mientras miramos a través de la gran división a las personas con las que no podemos ya conversar, comenzamos a verlos y sentirlos de forma diferente.  

Sin embargo, el terreno común más seguro no se encuentra en la política, sino en la dimensión espiritual. Todos somos capaces de experimentar la curación del único ojo. Cualquiera que lo experimente lo conoce como una gracia de ternura omnipotente que diluye todas las divisiones. La reflexión de la WCCM en el año 2022 –“Conciencia Unificada: Una Mente, Un Corazón” – se inauguró en el seminario que tuvimos con el Dalai Lama el 1 de diciembre de 2021. La primera de la serie anual online tuvo lugar el 18 de enero 2022. Los ponentes abarcaran un amplio y estimulante espectro de sabiduría y tradiciones de fe. Al igual que con la serie sobre la salud que tuvimos el año pasado, la serie de este año es una oportunidad para crecer en percepción interior personal y en esperanza. La interacción con los ponentes forma parte de cada sesión. Entre sesiones habrá grupos de diálogo a los que os podéis unir para escuchar los pensamientos de los demás y compartir vuestros puntos de vista. Construirá la especial amistad que se crea en cada peregrinaje. Espero con ilusión vivir esto una vez más con vosotros mientras viajamos juntos en esta serie de charlas y reflexiones, durante este año que ha comenzado. Además de ser un enriquecimiento para aquellos de nosotros que hagamos este viaje, será una contribución al redescubrimiento general de unidad y calidez de corazón que la familia humana necesita hoy.  

Confiemos en que al encontrar lo que hemos perdido lleguemos a uno nuevo punto de crecimiento donde podamos celebrar como amigos que trascienden todas las divisiones.  

Con todo mi afecto,
Laurence  

Traducido por WCCM España
P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Cuarta semana de Adviento 2021.

Cuarta semana de Adviento 2021

María partió y fue tan rápido como pudo a una ciudad en la región montañosa de Judá. Fue a la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Tan pronto como Isabel escuchó el saludo de María, el niño saltó en su vientre e Isabel se llenó del Espíritu Santo. Ella dio un gran clamor y dijo: «De todas las mujeres, tú eres la más bendita, y bendito es el fruto de tu vientre. ¿Por qué debería ser honrada con la visita de la madre de mi Señor? En el momento en que tu saludo llegó a mis oídos, el niño en mi vientre saltó de alegría. Sí, bienaventurada la que creyó que se cumpliría la promesa que le había hecho el Señor” (Lc 1, 39-45).


Imagínate cómo estas pocas palabras que describen la Visitación han inspirado a tantos artistas, músicos y poetas durante los últimos dos mil años. Como lo hizo la descripción evangélica de la Anunciación (celebrada el 25 de marzo) que abre la historia que, a partir de la concepción de Jesús, alcanza su punto culminante nueve meses después. Las palabras nos dan detalles desnudos, pero lo suficiente para despertar nuestra imaginación creativa más profunda a la vida y el asombro.

No la fantasía de la imaginación que sirve a nuestros impulsos escapistas. No las distracciones caprichosas en el flujo de imágenes y escenas que cambian

No leemos estas historias como leemos revistas o vemos Netflix. Somos atraídos hacia ellas para que revelen la verdad ya presente y estamos listos para ser despertados dentro de nosotros mismos. A través de uno de nuestros cinco sentidos físicos, Pontormo interpreta esta verdad en el color, la forma y la sensación inmediata de ser tocados.

El encuentro de la mujer joven y la mujer mayor, ambas embarazadas, sus mundos interiores tocándose a través de su abrazo sensible. El centrarse en el otro de su mirada en los ojos y el alma del otro. Sus asistentes o amigas, también una más joven y la otra mayor, se erigen como sus reflejos en el mundo cotidiano.

Es uno de esos encuentros que todos hemos tenido y que no se desvanecen. Permanecen en la galería permanente de la historia única de nuestra vida. Los recordamos por el resto de nuestras vidas, llenos de una promesa y una esperanza que no pueden defraudar. Es posible que no hayamos podido creer en ellos o entenderlos en ese momento, pero pueden dar origen a una amistad o incluso a una forma de vida que, debido a que está arraigada en la base de nuestro ser, crece continuamente como parte de nosotros mismos. La imaginación espiritual puede mediarlos en palabras o imágenes, pero nunca puede expresar completamente su verdad o belleza. En la meditación somos más uno con ellos.


Laurence Freeman OSB

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del Padre Laurence: tercer domingo de Adviento, 2021

Cuando toda la gente le preguntó a Juan: «¿Qué debemos hacer?», Él respondió: «Si alguno tiene dos túnicas, debe compartirlas con el que no las tiene, y el que tiene algo de comer debe hacer lo mismo». También los recaudadores de impuestos que vinieron para el bautismo, le dijeron: “Maestro, ¿qué debemos hacer?” Él les dijo: “No exijan más que su tarifa”. Algunos soldados le preguntaron a su vez: “¿Y nosotros? ¿Qué debemos hacer? ». Les dijo: « ¡Sin intimidación! ¡Sin extorsión! ¡Conténtate con tu paga!» Había crecido un sentimiento de expectación entre la gente, que comenzaba a pensar que Juan podría ser el Cristo, así que Juan declaró ante todos ellos: ‘Yo los bautizo en agua, pero viene alguien, alguien que es más poderoso que yo, y no soy apto para desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en Espíritu Santo y fuego. Tiene el abanico de aventar en la mano para limpiar la era y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará en un fuego que nunca se apagará”. Además de esto, hubo muchas otras cosas que dijo para exhortar al pueblo y anunciarle la Buena Nueva. (Lc 3, 10-18)


Cuando lo obvio suena extraño o dramático, es una señal de que nos hemos alejado de la realidad y nos hemos metido en un lío. Cuando intentamos liberarnos, a menudo nos alejamos de nuestros líderes: después de todo, creemos que ellos nos llevaron al lío. De modo que buscamos otras fuentes de sabiduría o dirección.

La multitud, incluidos algunos de sus líderes, salió al desierto para preguntarle a uno de los miembros más marginales de la sociedad, el profeta, «¿qué haremos?». Como dijo el padre del desierto, Abba Isaac, quien enseñó a Casiano a meditar, cuando Casiano y su amigo Germán regresaron y le preguntaron cómo debían orar, les dijo: “Estás del lado de la comprensión cuando sabes qué pregunta hacer”. Luego les enseñó el mantra a ellos y a las generaciones venideras.

Juan el Bautista respondió a la pregunta «¿qué haremos?» Y no «cómo oraremos». Entonces les dice lo obvio: sean honestos, no exploten a los débiles, estén contentos con lo que es suficiente. Que esto fuera necesario muestra cuán corrupta y disfuncional se había vuelto la vida social. Esta es una tendencia en cualquier sociedad debido a la forma en que funcionan el poder y la jerarquía. Pero en un estado totalitario o en una sociedad ocupada por una fuerza brutal, todas las relaciones sociales eventualmente se corrompen y brutalizan. Este es el legado de todos los períodos del colonialismo.

El profeta puede ser la chispa de un proceso de conversión, tanto interior como social. Y, de hecho, es necesario convertir tanto la dimensión interior como la exterior. El bautismo con agua fue el primer signo exterior de este proceso de reforma moral. Pero la visión del Bautista vio más profundo que el mundo de señales y apariencias. Habló del próximo, el esperado bautismo de fuego. Y eso es lo que esperamos en Adviento: el momento en el que el tiempo mismo sea inundado por la presencia de Dios. Es un torrente de fuego en el que lo irreal desaparece y solo lo real se vuelve cegadoramente obvio.

Laurence Freeman OSB

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del Padre Laurence. Segundo domingo de Adviento, 2021.

Vino la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Recorrió todo el distrito del Jordán proclamando un bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados, como está escrito en el libro de los dichos del profeta Isaías: Una voz clama en el desierto:

Prepara un camino para el Señor, endereza sus sendas. Se rellenará cada barranco, se allanarán todas las montañas y colinas, se enderezarán los caminos sinuosos y se allanarán los caminos accidentados. Y todo el género humano verá la salvación de Dios. (Lc 3, 1-6)

A Lucas le gusta poner la historia que cuenta sobre Jesús en el contexto de la historia mundial. Por su relato del liderazgo político en el poder cuando Juan el Bautista, un pariente de Jesús, comenzó su predicación, sabemos que ambos tenían alrededor de 30 años cuando salieron al escenario público.

 

Una pequeña parte privada de nosotros cree que nunca crecemos realmente. A pesar de toda nuestra experiencia, tenemos un sentido de un continuo de identidad desde nuestros primeros recuerdos. Incluso si «he cambiado más allá del reconocimiento», reconocemos al yo que ha cambiado. Y luego están nuestros problemas, nuestros intereses, problemas, fantasías y miedos. Estos pueden manejarse mejor o camuflarse a medida que maduramos, pero son esencialmente imposibles de erradicar. Fueron inculcados tanto por nuestros genes como por nuestro entorno y por las experiencias emocionales más tempranas. Los puntos de inflexión en nuestra historia personal, sea lo que sea que esté sucediendo en el mundo que nos rodea, son cómo escuchamos nuestra propia llamada personalizada y cómo respondemos.

 

Juan el Bautista es el último de los profetas a la antigua. En la caricatura moderna es gracioso, gracioso como raro, no gracioso. Se lo representaría semidesnudo con rastas, comiendo insectos y miel y gritando a la gente, en el andén mientras esperan el tren de la mañana, que se acerca el fin del mundo debido a la degeneración de los tiempos. Sin embargo, en su día fue visto de manera diferente. La gente acudía en masa a él con la más fundamental de todas las preguntas éticas: «Entonces, ¿qué vamos a hacer?» Su respuesta fue simple: comparte lo que tienes, no explotes a los demás, no abuses del poder, practica la integridad.

 

Hasta ahora, es reconocible. Todavía queremos escuchar lo que los profetas de nuestro tiempo tienen que decir, incluso si nos resulta difícil distinguir lo genuino de lo falso, la teoría de la conspiración de la verdad siempre más matizada. ¿Cómo aprendemos a confiar de nuevo? Quizás por la otra cosa que les dijo que hicieran: arrepentirnos y pedir perdón por nuestros pecados. ¿Y cómo recordamos lo que el arrepentimiento y el pecado realmente significan sin volvernos culpables o farisaicos por nuestro arrepentimiento y conversión? Quizás recordando por qué la Nube del No Saber dice que «este trabajo (de meditación)»seca la raíz del pecado dentro de nosotros».

 

Hay una cierta tristeza y un sentimiento de fin de era sobre este joven intenso, predestinado y profético, tocado por la palabra de Dios y empujado a predicar en el Valle del Jordán. Pero también es marginal de otra manera. A solo un paso de él hay alguien, en realidad un pariente más joven con otro tipo de carisma, que la gente algún día dirá que él mismo encarna la Palabra de Dios y a quien conocer aunque sea un poquito significa ser cambiado (casi) en forma irreconocible.

 

Laurence Freeman OSB