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Lecturas Semanales

Lectura 30, Ciclo 5


“Perdón y Compasión”
Texto extraído del libro de Laurence Freeman OSB “Aspectos del Amor”.
(Londres: Arthur James, 1997), págs. 72-74.
La única manera de lidiar con la complejidad de las relaciones humanas es aprendiendo simplemente a amar. Aprendemos que el amor es la fuerza unificadora en toda relación humana tanto si se trata de una relación con aquellos que nos son más cercanos como si se trata de aquellos que nos han herido … o, simplemente, como si se trata de la manera en que nos relacionamos con la humanidad en general, hasta con los más desfavorecidos en la calle o con el sufrimiento que vemos a diario en los medios. Aprendemos que es el mismo amor el que nos relaciona con todos ellos.
La única manera de lidiar con la complejidad de las relaciones humanas es la simplicidad del amor. En el amor no juzgamos, no competimos. Aceptamos, reverenciamos, y aprendemos a vivir con compasión. Al aprender a amar a los demás, dejamos salir la alegría interna que irradiamos hacia fuera y que llega a los demás a través de nuestras relaciones. Ésta es la razón por la cual las comunidades, las familias, y los matrimonios no existen exclusivamente para la perfección de las personas involucradas la relación. Existen también para irradiar amor más allá de sí mismos … una alegría radiante y una simplicidad del amor más allá de sí mismos para alcanzar a todos aquellos que entran en contacto con ellos.
Ésta es la visión que tenía John Main de la comunidad. La comunidad se hace posible gracias al compromiso que cada uno hacemos, en soledad, con la más profunda relación de nuestras vidas, que es nuestra relación con Dios. Por esta razón, al aprender a amar a los demás vislumbramos un nuevo entendimiento de la unidad de la creación y de la simplicidad básica de la vida. Vemos qué significa decir que el amor cubre una multitud de pecados.
El perdón es el poder más revolucionario y transformador del que somos capaces. Nos enseña que el amor es la dinámica esencial de cada relación, la más íntima, la más antagónica así como la más casual. El mismo carácter ordinario de nuestra meditación diaria nos revela cuán universal es el camino del amor.

Tras la Meditación:
De el Camino de la Luz
de David Adam SPCK 2009, pág. 102. Escrito en Lindisfarne

En el interior de cada elemento de la creación,
en el interior de cada persona,
el Dios que está escondido espera
sorprendernos con su gloria.  

En cada momento de tiempo,
en cada día y hora,
el Dios que está escondido se nos aproxima
llamándonos por nuestro nombre para hacernos suyos.  

En el interior de cada corazón humano,
en nuestro interior más íntimo,
el Dios que está escondido nos toca
para despertarnos y revelarnos su amor.  

Todo, todos, están en el interior de Dios,
todo espacio, todo tiempo y cada persona.
El Dios que está escondido nos pide abrir
nuestros corazones y nuestros ojos a su presencia.  

Carla Cooper
Traducido por WCCM España    
Enseñanzas Semanales

Enseñanza 30, ciclo 5

Transformación, esencia de la Meditación
Una de las correspondencias más importantes que hemos observado entre las enseñanzas de los Padres y Madres del Desierto, La Nube del No Saber, el Maestro Eckhart y John Main es el énfasis en el abandono de los pensamientos e imágenes ego-céntricos para así acceder a nuestra naturaleza auténtica en Cristo. Esta conciencia de que somos mucho más de lo que pensamos nos sobreviene como una revelación que nos es dada por la gracia.
El Maestro Eckhart denominó este momento “El nacimiento de Cristo en el alma”. John Main, en su libro “Anhelo de Profundidad y Sentido” cita al místico alemán Silesius al decir “puede que Jesús naciese en Belén, pero eso no nos sirve de nada a no ser que nazca en nuestros corazones (…). Ese es el único propósito de la meditación cristiana (…). Nuestros corazones tienen que prepararse para él … debemos dejar ir todo lo demás, para que haya espacio para Él en nuestros corazones.”
Esa es nuestra tarea: con la ayuda del mantra, dejamos de prestar atención a los pensamientos ego-céntricos que, de una u otra forma, tienen que ver con las necesidades de supervivencia de nuestra vida – la necesidad de amor, seguridad, estima, poder, control y placer, tal y como hemos explorado ya en otras Enseñanzas Semanales. Estas necesidades son perfectamente legítimas pero, si han sido satisfechas sólo parcialmente, pueden estar dirigiendo nuestros pensamientos, deseos y acciones ‘demoníacamente’ desde el inconsciente personal en busca de compensaciones.
Nuestra preocupación por satisfacer estas necesidades puede acabar llenado nuestra mente de tal manera que haya “espacio para Él en nuestros corazones.” Sólo cuando permitimos que estos pensamientos se disipen en un segundo plano y no les prestamos atención alguna, podemos “poner nuestro corazón, nuestra alma y nuestra mente en Dios” (Mt 22, 37). Con la gracia, podremos saltar entonces a un diferente nivel espiritual de conciencia y a una transformación de nuestro ser integral, influenciado por el amor Divino, que es la base y la esencia de nuestro yo auténtico. Esta transformación a su vez sana e influye en nuestras relaciones con nosotros mismos, con los demás, y con la Creación. En términos cristianos, nos dice San Pablo (2 Cor 4, 6): “Pues el mismo Dios que dijo: ‘De las tinieblas se haga la luz’, ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para irradiar el conocimiento de la gloria de Dios que está en el rostro de Cristo.”
Para John Main, y para todos los que estamos en la Comunidad Mundial, la meditación no hace conscientes de esta Luz y Gloria Divinas en nuestro interior. Al repetir nuestro mantra, “aprendemos a retroceder … a distanciarnos de nuestro ego-centrismo” y somos conducidos al silencio, a la quietud, a la simplicidad, a  la humildad y a la experiencia en sí de la Luz y Gloria Divinas en nuestro interior. John Main enfatiza que “La primera responsabilidad de nuestra vida es … Ser completamente humanos: regresar a nuestro propio centro y vivir de nuestra propia profundidad … Ahí descubrimos que al estar reconectados con nuestro propio centro nos reconectamos con todos los centros.
El hombre o mujer verdaderamente espiritual aprende a vivir en armonía consigo mismo y a vivir en armonía con toda la creación. Estar en el propio centro es estar en Dios. Esta conexión, este ser uno de la humanidad, la creación y la Divinidad que John Main enfatiza es también el mensaje de la “Nube del No Saber”, del Maestro Eckhart y de todos los místicos. En su libro “Una Palabra hecha Silencio”,  John Main reitera la importancia de ser conscientes de la conciencia de Jesús en nuestro interior: “La presencia de Jesús en nuestro interior, Su Santo Espíritu, nos llama a hacernos completamente conscientes de este nivel de nuestro ser. En un abrir y cerrar de ojos despertamos a nuestro ser, al espíritu que habita en nosotros y, por ello, a la conciencia de la comunión con Dios mismo que estamos llamados a compartir.”
Cuán diferente sería el mundo en el que vivimos si todos recorrieran el camino a su propio centro en sus diferentes formas y tradiciones. Como Thomas Merton explica al relatar su experiencia espiritual en un concurrido cruce de Louisville: “Entonces parecía como, si de repente, viese la belleza secreta de sus corazones, la profundidad de sus corazones donde ni el pecado, ni el deseo, ni el auto-conocimiento pueden alcanzar el núcleo de su realidad … ví la persona que cada uno es a los ojos de la Divinidad. Ojalá pudiesen verse tal y como son de verdad. Ojalá pudiesen verse unos a otros de esa manera todo el tiempo. No habría más guerras, ni más odio, ni más crueldad, ni más ambición.”
Kim Nataraja
Traducido por WCCM España
Lecturas Semanales

Lectura 28, ciclo 5


“La Crisis Cristiana”
Texto extraído de libro de John Main OSB “El Cristo Actual”. (Nueva York: Crossroad, 1991), págs. 74-76.

La llamada a la persona moderna, la llamada a todos nosotros es a que nos volvamos espirituales, y para volvernos espirituales tenemos que aprender a dejar atrás nuestro yo religioso oficial, es decir, dejar atrás al fariseo que acecha dentro de todos nosotros. Porque, como nos ha dicho Jesús, tenemos que dejar atrás todo nuestro ser. Todas las imágenes de nosotros mismos que provienen del cerebro febril del ego tienen que ser suprimidas y trascendidas si queremos volvernos uno con nosotros mismos, con Dios, con nuestros hermanos, para volvernos verdaderamente humanos, verdaderamente reales; verdaderamente humildes.

Nuestras imágenes de Dios deben desaparecer de manera similar. No debemos ser adoradores de ídolos. Curiosamente, lo que encontramos es que desaparecen a medida que desaparecen nuestras imágenes de nosotros mismos, lo que sugiere aquello que, de algún modo, siempre supusimos, que nuestras imágenes de Dios eran en realidad imágenes de nosotros mismos. En este maravilloso proceso de llegar a la plena luz de la Realidad, de alejarse de la ilusión, un gran silencio emerge desde el centro de nuestro ser. Nos sentimos envueltos en el eterno silencio de Dios. Ya no estamos hablando con Dios o, peor aún, hablando con nosotros mismos. Estamos aprendiendo a ser, a ser con Dios, a ser en Dios.

Para después de la meditación:
Un extracto de Richard Rohr, «Apuntando en la misma dirección», 15/9/2015, Meditaciones diarias de Richard Rohr en el Centro para la Acción y Contemplación.

Los grandes místicos tienden a reconocer que Dios no necesita nuestra protección, ni nuestro perfecto entendimiento. Todas nuestras palabras, dogmas y rituales son como niños jugando en un arenero ante el Misterio y el Asombro Infinitos. Si algo es verdad, entonces siempre ha sido verdad; y las personas que buscan con sinceridad alcanzarán la misma verdad en cada época y en cada cultura. Los diferentes lenguajes, símbolos y rituales señalan la misma dirección. Y esa dirección es siempre hacia más amor y mayor unión y en círculos cada vez más amplios.
Carla Cooper
Traducido por WCCM España