P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma: viernes de la tercera semana de Cuaresma.

tercera semana

Hoy, después de unos días de enseñanza fuera, he vuelto a casa en Bonnevaux donde me quedaré en un futuro próximo. Mientras estaba fuera, tomamos el difícil pero necesario paso de suspender el programa de retiros de Bonnevaux hasta que veamos cómo se desarrolla la crisis sanitaria mundial. Las calles y las estaciones de tren están desiertas. La gente está diferente. La primera persona de seguridad en el scanner de rayos X del aeropuerto casi vacío bromeó diciendo que hoy me daría una bienvenida personal. La segunda persona después de dicho scanner parecía encantada de tener a alguien que investigar y se tomó su tiempo libre para vaciar toda mi mochila y sostener el ofensivo lector de libros electrónicos “Kindle”.
Cuando nos encontramos en una crisis nos miramos de manera diferente. Nos afecta a todos por igual y sabemos que ninguno de nosotros tiene el control sobre los acontecimientos. Esta doble conciencia nos inclina a ser más amistosos con los extraños. La vida se desacelera. Nos miramos unos a otros más atentamente. Nos hacemos más presentes. Nos vemos a nosotros mismos en los demás y a los demás en nosotros mismos. Todos estos cambios en nuestra forma de ver y de relacionarnos – en la percepción – al principio nos sorprenden. (Por supuesto, aún estando nerviosos y asustados). Estas breves percepciones pueden desvanecerse rápidamente y volvemos a caer en la ira o la ansiedad. Sin embargo, una crisis como una interrupción de la vida como esta, también puede despertarnos a que es más que un inconveniente, incluso más que un peligro. Es una oportunidad. Con el tiempo pasará (¿y qué no pasa?). Es un catalizador para un profundo cambio de dirección que hemos sabido que necesitábamos desde hace mucho tiempo, pero que nunca tuvimos tiempo de llevar a cabo.
El coronavirus es sin duda, una crisis, un peligro, pero también una oportunidad. La gran mayoría de los que se contagian se recuperarán completamente. Pero habrá muertes y pérdidas y sufrimiento, los cuales son siempre los más pobres y vulnerables a los que más afectan. Encontraremos oportunidades para ser simplemente más amables, más gentiles, más tranquilos los unos con los otros, especialmente con los solitarios y asustados. Manejaremos mejor nuestro miedo y nuestra ansiedad pensando en los demás, haciéndonos descubrir que nuestro prójimo es a quien prestamos nuestra atención.
No sabemos cuánto tiempo continuará esta alteración social de la vida. Esperemos que podamos mirar hacia atrás como una «perturbación creativa». No importa cuánto tiempo dure, no perdamos el tiempo. Puede convertirse en nuestra práctica central de Cuaresma. Estoy consultando con varios de nuestros profesionales de la docencia sobre cómo desarrollar un programa en línea ajustado a las condiciones de la crisis. La mayoría de nosotros viajaremos menos, tal vez trabajando desde casa, así que probablemente tendremos más tiempo para disponer. Esto podría ser aterrador al principio porque, cuando nuestras agendas están llenas, no tenemos tiempo para usar bien el tiempo. Responsabilizamos al estar ocupado como causa de estar ocupado, lo que se transforma en estrés.
Hagamos un balance de vida. ¿Qué se nos ha pasado? ¿Qué estamos haciendo de más? ¿Qué ha sido empujado al estante de atrás? ¿Cuáles son nuestras auténticas prioridades? ¿Qué haría hoy si sintiera plenamente lo incierta, cambiante y corta que puede ser la vida?
Buenas preguntas en cualquier momento, especialmente en una Cuaresma en la que vida se ve interrumpida por una pandemia.

Laurence Freeman .S.B.
Traducción: Eduardo De la Fuente, WCCM Argentina

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma: miércoles de la tercera semana de Cuaresma.

tercera semana

En la última guerra, mientras Inglaterra esperaba ser invadida como lo habían sido otros países europeos, el gobierno tomó medidas para dificultar al enemigo las cosas para cuando llegaran. Utilizaron el camuflaje en las instalaciones costeras, crearon una Guardia Nacional de ancianos y niños con rifles anticuados, de los que los ingleses de hoy en día todavía sienten nostalgia; y quitaron todas las señales de tránsito.

Es curioso que el poderoso ejército alemán se haya visto seriamente obstaculizado por no saber si girar a la derecha o a la izquierda ante un cruce de la campiña inglesa.

Cuando leí sobre esto, pensé que reflejaba el sentimiento que tenemos en todo camino de fe – como comenzar un matrimonio, comenzar una nueva comunidad, terminar de escribir un libro o educar a nuestros hijos. Todos estos son caminos en los que la fe, el compromiso personal y la confianza, deben profundizarse en cada momento. Y es así, que a menudo no encontramos señales que nos indiquen claramente que estamos en el camino correcto o qué rumbo correcto tomaremos. A veces las señales están ahí, pero no son muy útiles: como la vez que mi capacidad de decidir pareció paralizarse. Estaba conduciendo desde la isla de Bere a Cork. Llegué a una bifurcación del camino. Había una señal. Pero en un lado indicaba a la izquierda diciendo «Cork» y en el otro a la derecha diciendo «Cork».

En el ámbito espiritual, el camino en sí mismo lo es todo. Cuanto más profundamente nos adentramos en el silencio y dejamos ir las palabras, los pensamientos y la imaginación, como hacemos con el mantra, hay menos signos convencionalmente tranquilizadores. Simplemente está el camino, la forma en que estamos caminando. Y andando, damos el siguiente paso. Al principio, protestamos por la ausencia de garantías y la reconfirmación de nuestra dirección. Nuestros sentidos de dirección y confianza están cuestionados o son confusos.

Lentamente nos damos cuenta de que el camino en sí mismo es la garantía. Aparece una sensación de alivio de que hay un camino, a través de la selva, a través del laberinto de opciones que abruman a la gente hoy en día. Lo hemos encontrado. Existe una gran diferencia que cambia la vida cuando nos damos cuenta de que estamos en camino. Podemos sentir, también, que él nos ha encontrado, porque hay una sensación, que viene del propio camino, de que estamos siendo conducidos por una conexión directa e íntima con él. Nos conoce mejor de lo que nosotros lo conocemos. La conexión es simplemente el hecho de que estamos recorriendo el camino, siempre dando el siguiente paso. Tú no me elegiste a mí, yo te elegí a ti… yo soy el Camino. Este sentido pertenece únicamente a la dimensión espiritual. Este nos permite seguir aquellos tramos del camino que no tienen ninguna señal.

Todo esto puede sonar raro y poco práctico. La señal que es real se lee en la vida cotidiana, en los caminos paralelos de la acción y en la toma de decisión. En los asuntos materiales hay decisiones difíciles de tomar con insuficiencia de tiempo o de información. La fe de nuestro viaje interior es sorprendentemente útil aquí. No entramos en pánico, cuando hay que esperar y soportarlo. Cuando tomamos una decisión tenemos más claridad y hacemos la mejor elección que podemos. Confiamos. Si resulta que nos equivocamos, nos ajustamos a una dirección otra vez.

Si somos fieles en los asuntos profundos del viaje interior también seremos más fieles en los asuntos materiales de la vida.

 

Laurence Freeman O.S.B.

Traducción: Eduardo de la Fuente, WCCM Argentina

 

 

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma 2020: miércoles de la segunda semana de Cuaresma.

segunda semana cuaresma 2020

¿Cuándo fue la última vez que leíste una novela? ¿O viste una serie de Netflix, que está reemplazando a las novelas para satisfacer nuestras necesidades de contar historias? Se podría decir que la literatura occidental se origina en la imaginación que se aplica a todas las cosas que llenan el paso de la vida, desde las tareas y rutinas diarias hasta las tragedias y los tiempos de dicha. En la reflexión de ayer, pensé en cómo la mente, especialmente en tiempos de gran angustia, salta de escena en escena imaginaria probando diferentes versiones de la realidad. Un gran escritor selecciona entre esta abrumadora elección de universos paralelos y se enfoca en crear una versión convincente de uno de ellos. Un gran escritor también deja un rastro de la mente abarrotada en el orden que crea, una idea de todas las otras formas posibles en que los personajes y la historia podrían haberse desarrollado. Esto, curiosamente, es lo que hace que una buena historia parezca «real» y, por lo tanto, nos satisface. Para muchos escritores modernos, la historia y el poner en orden el caos parecen secundarios a retratar la realidad de la imaginación inquieta. Nos dejan con una sensación de fluir sin final. Esto también es vanidad, la búsqueda del viento, como dice el Eclesiastés. Incluso las historias que no satisfacen nuestras expectativas de un comienzo, un medio y un fin, nos ayudan a dar sentido a la vida. Los poemas y la fotografía también son formas de hacer esto e incluso la música cuenta una historia sin palabras o imágenes.

Vivir en el momento puede no ser bueno para los novelistas. Necesitan flotar y deambular entre diferentes presentes posibles. Sin embargo, ellos también necesitan la disciplina de sentarse regularmente y domesticar la mente. Como nosotros, meditadores.

 

A pesar de la rápida globalización económica y el contagio de la cultura de Hollywood, el mundo sigue siendo un mosaico enigmático, irritante y maravilloso. Si nuestras mentes y nuestras vidas están llenas, ¿qué pasa con el planeta? Entonces, a pesar de la occidentalización del «Este», la erosión de sus culturas de sabiduría por el materialismo y el colapso cultural del «Oeste», todavía podemos hablar de estos dos hemisferios y agregarles las manifestaciones de la humanidad Norte y Sur. La mente y la cultura occidentales están formadas por la narración de historias, desde Homero y la Biblia en adelante, como una forma de conocer lo incognoscible y expresar lo inefable. Sin historias estaríamos tan solos como Adán sin animales.

En muchas ocasiones y en diferentes niveles, compartimos nuestra historia personal con otros como un signo de confianza y amor crecientes. El evangelio es la historia de una persona en quien lo interno y lo externo se convirtieron o siempre fueron extraordinariamente uno. Esa unidad, su Espíritu, continúa moviéndose entre nosotros en nuestros universos internos y externos. Abarca a la humanidad, ofreciéndose sin fuerza ni culpa. Si reconocemos esto, estamos caminando nuestra vida en sus pasos, y él en los nuestros, en una sabiduría siempre entrelazada con el amor. Su espíritu nos enseña a aceptar lo que sea, ahora, para separar la fantasía de la realidad. Ser fiel y no huir de nosotros mismos.

 

Laurence Freeman O.S.B.

Traducido por Mary Meyer, WCCM Paraguay

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma 2020: viernes de la primera semana de Cuaresma.

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Los adultos que sobreviven el abuso infantil suelen contar que desarrollan un mecanismo de supervivencia para hacer frente a la situación cuando el abuso recurrente está a punto de repetirse. Escuchar los pasos por el pasillo y una puerta que se abría pronto les causaría la separación de su cuerpo, pues esta separación les permitía enfrentar el terror, el asco y la vergüenza. Imaginar que flotaban en un rincón del techo, y que miraban hacia abajo para ver lo que le pasaba a alguien que no era realmente ellos era su única forma de escapar.

En ese entonces funcionaba, pero la solución se convirtió en un problema más adelante cuando se dieron cuenta de que ahora no se sentían reales y de que nunca se personificaron con aquellos con quienes se relacionaban. El miedo, la distancia, un irracional e inquebrantable sentimiento de autoenajenación los acompañaron y causaron estragos en todos los aspectos de sus vidas.

Ahora se reconoce ampliamente la crueldad con la que el abuso en la infancia influye y distorsiona la vida futura, después de milenios de creer que los niños simplemente lo superaban a medida que crecían. La retorcida percepción de uno mismo como víctima culpable en las situaciones cotidianas, arrebata las alegrías y maravillas ordinarias de la aventura de la vida en cada uno de sus capítulos.

Con todo, en el corazón de esa aventura está el proceso de curación. Dentro de él, la gracia llega de manera impredecible, a menudo cuando la situación está a punto de volverse intolerable. La gracia puede manifestarse en una conversación que se oye por casualidad, una palabra que se deja caer en el silencio, una mirada, un libro, un almendro en flor temprana contrarrestado por la luz del sol en un frío día de primavera. O en una persona. La gracia no usa la fuerza, aunque es poderosa. No erosiona más nuestra ya limitada libertad, aunque es, gradualmente, irresistible. Cuando la rechazamos porque nos expone un dolor que preferimos reprimir, recuerdos que no podemos llamar plenamente a la conciencia, la gracia no se ofende ni nos desprecia. Expresa un amor mucho más profundo que eso.

En el desierto de nuestro corazón, «donde comienza la fuente de la curación», la gracia brota, traspasa las capas más densas del dolor y del miedo a la realidad. Todo lo que nos pueda llevar a este desierto, donde ocurren los verdaderos encuentros, es sagrado. Para la persona que medita esta simple entrada en el desierto es un descubrimiento incesante y siempre inquietante. Se inicia un largo proceso de abandono y una reevaluación transformadora de todo el mapa de nuestra vida que hayamos construido.

Por supuesto, los frutos de la meditación nos guían a las otras fuentes de gracia y curación que necesitamos: el lugar seguro donde se puede compartir la vergüenza, la sensación de que las personas que, a pesar de su propia debilidad, pueden canalizar una intimidad que parecía perdida para siempre, de que el salvador con el que fantaseaban no existe. Pero el salvador que te conoce y ha conocido tu propio dolor, te está moviendo suavemente hacia una nueva vida.

 

Laurence Freeman OSB

Traducción: Elba Rodríguez (WCCM Colombia)

 

 

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma: martes de la primera semana de Cuaresma

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La Cuaresma se entiende mejor como el aprendizaje no sólo de aquello que queremos sino de lo que realmente queremos. A veces, es difícil saber lo que es. A menudo conseguimos lo que queremos y descubrimos que no es lo que pensábamos y que nos hemos dejado engañar por una falsa voluntad, un deseo débil. Podemos pasar muchas décadas adictos a cosas que realmente no queremos. Tenemos miedo de que el deseo (por ejemplo, de seguridad, riqueza, estatus, o aprobación) desaparezca.  

 Saber lo que realmente queremos se logra al soltar todo deseo, al menos por unas cuantas respiraciones durante la meditación. En estos tiempos no queremos nada excepto decir la palabra (o mantra) con pura y generosa atención. La práctica externa de la Cuaresma también apoya esto: porque la Cuaresma nos invita, no a castigarnos por nuestros malos actos o fracasos, sino, en cambio, a hacer un esfuerzo para hacer algo que realmente queremos hacer y a desprendernos (o disminuir la influencia) de algo que realmente no queremos hacer. Es bastante fácil identificar esto en algunos de los pequeños elementos de nuestra vida cotidiana. Deberíamos entonces tomar una actitud bastante divertida para poner en práctica estos (verdaderos) deseos.

 La dificultad surge cuando nuestro lado oscuro y autorrechazado se engancha a un pequeño ejercicio ascético. Si la comprensión religiosa está involucrada, esto puede llegar a ser muy desequilibrado. Sería como si alguien que decide ir al gimnasio regularmente para mantenerse en forma, luego se vuelve maniáticamente compulsivo con respecto a su tamaño o peso muscular. En una buena actitud cuaresmal, hacemos lo que realmente queremos (es decir desarrollamos buenos hábitos) y no hacemos lo que no queremos hacer (o  reducimos los malos hábitos) con un esfuerzo serio pero ligero. No se trata de pagar las deudas que hemos acumulado. Tampoco se trata de intentar ser perfectos.  O de compensar los fracasos.

 Las culturas materialistas se equivocan en cuanto a la espiritualidad. La convierten en un estilo de vida preferencial condicionado comercialmente. O bien, exponen la espiritualidad al contagioso estado de ánimo del perfeccionismo compulsivo y el hambre de aprobación que llaman éxito o a veces incluso «bienestar». El falso ascetismo de la religión puede entonces mutar, por ejemplo, y convertirse en la autodestrucción que está creciendo entre los jóvenes de hoy en día. En el pasado, los perfeccionistas religiosos usaban cinturones que los hacían sangrar. Hoy en día muchos se cortan o se queman. Ambas aberraciones son desesperadamente autodestructivas. Son intentos de sentir algo donde nos sentimos sólo entumecidos o muertos o fundamentalmente desconectados. Estos comportamientos están enraizados en falsas ideas sobre el pecado y la gracia, y una extrema separación de la sabiduría de la moderación. 

 Así que las pequeñas cosas que «hacemos en Cuaresma» tienen una buena influencia en el despertar de los valores fundamentales que necesitamos recuperar. Una vida equilibrada, por ejemplo, es esencial para un buen desarrollo humano. No obstante, no puede sostenerse sin el ascetismo, el esfuerzo moderado que hacemos para mantenernos en contacto con nuestra bondad esencial y separar los verdaderos deseos de los falsos. Cuando John Main describió la meditación como «oración pura», dijo que el ascetismo esencial de la vida cristiana es la oración. Él estaba entregando una visión de gran valor para la cultura moderna, que brinda un gran alivio a aquellos que ven lo que eso significa.

 Laurence Freeman O.S.B.

 Traducción: Elba Rodríguez (WCCM Colombia)