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P. Laurence Freeman OSB

Sábado de la primera semana de Cuaresma, 2021

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El Evangelio de hoy es: Amad a vuestros enemigos Mt 5,43-48

Uno de nuestros rasgos humanos comunes que la Cuaresma (y la prolongada Cuaresma de la pandemia) destaca es el hambre de novedades. Los monjes del desierto lo sentían periódicamente después de que el ‘primer fervor de la conversión’ se desvanecía. Lo que parecía fresco y esperanzador al principio pierde la flor de la juventud y su dulzura se vuelve incluso agria y repulsiva. Cuando una víctima de esta acedia o entropía espiritual descargaba su desánimo, su inquietud y su rabiosa sensación de traición en su maestro, escuchaba palabras alentadoras y recibía una mirada de comprensión. El maestro concluiría “Ahora vuelve a sentarte en tu celda y tu celda te lo enseñará todo”. Y así, si podían, lo hacían y el ciclo se reanudaba.

El crecimiento es cíclico. Pasamos por el mismo terreno muchas veces. Hay rasgos o apegos de los que no podemos desprendernos y tenemos que aprender a vivir con ellos. Luego, con la aceptación, podemos liberarnos. Nada de esto es una mera repetición mecánica. El fracaso, o el abandono del trabajo de desprendimiento, puede hacer que el ciclo de crecimiento se tambalee o se detenga por completo. Sin embargo, el fracaso es una ocasión para la gracia y un nuevo comienzo. Si nos detenemos y volvemos a empezar con todo el corazón, retomamos el camino a un nivel más profundo. Esto coge al ego con la guardia baja y ayuda a mantenerlo bajo control.

El ansia de novedad está integrada en todo nuestro metabolismo. No somos máquinas. Tampoco somos como los animales domésticos que se contentan con la misma comida todos los días. (Sus dueños proyectan su ansia en el animal cuando le compran golosinas caras). El deseo y el rendimiento sexual están igualmente condicionados por la necesidad de variedad.

Tenemos que afrontar y dominar esta inquieta búsqueda de la novedad separándola de nuestra creatividad innata. La creatividad – lo verdaderamente nuevo – surge espontáneamente después de un duro trabajo. Gran parte de nuestra hambre de cambio no es en realidad de algo verdaderamente nuevo. Antes de que lo nuevo aparezca, debe intervenir una muerte y, como sabemos, evitamos morir como la peste. Nuestro anhelo es de variaciones sobre lo que nos ha aburrido una vez que su atractivo se ha agotado. En realidad no queremos lo nuevo y mejorado de artimañas de marketing, sino lo mismo, con un ligero giro o un nuevo envoltorio. Cambiar un estilo personal en el peinado o la ropa, la serie de Internet a la que nos enganchamos, el coche que conducimos o las suscripciones que contratamos son satisfacciones temporales de este anhelo.

Sentarse en la celda, aprender directamente de ella, es la mejor manera de encontrar lo realmente nuevo. Es como encontrar un manantial de agua fresca tras una larga excavación. Una vez encontrado, el trabajo duro, el dolor de espalda, la lucha con las rocas obstinadas y la acedia, nuestra vergonzosa impaciencia y distracción desaparecen de la memoria. Lo verdaderamente nuevo está siempre presente. Ya no necesitamos la memoria. Ahora sabemos que estuvo, está siempre ahí esperando que estemos presentes en él.

Lo verdaderamente nuevo es perdonar. Su efecto curativo comienza en el instante del descubrimiento. Los viejos patrones pueden volver y tirar de  nosotros con antojos familiares. Pero el poder de lo verdaderamente

nuevo es el poder del eterno ahora. Hace que el ansia de novedad parezca infantil y anticuado. Los momentos de meditación y excavación con el mantra son nuestra celda. Tiene que convertirse en un trabajo regular y serio para dispararnos fuera de la órbita del ego y a la espontaneidad y la alegría de la nueva creación, el paraíso que esta vida, en este mundo, puede ser si vemos lo que hay ahora en la realidad de lo que realmente es.

Laurence

Traducción WCCM Paraguay

P. Laurence Freeman OSB

Viernes de Cuaresma Semana 1

El Evangelio de hoy es: «Si vuestra virtud no es más profunda que la de los escribas  y fariseos, no entrarás en el reino de los cielos» Mateo 5,20-26.

Algunas personas me han preguntado recientemente cómo me ha influido el Año Covid personalmente. Creo que me encontraría en el diez por ciento de personas que, según sugieren las investigaciones, sacaron provecho de él, por muy vergonzoso que sea decirlo.

Aparentemente, el sesenta por ciento ha sido muy resistente, algunos con enfermedades mentales preexistentes han sufrido intensamente y otros han experimentado episodios de depresión y ansiedad. Por supuesto, se trata de un prolijo estudio estadístico que ignora el carácter sagrado de cada experiencia personal y la inmensidad de la tragedia que ha supuesto para algunos. La mayoría de nosotros a lo largo del año se ha movido del otro lado del espectro de respuesta. Una evaluación final puede no tener sentido dentro de algunos años. Conozco a personas que han muerto y a las que sufren un largo Covid. Y soy muy consciente de que aunque todos hemos sido azotados por la misma tormenta no hemos estado, ni mucho menos, en el mismo barco.

Cuando empezaron los paros, yo estaba en Bonnevaux en una cálida, animada y cariñosa comunidad. Es un lugar de gran belleza natural y una larga historia de contemplación ha impregnado la tierra y los edificios permitiendo que emita una energía continua de paz. A lo largo de los años he viajado mucho. Pero, cada vez que salía de viaje, a menudo esperaba por un momento, el día antes de la partida, que algo sucediera que lo cancelara. Algunas personas suponían que me había apegado a los viajes porque sí pero eso no era cierto. Sin embargo, una vez fuera, me sentía en casa en todas partes y muy bendecido por la gente y los lugares que visitaba. Cuando los viajes se detuvieron, no los eché de menos en absoluto y pasé nueve meses en Bonnevaux casi con total satisfacción. Entre el programa espiritual diario, la participación en lo que los demás vivían en comunidad y las sesenta y siete comunidades nacionales como familia ampliada, extendida, fue una vida plena, de hecho muy plena.

Sentíamos la necesidad de llegar a los que estaban menos seguros y satisfechos que nosotros. Así que desarrollamos un programa en línea de enseñanza y apoyo a la meditación, ofreciendo retiros y cursos y muchos oradores y diálogos destinados a ayudar a la gente a dar un sentido contemplativo a la crisis. Por los comentarios recibidos, creemos que esto merece la pena y que fue, sin duda, un tiempo intenso pero creativo. Descubrí el potencial espiritual de Internet y también cómo puede ser más exigente en tiempo y energía que la dimensión física. También me clarificó sobre el papel que Bonnevaux estaba cumpliendo para servir.

Luego, cuando la comunidad decidió tomarse un tiempo de descanso a finales de año, me vine a una ermita en la isla de Bere y he pasado varias semanas en soledad.

Aunque seguí dando clases en línea, la vida ha sido muy diferente. He podido establecer mi propio horario y meditar durante más tiempo. Ha sido, no sólo un tiempo menos intenso que antes, sino que también ha revivido capacidades personales de paz y vida contemplativa que se habían debilitado sin que me diera cuenta.

Covid no ha sido fácil, pero he sufrido mucho menos que muchos. Espero que las gracias que han surgido inesperadamente me ayuden a servir mejor en nuestra comunidad a quienes buscan sentido en este caos, paz en sus miedos y a Dios en sus corazones.

P. Laurence Freeman OSB

Reflexiones de Cuaresma 2021

Primer Domingo de Cuaresma  
 
«¿Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? » (Mateo 9: 14-15)
El viernes, una integrante de nuestro grupo de meditación semanal de Bonnevaux hizo un hermoso relato personal de su vida, aterrador y divertido al mismo tiempo. Hasta los cuarenta -dijo- se había centrado por completo en lograr el éxito y divertirse. Su ambición de ser la pareja de baile de John McEnroe en Wimbledon no se cumplió, pero todas las demás, sí.
Cuando a su madre le diagnosticaron un cáncer severo, su vida comenzó a desintegrarse. Su cuerpo fue el mensajero de lo que le estaba sucediendo mientras perdía el control. Los dolores articulares y musculares, el insomnio, los problemas respiratorios, las pérdidas de memoria y los ataques de pánico cada vez fueron más frecuentes. El cuerpo nunca miente. Finalmente, y tras un terrible incidente de amnesia estando con sus hijos en un centro comercial, aceptó que «Necesitaba ayuda».
La ineludible humildad para llegar a esta aceptación fue el punto de inflexión en su vida, que la llevó a un proceso gradual de centrarse en el prójimo. Actualmente, presta ayuda a otras personas para que reconozcan y lidien con estos síntomas a tiempo.
Nos contó que cuando comenzó a dedicarle tiempo a la quietud y al silencio, lo que nunca había hecho antes en su ajetreada vida, comenzó a descubrir realmente a las otras personas. Sentada en el parque, mirando a la gente pasar, pudo ver, por primera vez, no sólo un desfile de rostros sino también expresiones, sentimientos y signos comunicativos. La meditación es ahora un pilar de su nueva vida, mucho más alegre y con mayor sentido. Todos los directivos estresados a los que ayuda también acaban meditando.
Muchas historias del evangelio muestran a Jesús en comidas o en bodas. A menudo aprovecha estos eventos para ilustrar su enseñanza como en el evangelio de hoy. No es posible imaginar que Jesús hubiera estado triste o mustio en una celebración donde los invitados se estaban divirtiendo y que no se hubiera unido a bailar con los demás. Sin embargo, su breve enseñanza de hoy reconoce que la vida no es sólo diversión y juego.
Todo cuanto podemos percibir es una mezcla de luz y sombra. Negarlo es reprimir lo que tememos afrontar. La represión acaba estallando a través de nuestro cuerpo o de nuestro comportamiento. La verdad saldrá a la luz. Si nos damos cuenta de que nos atraen morbosamente las noticias o las películas sobre lo que tememos, deberíamos preguntarnos por qué es inconscientemente catártico para nosotros.
La palabra griega para «luto» es “penthos”: el espíritu de lamentación en la mitología y un elemento importante de la teología mística. En su principal enseñanza sobre las Bienaventuranzas, Jesús dice: «Dichosos los que lloran porque serán consolados». No debemos tener miedo si a veces la meditación nos produce un sentimiento de tristeza o de duelo. La Cuaresma puede ser un momento en el que reconozcamos esta tristeza como un aspecto saludable del avance de nuestro trabajo (como esta mujer describe su vida ahora). Un progreso hacia la plenitud del ser y la verdadera felicidad.
Una de las primeras señales de nuestro recorrido es la capacidad para descubrir la expresión en los rostros de otras personas y para prestar atención receptiva a lo que están comunicando. Para Isaías, en la primera lectura de hoy, esta compasión activa es el significado de la justicia. Sin ella, el ayuno, la limosna y todos los sacrificios materiales son sólo sombras de aquello para lo que verdaderamente deben servir.
Traducido por WCCM España

Lecturas Semanales

Lectura 32, Ciclo 5.


“El Silencio del Amor”,
Texto extraído del libro de John Main OSB, “Una Palabra Hecha Carne”
(Norwich: Canterbury, 2009), pág- 29-30.

El lenguaje es muy débil para explicar la plenitud del misterio. Por eso, el silencio absoluto de la meditación es de suma importancia. En el silencio de la meditación no intentamos pensar en Dios, ni hablar con Dios ni imaginarle. Permanecemos en ese asombroso silencio, abiertos al eterno silencio de Dios. Descubrimos en la meditación, a través de la práctica diaria y por la propia experiencia personal, que éste es el ambiente natural para todos nosotros. Fuimos creados para esto y nuestro ser florece y se expande en ese silencio eterno.

El término «Silencio», sin embargo, falsea la experiencia y quizás disuada a muchas personas, puesto que puede sugerir la experiencia negativa de la privación del sonido o del lenguaje. Hay un temor de que el silencio de la meditación sea regresivo. Pero la experiencia y la tradición nos enseñan que el silencio de la oración no es el estado pre-lingüístico sino el post-lingüístico en el que el lenguaje ha completado su función de dirigirnos a través y más allá de sí mismo y de todo el reino de la conciencia mental. El silencio eterno no se priva de nada ni nos priva de nada. Es el silencio del amor, de la aceptación incondicional y sin reservas.

Sabemos que somos amados y por eso amamos. La meditación se ocupa de completar este ciclo de amor. Con nuestra apertura al Espíritu que habita en nuestros corazones, y que en silencio ama a todos, comenzamos el camino de la fe. Terminamos en la fe porque siempre hay un nuevo comienzo para la eterna danza del enamoramiento.

Carla Cooper
Traducido por WCCM España    
Enseñanzas Semanales

Enseñanza 32, Ciclo 5.


La Cambiante Visión del Mundo
Aunque Descartes vio la percepción como algo divinamente inspirado, cualquier acontecimiento basado en la experiencia subjetiva o transpersonal fue ignorado durante los siguientes cuatro siglos por carecer de evidencia científica o por no poderse expresar mediante una ecuación matemática.

Con Albert Einstein nació una nueva era de pensamiento sobre el Cosmos. Se le atribuyen las siguientes palabras: “La mente intuitiva es un don sagrado y la mente racional es un sirviente fiel. Hemos creado una sociedad que honra al servidor y se ha olvidado del regalo”. Él mismo se sintió guiado por ideas intuitivas, a igual que otros científicos. El ejemplo más sorprendente es el descubrimiento que hizo el químico orgánico alemán Kekule de la estructura anular del benceno en un «sueño diurno» en el que vio una serpiente agarrándose la cola con la boca. Posteriormente, Niels Bohr, Werner Heisenberg y Paul Dirac desarrollaron la Teoría Cuántica siguiendo la Teoría General de la Relatividad de Einstein y su visión del espacio-tiempo como un campo. Estas teorías dieron paso a una concepción del mundo totalmente diferente de la concepción tradicional dualista y material cartesiana / newtoniana.  La nueva perspectiva es que todo está conectado a través de campos: «En esta nueva física no hay lugar para el campo y la materia porque el campo es la única realidad».

Este planteamiento permite un enfoque holístico que incluye una perspectiva transpersonal/espiritual. La belleza del mundo subatómico, como se muestra en la teoría cuántica, es que nada tiene significado o sustancia en sí mismo. Todos, incluida la mente, el cuerpo y el espíritu humanos, son parte de un océano infinito de energía, patrones dentro de patrones, relaciones dentro de relaciones. Todos están integralmente relacionados y apoyados por un inmenso océano de energía subyacente.
En 1931, George Lemaitre, un joven sacerdote belga, destacado físico y cosmólogo, propuso la teoría de que este campo cuántico, este océano de energía, surgió como resultado de un acontecimiento trascendental. Un solo átomo muy denso y comprimido – él lo llamó un átomo primitivo – hace unos 13.700 millones de años estalló en un enorme campo de creatividad que se ha estado expandiendo y creando continuamente desde entonces. Lemaitre le dio el nombre de «teoría del Big Bang». Ahora se acepta generalmente como la teoría estándar, probada, en la medida de lo posible, por muchos descubrimientos en la investigación cosmológica. Estudios recientes incluso han postulado que este átomo muy denso y caliente que explotó y creó el Universo tal como lo conocemos era parte de un campo de realidad desconocido.

Surge así la tentación de equiparar estos hallazgos científicos con la teología y considerar el Big Bang como el acto creativo del Génesis y el campo del que formaba parte como la Fuente del Todo, la Realidad Divina. Pero debemos tener en cuenta que tanto los científicos como los teólogos están tratando de captar y expresar lo que es incomprensible para nuestra mente. Realmente hemos alcanzado los límites de nuestra comprensión racional. Todo lo que realmente sabemos es que no sabemos, parafraseando a Sócrates.
Lo que está demostrado de manera incontestable es que todo y todos están interconectados y son interdependientes, con toda la humanidad involucrada de manera integral. Esto se pone de manifiesto sorprendentemente en experimentos que demostraron que la conciencia del observador influye en el resultado de un experimento. Sólo hay energía y conciencia relacionándose e interactuando. La dificultad es que parece que todo está regido por la probabilidad; no hay resultados y conclusiones fijos y ciertos en esta teoría. Este «principio de incertidumbre» hizo que incluso Albert Einstein se sintiera inseguro y que, por ello, quizá dijera la frase que se le atribuye: «¡Dios no juega a los dados!»

Ésta es también la razón por la que todo en su conjunto aún se trata de manera mecanicista y reduccionista. Muchos científicos se sienten incómodos con el «principio de incertidumbre» y tienen dificultades para comprender los complicados principios que subyacen a la teoría cuántica expresados en sus ecuaciones. Por lo tanto, o desconocen sus implicaciones más amplias para la ciencia o están luchando por incorporar estas nuevas ideas en un marco convencional existente. Los experimentos habían probado la existencia de este principio de conexión, este campo de fuerza vital autogenerado, desde el principio pero fue ignorado como irrelevante para las aplicaciones prácticas de la ciencia y se dejó fuera de las ecuaciones. Ahora los científicos interesados en las implicaciones filosóficas de la teoría cuántica están llamando la atención sobre ella.

Incluso antes de que los hallazgos de la nueva visión del mundo se filtraran en nuestra conciencia, muchos de nosotros sentimos instintivamente que había algo que faltaba en esta forma dualista, mecanicista y determinista de ver al ser humano. Nos hizo sentir incompletos, con un vacío interior. Muchos miraron sin éxito al mundo en busca de cosas y personas para llenar ese vacío, para que pudiéramos estar completos. La visión cuántica de la realidad nos hizo darnos cuenta de que no nos falta nada; somos una parte integral del todo, tanto con nuestra mente racional como con la parte intuitiva y espiritual de nuestro ser cuya existencia pretendían que olvidáramos.
Por ello, la meditación es tan importante a este respecto. La meditación nos ofrece una vía para experimentar realmente esta integridad y conexión. Se convierte en una realidad experimentada y no sólo en una suposición intelectual. Nos damos cuenta de la verdad del dicho de San Pablo de que «nos movemos y tenemos nuestro ser» en este mar de energía que llamamos Cristo. A través de Él, la humanidad y sus acciones están íntimamente relacionadas y son corresponsables de todo el Cosmos. Esta cosmovisión nos hace profundamente conscientes de que también nosotros tenemos un significado, un profundo sentido.

Kim Nataraja (Adaptado del libro “Bailando con tu sombra”).
Traducido por WCCM España