Noticias de la Comunidad

Una esperanza viva: la esencia de la virtud cristiana

Martes 28 de Abril, actividad en inglés.

sara bachelard

La Reverenda Sarah Bachelard estará iniciando un ciclo de seis charlas sobre la Virtud, lo que significa en los tiempos que estamos viviendo – en espíritu y en práctica. (Evento en Inglés)

Sarah Bachelard es teóloga, líder de retiros y presbitera en las órdenes anglicanas. Vive en Canberra, Australia, donde ha enseñado en las áreas de teología, ética y espiritualidad en la Universidad Charles Sturt. Actualmente es directora de la Iglesia Contemplativa Benedictus. Es miembro de la WCCM y fue una de las principales oradoras en el Seminario John Main de Montreal en 2007 y en el Seminario John Main de Vancouver en 2019, con el tema «Un cristianismo contemplativo para nuestro tiempo».

Informes siguiendo este enlace: shorturl.at/bnxMN. (Requiere inscripción)

 

Próximas fechas: 5, 12, 19, 26 Mayo

Hora:

6:00 AM CDMX/Bogotá/Lima/Quito

7:00 AM Asunción/Caracas

8:00 AM Buenos Aires/Montevideo

 

 

 

 


P. Laurence Freeman OSB

Martes de Semana Santa, 2020.

El evangelio de hoy (Jn 13:21-33,36-38) es muy extraño. Es un momento misterioso del relato que nos está ocupando esta semana, un relato en el que debemos ser capaces de encontrarnos. Si no podemos hacerlo, si no podemos encontrarnos en este relato, tampoco encontraremos a Jesús. 

Está cenando y ‘se turbó en su interior’. No está enfrentando el fin de su vida con un estoico desapego. Pero tampoco entra en pánico. Filosóficamente, la muerte es algo que podemos objetivar, distanciándola de nosotros. Está allá, afuera, es algo que afecta a otros. Pero, justo como la crisis presente nos ha demostrado, no está ahí afuera. Ahora o más tarde, viene por todos nosotros. Será mejor estar preparados y ¿qué mejor manera que practicar el morir? Un camino espiritual no nos aísla en una seguridad falsamente alejada del dato duro de nuestra mortalidad. Jesús tembló ante ello. Pero la oración profunda nos muestra lo que la muerte, esa gran incógnita, es en realidad. La meditación, creámoslo o no, es oración profunda.

Podemos entrever la mente de Jesús cada vez que vemos, en nosotros, la manera en la que la meditación nos hace a la vez más sensibles y vulnerables al sufrimiento; liberándonos a la vez del instinto de lastimar a aquellos que nos han herido. El sufrimiento se presenta de muchas maneras: en este momento del relato es el dolor más descarnado de una traición íntima, la muerte del amor.

Jesús le dice directamente a sus discípulos que uno de ellos habrá de traicionarlo. Se quedan desconcertados y comienzan a murmurar entre ellos preguntándose quién podrá ser. Pedro le pide a Juan, el discípulo más cercano, que estaba reclinado junto a él, que le pregunte quién será. Jesús acepta, como amigo íntimo comparte todo. Le da un pedazo de pan a Judas para significar que es aquel cuyo nombre quedará por siempre maldito en la historia después de esta noche.

En ese instante ‘Satanás entró en Judas’. Esta es una inversión obscura de lo que debería suceder. El pan que Jesús comparte con Judas es el  mismo con el que Jesús se identifica: ‘este es mi cuerpo’. Al dar el pan, se da a sí mismo, como cada cristiano que celebra la Eucaristía siente de alguna manera. Pero ¿Satanás? De súbito esto se vuelve como una misa negra, del tipo que las sectas satánicas celebran. No el recibir la sagrada comunión, sino la blasfemia, la liberación de la perversa obscuridad de la auto destrucción.

El corazón humano es bueno, divino. La gente se vuelve al otro como los 600,000 en Inglaterra que en 24 horas se ofrecieron a ayudar a otros durante la crisis. Pero también hay un corazón de tinieblas con el que tratar. Quedan jirones de estas tinieblas en cada uno de nosotros. En los seres humanos, aun entre aquellos que comparten su intimidad, las tinieblas pueden convertirse en algo personal y consciente: la persona que tosió en los rostros de la policía que les avisaba que estaban rompiendo las reglas de distanciamiento social; el pedófilo que prepara a sus víctimas; el asesino serial; la persona adicta; aquellos que han sido corrompidos por el poder o el dinero.

Esas tinieblas esperan, inconsciente e impersonalmente, en los miles de millones de virus del Covid-19 que podrían caber en el espacio que ocupa este punto y aparte.

No sabemos mucho acerca del virus ni tampoco por qué Judas traicionó a su maestro y amigo. Las tinieblas son obscuras. El evangelio anuncia que cuando Judas se levantó de la mesa para ir a traicionar a Jesús, ‘la noche cayó’.

Laurence Freeman OSB

Traducción: Enrique Lavín WCCM México

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma 2020: Domingo de Ramos

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 Hoy en misa leemos toda la historia de la Pasión, desde la Última Cena hasta Jesús entregando su espíritu en la Cruz. La mayoría de los que leyeron la frase anterior sabrán a qué me refiero. Tengamos en cuenta a toda la generación que nos rodea, que no tiene la más mínima idea acerca de lo que estoy hablando.

           Sin embargo, todos nosotros hemos conocido o conoceremos lo que significa sufrir la pérdida de alguien a quien queremos profundamente y lo que implica vivir con su nueva y extraña ausencia sin fin. Esta mañana hablé con una amiga cuyo padre murió repentinamente de un ataque al corazón. Ella y su madre, que se unió a nosotros por WhatsApp, habían sido transportadas a un mundo diferente durante los pocos minutos que tardó su amado padre y marido en morir. Hay muy pocas palabras que se le pueden decir a alguien que acaba de entrar en duelo. Es más fácil hablar de misterios cósmicos que de pérdidas personales. De todos modos, en tiempos en que la vida se ha trastocado y se ha dado vuelta, la presencia atenta y cariñosa nos preserva del colapso o la locura.

            A medida que vemos el profundo alcance y la influencia de esta súbita pandemia, y cómo ha detenido al mundo tan repentinamente, provocando estremecedoras conmociones en cada aspecto de nuestras vidas, jamás ha sido tan preciada la necesidad de conexión. En Bonneveaux nos sostiene el ritmo regular de nuestra vida diaria, de meditación, trabajo, lectura, conversación y amistad, mientras intentamos compartir el regalo de la práctica espiritual con otras personas alrededor del mundo, a través de eventos en línea y mensajes. Esta mañana me encontré meditando con la planta de trabajadores de DPA Architects de Singapur – quienes supervisan la remodelación de Bonneveaux – que estaban en sus oficinas alrededor del mundo, desde Shanghai hasta Londres. Por otra parte, la web del programa Un Camino Contemplativo estará disponible en línea en poco tiempo.

            En nuestro nuevo mundo, desacelerado y cerrado, la manera en que oscilamos entre lo local y lo global nunca había sido más evidente. Ya sea navegando por internet, o hablando por internet, al entrar en el cuarto de al lado, o al salir al jardín, sentimos cómo somos criaturas que existimos porque estamos conectados, buscamos la conexión, o lamentamos conexiones perdidas. No solo de pan vivimos, sino de presencia.

            Perder de repente lo que nos hace florecer nos quita el aliento. Porque duele, podemos llegar a pensar que hicimos algo para merecerlo; o podemos sentir que fuimos tomados por una fuerza alienígena. También nos sentimos desilusionados porque habíamos dado por sentado que las cosas continuarían como estaban, tanto tiempo como nosotros necesitáramos. No debemos sentirnos culpables por tener estos sentimientos. Es extraño, pero en algún momento tendrá cierto sentido.

            Pero entonces aparece la banalidad del dolor. El carácter repentino de la pérdida es melodramático. Pero los clímax se ralentizan hasta llegar a rutinas que conviven con la pérdida, con movimientos más lentos, con un dolor sordo. Este es el momento en que más necesitamos un sendero, una práctica que nos de esperanza al experimentar la conexión con una primavera eterna en nuestro interior. Este es el amanecer de la era de la Resurrección.

            Este es el significado de la Semana Santa (aunque sepas o no sepas lo que es la Semana Santa) que empezamos hoy. Aquí en Bonneveaux estaremos felices de compartirla contigo por internet, día a día, conectados. (www.wccm.org – en español, www.meditacioncristiana.net).

Laurence Freeman O.S.B

Traducción: Gabriela Speranza, WCCM Argentina

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma 2020: lunes de la quinta semana de Cuaresma

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¿Qué es lo normal? Una vez estaba hablando con una persona que estaba muy enojada porque se había sentido profundamente herida por un amigo. ”El amigo actuó mal” pensé en un primer momento. Era fácil para mí sentir que podía ser objetivo al pensar también: “bueno, quizás esa persona no quería herirla, es más, tal vez ni siquiera sabía realmente lo que estaba haciendo”.

Esto es muy fácil de decir cuando no somos nosotros los que estamos sufriendo en la Cruz.

Jesús alcanzó la absoluta objetividad, no la falsa objetividad desde la que creemos hablar la mayoría de nosotros. Y alcanzó la objetividad gracias a su gran subjetividad, es decir, al conocerse totalmente a sí mismo, y más aún, al aceptar entregar su espíritu a su fuente original, dejando de estar separado, y abandonando cualquier atisbo de apego. En ese momento estaba en la Cruz y dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Es interesante notar que no dijo: “Padre, los perdono…”.

Cuando es el “yo” el que perdona, hay demasiada fijación con el dolor y con el drama del perdón. Al invocar el perdón para la lamentable y brutal ignorancia de sus enemigos – desde el centro de su ser – estaba conectando con la fuente misma. Sus últimas palabras nos enseñan hasta dónde había llegado, y a qué debemos aspirar nosotros.

Ahora, volvamos a la historia del principio. La persona con quien estaba hablando – que se había sentido traicionada – analizaba y condenaba a quien la había herido. Todos hacemos lo mismo, en un intento por tratar de entender cómo pudo haber ocurrido, buscando explicaciones que pretenden ser objetivas, pero terminan siendo acusatorias. La mayoría de las veces usamos términos de la psicología, y es probable que haya algo de cierto en estas valoraciones psicológicas que hacemos de los demás. Pero, sin embargo, puede que no sea una verdad que tengamos el derecho de mencionar o analizar. Este hecho es obvio cuando decimos frases como “No son normales. Hay algo malo, anormal en ellos”. Jesús no dijo en sus últimas palabras: “Lo que hacen no es normal”. Porque de hecho, es demasiado normal: culpamos a los otros y los crucificamos para protegernos a nosotros mismos de la verdad. No hay nada más normal en las relaciones humanas e institucionales que buscar chivos expiatorios.

Incluso para el cristiano más devoto es difícil explicar exactamente qué hace la Cruz por el mundo y por qué es importante. De hecho, fuera del fulgor de la Resurrección, resulta imposible explicarlo. Pero una parte de todo el misterio de su sufrimiento y muerte nos ayuda al mostrarnos toda la falsedad, la auto-decepción y el terror de lo que nos lastima, y cómo el hecho de buscar chivos expiatorios en los otros es una manera de escapar del sufrimiento.

El sufrimiento, que hoy en día estamos experimentando todos con esta crisis, debe ser evitado o reducido, si se puede. Pero si no se puede, aprendamos de él. Pongamos nuestras esperanzas en que cuando esto pase y empecemos el proceso de recuperación, tengamos un mejor entendimiento de lo que realmente significa “normal”. Un uso normal del tiempo, un clima normal, relaciones normales. La manera en que aprovechemos este tiempo nos puede ayudar a encontrar nuestro centro y nuestro equilibrio, que también están simbolizados en la Cruz. Entonces seremos menos propensos a culpar a los otros y estaremos más preparados para obrar bien. Sólo siendo quienes realmente somos (como hizo Jesús) seremos agentes del cambio hacia lo verdaderamente normal.   

Laurence Freeman O.S.B.

Traducción: Gabriela Speranza, WCCM Argentina

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma 2020: jueves de la cuarta semana de Cuaresma

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Nuestra crisis de Coronavirus durará más que la Cuaresma. Pero suma una dimensión urgente y personal a los principales temas de esta temporada espiritual. Los contemplamos luego del inicio de la Cuaresma, pero quizás ahora estemos descubriendo que lo espiritual no es tan abstracto como frecuentemente asumimos y que la vida en sí misma es un viaje espiritual que reúne cada aspecto de la experiencia humana. Cuando olvidamos esto olvidamos un elemento central de nuestra humanidad. Nos arriesgamos a quedar no sólo espiritualmente desnutridos sino a ser menos que humanos.

Me impactó recientemente recibir una carta al Virus de una joven de veinte años. No la citaré ya que puede ser perturbadora para aquellos que han perdido amigos por el virus o que estén profundamente preocupados por sus seres queridos o por sí mismos. Era una carta de agradecimiento, escrita de manera inteligente y provocativa, pero, como es esperable de una persona joven e intensa, carente de empatía por aquellos que sufren. La carta dolorosamente veía la crisis como un llamado a despertar, una denuncia a un estilo de vida insostenible.

Como dije el otro día, este no es un tiempo meramente para culpar o señalar con un dedo acusador, ni siquiera a nosotros mismos. Pero hay una enseñanza escondida en esta crisis y si podemos encontrarla, reconoceremos la oportunidad de cambio que nos ofrece. El terrible sufrimiento y costo en muertes al final no se justificará, pero será parte de este significado difícil de tragar. Para cualquiera que viva en este tiempo, no importa su generación, si fueron infectados o no, el mundo nunca será el mismo. La familia humana será más débil y la recuperación será difícil. En tiempos así, las fuerzas oscuras de la política y las finanzas pueden tratar de sacar provecho y nunca será más importante tener una masa crítica de personas en quienes la mente contemplativa haya despertado. Ni héroes ni santos sino seres humanos que han recuperado la dimensión espiritual de la realidad, tan frecuentemente ausente, ridiculizada, descuidada, rechazada o trivializada en nuestra cultura actual.

Cuando ponemos la espiritualidad en otra categoría, o la reducimos de un modo materalista a neuronas y mitos, comenzamos el proceso de deshumanizar la humanidad. La paz es buscada por la fuerza, la riqueza amontonada por pocos, las estructuras políticas secuestradas, y la religión se convierte meramente en otra identidad personal o en una ideología agresiva.

Aún si no estaba perfectamente expresada, la joven que escribió esa carta comprendió bien que no estamos enfrentando solamente una crisis de sufrimiento que requiere compasión y acción, sino también una oportunidad de vivir mejor. Las oportunidades pueden ser más desafiantes que los fracasos. John Main una vez me preguntó cuando empezaba este camino si estaba preparado para todo lo que traería. Yo pensé que se refería a todo aquello a lo que estaría renunciando. Pero él me corrigió: ‘me refiero al gozo.’ Etty Hillesum escribió, mientras ayudaba a los judíos que estaban siendo reunidos para ser llevados a Auschwitz, “Hoy siento una desesperación total. Tendré que manejarla.”

Estamos ahora en los días del equinoccio de primavera, la fuerza de resurrección más poderosa de la naturaleza. Es el momento oportuno para que manejemos el gozo.

Laurence Freeman O.S.B.

Traducción: Carina Conte