Noticias de la Comunidad, P. John Main O.S.B.

JOHN MAIN Y LA DIMENSIÓN CRISTIANA DE SU MEDITACIÓN

Agradecemos a WCCM-España esta nota, que ha sido preparada por Carlos Miramontes Sejía, sacerdote de la Arquidiócesis de Santiago de Compostela y Doctor en Teología Moral por la Pontificia Universita Lateranense de Roma. Publicó el año pasado el libro “John Main, Apatheia – Nirvana”.

La Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana fue fundada como institución por los discípulos y amigos de John Main OSB (1926-1982) para compartir la profunda experiencia de su vida. Si bien John Main no nos dejó una obra sistemática terminada, este no fue nunca su objetivo. Él no quería pavimentar caminos conocidos, sino buscar nuevas rutas[1]. Esto es algo esencial para John Main.

Por otro lado, quería caminar con los maestros y maestras que nos han precedido, y eso es algo esencial también para John Main. Sus referentes son el Evangelio, los Padres del Desierto, y San Benito, en primer lugar, aunque también valorase en gran medida a autores como Henri le Saux OSB, por ejemplo y explícitamente, o a muchos otros autores de otras confesiones o tradiciones religiosas, como por ejemplo a quien fue su maestro de meditación no ignaciana, Swami Satyananda. La apertura ecuménica e interreligiosa es otro aspecto esencial para John Main.

Para comprender la dimensión profundamente cristiana que encierra la práctica denominada por John Main como “meditación”, a cuyo cultivo y enseñanza dedicó en cierto modo su vida, podemos pensar en sus raíces históricas y en su contenido.

La dimensión histórica

Para John Main los Padres del Desierto fueron siempre una referencia, y fue importante por tanto para él descubrir en la X Conferencia de la obra Colaciones de Juan Casiano el famoso discurso en el cual el abad Isaac le explica al joven Casiano cómo ellos habrían recibido una enseñanza “de los padres más antiguos” y que consistía en recitar una breve frase bíblica solicitando la ayuda y presencia de Dios, con confianza, útil en toda circunstancia, y útil también para “centrar” la mente y el corazón en Dios.

Curiosamente, lo cierto es que John Main llega hasta esa forma de oración a través de un monje hindú, Swami Satyananda. Como creyentes podemos considerar esto como algo providente. Y es que este tipo de oración de recitación de una palabra sagrada[2] no es algo exclusivo del cristianismo. Hoy en día está presente de uno u otro modo en todas las grandes religiones del mundo. En la Antigüedad sabemos que estaba ya presente en el mundo de la India, y probablemente también en el mundo mediterráneo. John Main quiso ver esta forma de oración incluso en Jesús de Nazaret[3].

Sobre el por qué esa forma de oración se hallaba ya en la Antigüedad diseminada por el mundo, hay tres explicaciones posibles, y son complementarias entre sí: Se corresponde con la forma de ser del ser humano.Gracias a Dios que guía a todos los pueblos y cuyas “huellas” Justino en el siglo II denominó ya como “semillas del Verbo”. Por contactos interculturales, que sabemos que ya en la Antigüedad eran muy frecuentes.
La dimensión de los contenidos

A nivel de contenidos, podemos distinguir dos niveles: Es una práctica que nos ayuda a referirnos a un Tú, al Tú de Dios, dejando atrás al “yo”; nos abre pues a la escucha de la realidad, esto es, a la contemplación.En su nivel más profundo, la meditación cristiana de John Main es esencialmente confianza en Dios en sí misma, porque “dejar atrás el yo” realmente conlleva un “salto” de confianza, de fe. 
Recordemos lo que decía John Main:

“Creo que una de las cosas que nosotros, como personas modernas, tenemos que aceptar es que si vamos a entender el misterio de nuestra propia existencia, tenemos que entenderlo en términos de hacer contacto con el misterio supremo, lanzándonos a las profundidades, a ese nivel de profundidad en el que podemos hacer contacto con la fuente de la maravilla de la vida misma.

Podemos encontrar todo tipo de anestésicos, podemos encontrar todo tipo de banalidades sobre las cuales tratar de vivir nuestras vidas, pero ninguna puede satisfacernos en un sentido profundo, y en términos teológicos cristianos, esa fuente de maravilla de nuestro ser con la que debemos de hacer contacto es Dios; y como sabes al aprender a decir tu mantra con absoluta sencillez, le encomendamos todo nuestro ser.

Meditar es en muchos sentidos un acto sacrificial, asumimos el riesgo, nos ofrecemos a Dios, abandonando a Dios todo lo que somos, y todo por lo cual sabemos que somos, y simplemente decimos nuestro mantra; y ese es tanto el desafío como el poder de esto, y requiere confianza, confianza absoluta, y no puedes ser cristiano a menos que aprendas a confiar absolutamente, y lo que cada uno de nosotros puede descubrir de nuestra propia experiencia es que en el momento de la confianza el goteo de la vida se convierte en un torrente”[4]

Por ese motivo, John Main insistió en que la meditación de la que hablaba no debía de ser comprendida como una técnica, porque en la técnica no hay confianza ya que es hacer algo para producir otra cosa. Es más, decía que la meditación de la que hablaba debería de liberarnos de nuestra mentalidad “mecanicista” y abrirnos al misterio de la realidad[5].

La confianza en Dios, la fe, como ha sido reconocido ecuménicamente, es la base del actuar cristiano[6]. John Main decía, por eso, que solo podías comprobar si “estabas meditando bien” si amabas más a tu vecino[7]. Carlos Miramontes Seijas    
[1] “un líder [es uno] que siempre está señalando el camino a seguir hacia lo que está más allá” J. Main, Community of love, Medio Media, Singapore 2010, versión e-book, posición 725 [traducción propia del inglés].

[2] Esto es literalmente lo que significa la palabra sánscrita mantra, popularizada por el mismo John Main en ámbito cristiano; simplemente “palabra o frase sagrada, oración o canto de alabanza” [Cf. M. M. Williams, A Sanskrit – English Dictionary, Motilal Banarsidass, Delhi 1986, 785; 810].

[3] «se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras» Mt 26, 44; referencia tomada de J. Main, Word into silence, Paulist Press, Ramsey 1981, 52-53 con texto castellano de Biblia de Jerusalén, Desclée de Brouwer, Bilbao 1999.

[4] J. Main, «The way of salvation», en el CD In the beginning (05:18-08:28) [transcripción y traducción propia del inglés].
[5] “La enseñanza de Jesús sobre la oración en el evangelio es la enseñanza básica que subyace a la meditación. Por ejemplo, el espíritu de confianza fiel implícito en el mantra es lo que encontramos en su mandato de ‘Pon tu mente en el reino de Dios y su justicia antes que todo lo demás y todo lo demás vendrá a ti también’ […] Uno no puede, en nuestra sociedad tan materialista, sino preguntarse, ¿qué saco yo de esto? ¿Si sigo el camino espiritual, qué voy a sacar de ello? Basta con considerar los conceptos básicos de la vida que tenemos en nuestra sociedad. El modelo básico con el que operamos es esencialmente mecanicista y la vida se convierte fácilmente en una operación mecánica. Pensamos que estamos aprendiendo a lidiar con la vida dominando los procedimientos y como resultado perdemos la vitalidad de la experiencia en sí […] La meditación es importante porque debemos liberarnos de esa visión mecanicista de nosotros mismos y de la sociedad. Espiritualmente es de suma importancia porque es el paso más práctico que cualquiera puede dar para redescubrirse a sí mismo, no como una máquina o como un engranaje mecánico en una vasta línea de montaje; esto es, para llegar a conocernos a nosotros mismos como poseedores de una profundidad de misterio infinita” J. Main, The way of unknowing, Darton Longman & Todd, London 1989, 73-74 [traducción propia del inglés].

[6] “Juntos confesamos: Sólo por gracia, en la fe en la obra salvadora de Cristo y no por ningún mérito de nuestra parte, somos aceptados por Dios y recibimos el Espíritu Santo, que renueva nuestros corazones mientras nos equipa y nos llama a las buenas obras” Lutheran World Federation and the Catholic Church, Joint Declaration on the Doctrine of Justification, 1999, n. 15 [texto inglés consultable en la siguiente dirección online de manera abierta:  https://www.lutheranworld.org/sites/default/files/Joint%20Declaration%20on%20the%20Doctrine%20of%20Justification.pdf] [traducción literal propia del inglés].
[7] “¿Cuál es la gran prueba de que tu meditación está funcionando y estás progresando? No te aconsejo que te califiques a ti mismo, la gran prueba es: ¿Estás creciendo en el amor? ¿Estás creciendo en paciencia? ¿Estás creciendo en comprensión y compasión?” J. Main, Door to silence, Canterbury Press Norwich, London 2008, versión ebook, posición 1099 [traducción propia del inglés].    
Enseñanzas Semanales

Enseñanza 13, ciclo 5

¿Solo o en Comunidad?

Juan Casiano sentía una gran admiración por Evagrio. De hecho, era el maestro al que más veneraba entre los Padres y Madres del Desierto. En su libro “Conferencias” podemos comprobar que no sólo recibió las enseñanzas de Evagrio sino que también escuchó las de otros Abbas del desierto. Sin embargo, fue Evagrio al que más agradecido estaba por sus pensamientos.

Casiano básicamente amplió las ideas expresadas en las breves frases de Evagrio. Apenas hay diferencias en el énfasis y en los consejos que expone. En sus escritos, Casiano tuvo la precaución de no mencionar ni a Orígenes ni a Evagrio, aunque la influencia de los dos maestros queda impregnada en su pensamiento. Estos dos maestros estaban bajo sospecha y fueron excluidos oficialmente por el Concilio Ecuménico convocado por el emperador Justiniano en el siglo VI.

La principal obra de Casiano, “Conferencias”, contiene una descripción exhaustiva del camino de la oración del desierto, el camino para llegar a la “pureza de corazón” y entrar así en el “Reino de Dios”: “El fin último de nuestra misión es el Reino de Dios o el Reino de los Cielos, pero la meta intermedia es la pureza de corazón». Los capítulos de sus Conferencias describen el camino hacia la pureza de corazón y, además, subrayan la importancia de la adquisición de la virtud suprema de la prudencia, el don espiritual de reconocer si los pensamientos y las acciones provienen del ego o de la intuición divina.

Estas conferencias se inspiraron en situaciones del desierto; los discípulos se sentaban en silencio, a los pies de los Abbas y las Ammas para escucharlos, y éstos les hablaban de sus propias experiencias de oración profunda. La enseñanza procedía no solo de escuchar a los Ancianos sino también de observar sus comportamientos, ya que la verdad de sus enseñanzas era confirmada en sus acciones.

Juan Casiano era un verdadero buscador de espiritualidad. Trataba de responder a las eternas preguntas del ser humano sobre el significado y el propósito de la vida y de la relación entre el mundo que vemos con nuestros sentidos y la Realidad Última de la que se origina. Su principal pensamiento procedía de las palabras de Jesús: “De las cosas de abajo vienen ustedes; de las cosas de arriba vengo yo. Vosotros sois de este mundo; Yo no soy de este mundo «. (Juan, 23 24). Casiano trató de encontrar formas de acceder a esta realidad Divina de las «cosas de arriba».

Como hicieron los ermitaños del desierto, Casiano enfatizaba en sus enseñanzas la necesidad de purificar las emociones y de alcanzar un crecimiento moral que conduzca a la pureza del corazón, a entrar en la presencia de Cristo: “Mirar con ojos completamente purificados a la divinidad es posible pero sólo para aquellos que se elevan por encima de las obras y pensamientos terrenales y que se retiran con Él a la montaña de la soledad. Cuando se liberan del tumulto de las ideas y pasiones mundanas, cuando se liberan de la esclavitud de los vicios, cuando han alcanzado las alturas sublimes de la fe plenamente pura y de la virtud excelsa, la divinidad les da a conocer la gloria del rostro de Cristo y les permite la visión de sus esplendores a aquéllos que son dignos de mirarlo con los ojos purificados del espíritu «. (Conferencia XVI)

La principal razón por la que Casiano fundó los monasterios de Marsella, una vez que tuvo que abandonar el desierto, fue su absoluta convicción de que era muy arriesgado avanzar solo por el camino espiritual. Recordamos el consejo del desierto de «obedecer» a tu Abba o Amma, ya que era muy fácil dejarse engañar por los «demonios», un riesgo implícito de llevar la vida solitaria de un ermitaño. Las experiencias debían ser contrastadas con la sabiduría y la capacidad de discernimiento de los monjes mayores: “Sé de monjes que fracasaron después de mucho trabajo y cayeron en la locura, porque confiaron en su propio trabajo y descuidaron el mandamiento que dice: “Pregúntale a tu padre y él te lo dirá «. (San Antonio)

Casiano sintió con fuerza la necesidad de experimentar primero la vida espiritual en una comunidad, viviendo y practicando una vida regida por las virtudes de estabilidad, pobreza, castidad y obediencia. Sólo después de haberse afianzado en la propia vida de oración, ser un ermitaño podía considerarse una opción válida.

Aunque Casiano se refería específicamente a los monásticos que estaban a su cargo, no creía que este camino fuera el único que conduce a Dios. Estaba convencido de que cualquier persona podía llegar a Dios en su propia vida: “El camino hacia Dios toma muchos caminos. Así que cada uno lleve hasta el final y sin volver atrás el camino que eligió primeramente para que pueda ser perfecto, sin importar cuál sea su profesión” (Conferencia XIII). Incluso llegó a decir: “La persona que en este mundo atiende a los enfermos vale más que el ermitaño que no se preocupa por su prójimo” (Frase 34).

En todo esto, vemos cuánto resuenan los pensamientos de John Main con la enseñanza de Casiano.

Kim Nataraja

(Adaptado del capítulo sobre Juan Casiano del libro “Viaje al corazón” de Kim Nataraja)

Traducido por WCCM España

Sabiduría Diaria

Sabiduría Diaria 12/02/2020

myanmar

(PHOTO: LAURENCE FREEMAN, MYANMAR)

Si algo te cuesta todo, ¿con qué te quedas? Con nada. En las dos parábolas que Jesús usa para describir el reino de los cielos — el Tesoro que el hombre encuentra enterrado en el campo. La perla de gran valor que encuentra el Mercader — en ambos casos las personas venden todo lo que tienen para comprar esta perla o este tesoro. Hay esta relación directa entre no tener nada y tenerlo todo. Y es por eso que en todas las grandes tradiciones místicas encontramos términos como la nada, el vacío, la pobreza, para describir aquello que atravesamos o a lo que entramos en este viaje. ‘¡Nada! ¡Nada! ¡Nada!’ dice San Juan de la Cruz; o Casiano: ‘Por la continua repetición de este único verso, renuncias a todas las riquezas de pensamiento y de imaginación, y llegas con pronta facilidad a la primera de las Beatitudes, la pobreza de espíritu’. Así que nuestra meditación está en esta longitud de onda de sabiduría mística, de sabiduría spiritual, de nuestra tradición.

(Health & Wholeness, Laurence Freeman OSB )