P. Laurence Freeman OSB

Viernes de Cuaresma Semana 1

El Evangelio de hoy es: «Si vuestra virtud no es más profunda que la de los escribas  y fariseos, no entrarás en el reino de los cielos» Mateo 5,20-26.

Algunas personas me han preguntado recientemente cómo me ha influido el Año Covid personalmente. Creo que me encontraría en el diez por ciento de personas que, según sugieren las investigaciones, sacaron provecho de él, por muy vergonzoso que sea decirlo.

Aparentemente, el sesenta por ciento ha sido muy resistente, algunos con enfermedades mentales preexistentes han sufrido intensamente y otros han experimentado episodios de depresión y ansiedad. Por supuesto, se trata de un prolijo estudio estadístico que ignora el carácter sagrado de cada experiencia personal y la inmensidad de la tragedia que ha supuesto para algunos. La mayoría de nosotros a lo largo del año se ha movido del otro lado del espectro de respuesta. Una evaluación final puede no tener sentido dentro de algunos años. Conozco a personas que han muerto y a las que sufren un largo Covid. Y soy muy consciente de que aunque todos hemos sido azotados por la misma tormenta no hemos estado, ni mucho menos, en el mismo barco.

Cuando empezaron los paros, yo estaba en Bonnevaux en una cálida, animada y cariñosa comunidad. Es un lugar de gran belleza natural y una larga historia de contemplación ha impregnado la tierra y los edificios permitiendo que emita una energía continua de paz. A lo largo de los años he viajado mucho. Pero, cada vez que salía de viaje, a menudo esperaba por un momento, el día antes de la partida, que algo sucediera que lo cancelara. Algunas personas suponían que me había apegado a los viajes porque sí pero eso no era cierto. Sin embargo, una vez fuera, me sentía en casa en todas partes y muy bendecido por la gente y los lugares que visitaba. Cuando los viajes se detuvieron, no los eché de menos en absoluto y pasé nueve meses en Bonnevaux casi con total satisfacción. Entre el programa espiritual diario, la participación en lo que los demás vivían en comunidad y las sesenta y siete comunidades nacionales como familia ampliada, extendida, fue una vida plena, de hecho muy plena.

Sentíamos la necesidad de llegar a los que estaban menos seguros y satisfechos que nosotros. Así que desarrollamos un programa en línea de enseñanza y apoyo a la meditación, ofreciendo retiros y cursos y muchos oradores y diálogos destinados a ayudar a la gente a dar un sentido contemplativo a la crisis. Por los comentarios recibidos, creemos que esto merece la pena y que fue, sin duda, un tiempo intenso pero creativo. Descubrí el potencial espiritual de Internet y también cómo puede ser más exigente en tiempo y energía que la dimensión física. También me clarificó sobre el papel que Bonnevaux estaba cumpliendo para servir.

Luego, cuando la comunidad decidió tomarse un tiempo de descanso a finales de año, me vine a una ermita en la isla de Bere y he pasado varias semanas en soledad.

Aunque seguí dando clases en línea, la vida ha sido muy diferente. He podido establecer mi propio horario y meditar durante más tiempo. Ha sido, no sólo un tiempo menos intenso que antes, sino que también ha revivido capacidades personales de paz y vida contemplativa que se habían debilitado sin que me diera cuenta.

Covid no ha sido fácil, pero he sufrido mucho menos que muchos. Espero que las gracias que han surgido inesperadamente me ayuden a servir mejor en nuestra comunidad a quienes buscan sentido en este caos, paz en sus miedos y a Dios en sus corazones.

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma 2021

Primer Domingo de Cuaresma  
 
«¿Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? » (Mateo 9: 14-15)
El viernes, una integrante de nuestro grupo de meditación semanal de Bonnevaux hizo un hermoso relato personal de su vida, aterrador y divertido al mismo tiempo. Hasta los cuarenta -dijo- se había centrado por completo en lograr el éxito y divertirse. Su ambición de ser la pareja de baile de John McEnroe en Wimbledon no se cumplió, pero todas las demás, sí.
Cuando a su madre le diagnosticaron un cáncer severo, su vida comenzó a desintegrarse. Su cuerpo fue el mensajero de lo que le estaba sucediendo mientras perdía el control. Los dolores articulares y musculares, el insomnio, los problemas respiratorios, las pérdidas de memoria y los ataques de pánico cada vez fueron más frecuentes. El cuerpo nunca miente. Finalmente, y tras un terrible incidente de amnesia estando con sus hijos en un centro comercial, aceptó que «Necesitaba ayuda».
La ineludible humildad para llegar a esta aceptación fue el punto de inflexión en su vida, que la llevó a un proceso gradual de centrarse en el prójimo. Actualmente, presta ayuda a otras personas para que reconozcan y lidien con estos síntomas a tiempo.
Nos contó que cuando comenzó a dedicarle tiempo a la quietud y al silencio, lo que nunca había hecho antes en su ajetreada vida, comenzó a descubrir realmente a las otras personas. Sentada en el parque, mirando a la gente pasar, pudo ver, por primera vez, no sólo un desfile de rostros sino también expresiones, sentimientos y signos comunicativos. La meditación es ahora un pilar de su nueva vida, mucho más alegre y con mayor sentido. Todos los directivos estresados a los que ayuda también acaban meditando.
Muchas historias del evangelio muestran a Jesús en comidas o en bodas. A menudo aprovecha estos eventos para ilustrar su enseñanza como en el evangelio de hoy. No es posible imaginar que Jesús hubiera estado triste o mustio en una celebración donde los invitados se estaban divirtiendo y que no se hubiera unido a bailar con los demás. Sin embargo, su breve enseñanza de hoy reconoce que la vida no es sólo diversión y juego.
Todo cuanto podemos percibir es una mezcla de luz y sombra. Negarlo es reprimir lo que tememos afrontar. La represión acaba estallando a través de nuestro cuerpo o de nuestro comportamiento. La verdad saldrá a la luz. Si nos damos cuenta de que nos atraen morbosamente las noticias o las películas sobre lo que tememos, deberíamos preguntarnos por qué es inconscientemente catártico para nosotros.
La palabra griega para «luto» es “penthos”: el espíritu de lamentación en la mitología y un elemento importante de la teología mística. En su principal enseñanza sobre las Bienaventuranzas, Jesús dice: «Dichosos los que lloran porque serán consolados». No debemos tener miedo si a veces la meditación nos produce un sentimiento de tristeza o de duelo. La Cuaresma puede ser un momento en el que reconozcamos esta tristeza como un aspecto saludable del avance de nuestro trabajo (como esta mujer describe su vida ahora). Un progreso hacia la plenitud del ser y la verdadera felicidad.
Una de las primeras señales de nuestro recorrido es la capacidad para descubrir la expresión en los rostros de otras personas y para prestar atención receptiva a lo que están comunicando. Para Isaías, en la primera lectura de hoy, esta compasión activa es el significado de la justicia. Sin ella, el ayuno, la limosna y todos los sacrificios materiales son sólo sombras de aquello para lo que verdaderamente deben servir.
Traducido por WCCM España

P. Laurence Freeman OSB

Carta del P. Laurence

Integrando al Yo Dividido
Laurence Freeman describe la sanación que viene del autoconocimiento y la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana anuncia la ‘salud integral’ como el tema fundamental para el nuevo año  
Mis queridos amigos,

Entre los constantes confinamientos y medidas de aislamiento, pude escaparme un par de días para visitar los orígenes de la Humanidad. Hace tiempo que tenía ganas de visitar las cuevas de Lascaux, a sólo un par de horas desde Bonnevaux, en la hermosa región de la Dordoña. El 23 de septiembre de 1940 fueron descubiertas por tres chicos que jugaban al fútbol. Su perro llamado Robot cayó en un hoyo. Al tratar de rescatarlo, se deslizaron por una pendiente y se encontraron una enorme cámara subterránea. Entonces se dieron cuenta de la poderosa presencia de las silenciosas imágenes de animales -bisontes, caballos, toros, ciervos y un oso-  en las paredes de la caverna. Los chicos fueron los primeros en verlos en 20.000 años. Fueron corriendo a contárselo al maestro de la escuela. Como no cabía por la entrada de la cavidad, les pidió a los chicos que dibujasen las imágenes que habían visto para poder mostrárselas a los expertos.

Este evento no sólo abrió nuevos horizontes para los investigadores del arte paleolítico sino también para el autoconocimiento de la Humanidad en sí misma. No podríamos volver a imaginarnos ya a nuestros ancestros, de incluso hace 40.000 años, como estúpidos o lo que entendemos habitualmente por “primitivo”. Sus mentes eran mucho más complejas y sensibles de lo que imaginábamos.
El estudio de este arte primigenio y enigmático ha convencido a los investigadores de que las imágenes no son aleatorias. Fueron compuestas de forma inteligente y bella, y no meramente mágicas sino conscientemente simbólicas. Este descubrimiento cambió la forma en que pensamos acerca de lo que significa «ser humano», mientras que nos intriga con un misterio íntimo y extrañamente familiar que nunca podremos resolver o comprobar.

Seis años después de este descubrimiento, tres pastores beduinos entraron en una cueva en el desierto de Judea y descubrieron unos antiguos rollos judíos que databan del siglo III a. C. Los rollos del Mar Muerto, que es como fueron denominados, cambiaron nuestra comprensión de la tradición bíblica y del cristianismo primitivo, aunque llegaron a convertirse en el centro de una vergonzosa competición académica y financiera durante años. En la Dordoña y en las cuevas de Qumrán se hicieron descubrimientos que desvelaron nuestra ignorancia y nuestra autocomplacencia con aquello que creemos saber y nos liberaron de esta ignorancia para alcanzar un mayor autoconocimiento.

Siempre me he sentido atraído por las cuevas aunque también me asustan en cierta medida. Son profundas, oscuras, misteriosas y, a la vez, parece como si nos ofrecieran un tesoro. Como la cueva del corazón, debemos sentir la atracción – o dejarnos sorprender por los descubrimientos accidentales – que nos introduce en estos espacios sagrados. Para entrar, debemos ser jóvenes de corazón, más curiosos que asustados, y arriesgar en el viaje interior, deslizándonos por la pendiente que conduce a las cámaras interiores llenas de la presencia primordial en la que nos encontramos. Y en esta soledad, necesitamos compañeros.

La cueva es el símbolo del viaje del autoconocimiento. En la famosa alegoría de Platón, la Humanidad está encadenada en la ignorancia viendo sombras parpadeantes en la pared, proyectadas por un fuego detrás de ellos que no pueden ver. Una persona alcanza a liberarse y comienza el largo camino hacia arriba, para salir de la cueva y llegar a la luz. Al salir, se encuentra maravillado por los colores y la belleza del mundo. Mira más alto aún hasta que ve el sol, la fuente de la luz.

Regresa luego a la cueva y proclama su descubrimiento, urgiendo a los otros a seguirle hacia la libertad. Pero los otros tienen miedo de dejar la caverna y furiosos  rechazan creerle. El descenso a la cueva es el comienzo del viaje hacia arriba y más allá de la cueva. Como los grandes maestros de sabiduría dicen a menudo – ellos necesitaban y amaban la paradoja para comunicar lo que habían encontrado. El camino hacia abajo es el camino hacia arriba, el camino para ir más allá es el camino de regreso y el camino hacia dentro es el camino hacia fuera.

Me complació descubrir, ciertamente, que la parte de Francia donde se sitúa Bonnevaux contiene un gran número de cavernas prehistóricas cuyas pinturas han ayudado a inspirar una nueva corriente en el autoconocimiento de la Humanidad. Recogidos como estamos en la cueva del corazón, Bonnevaux también, está relacionado con el camino del autoconocimiento. En una época de escepticismo como la nuestra, desconectada en su mayoría de los símbolos religiosos comunes y la fe, que desconfía de toda autoridad e institución y que busca sobre todo experiencia personal y autenticidad, el autoconocimiento parece el objetivo más auténtico al que poder aspirar. Pero ¿cómo priorizar un autoconocimiento como éste sin que termine degenerando en narcisismo, auto fijación y el aburrimiento mortal de la interminable auto referencialidad: la generación «yo-yo-mío»? La auto fijación es el fracaso del autoconocimiento.

Pero cuando descubrimos que el autoconocimiento paradójicamente crece a través del “ser-centrado-en-el-otro” – lo cual todas las tradiciones de sabiduría enseñan –, entonces estaremos haciendo progresos reales. Poco después aprenderemos que el autoconocimiento conduce a la cueva del corazón. La presencia que allí reside nos dará la bienvenida con una efusión de alegría. Sea cual fuere el nivel de autoconocimiento que alcancemos – es un camino sin meta – ése es el nivel en el cual conocemos a Dios. Y de hecho todo supuesto conocimiento de Dios es en el fondo nuestra experiencia de ser conocidos por Dios.

La Humanidad está continuamente redescubriéndose a sí misma. En cada persona, y también, en la experiencia colectiva de la Humanidad, el autoconocimiento crece a través de un entramado de alegrías y sufrimientos. Y, deberíamos también añadir, a través de algunos momentos de aburrimiento. Si bien manejar el aburrimiento no es algo que nosotros hoy en día en general, con nuestra ansia de estimulación constante, experiencia máxima y novedad, hagamos bien, el aburrimiento tiene su valor. Uno de nuestros jóvenes invitados, el cual pasa mucho tiempo con nosotros, me dijo una vez lo extrañamente feliz que se sintió al descubrir que el elemento aburrimiento, una vez aceptado en el ritmo normal de la vida, le estaba introduciendo en una sensación de renovación y de paz que él nunca había sentido antes. Me recordó la primera atracción que sentí hacia la vida monástica al pregustar un aparente aburrimiento que de alguna manera no era aburrido.

El autoconocimiento hace que todos se sientan extraños al principio. Incluso podríamos sentirnos desorientados por un tiempo al sentir que somos extraños a nosotros mismos. De hecho, nos volvemos a encontrar por primera vez. Volvemos a casa y reconocemos el lugar que habíamos olvidado. Nos sentimos diferentes y vemos el mundo igualmente diferente. Dos experiencias nos dan el mismo sentimiento al mismo nivel de intensa claridad: enamorarse y morir. Generalmente, ambos nos asustan mientras que al mismo tiempo nos sentimos atraídos hacia ellos contra nuestra voluntad, con más fuerza que nuestros miedos. Cuando se supera la resistencia, nos sentimos libres de elevarnos. El amor y la muerte son mensajeros del verdadero yo, ángeles de lo divino, que no reconocemos al principio porque aún no nos conocemos a nosotros mismos. Ambas experiencias expresan la fuerza impulsora fundamental del autoconocimiento, que es el centrarse en el otro. …el autoconocimiento nos lleva a la cueva del corazón.

Incluso si nos enamoramos, y terminamos complicándonos cayendo en la trampa del apego y la posesividad, al menos la lección que estamos aprendiendo es la de prestar atención a lo que es simplemente distinto a nosotros mismos y encontrarnos en la otra persona. Estamos aprendiendo a aceptar el poder transformador de la muerte. A medida que quitamos la atención de nosotros mismos, aprendemos el dolor de desapegarnos de quién o de lo qué amamos. La posesividad es reemplazada por el altruismo y el espíritu de servicio. El dejar ir que nos permite recibir el regalo que nos ha encontrado es la muerte del ego. Cuanto más profundo es el morir, y más lo aceptamos, más plena es la siguiente etapa de la vida a la que pasamos. Si no aprendemos la lección, habrá otras posibilidades hasta que lo hagamos.

La gente de hoy a menudo entiende mejor el significado de la plenitud que la idea de Dios. Lo más importante, después de todo, es la experiencia en sí y no el nombre que le damos. La plenitud surge a través del proceso que llamamos crecimiento. Sentir que estamos creciendo incluso a través de una experiencia dolorosa nos ayuda a soportar un alto grado de incertidumbre e incomodidad. Nos da un horizonte de significado, de estar conectados a algún tipo de proceso, incluso si no podemos definir qué significa o para qué sirve dicho proceso. Quizás sea por ello por lo que el autoconocimiento está relacionado con nuestra preocupación por la salud. Sin duda, nuestros antepasados que pintaban esas asombrosas imágenes en las cuevas de Lascaux también estaban preocupados por su salud cuando sintieran un nuevo tipo de dolor o vieran que uno de los miembros del grupo al cual se sentían más cercanos se estaba muriendo.

Muchos milenios después, los tratamientos médicos que se ofrecían a las personas para curar sus dolencias no servían para nada en muchos casos y, a menudo, empeoraban las cosas, como la práctica de la sangría con sanguijuelas. Hoy, como dice el Dr. Barry White, vivimos en la «edad de oro de la medicina». Curamos muchas más cosas y alargamos la vida significativamente. Y gracias a esta medicina tecnocientífica estamos a la espera de las nuevas vacunas Covid. Pero la asistencia sanitaria moderna se enfrenta a enormes problemas para los cuidadores y los pacientes. Las personas sienten que se les brinda salud, mientras que su responsabilidad para vivir de manera saludable está condicionada al estilo de vida de la sociedad moderna. La pregunta «qué es la salud», por lo tanto, no es solo una preocupación financiera o política sino, más bien, una clave importante para abrir un nuevo y urgente nivel de autoconocimiento humano.

El Consejo Rector de la Comunidad ha elegido el tema de la «salud integral» para la reflexión común de la comunidad durante el próximo año. A partir de enero, Barry White y yo ofreceremos un seminario mensual online que explorará el significado y los diversos aspectos de la salud, incluidos los prácticos como el sueño y la nutrición, relacionándolo con la tradición espiritual. Esperamos que estos seminarios contribuyan a un enfoque contemplativo no sólo de esta crisis sanitaria global sino también de lo que está más allá de la crisis sanitaria.

Creo que la mayoría de nosotros sentimos que la verdadera crisis que enfrenta el mundo es algo más profundo que el propio Covid. Es esencialmente una crisis espiritual que el Covid también, a su modo, ha contribuido a traer a la luz. La pandemia nos ha hecho muy conscientes de lo frágil y preciosa que es cada vida humana … como la de los más vulnerables, como los mayores, en las residencias de ancianos; la de los trabajadores de la salud que atienden a cualquier enfermo; o la de los trabajadores migrantes de la India o de las grandes ciudades del mundo. La capacidad de infectar del virus no hace distinción de personas y nos muestra cuán iguales e interdependientes son tanto los ricos como los pobres. Durante el último año, la fragilidad, la impermanencia y la imprevisibilidad se han revelado ineludiblemente como elementos esenciales de la condición humana común.

La cuestión de la salud, lo que realmente significa y cómo mantenerla nos ayuda a ver el significado completo de la crisis subyacente. El Covid ha sido uno de los muchos puntos de inflexión a lo largo de la Historia. Vendrán otros en el futuro. Por ejemplo, podríamos pensar en nuestra relación enfermiza con el medio ambiente planetario, que está enfermo y muestra cada vez más puntos de ruptura. O la emergencia social que ha minado la confianza en las instituciones y la propia democracia. Más allá del Covid hallaremos una gran crisis financiera que exigiría un enfoque radicalmente nuevo de la economía y de la justicia social. ¿Qué significa «volver a la normalidad» en un momento como éste? ¿Recordaremos lo que hemos aprendido?

Alcanzar el autoconocimiento que necesitamos a escala global parece una montaña demasiado empinada para escalarla. Pero recordemos la mente expresada en las pinturas rupestres de hace milenios, en diferentes continentes por artistas que no tenían contacto entre sí. El pintor del bisonte de Lascaux o de los hermosos caballos de las cuevas de Chauvet no se tomó un selfie frente a ellos y la envió a su grupo de WhatsApp. Sin embargo, se pueden percibir grandes similitudes entre ellos, una mente común. Lo que pensaban, nunca lo sabremos con certeza. Pero lo que vieron todavía resuena en nosotros hoy.

La misteriosa unidad de la autoconciencia humana nos ofrece una esperanza al afrontar la complejidad de nuestra crisis actual. Reconocer los errores que hemos cometido es doloroso y desalentador: el daño que le hemos hecho a la belleza de la naturaleza que nos salva de la desesperación; la crueldad con los animales que son también nuestros antepasados y nuestros compañeros en la vida; las negligencias, o algo peor, respecto a los más pobres y vulnerables de los miembros de nuestra familia humana; el daño que hemos permitido que los multimillonarios se inflijan a sí mismos y a los demás, porque los adulamos y animamos en lugar de llamarlos a enfrentar la realidad de nuestra interdependencia; el abuso de los jóvenes a quienes les negamos el conocimiento espiritual y la formación en una educación impulsada por el materialismo; el daño que hemos hecho a nuestra propia inteligencia cuando nos hemos vuelto adictos a la tecnología que creamos. Pero por dolorosa que sea esta primera etapa del autoconocimiento, generará esperanza y abrirá nuevos futuros.

Si podemos entender lo que significa la salud, -lo que Barry White articula de manera poderosa como meditador y como médico-, tal vez no perdamos la que podría ser nuestra última oportunidad de autorrenovación a través del autoconocimiento. Es responsabilidad del contemplativo poner de relieve e insistir en esta esperanza frente al pesimismo respecto de la Humanidad misma que tanto está aumentando hoy. En este trabajo, la tradición contemplativa cristiana tiene una inmensa sabiduría que aportar.

Clemente de Alejandría, un maestro de la fe cristiana del siglo II, lo vio como una forma de vida y una forma natural de crecimiento humano más que como una mera pertenencia institucional u ortodoxia doctrinal. Para él, su vida cristiana comenzó al convertirse desde el paganismo. Con este término nos referiríamos ante todo a una visión fragmentada de la divinidad desprovista de la experiencia de la unidad de Dios y del amor centrado en la persona, lo que daría como resultado el esparcirse entre muchos dioses. El paganismo se manifiesta en todas las culturas, y hoy lo hace en el consumismo moderno. Entonces, habiendo comenzado esta transición, necesitamos apoyarnos en la disciplina básica y en la atención a nuestra forma de vida para que pueda comenzar una curación de la división entre el yo interno y el externo. Finalmente, en la tercera etapa se profundiza la madurez espiritual a través del conocimiento interior y se forma un ser humano contemplativo.

¿Qué tiene esto de específicamente cristiano? Cristo, cuya venida completa todas las fuentes de sabiduría y a su vez, no compite con ninguna de ellas, guía cada etapa de la Historia como Maestro y como «Médico Divino». Clemente ve a Jesús como Jesús se ve a sí mismo: como un sanador, no como un juez. “No son los sanos los que necesitan un médico”, dijo. Lo que sana directamente en cada persona, y en la familia humana en su conjunto, es toda clase de enfermedad del alma. Para los primeros maestros de la fe, esta enfermedad se identificaba con el pecado. A Clemente (como a otros teólogos cristianos místicos) le gustaba contar la historia del pecado original describiendo a Adán como una nueva criatura que sería enviada en misión por Dios. Con un entusiasmo juvenil se apresuraría a cumplir la misión encargada pero rápidamente caería en un pozo del que no puede salir. Dios no lo culparía ni lo castigaría por ello sino que enviaría a su Hijo para liberarlo y restaurar a la Humanidad a su misión original.

Muchas personas, cuando piensan en la curación mediante la fe religiosa, se lanzan directamente a la idea de las sanaciones milagrosas. Mientras seamos mortales, ésta será una respuesta comprensible al dolor y al sufrimiento. Pero, aunque muchos de estos milagros ahora estén disponibles con receta médica, siempre habrá una enfermedad de la que no podremos recuperarnos. Sin embargo, un enfoque contemplativo de la salud une la sanación y el cuidado. Las sanaciones son deseables y a menudo misteriosas. Muchos factores, además de la medicación o el tratamiento, parecen estar involucrados en el éxito de la sanación. Pero la curación es un misterio aún más profundo.

Podemos morir curados. Podemos vivir con discapacidades o enfermedades crónicas curadas. La curación es la restauración de la persona completa a un nuevo nivel de integridad, uno que no hubieran alcanzado sin la enfermedad. Si la sanación también ocurre, eso será motivo de celebración; pero incluso cuando no es así, la curación en sí misma expresa el propósito esencial de la medicina. Como Barry White explorará en sus sesiones mensuales online a partir de enero, para comprender qué significa ser humanos debemos comprender qué significa una salud integral. ¿A qué aspiramos realmente cuando queremos estar bien y sentirnos mejor? En el centro del misterio de la curación y la verdadera salud se encuentra el maravilloso poder de la atención simple y pura. La distracción, la fragmentación, la división interior y exterior son todas formas de enfermedad que necesitan atención para curarse y restaurarse.

El viaje de la Humanidad significa crecer hacia una mente y unidad comunes.

La meditación es la sabiduría universal que nos introduce a esta verdad de manera más simple e inmediata. La atención nos lleva a la quietud y en la quietud, emerge el conocimiento salvador. Si perseveramos, el camino de la atención se vuelve cada vez más simple hasta que no haya ningún trabajo que hacer, ningún objetivo que alcanzar, ningún observador que vigilar:
Sé quietud y conoce que Yo soy Dios
Sé quietud y conoce que Yo soy
Sé quietud y conoce
Sé quietud


Una vez conocí a un estudiante de posgrado que había estado tomando medicamentos para el síndrome de déficit de atención desde el quinto grado. Me dijo lo imposible que le resultaba estar sentado y físicamente quieto en cualquier lugar durante más de uno o dos minutos. Un poco más de tiempo y comenzaba a sentir como si un ejército de hormigas se arrastrase sobre él. Si lograba llegar a los diez minutos en una sesión de meditación estaba encantado. Solo podemos medir la salud y la integridad según los criterios únicos de cada persona. Pero la salud es reconocible en cualquier lugar donde la encontremos.

Estar sano y disfrutar de la libertad de la plenitud es esencialmente igual para todos. Es parte de nuestra humanidad común. A su manera, los pintores de Lascaux deben haber sentido esencialmente lo que sentimos nosotros. Somos uno con los demás en el estado de salud integral porque entonces nuestras divisiones personales se han curado. Si somos uno con nosotros mismos, encontramos la unidad con todos. El viaje de la Humanidad significa crecer hacia una mente y unidad comunes.

John Main entendió que todo crecimiento se da desde el centro y hacia afuera. En el centro está la inocencia original que nunca podemos perder, nuestra integridad en la infinita sencillez de Dios. Regresar a este centro paso a paso, día a día, es sanar incluso a medida que crecemos. Todo crecimiento necesita arraigo. Nuestra necesidad de raíces es fundamental para la salud y, por lo tanto, debemos aprender a tratar el desarraigo del mundo moderno. La contemplación sana al mundo, devolviendo la salud allí donde nos ha herido la brutalidad, la crueldad, la codicia y el egoísmo. Y nuestro destino está incluso más allá de esto, como revela el misterio de la Encarnación a los ojos del corazón.

Nuestro destino común, nuestro destino personal es la unidad, donde sabemos porque somos conocidos, amamos porque somos amados y donde nuestro trabajo, sea el que sea, es el servicio.

Con mucho amor,
P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Adviento: tercer domingo 2020

Domingo de Gaudete    

Hoy, la Iglesia añade un poco de rosa a los sombríos colores de sus vestimentas. El morado, el color de la Pascua y del Adviento -las estaciones de la espera y la preparación- no es precisamente mi color favorito. En aquellos días en los que viajaba, me entristecía ver en el aeropuerto de Heathrow a las personas dedicadas a la atención de los pasajeros vestidas fúnebremente de color morado, mientras buscaban a quien poder asistir. Alegrémonos hoy. Hoy es el Domingo de Gaudete, el domingo de la alegría. Por eso hay un poco de rosa en el vestuario. El mensaje es que aún en la larga y quizás oscura espera de una gran celebración o de un evento, como un nacimiento, graduación, aniversario o inauguración de un centro, podemos seguir estando alegres. Desde luego, nos deprimimos cuando alguien nos dice que tenemos que estar alegres. Por aquello de ser educados, igual incluso pretendemos estarlo. Pero la sonrisa se desvanece tan pronto como pasa la obligación. Esta actitud es típica de muchas personas religiosas que creen que han de ser educados con Dios y ocultar sus inescapables tristeza y rabia.   Incluso para los más afortunados, la vida trae olas de tristeza. Pero podemos estar sumergidos en una ola de duelo, fracaso, o decrepitud sin perder la alegría de ser, tal y como se describe en las lecturas de hoy: El espíritu del Señor Yahveh está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yahveh, me ha enviado a anunciar la buena nueva a los pobres, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos, la libertad; a pregonar un año de gracia de Yahveh. Quizás no a todos se lo parezca, pero a mí estas palabras me suenan genuinas y me ofrecen un consuelo verdadero, aún en las circunstancias más desalentadoras. Al resaltar la alegría que burbujea desde el corazón de todo, la lectura evoca un manantial de pureza en la misma naturaleza de la consciencia. Participamos en la alegría de ser, simplemente estando despiertos. Es difícil mantener esta experiencia continuamente. Aparece y desaparece, durante la meditación y de un día a otro. Sin embargo, sólo basta haberla vislumbrado o saboreado una única vez para que jamás pueda ser negada. El aislamiento tan frecuente en la cultura de hoy en día, que se genera con el rechazo a la intimidad y la confianza por ser amenazas a nuestra autonomía, bloquea la alegría y el manantial del que fluye. La tristeza que así se genera nos arroja a un agujero del que es imposible salir por nosotros mismos. La ayuda siempre nos llega a través de otra persona. Aunque el otro emerja invisiblemente desde nuestro interior, tendrá un rostro que podremos ver y tocar. Esperándole aprendemos a liberarnos de nuestras expectativas y de todo lo que podamos llegar a imaginarnos sobre cómo será. Es el momento morado, apofático, sin imágenes. Es necesario porque le interpretamos desde nuestra arrogancia. Le juzgamos desde la atalaya de nuestro ego. Le decimos cómo es. Y así nos protegemos de la revolución en nuestra consciencia que Él trae consigo, desde su dolorosa alegría. La meditación hace que nos sintamos como Juan el Bautista en el evangelio de hoy. Juan tiene tanta confianza de que vendrá el otro que puede sentir su presencia. Esta presencia sentida genera una humildad tan impenetrable que derrama su alegría hasta el punto de que llegamos a verle como el profeta vestido de rosa.

Laurence Freeman OSB  
Traducido por WCCM España

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Adviento: segunda semana 2020

Este año me han ayudado especialmente a prepararme para el Adviento de dos maneras. Déjame compartirlas contigo. La primera es escuchar una charla de John Main todos los días, de su serie «Charlas recopiladas» (disponible en línea y en CD antiguos). 

Estuve presente cuando todas estas charlas se dieron a los primeros grupos de meditación que se reunieron en el antiguo priorato de Montreal, el embrión de la WCCM. De hecho, también las grabé, como un aficionado, con una grabadora antigua en casete. El efecto de  escucharlos hoy no es nostalgia. Es más de lo que se llama «anamnesis», un término que se usa principalmente con respecto a la Eucaristía, un «hacer presente» lo que fue eterno, atemporal en el evento histórico original. Lo opuesto a la amnesia. El tiempo y la eternidad fluyendo juntos y mezclándose forman el Ahora que todo lo incluye.

Las charlas en promedio son de 15 a 20 minutos. Cada vez que escucho una, tiene el efecto de escucharla por primera vez, familiar pero nuevo, como estar allí de nuevo por primera vez. Así actúa el Evangelio en nosotros cuando estamos realmente presentes y escuchando de verdad. No soy una persona particularmente nostálgica. Los amigos a menudo se sorprenden de que necesite que me recuerden los momentos importantes que compartimos en el pasado. Después de un tiempo, es fácil dejar atrás el pasado, aunque uno todavía lo recuerde. Sin embargo, es imposible dejar ir el presente. En cuanto al futuro, es un puente demasiado lejano y por lo general me contento con dejarlo en las manos invisibles de Dios.

Mi otra práctica de Adviento es compartir la tradición a la que pertenecemos con los miembros más jóvenes aquí en Bonnevaux. Algunos son aves de paso durante unas semanas o meses, peregrinos. Pero pueden ser buscadores serios. Incluso si fueron criados nominalmente en la fe cristiana, es posible que sepan poco de cuál es el fundamento de nuestra vida aquí y en la WCCM. Sin embargo, lo poco que saben es precioso porque es una base sobre la que construir. Compartir la sabiduría de la tradición del desierto, leer el evangelio de Marcos, discutir la Regla de Benito cada mañana o celebrar la misa con ellos tiene un efecto rejuvenecedor sobre ellos y sobre la tradición misma. Elimina el polvo de la deferencia y el miedo que se han acumulado y restaura la doctrina pura e iluminadora, la enseñanza de Cristo.

En una vida solo tenemos tantos Advientos y Navidades. ¿No tiene sentido acercarse a cada uno sin sentimentalismos ni nostalgias, sino como un redescubrimiento y un renacimiento? Adviento significa «ir hacia». Lo que viene hacia nosotros, a la velocidad de la luz, ya está aquí. ¿Qué significa, entonces, prepararse para ello, excepto darnos cuenta del nacimiento eterno del Verbo, el Hijo de Dios, dentro del nacimiento histórico en Belén y, fundamentalmente, no menos en nosotros mismos?

En el evangelio de hoy, Juan el Bautista «prepara el camino» para Jesús. Aunque aplaudido por sus contemporáneos (antes de ser ejecutado), su ego no fue enganchado por su audiencia.

Cuando Jesús apareció, fue lo suficientemente humilde como para inclinar la cabeza ante Juan y ser bautizado. Y Juan fue lo suficientemente humilde como para bautizarlo como una forma de reconocer a Jesús como a quien estaba esperando. La colisión de estas dos humillaciones personales lanzó la vida pública de Jesús en su camino hacia el Calvario, incluso cuando marcó la salida de Juan del escenario. No se puede encontrar significado y propósito sin abrazar la mortalidad. El nacimiento de Jesús incluye la realidad completa de la muerte y todo el ciclo de nacimiento, muerte y, en última instancia, de resurrección.

Laurence Freeman OSB