P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones del P. Laurence. Domingo de Ramos 2022.

Él ha ofrecido un único sacrificio por los pecados (Heb 10)

Al leer el relato de la Pasión en el evangelio de hoy, haremos un recorrido panorámico de la historia que volveremos a contar intensamente durante los tres días anteriores al Domingo de Resurrección. Durante la semana que viene nos zambulliremos en los detalles y cada año, siempre que estemos atentos, encontraremos nuevas percepciones que nos sorprenderán y deleitarán.

Para muchos de nosotros el lenguaje religioso relacionado con el sacrificio es un problema. Es difícil cuando se nos dice que tenemos que hacer sacrificios para ser seres espirituales. Particularmente, es difícil entender que Dios pida sacrificios. Parece muy duro, cruel y dualista. Para los contemplativos en desarrollo -como somos los meditadores- se forma un sentido muy diferente de Dios a través del trabajo de dejar de lado los pensamientos y las imágenes. No hablamos con Dios cuando decimos el mantra. No pedimos nada ni esperamos una recompensa. Nuestra comprensión de Dios se simplifica y purifica hasta el punto (como sabían los místicos) de que Dios parece estar a punto de desaparecer.

Sorpresivamente, con el tiempo se desarrolla un tipo de experiencia de Dios bastante nueva que se entrelaza con nosotros mismos pero de una manera no espacial: no hay distancia entre nosotros y Dios.

Debemos recordar que el lenguaje del sacrificio era común a la mente religiosa de la época porque, en su forma antigua y literal de sacrificar animales a los dioses, era una parte tan común de la vida diaria y una forma de lidiar con la ansiedad. Conociendo los detalles del sacrificio en el Templo de Jerusalén, probablemente sintamos repulsión. Comparar el sufrimiento y la muerte de Jesús con el degüello de ovejas, pollos, cabras y corderos -más de 250.000 veces al día- parece un inmenso error. 

De hecho, cuando los escritores cristianos hablaron del «sacrificio» que Jesús ofreció de sí mismo («como sacerdote y víctima») lo consideraron un momento decisivo, un punto de inflexión en la conciencia religiosa de la humanidad. Después de él, los sacrificios violentos que nos llenaban de miedo quedaron obsoletos. “Porque misericordia quiero y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos”  dice el Señor (Os. 6:6)

La mentalidad del sacrificio es el resultado de la carga del karma y del miedo al castigo inducido por la culpa. En la misma época que el profeta Oseas, las enseñanzas del budista Shantideva sobre el modo de vida del Bodhisattva, hacia el año 800 de la era cristiana, se hacen eco de los profetas y de Jesús: 

Si el sufrimiento de muchos desaparece por el sufrimiento de uno, entonces una persona compasiva debe inducir ese sufrimiento por su propio bien y por el de los demás (trans. Wallace: 106

La misericordia quema el karma dejando una radiación de amor de fondo.

Laurence

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma 2020: Domingo de Ramos

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 Hoy en misa leemos toda la historia de la Pasión, desde la Última Cena hasta Jesús entregando su espíritu en la Cruz. La mayoría de los que leyeron la frase anterior sabrán a qué me refiero. Tengamos en cuenta a toda la generación que nos rodea, que no tiene la más mínima idea acerca de lo que estoy hablando.

           Sin embargo, todos nosotros hemos conocido o conoceremos lo que significa sufrir la pérdida de alguien a quien queremos profundamente y lo que implica vivir con su nueva y extraña ausencia sin fin. Esta mañana hablé con una amiga cuyo padre murió repentinamente de un ataque al corazón. Ella y su madre, que se unió a nosotros por WhatsApp, habían sido transportadas a un mundo diferente durante los pocos minutos que tardó su amado padre y marido en morir. Hay muy pocas palabras que se le pueden decir a alguien que acaba de entrar en duelo. Es más fácil hablar de misterios cósmicos que de pérdidas personales. De todos modos, en tiempos en que la vida se ha trastocado y se ha dado vuelta, la presencia atenta y cariñosa nos preserva del colapso o la locura.

            A medida que vemos el profundo alcance y la influencia de esta súbita pandemia, y cómo ha detenido al mundo tan repentinamente, provocando estremecedoras conmociones en cada aspecto de nuestras vidas, jamás ha sido tan preciada la necesidad de conexión. En Bonneveaux nos sostiene el ritmo regular de nuestra vida diaria, de meditación, trabajo, lectura, conversación y amistad, mientras intentamos compartir el regalo de la práctica espiritual con otras personas alrededor del mundo, a través de eventos en línea y mensajes. Esta mañana me encontré meditando con la planta de trabajadores de DPA Architects de Singapur – quienes supervisan la remodelación de Bonneveaux – que estaban en sus oficinas alrededor del mundo, desde Shanghai hasta Londres. Por otra parte, la web del programa Un Camino Contemplativo estará disponible en línea en poco tiempo.

            En nuestro nuevo mundo, desacelerado y cerrado, la manera en que oscilamos entre lo local y lo global nunca había sido más evidente. Ya sea navegando por internet, o hablando por internet, al entrar en el cuarto de al lado, o al salir al jardín, sentimos cómo somos criaturas que existimos porque estamos conectados, buscamos la conexión, o lamentamos conexiones perdidas. No solo de pan vivimos, sino de presencia.

            Perder de repente lo que nos hace florecer nos quita el aliento. Porque duele, podemos llegar a pensar que hicimos algo para merecerlo; o podemos sentir que fuimos tomados por una fuerza alienígena. También nos sentimos desilusionados porque habíamos dado por sentado que las cosas continuarían como estaban, tanto tiempo como nosotros necesitáramos. No debemos sentirnos culpables por tener estos sentimientos. Es extraño, pero en algún momento tendrá cierto sentido.

            Pero entonces aparece la banalidad del dolor. El carácter repentino de la pérdida es melodramático. Pero los clímax se ralentizan hasta llegar a rutinas que conviven con la pérdida, con movimientos más lentos, con un dolor sordo. Este es el momento en que más necesitamos un sendero, una práctica que nos de esperanza al experimentar la conexión con una primavera eterna en nuestro interior. Este es el amanecer de la era de la Resurrección.

            Este es el significado de la Semana Santa (aunque sepas o no sepas lo que es la Semana Santa) que empezamos hoy. Aquí en Bonneveaux estaremos felices de compartirla contigo por internet, día a día, conectados. (www.wccm.org – en español, www.meditacioncristiana.net).

Laurence Freeman O.S.B

Traducción: Gabriela Speranza, WCCM Argentina